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Uzbekistán en la era Mirziyoyev, entre el regionalismo y la proyección global

Uzbekistán ha impulsado, bajo Shavkat Mirziyoyev, un mayor regionalismo en Asia Central y una política exterior multivectorial.
Uzbekistán ha impulsado, bajo Shavkat Mirziyoyev, un mayor regionalismo en Asia Central y una política exterior multivectorial. Fuente: Kremlin.ru - bajo CC BY 4.0

El liderazgo de Shavkat Mirziyoyev buscó asentar durante sus primeros años las bases de una nueva era de renovación nacional, el llamado Nuevo Uzbekistán, lo que exigió enfoques cualitativamente distintos en materia de política exterior a los desarrollados durante la era de Islam Karimov.

En este contexto, los intereses internacionales de Uzbekistán se fundamentaron en revitalizar sus dinámicas con Asia Central con la intención de acelerar la conformación de un entorno externo favorable a sus cambios internos, evidenciando un giro hacia la economización de la cooperación internacional y el fortalecimiento del pragmatismo económico en sus relaciones exteriores.

Priorizar Afganistán

Afganistán fue incluida en la política de "Buena Vecindad" como una de las prioridades del gobierno de Mirziyoyev. De manera similar al acercamiento uzbeko al resto de sus vecinos, la cooperación económica fue el medio y el objetivo de la buena vecindad con Kabul. Este enfoque se reflejó claramente en la visita oficial del presidente afgano, Mohammad Ashraf Ghani, a Uzbekistán en diciembre de 2017, la cual marcó el primer encuentro de alto nivel en 16 años entre ambos países.

De este encuentro se formalizaron acuerdos comerciales por un valor de 500 millones de dólares, con énfasis en el impulso de proyectos de conectividad que abarcarían desde la producción industrial hasta el desarrollo de infraestructuras esenciales para el tránsito de mercancías y energía.

Para 2020, los proyectos conjuntos potenciales se diversificaron, abarcando áreas clave como la fabricación de vehículos, la producción textil o nuevas infraestructuras logísticas, lo que señaló un cambio fundamental en la política uzbeka hacia Afganistán. Tradicionalmente, las promesas entre ambos países habían quedado limitadas a acuerdos que no se materializaban completamente.

Sin embargo, la creciente importancia de las rutas de transporte a través de Afganistán, que conectarían Uzbekistán con el mar de manera más directa, incentivaron a Taskent a garantizar que las infraestructuras necesarias se construyeran y mantuvieran operativas.

Este impulso económico también estuvo vinculado a un interés estratégico por la paz en Afganistán. Ya en 2018, el presidente Shavkat Mirziyoyev articuló la posición del país, declarando que "un Afganistán seguro significa un Uzbekistán seguro", lo que enfatizó el compromiso de Taskent con la estabilidad regional.

A raíz de esa posición, la política uzbeka fue consistente en promover el diálogo entre las diversas facciones en Afganistán, incluidos el gobierno de Ghani como los talibanes. Una política que no solo brindo una posición destacada a Uzbekistán en los intentos de la comunidad internacional por resolver la cuestión afgana, sino que también garantizó que sus inversiones se mantuvieran aseguradas, gracias al estrecho dialogo con representantes talibanes.

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Tras la caída de Kabul, Tashkent mantuvo una posición tolerante. A pesar de inicialmente instar a la formación de un gobierno inclusivo, uno exclusivamente talibán y pastún se convirtió en una alternativa aceptable. Así lo confirmó Shavkat Mirziyoyev en agosto de 2021: “Ellos [Afganistán] son nuestros queridos vecinos; no pueden moverse, nosotros tampoco”.

Asimismo, en estas mismas declaraciones, se confirmó que Uzbekistán había buscado mitigar las consecuencias de un posible regreso de los talibanes al poder. Desde 2019, Taskent mantenía negociaciones con los representantes talibanes, junto con otros Estados de Asia Central, para garantizar que la inestabilidad interna de Afganistán no afectara a sus vecinos del norte.

Para septiembre de 2021, Uzbekistán había comenzado a dar forma al discurso regional sobre Afganistán, abogando por el compromiso en lugar del aislamiento. Durante la Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), Mirziyoyev afirmó: "Ha surgido una nueva realidad en Afganistán; nuevas personas han llegado al poder […] Por ello, es necesario desarrollar un enfoque coordinado y fomentar el diálogo con las nuevas autoridades."

Bajo esta premisa, Uzbekistán intensificó su acercamiento diplomático, dando el paso audaz de entablar negociaciones directas con los talibanes. El 7 de octubre de 2021, el ministro de Asuntos Exteriores uzbeko, Abdulaziz Kamilov, encabezó una delegación a Kabul para las primeras conversaciones cara a cara con el gobierno talibán.

