¿Cómo queda Asia Central y Meridional en 2022?

Los talibán pintan murales del emirato en frente de la embajada de Estados Unidos. Fuente: Jake Simkin

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Cronología de los eventos más importantes de Asia Central y Meridional en 2021. Fuente: Fair Politik

Afganistán

El resurgir del Emirato Islámico de Afganistán ha sido sin duda el principal acontecimiento que ha sacudido a la región de Asia Central y Meridional. Los talibán tomaron casi la totalidad de las capitales provinciales durante una campaña relámpago que duró nueve días. Los combatientes talibán entraron en Kabul el 15 de agosto con las fuerzas de la coalición internacional todavía sobre el terreno.

El anuncio del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, el 14 de abril de 2021, sobre la retirada total y sin condiciones dio empuje a los talibán que fueron tomando la mayoría distritos rurales a un ritmo vertiginoso. Mientras el proceso diplomático enmarcado en los Acuerdos de Doha -firmados entre la Administración Trump y los talibán- no alcanzaba resultados tangibles, la pérdida del control de territorio de gobierno de Ashraf Ghani se iba consumando. Al principio eran zonas con poco valor estratégico, pero sucumbían ante los combatientes talibán sin apenas resistencia en muchos casos. La inteligencia de EE. UU. ya había alertado que el grupo estaba preparando la ofensiva contra los centros urbanos en el mes  mayo. La capacidad del ejército afgano para resistir cuando los efectivos de las fuerzas internacionales se retiraran fue una de las cuestiones que se plantearon durante los meses que precedieron la toma de Afganistán. Finalmente, tras años de lucha y aquejados por corrupción rampante en la República Islámica, los militares afganos no pudieron contener el avance de los talibán.

Para ampliar: Afganistán: ofensiva talibán ante la retirada de Estados Unidos

La caótica evacuación de los últimos efectivos de fuerzas extranjeras que quedaban en el país dejó escenas infames en las que miles de civiles apelotonados en las inmediaciones del aeropuerto Hamid Karzai de Kabul, intentaban, a la desesperada, conseguir salir de Afganistán. El principal temor eran las represalias de las nuevas autoridades afganas, los talibán, contra aquellos que habían colaborado con los ejércitos foráneos. A medida que la cuenta atrás para la retirada total se aceleraba, un ataque de Estado Islámico (ISKP) provocaba decenas muertos en el aeropuerto de la capital afgana. Más de 70 afganos fallecieron y 13 militares de EE.UU fueron víctimas de este atentado.

El valle de Panjshir fue el último reducto de la resistencia. El Frente Nacional de Resistencia (FNR), capitaneado por el ex-vicepresidente de la República de Afganistán, Amarullah Saleh, y Ahmad Massoud no tardó en ser derrotado. El 6 de septiembre Bazarak, la capital de esta provincia, sucumbía ante los talibán. Los líderes del FNR salieron del país y en los meses posteriores fueron apareciendo algunos grupos que prometían combatir a los talibán aunque por el momento no han realizado grandes ofensivas.

Para ampliar: La caída del Valle de Panjshir

Combatientes talibán en el palacio presidencia de Kabul, el 15 de agosto de 2021. Fuente: Zabi Karimi / Associated Press

Los talibán anunciaron el nuevo gobierno en funciones del Emirato Islámico de Afganistán 23 días después de la rendición de Kabul. Los rumores sobre la posible división entre los nuevos dirigentes de Afganistán –algunos de ellos partidarios de una línea más radical frente a una visión más pragmática encabezada por Mullah Baradar– han sido constantes desde que tomaron el poder. El 7 de septiembre el portavoz del movimiento, Zabiullah Mujahid, compareció en rueda de prensa para revelar la composición del nuevo gabinete interino. Las promesas de un ejecutivo inclusivo en el que estuviesen representadas las diferentes etnias del país no se cumplieron. La mayoría de los cargos son ocupados por hombres de etnia pastún. Además, ninguna mujer ha sido designada para ocupar algún puesto de relevancia.

