La caída de Sheikh Hasina en agosto de 2024 abrió una nueva etapa política en Bangladés. Después de 15 años en el poder y más de un mes de protestas, la primera ministra huyó hacia India mientras manifestantes asaltaban el parlamento, la sede de la gobernante Liga Awami y su residencia oficial. Los ataques también alcanzaron los símbolos asociados a Sheikh Mujibur Rahman, padre de Hasina y fundador del país.
La ofensiva contra su figura reflejó una transformación más profunda que el rechazo al anterior gobierno. Mujibur Rahman, conocido como Bangabandhu, encarnaba una concepción secular de Bangladés que ha marcado la identidad oficial del Estado desde su independencia. El debilitamiento de ese relato nacional coincide ahora con el crecimiento del islamismo político.
Bangladés constituye un caso particular entre los países de mayoría musulmana. La confrontación con el islamismo se encuentra en el origen del Estado, fundado después de una guerra contra Pakistán en la que los movimientos independentistas defendieron una identidad nacional bengalí frente al proyecto político basado principalmente en la religión.
Cuando el subcontinente indio fue dividido, el territorio del actual Bangladés quedó integrado en Pakistán como su provincia oriental. La religión musulmana justificaba la unión, pero la distancia geográfica y las diferencias lingüísticas y culturales alimentaron rápidamente el conflicto entre Pakistán occidental y oriental.
La guerra de independencia estuvo acompañada de una campaña de violencia ejercida por el Ejército pakistaní y las milicias islamistas conocidas como razakars. India intervino finalmente en apoyo de los independentistas, facilitando la creación de Bangladés bajo un proyecto secular encabezado por Mujibur Rahman.
El asesinato del dirigente pocos años después profundizó la división política. Sus sucesores, entre ellos Ziaur Rahman y Mohamed Ershad, adoptaron posiciones más conservadoras e incorporaron elementos islámicos al funcionamiento del Estado, aunque sin restaurar completamente a las organizaciones islamistas más vinculadas con Pakistán.
La crisis de los partidos tradicionales
El crecimiento actual del islamismo no responde únicamente a una estrategia electoral. Está relacionado con las transformaciones económicas y sociales experimentadas por Bangladesh durante las últimas décadas.
La industrialización convirtió al país en uno de los principales centros mundiales de producción textil de bajo coste. Este modelo generó crecimiento económico, pero también graves desigualdades, precariedad laboral y problemas medioambientales.
Bangladés ha quedado atrapado en una economía de renta media sin que la Liga Awami ni el conservador Partido Nacionalista de Bangladesh hayan presentado una alternativa capaz de responder al malestar social.
Las organizaciones islamistas han aprovechado este vacío. Jamaat-e-Islami, vinculada históricamente con los sectores que colaboraron con Pakistán durante la guerra de independencia, se ha transformado en una formación que aspira a alcanzar el poder mediante las elecciones y modificar progresivamente las instituciones desde dentro.
Su base ya no se limita a los sectores religiosos más conservadores. El partido ha ganado apoyo entre las clases medias urbanas y en las universidades. De hecho, parte de los estudiantes que participaron en las protestas contra Hasina estaban vinculados a sus organizaciones juveniles.
Junto a Jamaat-e-Islami también han crecido plataformas más radicales como Hefazat-e-Islam, con presencia en las zonas rurales y los barrios urbanos más empobrecidos. La diversificación del movimiento permite a cada organización orientar su discurso hacia grupos sociales diferentes.
India como factor de polarización
La política del gobierno indio de Narendra Modi ha acelerado este proceso. El nacionalismo hindú del Bharatiya Janata Party (BJP) ha intensificado las tensiones sectarias tanto dentro de India como en sus relaciones con Bangladés.
La utilización electoral del rechazo a los migrantes bangladesíes en Bengala Occidental y el respaldo de Nueva Delhi a Sheikh Hasina han reforzado entre sectores bangladesíes la asociación entre la Liga Awami, India y el secularismo estatal.
Este enfrentamiento también está modificando la política exterior del país. Bangladés ha estudiado la compra de cazas JF-17 producidos por Pakistán y China, además de un posible acuerdo de seguridad con Islamabad.
Aunque estos proyectos no se han concretado, supondrían una alteración profunda del equilibrio regional. Daca también se está aproximando a Turquía, Arabia Saudí y Egipto. Al mismo tiempo, el acercamiento de India a Israel y Emiratos Árabes Unidos alimenta el rechazo entre una población mayoritariamente musulmana.
Los islamistas todavía no controlan por completo el Estado, pero la caída de Hasina, la crisis económica y la polarización con India han creado las condiciones para que su influencia avance. El secularismo sobre el que se construyó Bangladés afronta así su mayor desafío desde la independencia.
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