Un viaje al corazón de Karakalpakstan

Mapa de la República Autónoma de Karakalpakstan. Fuente: Prospect Magazine

En el presente artículo exploramos una de las regiones más desconocidas del mundo, ya sea por su localización o bien por su impronunciable nombre. Hablamos de una región en medio del desierto uzbeko, en el extremo oeste del país, conocida como la República Autónoma de Karakalpakstan. Este verano tuvimos la oportunidad de visitar el país y, sin lugar a dudas, aprovechamos para pagarle una visita a este territorio famoso por ser el lugar de uno de los desastres naturales más grandes de la historia: el desvanecimiento del Mar de Aral.

En los siguientes párrafos os introduciremos a esta singular república autónoma, repasando su historia pasada y reciente, además de un relato sobre su cultura, que pudimos ver de primera mano al convivir con una familia karakalpakia. Además, indagaremos en las inéditas protestas separatistas que tuvieron lugar hace unos meses.

Los orígenes políticos del Karakalpakstan actual

Karakalpakstan tuvo su propia república soviética entre 1932 y 1936, siendo absorbida por la República Socialista Soviética de Uzbekistán ese mismo año. Años antes había formado parte de diferentes entidades a nivel soviético, incluso de la RSS de Kazajistán. En ese entonces, Stalin dibujó las fronteras de los territorios de Asia Central en una nueva etapa de colonización que implicó la rusificación de los territorios y la adopción del cirílico.

Tras un largo período soviético, que duró hasta finales del siglo XX, encontramos un Karakalpakstan fuertemente influenciado por el dominio de la URSS. Es entonces cuando la Unión se comienza a debilitar y surgen varios despertares nacionalistas que asestan un golpe al gigante soviético y comienzan a romperse en diferentes piezas de puzzle. Karakalpakstan formará parte de un nuevo estado, la República de Uzbekistán.

Las diferencias culturales entre los dos territorios eran obvias, por lo que ambas entidades llegaron a un acuerdo según el cual se reconocía el derecho a decidir sobre la soberanía karakalpakia (1993). Este tratado nunca llegó a materializarse en la práctica, pues las pretensiones independentistas de la región perdieron fuelle. Sin embargo, Karakalpakstan goza de un estatus de plena autonomía dentro de Uzbekistán, diferenciándose de las otras regiones del país. Dicho estatus fue cuestionado por el actual presidente uzbeko, desencadenando las protestas de principios del pasado mes de julio.

En ruta desde Uzbekistán

Como hemos comentado, en junio tuvimos la oportunidad de visitar la República Autónoma de Karakalpakstan y, de esta forma, poder nuestras propias impresiones sobre el lugar. Para llegar allí iniciamos el viaje desde Tashkent y recurrimos a los ferrocarriles uzbekos, la mejor manera de atravesar este gigantesco país. Los ferrocarriles son, de hecho, la forma más económica y popular de hacerlo, aunque el transporte aéreo cada vez es más común.

Un grupo de emigrantes karakalpakios volviendo a casa en el tren desde Tashkent. Fuente: Dídac Medrano

El viaje en tren, un gigantesco monstruo soviético de más de diez vagones, tiene una duración de más de un día. En su interior, decenas de familias, generalmente karakalpakias, se dirigían de vuelta a Nukus, la capital de la república. Es muy común en Karakalpakistán tener que emigrar hacia la capital del país, Tashkent, que supone un centro económico mucho mayor teniendo en cuenta que en Karakalpakistán la situación económica es paupérrima y se encuentra alejado de la plenitud agrícola del Valle de Fergana. Nosotros nos bajamos en Samarcanda y procedimos a continuar el viaje en distintas etapas ferroviarias, incluyendo Bukhara, Urgench o Khiva, entre otros.

El camino definitivo hacia Nukus lo completamos por carretera. Al alcanzar la frontera regional, nos recibe un mastodóntico cartel parecido a un arco de triunfo con unas letras que indican «República de Karakalpakstan». El megalítico cartel se erige como una forma de denotar la diferenciación entre los dos territorios –entre las fronteras de los otros óblasts no hay este tipo de demarcaciones–, en una carretera completamente rodeada de desierto. No es una frontera internacional, pero ese gigantesco arco busca parecerse a una.

Una vez en Nukus, nos juntamos con Bibinur, una kazaja que está pasando unas semanas en casa de los padres de su esposo, de origen karakalpakio. Nos reciben en su domicilio, donde también se encuentran sus nietos. Su esposo le espera en Almaty, la ciudad natal de Bibinur y antigua capital de Kazajistán. Lo que siguió fueron unos días completamente inmersos en su modus vivendi.