Mullah Mohammad Hassan Akhund, fundador de los Talibán, es el jefe de Estado; Sirajuddin Haqqani, designado “terrorista global” por el gobierno de Estados Unidos y miembro de la “Red Haqqani” —una organización apoyada por Pakistán—, es ministro de Interior; Mullah Yaqoub ocupa la cartera de Defensa. Yaqoub es el hijo del Mullah Omar, fundador de los talibán y primer “Emir de los Creyentes”. El Ministerio de Exteriores lo dirige Amir Khan Mottaki. Mullah Abdul Ghani Baradar, líder adjunto de los Talibán y cofundador del movimiento, es viceministro de Estado y ha sido designado a principios de enero de 2022 responsable de la cartera de economía. Baradar salió de la cárcel en Pakistán, tras ocho años recluido, gracias a la mediación de la Administración Trump. Mullah Haibatullah Akhundzada el actual “Emir de los Creyentes” sigue siendo el líder absoluto del grupo. Es preciso tener en cuenta que 2016 Ayman al Zawahiri, dirigente de Al Qaeda, juró lealtad a Akhundzada.

El Emirato no ha conseguido todavía el reconocimiento internacional de ningún país. Diplomáticos de Pakistán, Qatar, China o la Unión Europea o Reino Unido mantuvieron contactos de alto nivel con los talibán en Afganistán, pero todavía son muchas las reticencias para reconocer al Emirato. Los nuevos gobernantes de Afganistán no han conseguido acceder a las reservas afganas que EEUU mantiene congeladas y precisan ayuda urgente para paliar la crisis humanitaria y económica que sufre el país. Los problemas financieros de la población han provocado un aumento del cultivo de opio y muchos afganos siguen tratado de abandonar el país. Las promesas de permitir la educación y el trabajo de las mujeres, la amnistía general para los antiguos miembros de las fuerzas de seguridad y el respeto a la libertad de prensa y opinión no se han cumplido. Las movilizaciones, muchas de ellas, encabezadas por mujeres se sucedieron en el país ante lo que denominan leyes antihumanas y antifeministas establecidas por los talibán. Las detenciones arbitrarias son constantes, así como, los desmanes de los combatientes contra aquellas personas que trabajaban en la seguridad y defensa de la ya inexistente República Islámica de Afganistán

El clima de seguridad mejoró el país mejoró, precisamente por ser los talibán los perpetradores de los principales ataques, pero está lejos de se totalmente tranquila. Por un lado, la rama local de Estado Islámico sigue infringiendo daños a la población civil y a los talibán. Los atentados de ISKP contra las mezquitas chiitas de Kandahar y Kunduz dejaron centenares de muertos en el mes de octubre. Los ataques, a menor escala, y los combates entre Talibán e ISKP son un motivo de preocupación para el gobierno del Emirato. Además, algunos medios señalaron que los antiguos miembros de las fuerzas afganas, ANDSF, se habrían pasado a las filas de ISKP. Otra cuestión importante será la lucha interna de los talibán. Los arrestos de altos comandantes talibán de etnita tayika y uzbeka y las posteriores protestas en la capital de Faryab muestran las tensiones que reinan en el seno de la organización.

La relación con los vecinos tampoco ha estado exenta de problemas. Los enfrentamientos fronterizos con Irán, Turkmenistán, Pakistán y la tensión en la linde entre Afganistán y Tayikistán –uno de los países más beligerantes contra el Emirato– han tenido lugar en los últimos meses. Destaca sobre todo el contencioso fronterizo con Pakistán en torno a la línea Durand. Hay que destacar que en las zonas tribales de Pakistán y la región limítrofe afgana está operando el Tehrik-e-Talibán Pakistán (TTP), los talibán de Pakistán, que tras una acuerdo de alto el fuego con Islamabad no renovado, de un mes de duración, volvieron a realizar ataques contra las fuerzas pakistaníes.

Los afganos suben a lo alto de un avión mientras esperan en el aeropuerto de Kabul el 16 de agosto de 2021. Fuente: Wakil Kohsar /AFP/Getty

Asia Central

La disputa entre Tayikistán y Kirguistán por la delimitación de su frontera común tuvo un episodio de fuertes enfrentamientos durante el mes de abril. Las versiones de Dushanbe y Biskek sobre el inicio de los enfrentamientos entre los residentes locales divergen, pero uno de los motivos fundamentales era el control de una infraestructura para la distribución de agua en el enclave de Golovnoy. La situación escaló rápidamente pasando a incluir el uso de vehículos blindados y morteros. Y las fuerzas armadas de ambos países enviaron refuerzos a la zona antes de firmar un alto el fuego.

