¿Cómo queda América en 2022?

Cronología de los eventos más importantes de América en 2021. Fuente: Fair Politik

Asia-Pacífico – África Subsahariana – Europa – Asia Central y Meridional – Oriente Medio y Norte de África – América

Por Néstor Prieto

En la inmensidad del continente americano este 2021 han convivido un sinfín de dinámicas comunes y contradictorias, de continuidades y transformaciones, de consensos y disensos. Intentar resumir los acontecimientos geopolíticos del año que dejamos atrás y lo que nos depara el que acaba de entrar es una labor titánica e imposible. Pero este artículo, a modo de aproximación, busca poner el foco en los principales acontecimientos que han marcado y marcarán el porvenir de la región.

América del Norte

La negativa de Donald Trump de reconocer los resultados electorales estalló el 6 de enero de 2021 con el asalto al Capitolio de los Estados Unidos por parte de manifestantes partidarios del expresidente. Ese día, mientras el Congreso debía ratificar los resultados electorales que dieron la victoria a Biden, Trump arengaba a las puertas de la Casa Blanca a sus fieles frente al “robo”. Poco después un nutrido grupo de manifestantes marcharon hasta el Capitolio donde superaron un escaso cordón policial, entrando en las instalaciones y forzando la evacuación de la sesión que allí se desarrollaba. El saldo, un policía y un manifestante muertos, decenas de detenidos y la constatación de que el país se encuentra profundamente fracturado.

Aunque Joe Biden pudo asumir el cargo, su primer año en la Casa Blanca ha dejado pocas luces en lo que a política interna se refiere. El precario equilibrio en Congreso y Senado y las distintas tendencias en el Partido Demócrata dejan un balance legislativo pobre con el naufragio de la gran reforma electoral, tumbada en el Senado; y el agónico camino emprendido para aprobar el ambicioso plan social Build back better. A un año de iniciado su mandato la popularidad de Biden toca fondo con un 56% de desaprobación frente a un 43% que respalda su labor, su peor registro y uno de los índices de popularidad más bajos que un presidente ha tenido nunca a estas alturas. Solo el 28% de los estadounidenses querrían que se presentase a la reelección en 2024, tampoco es mayoría entre los demócratas 48%.

En el 2022 Biden tiene el reto de impulsar definitivamente su agenda y las elecciones de mitad de mandato (mid term), que redibujarán el peso de Congreso y Senado. Lo que puede dar un empujón a su imagen pública o terminar de desdibujarla. Hasta entonces falta por despejar otra incógnita, el papel del Partido Republicano y de Donald Trump, quien cada vez con mayor frecuencia rompe su retiro y nunca ha ocultado sus ambiciones de volver a la primera línea política directa o indirectamente.

Por su parte, Canadá vivió un adelanto electoral que lejos de dar grandes vuelcos devolvió a la casilla de salida a todos los partidos. El presidente Trudeau y su Partido Laboral buscaron capitalizar los buenos datos de la pandemia para conseguir la ansiada mayoría absoluta y dejar de depender del socialdemócrata Nuevo Partido Democrático (NDP); algo que no consiguieron calcando prácticamente los resultados del 2019.

Con cuatro puntos menos de participación los liberales mejoraron pírricamente su resultado con 160 escaños (+3), frente a los 119 conservadores (-2), un idéntico resultado del Bloc québécois (32) y un tímido avance del NDP con 25 asientos (+1). Trudeau tendrá que seguir buscando el apoyo de otras fuerzas en el legislativo tras una apuesta política que cerca estuvo de salir mal tras una campaña electoral embarrada y que por momentos auguraba un descenso liberal.

En México, López Obrado llega con buena salud política al ecuador de su sexenio. El presidente mantiene estable una aprobación a prueba de pandemia, crisis y escándalos varios que han rodeado su administración. Las elecciones federales de 2021 mantuvieron la mayoría absoluta para su partido, MORENA, y la coalición que lo apoya, Partido del Trabajo y Ecologistas; aunque no alcanzaron la ansiada mayoría cualificada con la que AMLO quería asegurarse la implementación, sin sobresaltos, de sus políticas más ambiciosas de su llamada “4ª Transformación” (4T).