Gigantesco cartel dando la bienvenida a Karakalpakstan. Fuente: Dídac Medrano

Karakalpakistán desde dentro

La palabra karakalpakio tiene un significado parecido a «sombrero negro», siendo este uno de los atuendos más identificativos de la región. Son, al igual que las culturas colindantes, de tradición nómada, algo que se refleja en algunos aspectos, como la reiterada presencia de caballo en su gastronomía. Abrazaremos diferentes aspectos de la vida en Karakalpakistán, por lo que hemos decidido organizarlos en diferentes partes.

En el aspecto gastronómico son comunes las similitudes con culturas próximas. Por este motivo muchos de los platos karakalpakios también existen en el resto de Uzbekistán, en Turkmenistán o Kazajistán, entre otros. Además, estamos hablando de culturas que forman parte de un sistema cultural mayor, el mundo túrquico. Encontramos comidas como el laghman, el manti, el shashlik, nan o bien beshbarmak. Por otro lado, dado que Uzbekistán estuvo bajo dominio de la URSS, también están generalizados los productos de origen ruso como el vodka, la sguschyonka o la compota.

La religión predominante en Karakalpakstan es el Islam. Alrededor de la ciudad encontramos diferentes mezquitas, aunque no con la misma asiduidad que en otros países musulmanes como Irak o Turquía. En Karakalpakstan el Islam es menos estricto, pues es común ver a mujeres sin coberturas en la cabeza –generalmente jóvenes– y el consumo de alcohol es algo muy normalizado en el día a día. El vodka o el cognac son productos consumidos frecuentemente, especialmente en muchas de las omnipresentes celebraciones familiares o vecinales.

En Karakalpakstan se suele vivir en casas grandes, en las que suele convivir la totalidad de la familia junto con la esposa de los hijos. Cuando hay una boda, la mujer se tiene que mudar a casa del marido con la familia de este. Las casas cuentan con un patio central en el que se realizan las comidas conjuntamente. Alrededor encontramos diferentes habitaciones donde se pernocta –en el suelo– o bien salones para celebrar festividades, algo muy importante en la cultura karakalpakia. El baño, por su parte, suele estar en el exterior y es de tipo turco. Este modo de vida se complementa con el uso de las nuevas tecnologías, algo que vemos reflejado en grandes televisiones, móviles de última generación e incluso tablets.

La institución de la familia es algo muy importante y se trabaja de cara a las relaciones con otros núcleos familiares. Las celebraciones sirven para pulir el diamante familiar y mantener cierto prestigio en el vecindario. Organizar una es sinónimo de opulencia y poderío. La frecuencia de los festivales es tal que en época en la que predomina el buen tiempo suelen realizarse entre tres o cuatro por semana.

Bibinur cocinando manti, un plato típico de Asia Central. Fuente: Dídac Medrano

En general, en el seno de la sociedad karakalpakia, nos topamos con unos roles de género muy marcados. La mujer es la que tiene que habitar la cocina desde su temprana pubertad. Incluso las niñas colaboran en las tareas de cocina. La limpieza es también una de las obligaciones de la mujer karakalpakia, mientras que el mantenimiento del hogar le corresponde al hombre. En general, las actividades exteriores, como el trabajo remunerado, corresponden a la figura masculina, así como la obligación de dotar a la familia de una economía para su subsistencia. Digamos que el interior del hogar es la cosmovisión de la mujer, mientras que el hombre construye su vida a partir de las actividades en el exterior. La ruptura de esos roles es complicada, pues yo mismo no podía colaborar con tareas de la cocina.

Nukus, el centro neurálgico

Nukus es una de las ciudades más importantes de Uzbekistán y se erige como la capital de Karakalpakstan. Situada cerca del río Amu Daria, una de las arterias de la agricultura del país, Nukus es una ciudad del perfil de las de Asia Central, como Samarcanda, Shymkent u Osh. Se caracterizan principalmente por la afluencia de árboles, con sus troncos pintados de blanco como fertilizante, además de taxis por doquier y tuberías del gas que no están soterradas, entre muchas otras cosas. Son ciudades muy extensas pero que no cuentan con edificios demasiado altos –salvo barriadas de apartamentos soviéticos–, siendo los rascacielos inexistentes.

Nada más llegar llama la atención la afluencia de banderas karakalpakias, prácticamente calcomanías de la uzbeka, salvo que sustituyen la franja blanca por una naranja. En el centro de la ciudad, junto al museo soviético más grande del país, encontramos dos gigantescos mástiles con ambas banderas –la regional siempre va acompañada de la nacional–. Se percibe cierto nacionalismo, pero siempre acompañado de referencias a la autoridad principal.

Nukus se erige como una ciudad ferviente, con un gigantesco mercado central, repleto de pequeños minibuses que hacen las rutas interurbanas. A priori las impresiones que tenemos son como las del resto del país dado que no vemos grandes diferencias en la forma de organizar la vida urbana. Sin embargo, el trecho diferencial aparece en el momento en el que comenzamos a hablar con la gente y descubrimos su cercanía con la cultura kazaja.

