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Kazajistán deja atrás la era Nazarbáyev con el nacimiento de Adilet

Kazajistán marca el inicio de una nueva era política con la aprobación de una nueva Constitución, un Parlamento unicameral y un nuevo partido político: Adilet.
Kazajistán marca el inicio de una nueva era política con la aprobación de una nueva Constitución, un Parlamento unicameral y un nuevo partido político: Adilet. Fuente: Akorda, Oficina del Presidente de la República de Kazajistán.

El 12 de junio de 2026, Amanat celebró en Astaná un congreso extraordinario que pasará a la historia como el epílogo de la organización política más relevante de Kazajistán en los últimos 25 años.

Durante gran parte de ese cuarto de siglo, en su mayoría bajo el nombre de Nur Otan, el partido funcionó como la estructura hegemónica forjada en torno a Nursultán Nazarbáyev, quien gobernó el país desde su independencia durante casi 30 años.

Hoy, sin embargo, Amanat es sólo un recuerdo tras su integración en Adilet, un partido político de reciente creación, en lo que ha representado un nuevo paso en la eliminación de los vestigios simbólicos y estructurales de la era Nazarbáyev.

La construcción del partido presidencial

Fundado en 1999 como una gran coalición de fuerzas favorables al presidente, Amanat, entonces conocido como Otan (Patria), nació con la misión de contribuir a la estabilización del régimen de Nazarbáyev en un paso al siglo XXI marcado por el descontento de sectores de la élite gobernante y empresarial kazaja ante lo que consideraban una distribución injusta de los recursos económicos que ofrecían las antiguas compañías estatales.

Estos disconformes, en su mayoría provenientes de grupos de influencia no conectados al presidente por parentesco, fueron capaces de desafiar abiertamente el funcionamiento del régimen de Nazarbáyev al expresar públicamente su insatisfacción y ambiciones políticas. Para frenar la inestabilidad derivada de la división de la élite, el partido se articuló como una fuerza canalizadora.

Primero, absorbiendo las redes informales de poder, significativas tanto en la formulación de políticas como en sostener la capacidad de los actores independientes de competir políticamente, lo que supuso la progresiva incorporación a Otan del resto de fuerzas políticas que representaban los intereses de otros grupos de la élite. Una vez consolidada esta hegemonía, culminada en la transformación de Otan en Nur Otan, se procedió a la homogenización del aparato estatal.

Una reforma constitucional, aprobada en 2007, eliminó la prohibición que impedía a los funcionarios públicos afiliarse a partidos políticos, convirtiendo la militancia en Nur Otan en un requisito de facto para acceder y progresar en la administración.

Con ello, el partido extendió su influencia más allá de las élites políticas y económicas, integrando también a los cuadros burocráticos en una misma estructura de lealtades. De este modo, la burocracia quedó subordinada a criterios de fidelidad personal antes que de autonomía institucional, configurando un entorno de gobernanza dócil y predecible que reforzó la estabilidad del régimen.

Adiós Nursultán, adiós Nur Otan

En marzo de 2019, en un momento histórico para el Kazajistán moderno, el presidente Nursultán Nazarbáyev anunció sorpresivamente su renuncia, entregando las riendas interinas del palacio presidencial de Akorda al entonces presidente del Senado, Kassym-Jomart Tokáyev, quien en junio de 2019 sería electo para el cargo por un mandato de cinco años con el respaldo de Nur Otan.

Si bien existió una transición formal, el poder permaneció concentrado en manos de su antecesor. La ley sobre el Estatus del Primer Presidente garantizaba su seguridad personal, mientras que la preservación de sus cargos –presidente vitalicio del Consejo de Seguridad, miembro del Consejo Constitucional, líder de Nur Otan y titular del estatus de Elbasy– permitió a Nazarbáyev no solo continuar marcando el rumbo del país, sino también vetar muchas de las decisiones de su sucesor.

En este sentido, la sucesión presidencial, considerada desde hacía años un acontecimiento inevitable en la política kazaja, no fue concebida como el fin de ciclo, sino como un paso intermedio destinado a garantizar la continuidad del sistema construido por Nazarbáyev, preservar la influencia de su entorno más próximo y asegurar la estabilidad del régimen ante su eventual fallecimiento.

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A este respecto, la elección de Kassym-Jomart Tokáyev, uno de los colaboradores más experimentados, pero percibido como una figura con escasas vinculaciones con los clanes políticos y empresariales del país, era ideal para administrar la continuidad del sistema sin representar una amenaza.

No obstante, este equilibrio quebró en enero de 2022. Las protestas masivas, desencadenadas inicialmente por el aumento del precio de los combustibles, evolucionaron rápidamente hacia una crisis política que puso de manifiesto la fragilidad del sistema construido por Nazarbáyev.