Partidarios de Trump dentro del Capitolio. Fuente: Mike Theiler / Reuters

Las elecciones de este 2022, a gobernador en seis estados y en medio centenar de ayuntamientos, difícilmente alterará la correlación de fuerzas en la política interna mexicana. Oposición y oficialismo tienen la mirada puesta en las presidenciales de 2024; los años 2022 y el 2023 serán claves para llegar en la mejor posición posible a la batalla electoral. La elección del heredero de AMLO en MORENA, el “viraje” socialdemócrata del PRI, la oposición bronca del PAN y la consolidación o no de Movimiento Ciudadano serán sin duda las notas dominantes.

En el plano regional México se ha consolidado como el actor preponderante, junto con Argentina, en liderar el nuevo impulso integracionista en América Latina que marca distancias con el Socialismo del s. XXI que alumbró Chávez. Sus criticas a la OEA y la apuesta por CELAC como foro latinoamericano por excelencia -durante 2021 México fue presidente pro tempore y en 2022 lo será Argentina- tienen buena acogida por la mayoría de los países vecinos. Falta por ver si la sintonía con los nuevos ejecutivos de la región permite dar un salto cualitativo o si la integración continua en su forma actual.

América Central y el Caribe

La región centroamericana, convulsa, frágil y fragmentada, se ha convertido en tablero de juego geopolítico. Azotados por el narcotráfico y la migración la heterogeneidad de los gobiernos de la región y la quiebra de la tradicional omnipresencia estadounidense es cada vez más evidente.

En El Salvador el presidente Bukele continua imparable su deriva autoritaria parasitando el andamiaje institucional salvadoreño y calificando como “farsa” el proceso de paz que acabó con la guerrilla del FMLN e inauguró el periodo democrático liberal en el país. Bukele ha marcado distancias con EEUU, si las relaciones entre ambos países ya eran delicadas, a finales de 2021 la administración Biden decidió sancionar a varios altos funcionarios salvadoreños por su presunta relación con tramas de corrupción. En este nuevo equilibrio Bukele apuesta por mejorar las relaciones con China -rompió su alianza con Taiwán- y recientemente calificó a Turquía de “socio estratégico”. Su apuesta por el Bitcoin como reserva económica estratégica y moneda de curso legal tendrá en este año una prueba de fuego.

En Honduras la victoria de Xiomara Castro marca el fin de una era, la del narcoestado del Partido Nacional. Pero su llegada al poder está plagada de incertidumbres; su debilidad parlamentaria, la división de su partido, la profundidad de las reformas y las diferencias ideológicas con sus socios del PSH son los principales desafíos que deberá afrontar.

Por su parte, en Nicaragua, la cuestionada victoria presidencial de Daniel Ortega confirma la cronificación del conflicto que vive el país. Con su quinto mandato por delante el enfrentamiento Ortega-EEUU es ya total. Sobre Managua planean sanciones económicas que podrían asfixiar su economía; el precario equilibrio diplomático que mantenía el sandinismo con la Casa Blanca ha saltado definitivamente por los aires con la ruptura de relaciones con Taiwán y la salida de la OEA. Lo que empuja a Nicaragua a reforzar su sólida relación con Rusia y explorar las opciones de la reciente normalización con Pekín.

Costa Rica, históricamente considerada como ejemplo de estabilidad y buen gobierno, afronta elecciones legislativas y presidenciales en medio de una severa crisis económica que amenaza con desatar fuertes protestas sociales. En Guatemala y Panamá, sin cita con las urnas en el 2022 la situación permanece estable en su desorden habitual; ambos países viven -con intensidad diferente- problemas económicos y de criminalidad, aunque siguen siendo fieles aliados de EEUU en la región.