Un encuentro centrado en retomar la cooperación económica que se había impulsado con las autoridades de la extinta República Islámica de Afganistán y discutir la situación de la cooperación humanitaria internacional en el país.

Para finales de 2021, Uzbekistán se había consolidado como como un actor regional e internacional clave en la mediación con el nuevo liderazgo afgano. En esencia, gracias a su pragmatismo que priorizaba la cooperación económica y la seguridad sobre consideraciones ideológicas.

Uzbekistán y el impulso al regionalismo

El interés de Uzbekistán por Asia Central y su compromiso con los países de la región aumentó notablemente durante los primeros años de la era Mirziyoyev. Un compromiso que no se redujo a las relaciones bilaterales, sino que también favoreció una mayor integración regional. Así pues, Taskent encabezó nuevas iniciativas de cooperación y demostró una responsabilidad a nivel regional no antes vistas.

De esta forma, Uzbekistán encabezó la iniciativa de las Reuniones Consultivas de Jefes de Estado de Asia Central en 2017, una oportunidad para la interlocución regional sin la presencia de actores extrarregionales que sí estaban presentes en otros formatos. Así, los presidentes de Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán asistieron a las cumbres de Astaná en marzo de 2018, de Taskent en noviembre de 2019 y en Avaza en agosto de 2021.

Los Jefes de Estado de Asia Central se reúnen en Tashkent para la segunda Reunión Consultiva de Jefes de Estado de Asia Central.
Los Jefes de Estado de Asia Central se reúnen en Tashkent para la segunda Reunión Consultiva de Jefes de Estado de Asia Central. Foto: Administración Presidencial Uzbeka. 2019

Precisamente, las declaraciones conjuntas surgidas de estas cumbres han marcado el camino hacia una cooperación regional en progresivo crecimiento. Se han establecido compromisos para fortalecer el comercio y la economía, coordinar el transporte, impulsar la diplomacia científica y cultural, fomentar el turismo, desarrollar políticas para la juventud y promover asociaciones en el ámbito industrial y medioambiental.

Sin embargo, es esencial destacar que Uzbekistán no ha buscado la institucionalización de estas cumbres. Taskent es partidario de aumentar la cooperación regional sin ser inevitablemente el paso previo a la integración institucional en una nueva organización regional.

Es más, como afirmó Maulen Ashimbaev, entonces presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales del Mazhilis –la Cámara Baja del Parlamento kazajo–, Kazajistán era proactivo a retomar la idea de una Unión de Asia Central en 2017; sin embargo, las autoridades uzbekas prefería formatos más informales.

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Otra evidencia del nuevo compromiso regional de Uzbekistán fue su rol durante el conflicto fronterizo entre Tayikistán y Kirguistán. El 28 abril de 2021, se reportaron los mayores enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad de ambos países a lo largo de frontera de las provincias de Batken (Kirguistán) y Sughd (Tayikistán), dejando un balance final de 55 muertos y 266 heridos.

En medio de la crisis, Uzbekistán fue el primer país en reaccionar, el 29 de abril, haciendo un llamamiento a ambas partes a desescalar el conflicto y recurrir a la vía diplomática. Una vez los países involucrados acordaron un alto el fuego definitivo, el presidente Shavkat Mirziyoyev estableció contacto directo con los líderes kirguís y tayiko, expresando su satisfacción cuando el conflicto logró ser contenido en poco tiempo.

Este enfoque contrastó con la actitud de Kazajistán. Mientras Astaná se limitó a expresar su preocupación y evidenciar su mayor simpatía hacia Kirguistán, Uzbekistán, que tenía más que perder si escalaba el conflicto, demostró su creciente influencia diplomática y su compromiso con la seguridad de la región.

Uzbekistán y los actores globales

Mirziyoyev mantuvo la tendencia de acercamiento a Rusia iniciada por su predecesor, Islam Karimov, pero evitando la retórica de desconfianza que Karimov solía expresar sobre las ambiciones rusas en Eurasia. Como resultado, su visita a Moscú en 2017 culminó con la firma de acuerdos y contratos comerciales por miles de millones de dólares.

Uno de los avances más significativos fue el acuerdo para la contratación regulada de trabajadores migrantes uzbekos en Rusia, lo que garantizó sus derechos laborales y legales.

En el ámbito de la defensa, la cooperación militar también cobró relevancia con la reanudación de la formación de oficiales uzbekos en instituciones rusas, la celebración de ejercicios militares conjuntos en 2018 –tras 12 años de pausa– y la adquisición de equipamiento militar ruso por parte de Uzbekistán.

Además, la firma de un acuerdo para la construcción de una planta nuclear en Taskent y la decisión de Uzbekistán de convertirse en observador en la Unión Económica Euroasiática (UEE) reflejaron una cooperación sin precedentes desde la disolución de la Unión Soviética. No obstante, Mirziyoyev mantuvo la neutralidad militar de su país, dejando claro que no buscaba una dependencia excesiva de Moscú ni un giro radical hacia una postura prorrusa.