A partir de entonces, Kassym-Jomart Tokáyev desplazó a su predecesor y a buena parte de las figuras vinculadas a su círculo político, concentrando en su persona los principales resortes del poder que aún no controlaba.

La experiencia del denominado Enero Sangriento convirtió la estabilidad política y la prevención de nuevos intentos de ruptura del régimen en la prioridad del nuevo liderazgo de Kazajistán.

Con el objetivo de reforzar su legitimidad, el presidente Tokáyev impulsó una agenda de reformas políticas presentadas bajo los lemas del “Nuevo Kazajistán” o “un presidente fuerte, un parlamento influyente, un gobierno responsable”. Oficialmente, estas medidas prometían transitar a un sistema político más competitivo, combatir la corrupción y limitar la influencia de las élites económicas y políticas asociadas a la era Nazarbáyev.

Discurso del presidente del partido Adilet, Aibek Dadebay, en el III Congreso Extraordinario.
Discurso del presidente de Adilet, Aibek Dadebay, en el III Congreso Extraordinario. Fuente: Servicio de prensa del Partido Adilet

Sin embargo, la implementación de este programa planteaba una contradicción evidente: era necesario distanciarse simbólicamente del régimen anterior, pero se necesitaba al “Viejo Kazajistán” para formalizar la transición, como evidenció la recurrencia continua a un sistema de partidos hegemonizado por Nur Otan.

Por ello, Tokáyev optó por mantener la estructura organizativa de Nur Otan, pero tratando de redefinir su identidad. En marzo de 2022, la formación adoptó el nombre de Amanat, en un intento de desvincular la organización de la figura del primer presidente y presentarla como el vehículo político de la nueva era reformista.

No obstante, diversos dirigentes del propio partido reconocieron posteriormente que el cambio de nombre resultaba insuficiente para modificar la percepción pública de la organización. La estrecha identificación entre Nur Otan y el pasado continuó condicionando la imagen de Amanat, limitando su capacidad para convertirse en un símbolo de la renovación política.

La respuesta es Adilet

Registrado oficialmente el 1 de junio de 2026, apenas unas semanas después de su congreso fundacional, Adilet se presentó como una plataforma política orientada a “consolidar los esfuerzos para construir y fortalecer un Estado justo”, una idea vinculada a las reformas del “Nuevo Kazajistán”. No sorprende, pues, que la imagen de Adilet rápidamente se asociara a la de un nuevo partido político favorable al presidente.

Sin embargo, su grado de vinculación quedó visible con la designación de Aibek Dadebay como presidente de la formación apenas dos días después de abandonar su cargo como Jefe de la Administración Presidencial.

Este nombramiento confirmó la estrecha vinculación entre Adilet y el palacio presidencial de Akorda, alimentando especulaciones sobre el rol del nuevo partido en el sistema político kazajo, entre las cuales se encontraba la transición a una competencia bipartidista entre dos fuerzas políticas leales, pero formalmente separadas.

Con todo, las suposiciones alcanzaron su fin durante las celebraciones del 4 de junio, día de los Símbolos Estatales, cuando el presidente Kassym-Jomart Tokáyev llamó a la unidad de las “fuerzas sociopolíticas racionales y progresistas” en torno a los objetivos nacionales para así “construir un Kazajistán justo”.

Apenas 48 horas después, el Consejo Político de Amanat respaldó la iniciativa, abriendo paso al congreso extraordinario del 12 de junio que daría por formalizada la integración definitiva en Adilet.

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Esta fusión, a diferencia de otras en la historia de Kazajistán, no puede interpretarse como una absorción hostil, sino como una transferencia de activos. En la práctica, Amanat cedió su extensa red de funcionarios, sus facciones regionales en los maslikhats y su poderosa maquinaria electoral a un nuevo vehículo político que, pese a su corta existencia, nació con la hegemonía garantizada.

Con esta nueva realidad, Kazajistán afrontó en agosto las primeras elecciones legislativas bajo la reforma constitucional aprobada en marzo, en la cual una de sus piezas angulares fue la transición de un parlamento bicameral a una única cámara: el Kurultai.

Esta nueva arquitectura institucional, apoyada en un sistema electoral íntegramente proporcional y de distrito único, elevará sustancialmente la relevancia de las formaciones políticas en el sistema; y, en consecuencia, es aquí donde residió la urgencia detrás del nacimiento y desarrollo de Adilet.

No en vano, el pasado 23 de agosto, el partido obtuvo un triunfo electoral con más del 70% de los votos emitidos, convirtiéndose con diferencia en la fuerza más importante del nuevo Kurultai, con 110 escaños de los 145 posibles.

Así pues, la disolución de Amanat ha ofrecido al presidente Tokáyev un nuevo vehículo político para encarnar las reformas del “Nuevo Kazajistán”, sin vínculos con los vicios de la era Nazarbáyev, y capaz de dominar los cambios políticos venideros.

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