
Durante 25 años, el proyecto de interconexión ferroviario China-Kirguistán-Uzbekistán (CKU) apenas tuvo avances. No obstante, desde 2022 ha cobrado un impulso significativo. En junio de 2024, las partes anunciaron que formarían un consorcio conjunto para su construcción, una medida que refleja la consolidación del proyecto. De hecho, si bien sigue habiendo dudas sobre la financiación, se espera que las obras comiencen en el mes de octubre y se extiendan durante al menos seis años.
La futura infraestructura prevé conectar la ciudad occidental china de Kashgar con la urbe uzbeka de Andijan, en el valle de Fergana, cruzando Kirguistán. Esta ruta permitirá diversificar las vías de transporte terrestre, proporcionando una nueva alternativa para el intercambio comercial y de pasajeros. Precisamente, el primer problema que surgió al presentar el proyecto fue el propio itinerario: Kirguistán pedía que el recorrido pasará por más ciudades kirguisas, mientras que las otras dos partes preferían un tramo más rápido.
Finalmente, el tramo kirguís del ferrocarril deberá pasar por las ciudades de Torugart, Makmal y Jalalabad. Además, Biskek también prefiere utilizar un ancho de vía más amplio, heredado de la época soviética, que aún se utiliza en gran parte de Asia Central. Esta petición también fue concedida; el gálibo de los raíles se ensanchará en Makmal, lo que obligará a transferir la carga de un tren a otro.
El proyecto en su conjunto se estima que podría costar alrededor de 8.000 millones de dólares. La construcción de la parte kirguisa será la más costosa, con un monto de 4.700 millones de dólares, representando más de la mitad del total. Esto se debe no solo a la longitud, pues Uzbekistán ya cuenta con una red ferroviaria nacional bien desarrollada, sino también a que se requerirán decenas de puentes y túneles.
Debido a las condiciones presupuestarias, se ha establecido que en el consorcio conjunto China detente una participación mayoritaria, asumiendo el 51% de los costes. Kirguistán y Uzbekistán, por su parte, tendrán una participación del 24,5% cada uno. De este modo, las entidades de la potencia asiática serán responsables de la construcción del ferrocarril en territorio kirguís. Biskek concederá a Pekín cierto grado de extraterritorialidad, eximiendo de la obligación de visado y de las normas fiscales a los trabajadores y equipos chinos que participen en el proyecto.
Para financiar su parte, Kirguistán espera pedir préstamos a varios bancos chinos, razón por la que China habría elevado la calificación de la deuda de Biskek de riesgo alto a riesgo medio para abrir el camino a la financiación del acuerdo. El presidente kirguizo, Sadyr Japarov, declaró: “Nos convertiremos en un país de tránsito para el mundo. Entraremos en el mercado mundial. A través del ferrocarril saldremos al mar”. En términos similares se expresaba el presidente uzbeko, Shavkat Mirziyoyev: “Esta carretera permitirá a nuestros países acceder a los amplios mercados del sur de Asia y Oriente Medio a través del prometedor Corredor Transafgano”.
El proyecto tiene una dimensión geopolítica enorme. Se espera que el CKU acorte la ruta de China a Europa en 900 kilómetros, reduciendo el tiempo de tránsito de las mercancías en unos ocho días y proporcionando una alternativa al tránsito por el territorio ruso y el ferrocarril transiberiano. No es de extrañar que la infraestructura se planteara seriamente en 2022, cuando Rusia comenzó su invasión de Ucrania, lo que aceleró la necesidad de los países centroasiáticos de obtener alternativas comerciales ante su dependencia de Moscú. Desde que comenzó el conflicto, numerosas empresas internacionales han decidido dejar de utilizar el territorio ruso como país de tránsito.
Junto con el Trans-Caspian International Transport Route (TITR), también conocido como Corredor Medio, el CKU puede contribuir a aumentar la capacidad de carga de los países de Asia Central a través del comercio Este-Oeste. En este contexto, China puede mantener sostenible su comercio ferroviario con la Unión Europea y compensar sus pérdidas en el Corredor Norte que atraviesa territorio ruso. Por lo que el ferrocarril CKU brinda a China la oportunidad de diversificar sus rutas comerciales, reducir su dependencia de las rutas rusas y mantener un comercio ferroviario sostenible con los países de la UE a largo plazo.
Rusia había puesto objeciones al proyecto durante años, ejerciendo tanta presión que llegó a paralizarlo. No obstante, en 2022 acabó dando su aprobación. Esto refleja la nueva balanza de poder que se ha establecido en Asia Central entre China y Rusia, que considera a la región como su tradicional esfera de influencia. Aún así, Kirguistán ha hecho todo lo posible por acomodar los puntos de vista de Moscú en el proyecto, y se asegurado de hacer otros gestos de buena voluntad.
El ferrocarril CKU presenta varias ventajas y oportunidades estratégicas. Asimismo, ofrece a Pekín la posibilidad de disminuir su dependencia de Kazajistán como territorio de tránsito, país que ha mostrado en los últimos años una seria inestabilidad política, con disturbios que han llegado a desestabilizar al gobierno. De esta forma, independientemente de la crisis que pueda estallar en un país u otro, la potencia asiática siempre contará con alternativas en Asia Central.
En esta línea, otro de los objetivos de Pekín es generar una mayor estabilidad la región, para lo cual necesita generar un mayor crecimiento económico. El proyecto ferroviario daría grandes beneficios a Uzbekistán y Kirguistán, ya que no solo aprovecharán las tarifas de tránsito, sino que las rutas ferroviarias pueden crear nuevos puestos de trabajo. Para China es importante generar un clima de estabilidad en sus fronteras occidentales con el objetivo de reducir los riesgos de militancia transfronteriza vinculada al islamismo.
Por último, este aumento de los intercambios comerciales también favorecerá a sus provincias occidentales, con unos niveles de vida muy inferiores a las costas orientales. De este modo, la futura ruta ferroviaria puede estimular nuevas oportunidades de negocio y desarrollar la industria manufacturera. Además, una mayor interacción con los países de Asia Central también puede contribuir a mejorar la situación económica general de las regiones central y occidental, lo que puede reducir el riesgo de inestabilidad social.
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