En la mayor de las Antillas el principal reto para las autoridades es superar las dificultades económicas. La crisis de la COVID-19 fue coincidente con un proceso de reestructuración económica interna que ha generado un proceso de desregularización e inflación no totalmente controlado. Parece poco probable que EEUU, en año electoral, aminore las sanciones. En el plano social habrá que seguir de cerca el eventual desarrollo de movimientos de protesta y al proceso de debate y votación del Código de Familia que este 2022 podría legalizar el matrimonio homosexual o la “gestación solidaria”.

Para ampliar: El VIII Congreso del PCC, Cuba frente al espejo

Tras el magnicidio de Jovenel Moïse en julio de 2021 Haití colapsó definitivamente. El 2022 podría ser el año en el que comience a revertir su situación, pero existen más dudas que certezas sobre si las elecciones presidenciales y la reforma constitucional proyectada para este año podrán llevarse a cabo. En la isla el crimen organizado, aprovechando el caos y el desgobierno, ha aumentado su poder sobre varias barriadas del país, donde de facto se han convertido en la única autoridad existente. Mientras tanto, una clase política cainita emparentada con el crimen organizado continúa con su pugna por la ya disfuncional estructura estatal.  

Xiomara Cuatro celebra su victoria en las elecciones generales hondureñas. Fuente: AFP

Asia-Pacífico – África Subsahariana – Europa – Asia Central y Meridional – Oriente Medio y Norte de África – AméricaAmérica del Sur

En América del Sur los procesos políticos están profundamente condicionados por el calendario electoral. En Chile las urnas ratificaron en 2021 lo que las calles gritaron en 2019, el cambio de era en el país. Durante el año que acabamos de cerrar Chile votó por los constituyentes que están redactando la nueva Carta Magna del país -que debe ser aprobada en la primera mitad de 2022-, eligieron los candidatos presidenciales en unas elecciones primarias llenas de sorpresas -en Apruebo Dignidad Boric se impuso al hasta entonces favorito, Daniel Jadue; y en Chile Vamos ocurrió lo mismo con Sichel frente a Joaquín Lavín- también renovaron gobernadores y alcaldes -donde los partidos tradicionales han aguantado mejor el desgaste-, diputados y senadores -confirmando la fragmentación política- y presidenciales -donde Boric se impuso a José Antonio Kast en una elección histórica-.

Boric entrará en La Moneda en marzo del 2022 con un gobierno paritario que apuesta por la gobernabilidad al integrar con importantes carteras a la mayoría de las fuerzas políticas de la exConcertación. Su visión pragmática y sus primeras declaraciones confirman lo que siempre fue una realidad más allá del ruido, Boric apuesta por el cambio posible y el temor a una “revolución” tiene más de visceralidad que de rigor analítico. Las tensiones internas entre los sectores más moderados -liberales y socialistas- y radicales -Comunistas y parte de Apruebo Dignidad- serán un factor determinante, así como el proceso de discusión y aprobación de la nueva Constitución.

La de Pedro Castillo es quizá la victoria política más sorpresiva del año. La descomposición política peruana y la creciente desafección abrió una ventana de oportunidad que el discurso antiélite del maestro chotano consiguió canalizar. Su sorpresiva victoria en primera vuelta dio paso a una polarizada segunda ronda contra Keiko Fujimori, quien coqueteó con teorías infundadas de fraude electoral. El gobierno de Castillo adolece de un liderazgo claro y sus primeros meses en el poder no han tenido el beneficio de la duda ante una oposición que ya ha intentado destituirlo en una ocasión y usa el fragmentado Congreso para minar la agenda del presidente. Las tensiones con su propio partido político -Perú Libre-, el enfrentamiento abierto entre las distintas sensibilidades de su gobierno y la docena de ministros que han dimitido en pocos meses dejan un saldo negativo que Castillo tiene que cambiar en este año.