Kirguistán notificó que debido al choque entre ambos países 31 personas murieron, hubo 154 heridos y más de 10.000 desplazados. En Tayikistán los fallecidos habrían ascendido a 10 muertos y 90 heridos.  A pesar de ser miembros de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), las tensiones entre Kirguistán y Tayikistán siguen presentes y cada cierto tiempo se producen incidentes menores. El riesgo de escaladas sigue presente.

Papa ampliar : Fuerzas fronterizas de Kirguistán y Tayikistán reanudan los tiroteos a pesar del alto el fuego

Uzbekistán celebró elecciones presidenciales en el mes de octubre de 2021. No hubo sorpresas en los resultados y el actual mandatario del país, Shavkat Mirziyoyev ha sido reelegido con un 80,1% de los votos y una participación del 80,8%. Los observadores de la OSCE señalaron que se registraron «muchas y graves irregularidades e indicios de llenado de urnas en varios colegios electorales».

El presidente uzbeko realizó una visita a Moscú en noviembre y las cuestiones comerciales fueron uno de los principales temas de discusión con su homólogo ruso, Vladímir Putin. Tashkent se convirtió en observador en la Unión Económica Euroasiática en 2020, pero parece que pasar a ser socio de pleno derecho de la organización no está en la agenda de este país centroasiático. La cooperación en la esfera de seguridad con Rusia se intensificó y se realizaron varios ejercicios militares; algunos de ellos enfocados a los temores que suscitó la situación en el interior de Afganistán. Aunque Mirziyoyev participó en una reunión de la OTSC y el ministro de Defensa de Rusia, Sergey Shoigu visitó el país, la vuelta de Uzbekistán a la alianza militar liderada por Moscú no sería necesaria por ahora, según las declaraciones del ministro de Relaciones Exteriores uzbeko, Abdulaziz Kamilov, en el mes de octubre.

India-Rusia

La visita del presidente ruso Vladímir Putin a la India durante el mes de diciembre puso de manifiesto las buenas relaciones entre ambos países. Putin declaró:  «Consideramos a India como una gran potencia con gente amistosa y una maravillosa historia de nuestras relaciones. Las relaciones entre nuestros países se desarrollan de cara al futuro». Los dos países realizaron una declaración conjunta: la Asociación para la Paz, el Progreso y la Prosperidad. En total se firmaron 28 documentos bilaterales ente los que destacan los acuerdos en materia de defensa y comercio. Nueva Delhi ha comenzado a recibir los sistemas de misiles S-400. También se estableció un programa de cooperación técnico-militar hasta 2031, además de una empresa conjunta que fabricará 600.000 rifles de asalto AK-203 en India.  Ambos países mostraron su disposición a fomentar la cooperación bilateral, destacando nuevamente el área de defensa, con los países de Asia Central: Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán.

Pakistán

A todo esto debemos sumarle la propia situación política pakistaní en 2021, que ha estado marcada por protestas y una gran volatilidad. Los intentos de la oposición de hacer frente común contra el gobierno de Imran Khan han fracasado, y seguramente este sea uno de los factores que podrían hacer al jugador de criquet sobrevivir otro año en la Zona Roja, pues a pesar del descontento por sus políticas económicas ningún partido ha podido capitalizarlo de forma significativo. Pero a pesar de esto hay signos de alerta, la derrota en las elecciones a la alcaldía de Peshawar ya fueron un aviso al gobierno del PTI. Uno de los grandes retos del próximo año será la inflación, si Khan consigue controlarla y mantener sus relaciones cordiales con la cúpula militar podría llegar al año electoral de 2023 con posibilidades de revalidar su mandato, lo que le concedería el raro mérito histórico de ser el primer Primer Ministro pakistaní que cumple un mandato completo de cinco años. Para que esto se cumpla será necesario que Khan asegure una transición que agrade a la cúpula militar y elija bien al reemplazo para el máximo cargo militar en noviembre de 2022. El actual Jefe de Estado Mayor del Ejército, el General Qamar Javed Bajwa dejará el cargo tras dos mandatos de 3 años. A esto hay que sumarle la posible vuelta de Nawaz Sharif del exilio, lo que podría dar un rival al gobierno de Imran Khan.