El mar de Aral, uno de los peores desastres naturales de la historia

Al norte de Karakalpakstan, a tres horas de camino de Nukus, nos topamos con los vestigios de lo que fue uno de los mares interiores más grandes del mundo: el Mar de Aral. Este gigantesco lago tuvo 68.000 kilómetros cuadrados en su máximo esplendor, allá por 1960, pero todo cambió debido a unas políticas soviéticas de irrigación. Moscú optó por desviar los principales ríos que alimentaban al lago hacia diferentes campos agrícolas, por lo que el Mar de Aral fue perdiendo agua progresivamente. En 1997, el lago contenía solamente el 10% de la capacidad registrada en 1960. Lo que era un lago visible desde el espacio es hoy en día un secarral de mastodónticas dimensiones, repartido entre Kazajistán y Uzbekistán.

Cementerio de barcos en Moynaq. Fuente: Dídac Medrano

La ciudad que más expresa lo que un día fue y lo que es ahora este lugar es Moynaq. En la actualidad es un amasijo de casas en medio del desierto, conformando una estampa muy triste, máxime teniendo en cuenta que en su día fue un importante núcleo económico. Moynaq era una urbe costera hace décadas, tenía una de las fábricas de conservas más populares de la región y vivía de la actividad pesquera. Lo que contemplamos ahora no son más que restos oxidados de barcos descansando ante kilómetros de fondo marino al descubierto, algo difícil de encontrar en cualquier otra parte del mundo.

Moynaq es una ciudad que sobrevive como puede. Muchos de sus habitantes se han visto obligados a buscar trabajo en ciudades cercanas, como Nukus o bien Kungrado. La industria pesquera ha dejado de existir por completo y Moynaq se ha erigido como una localidad insignia del denominado «dark tourism» –turismo oscuro–. La imagen que ofrece es desgarradora. Junto al denominado «cementerio de barcos» nos topamos con un pequeño museo en el que se encuentran pinturas que rememoran la época dorada de Moynaq, además de tétricos animales disecados que solían frecuentar su ecosistema. Al lado, un gigantesco mural nos muestra la evolución territorial del antiguo mar.

Las protestas recientes en Karakalpakistán

A principios de julio la República de Karakalpakistán saltaba en las noticias por una serie de protestas que tuvieron lugar en la capital, Nukus, en la que decenas de miles de karakalpakios respondieron a la propuesta anti-autonómica del presidente uzbeko Shavkat Mirziyoyev. Dicha enmienda constitucional pretendía eliminar el estatus autonómico que goza la región, además de suprimir el derecho a decidir una posible secesión a través de un referéndum.

El gobierno central movilizó la guardia nacional, dejó a la región sin acceso a internet e incluso detuvo a uno de los personajes políticos más influyentes: Dauletmurat Tazhimuratov. El estado de emergencia fue declarado y se calcula que los enfrentamientos derivaron en 18 muertes, siendo la cifra potencial aún mayor. Todo esto tuvo lugar en un lapso de menos de una semana. La intensidad de las propuestas llevó al presidente uzbeko a retroceder y eliminar las enmiendas propuestas, manteniendo el mismo estatus que goza la república autónoma.

La situación política parece haberse relajado. Taskent, debido a la fuerte oposición que tuvieron las medidas propuestas, reculó porque quería evitar un enfrentamiento étnico y un despertar de las pretensiones secesionistas karakalpakias. Dada la situación actual no se prevé una nueva escalada del conflicto a corto plazo. Si bien es cierto que hay un gran porcentaje de uzbekos en la región, los karakalpakios constituyen la mayoría. 

Una multitud de protestantes este pasado julio en Karakalpakistán. Fuente: ST.org

Veremos qué nos depara el futuro. De momento encontramos un Karakalpakstan en agonía económica, con una cuestionable capacidad de autosuficiencia en caso de una hipotética secesión de Uzbekistán. Lo que sí está claro es que la mala planificación fronteriza de un poder colonial vuelve a suponer un problema para el mundo actual. Karakalpakstan es un territorio más cercano culturalmente a Kazajistán que a Uzbekistán. Tanto en Kazajistán como Karakalpakstan se hablan lenguas kipchak, un subgrupo lingüístico túrquico que no encontramos en territorio uzbeko. Además, los karakalpakios se asemejan a los kazajos en lo que a la tradición nómada se refiere dado que ambos territorios son esteparios, con grandes e inhóspitas regiones asoladas por la inclemencia climática.

La mecha secesionista karakalpakia parece haberse parado a tiempo, pero la represión realizada esos días por las autoridades no contribuye a la mejora de las relaciones entre ambas entidades. Todo lo contrario. Karakalpakstan era consciente de sus diferencias con Uzbekistán, pero las pretensiones independentistas estaban en stand-by. Cualquier movimiento en falso de los uzbekos provocar un resurgimiento del sentimiento nacionalista, quizás con más potencia que el de julio.


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