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China, por su parte, se consolidó como un socio estratégico clave para Uzbekistán, gracias a sus inversiones destinadas a modernizar y desarrollar la economía uzbeka. Tras su viaje a Moscú, Mirziyoyev visitó Pekín y firmó más de 100 acuerdos bilaterales, elevando la inversión y los préstamos chinos a más de 23.000 millones de dólares.

Entre los proyectos más importantes se incluyen la producción conjunta de combustible sintético, inversiones en la industria petrolera uzbeka y la construcción de plantas de generación de energía.

La mayoría de estos acuerdos buscaron impulsar la capacidad productiva e industrial del país con el objetivo de fortalecer sus exportaciones. En este sentido, la estrategia de Mirziyoyev sigue la línea económica de su predecesor, enfocada en fomentar la producción local para abastecer a los mercados vecinos.

Shavkat Mirziyoyev, presidente uzbeko, se reúne con el Secretario de Defensa, James Mattis, durante su visita a Estados Unidos
Shavkat Mirziyoyev, presidente uzbeko, se reúne con el Secretario de Defensa, James Mattis, durante su visita a Estados Unidos. Foto: Administración Presidencial Uzbeka. 2018

En el ámbito tecnológico y de seguridad, la cooperación con China se ha manifestado en iniciativas como el programa de "ciudades seguras", iniciado en 2018 y ampliado en 2019 con un acuerdo por valor de 1.000 millones de dólares.

A pesar del creciente peso de Rusia y China en la economía uzbeka, Mirziyoyev ha manejado estas relaciones de manera equilibrada, evitando que la competencia entre ambas potencias afecte los intereses de su país. Uzbekistán reforzó su participación en la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) promovida por China, con aproximadamente 50 proyectos en marcha para 2021, la mayoría centrados en mejorar la conectividad regional y fortalecer la infraestructura industrial.

En este sentido, la apuesta por el BRI responde a la visión uzbeka de aprovechar su posición geográfica estratégica para convertirse en un corredor de tránsito clave y un socio económico relevante en Asia Central.

La relación de Uzbekistán con Estados Unidos

En lo que se refiere a Estados Unidos, el proceso de normalización que comenzó en los últimos años de la presidencia de Islam Karimov continuó de manera ininterrumpida durante el mandato de Mirziyoyev. Esto quedó evidenciado durante la visita del presidente Shavkat Mirziyoyev a Washington en mayo de 2018, la cual fue considerada histórica, al ser la primera visita oficial de un presidente uzbeko desde 2002.

Durante la cumbre, fueron firmados una gran diversidad de acuerdos que ampliaban las relaciones bilaterales y que culminó con la declaración conjunta Estados Unidos y Uzbekistán: Lanzamiento de una Nueva Era de Asociación Estratégica. Asimismo, la importancia de la visita no se debe solo a la amplitud de acuerdos firmados, sino al reconocimiento del proceso de reformas en Uzbekistán y el nuevo rol del país en Asia Central.

Tras este encuentro, las visitas de altos funcionarios de Estados Unidos al país y al resto de Asia Central se intensificaron, un aumento motivado por la intención de la administración Trump de abandonar Afganistán, lo que volvió a situar a la región en el centro de atención de Washington.

En este sentido, la mejora de relaciones bilaterales respondió a la creciente cooperación para el mantenimiento de la seguridad y estabilidad de Afganistán. Estados Unidos consideraba a Uzbekistán como un socio clave para garantizar la viabilidad de la República Islámica de Afganistán.

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En consecuencia, Taskent estuvo presente en este proceso de retirada estadounidense: en septiembre de 2019, Kamilov se reunió con el Representante Especial de Estados Unidos para la Reconciliación en Afganistán, Zalmay Khalilzad, discutiéndose el curso implementación de los proyectos socioeconómicos e infraestructura uzbekos en el país.

Poco después de esta reunión, el 3 de febrero de 2020, el Secretario de Estado, Mike Pompeo, viajó a Taskent para discutir el futuro de la colaboración en Afganistán tras los Acuerdos de Doha; finalmente, el 29 de febrero de 2020, el ministro de Asuntos Exteriores de Uzbekistán, Abdulaziz Kamilov, participó en la ceremonia de firma del acuerdo entre Estados Unidos y los talibanes que establecía el calendario de retirada estadounidense.

En definitiva, la relación entre Uzbekistán y Estados Unidos ha estado basada en la colaboración en materia de seguridad y defensa, especialmente en relación a Afganistán. Una vez caído Kabul en 2021, confirmando el retorno de los talibanes, la relación ha mutado en la asistencia de Washington en los procesos de integración regional para fomentar una mayor autonomía estratégica de Asia Central.

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