El primer ministro indio, Narendra Modi, saluda al presidente de Rusia, Vladímir Putin, durante su visita oficial a Nueva Delhi. Fuente: Sonu Mehta | Hindustan Times | Getty Images

India-Pakistán

Otra cuestión que tenido bastante peso en el gobierno de Khan y ha determinado las relaciones con la India ha sido Cachemira. Durante 2021 la relaciones entre ambos países han sido calmadas tras un sorprendente acuerdo para renovar el alto el fuego de 2003 en febrero. Aunque ha habido rupturas del alto al fuego, a pesar de todo, no hay comparación con los anteriores años cuando una escaramuzo estuvo por desencadenar el conflicto. Si este acuerdo consigue mantenerse en 2022 se podría empezar a señalar hacia un nuevo estadio de comperación y reconciliación, esta vez al parecer auspiciado por los militares que han acordado el alto al fuego, a diferencia del acercamiento de 2014 dirigido por Modi y Sharif a espaldas del poderoso aparato militar, razón por la que fracasó. Junto a las celebraciones por el 75 aniversario de la independencia y la partición (‘Azadi Ka Amrit Mahotsav’) el 15 de agosto de 2022 se presenta un escenario propicio para el diálogo entre ambas naciones. Aunque continúa la duda de que esta vez pueda ser Khan quien explote en su favor la rivalidad con India a expensas de los militares, como hizo en 2021 cuando revocó la decisión del Ministerio de Comercio de levantar la prohibición de importar azúcar y algodón de India.

India-China

A pesar de la creciente tensión interna en Cachemira por las políticas de Nueva Delhi la Línea de Control con Pakistán debería seguir calmada. Esto se debe a que India ha tenido los últimos años una importante escalada militar con China, lo cual ha dado más motivos para intentar estabilizar la frontera pakistaní. Aunque durante 2021 Ladakh se ha mantenido también sin incidentes las tensiones aún son altas, y el despliegue militar a ambos lados de la frontera amplio. En 2022 las partes afrontarán su 14ª ronda de diálogo, donde India busca restablecer el statu quo previo a abril de 2020 en la Línea de Control Actual, pero es poco probable que lo consigan cuando China ya esta construyendo infraestructuras y cambiando hechos sobre el terreno, un propósito que se debe a una acción india que tendría las mismas consecuencias: la construcción de carreteras en su zona que permitirían un acceso más rápido y seguro. La India por lo tanto ha mantenido durante el año 2021 una posición de equilibrio entre distintas potencias, manteniendo diálogos con todas las partes: las monarquías del Golfo, Irán, ejercicios militares con Francia, el Quad de Oriente Medio (India, Israel, los EAU y Estados Unidos), el Quad del Indopacífico (Estados Unidos, Japón, Australia e India) o el RIC (Rusia, India y China). Con Rusia ha llegado a acuerdos bilaterales de gran importancia en materia de defensa y recibido los primeros cargamentos del sistema de defensa anti-aéreo ruso S-400. A la vez tratan de normalizar las relaciones con China, y seguramente esto es lo que continuará ocurriendo en 2022, nadie puede esperar que India sea un polo distinto por el momento.

India (COVID, economía, elecciones)

Pero si hay algo a lo que debemos prestar atención de 2021 es al desempeño económico de India y su política interna, que es la que definirá las capacidades y dirección de esta potencia emergente. Para el Primer Ministro Narendra Modi 2021 ha sido un año de fracasos, en los primeros meses con una gestión de la pandemia desastrosa. La confianza en haber superado la crisis del coronavirus animo al gobierno del BJP a reabrir el país coincidiendo con las festividades religiosas hindúes de febrero, tras un confinamiento durísimo que había estancado la economía. Cuando la variante Delta que se originó en India comenzó a crecer apenas se tomaron medidas, en su punto álgido en abril dejó hasta 400 mil casos diarios y 3500 muertes, solo en 26 días murieron 100 mil personas. La crisis era visible en la escasez de oxígenos, pacientes compartiendo camas de hospital u hornos crematorios fundidos por el exceso de uso y hasta arriba de cadáveres. Escenas siniestras que han dejado una marca duradera en el país, más de 30 millones de indios de clase media fueron empujados de nuevo a la pobreza debido al colapso económico y el número de pobres absolutos en la India, aquellos que viven con menos de 2 dólares al día, aumentó en unos 75 millones, el mayor aumento de la pobreza global en todo el mundo.