El contrapunto a las victorias progresistas lo puso el banquero liberal Guillermo Lasso en Ecuador, quien alcanzó el poder en su tercera candidatura presidencial. Lasso se impuso a la apuesta correista, Andrés Arauz, un joven exministro de Correa que tuvo que ocupar el puesto de su mentor después de que este quedase definitivamente excluido del juego político por las causas judiciales que le persiguen. Pero el resultado del ballotaje invita a equívocos. El tradicional clivaje correísmo-anticorreismo parece disolverse en Ecuador; Yaku Pérez, sustentado por el poderoso movimiento indígena de la CONAIE y su brazo político -Pachakutik- estuvo cerca de quedar en segunda posición con su espectacular 19,4%; por su parte, un hasta entonces desconocido Xavier Hervás resucitó a la ya casi inexistente Izquierda Democrática obteniendo un 15% en las presidenciales y un buen resultado parlamentario como voto protesta. Lasso no ha dudado en desmontar gran parte de las políticas correistas y está aplicando con relativa facilidad -en comparación con países del entorno- su programa.

En Venezuela, una vez constatado el estrepitoso fracaso del “Gobierno interino” de Guaidó, -sin capacidad legislativa, con menguante apoyo internacional, mutilado por escisiones y cercado por casos de corrupción-, los años 2021 y 2022 podrían ser los del cambio de fase; pasando del estancamiento y la confrontación a un escenario de negociación que posibilite una salida política a medio plazo. En el horizonte suena cada vez con más fuerzas la elección presidencial de 2024, hasta entonces la distensión entre las partes es condición necesaria para que el conflicto avance. Las negociaciones de México, si consiguen solventar las no pocas trabas y reticencias con las que lidia, se ha demostrado como un espacio útil después de una decena de infructuosos intentos de dialogo. Suavizar las sanciones a cambio de garantías electorales e indultos parecería la opción más lógica. Sea como fuere parece que lo peor de la crisis económica ha pasado en un país devastado por la hiperinflación que según datos del BCV acaba de dejarse atrás. El tímido pero progresivo aumento de la producción de crudo y el restablecimiento de relaciones con países de la región invitan a un optimismo moderado entre el oficialismo.

Gabriel Boric celebra su victoria en las elecciones presidenciales chilenas. Fuente: EFE / Elvis

El gobierno de amplia coalición derechista de Lacalle Pou en Uruguay tendrá en 2022 un desafío importante con el referéndum contra la Ley de Urgente Consideración (LUC). La norma tumba de un solo golpe la mayoría de las políticas implementadas por tres lustros de ejecutivos del Frente Amplio. Ante ello la oposición tuvo un profundo debate sobre si dar una batalla desde la institucionalidad o llamar a la movilización social; imponiéndose esta segunda opción. El proceso de recolección de firmas para someter a referéndum esta ley fue exitoso y en 2022 el resultado se leerán como un termómetro del apoyo a Lacalle Pou.

Por último, dos son las elecciones determinantes este año: Colombia y Brasil. En el primero de los países habrá elecciones legislativas el 13 de marzo y presidenciales el 29 de mayo; la desgastada administración de Iván Duque será previsiblemente sucedida por una de las cuatro grandes coaliciones: el Pacto Histórico de Gustavo Petro -favorito en las encuestas y que sería el primer candidato de izquierdas en vencer en el país-, la Coalición de Centro -donde Sergio Fajardo suena como candidato con más opciones-, Equipo Colombia -una alianza de carismáticos alcaldes de derecha- y el uribismo -en horas bajas y que parece finalmente concurrirá en solitario tras las infructuosas conversaciones con Equipo Colombia-.

El 30 de octubre Brasil, salvo sorpresa, decidirá entre un segundo mandato de Jair Bolsonaro o la vuelta al poder de Lula da Silva. El líder del PT, desembarazo de las acusaciones judiciales que pesaban sobre él. Obligado a volver a la primera línea política parece ser la única figura política capaz de plantar cara en las urnas a Bolsonaro; una meta para la que ha empezado un amplio proceso de convergencia entre los “demócratas brasileños”.


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Estudiante de Ciencia Política en la Universidad de Salamanca. Intentando ofrecer una visión crítica de la geopolítica. Militante. He cubierto y vivido sobre el terreno los procesos migratorios en Grecia, Italia y Melilla. Ahora escribo sobre América Latina.

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