Pero la crisis de COVID de la India también hizo retroceder los avances en otros países, una muestra de la importancia de que este no un reto nacional, sino global. India paso de ser un país exportador de vacunas a uno importador en 2021. Por estas razones una tercera ola con la variante Ómicron preocupa en toda Asia Meridional, poniendo en peligro la recuperación de India para 2022. Esto ha llevado a que la popularidad de Modi sufra un duro golpe, pero en noviembre sufriría otra derrota más cuando se vio obligado a dar marcha atrás a las controvertidas leyes agrícolas de liberalización del mercado. Tras un año de protestas de los agricultores Modi pidió disculpas públicas, por primera vez en sus siete años de gobierno cedió ante las presiones políticas. El motivo sin embargo también esconde un inteligente movimiento político, el anuncio se realizó en la fecha de nacimiento del fundador del sijismo; y muchos de los agricultores que protestaban eran sijs. Además, el estado de Punjab, que fue el epicentro de las protestas, celebra unas elecciones clave el próximo año. Pero también es cierto que esta liberalización agrícola era considerada esencial por los economistas, en 2022 (fecha simbólica por el 75 aniversario de la independencia) el gobierno no habrá alcanzado ni uno solo de los indicadores económicos que se propuso en el plan de 2017, e incluso retrocede en algunas. Aunque es cierto que la pandemia ha sido un golpe duro que al que hay que señalar, esta tendencia de declive venía desde antes.

Además de las elecciones de Punjab en 2022 India tiene otras citas de importancia. En primer lugar, las elecciones del estado de Uttar Pradesh, el más poblado del país con 241 millones de habitantes de mayoría hindú. El BJP espera revalidar su victoria de 2017 con Yogi Adityanath, un clérigo hindutva nacionalista alienado con las ideas chauvinista de Modi. Una victoria clara en Uttar Pradesh ayudaría a consolidar el control de las Cámaras nacional al ser la región que da más escaños y prepararía el terreno para las elecciones de nacionales de 2024. Teniendo en cuenta las políticas de Adityanath esta victoria también consolidaría el liderazgo del ala más nacionalista e hindú del BJP definiría las políticas de los próximos años, además de definir al propio Adityanath como el sucesor natural de Modi. Por esta razón a finales de 2021 Modi ya se ha volcado en Uttar Pradesh anunciando un nuevo aeropuerto internacional en noviembre y visitando uno de los santuarios hindúes más importantes de la India, el templo de Kashi Vishwanath junto a Adityanath.

Crematorios de víctimas del coronavirus en Nueva Delhi, India. Fuente: Adnan Abidi / Reuters

En 2022 también se elige (indirectamente) al nuevo presidente de la India por cinco años, un cargo principalmente ceremonial y de un solo mandato. Pero un cargo igualmente significativo que ocupa ahora mismo Ram Nath Kovind. Hasta ahora se barajan personalidades ajenas al partido gobernante, como una figura de Cachemira favorable a las políticas del gobierno del BJP como Bhim Singh.

Nepal

Por último, hay otros acontecimientos y tendencias menores en Asia Meridional durante el 2021 que comentar. En Maldivas la tensión política esta aumentando en el partido gobernante al resurgir la cuestión de la militancia islamista y que políticas implementar después de que el presidente del parlamento sobreviviese a una bomba de Estado Islámico. En Sri Lanka la vuelta al poder de los hermanos Rajapaksa y sus políticas chauvinistas budista y cingalesa que están tensando las relaciones con la comunidad musulmana y tamil con leyes discriminatorias. Bangladesh ha celebrado en 2021 el 50 aniversario de la victoria de Bangladesh en su Guerra de Liberación y Estados Unidos ha sancionado a una fuerza paramilitar de élite bangladesí por “abusos contra los derechos humanos”. Es la primera vez que Washington sanciona a Bangladesh y, además, se convierte en el único país de la región con sanciones actualmente. En Nepal la crisis política ha llevado al poder al veterano político Sher Bahadur Deuba, líder del Partido del Congreso Nepalí, después de repetidos intentos del anterior primer ministro Sharma Oli por adelantar las elecciones, acción que fue bloqueada en dos ocasiones por el Tribunal Supremo. Deuba ha conseguido liderar una dudosa alianza con el Partido Comunista de Nepal (Centro Maoísta) y el Partido Comunista de Nepal (Socialista Unificado), ambos nacidos de la ruptura con el Partido Comunista de Nepal (marxista-leninista unificado) de Oli. En 2022 todos estos partidos deberán acudir a las urnas, donde Deuba seguramente consiga hacer de nuevo al Congreso Nepalí el principal partido del país.


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