
A una distancia media de 160 kilómetros de la costa de China continental se encuentra la isla de Taiwán, conocida oficialmente como la República de China (RDC), un sistema pluralista de 23 millones de habitantes. En 2014, este pequeño territorio es tan solo reconocido por 11 Estados miembros de las Naciones Unidas y la Ciudad del Vaticano. Pese a esto, mantiene vínculos no oficiales con muchos países, siendo Estados Unidos el más importante y su principal socio en materia de seguridad.
Desde 1949, Taiwán ha sido gobernada de forma independiente a China continental, conocida oficialmente como la República Popular de China (RPC), tras la guerra civil china que tuvo como resultado la expulsión del Kuomintang (KMT) por parte del Partido Comunista de China (PCCh), quedando exiliados en el archipiélago taiwanés en lo que se conoce como el Gran Retiro. Desde entonces, ambos gobiernos han sostenido la existencia de una única China, considerándose cada uno de ellos los representantes de la nación.
Las dos Chinas
Desde la salida del continente del Kuomintang, liderado por Chiang Kai-shek, la situación ha cambiado y evolucionado considerablemente. Habiendo pasado por un proceso de democratización, la posición de Taiwán con respecto a la reunificación es distinta, y existe una notable diversidad de opiniones entre los políticos. En la población, no obstante, las encuestas muestran que la mayoría de los taiwaneses rechazan la unificación con la RPC, pero tampoco apoyan una inmediata independencia formal; parece que la gran mayoría quiere mantener el statu quo.
A esto se suma el hecho de que, con el paso de los años, la identidad taiwanesa se ha ido incrementando, habiendo un porcentaje muy pequeño de personas que se consideran solo chinas, y cada vez menos aquellas que se identifican como chinas y taiwanesas simultáneamente. La brecha cultural, política y social entre ambos lados del estrecho está incrementándose.
Mientras que Taiwán cada vez se aleja más de la idea de una unificación, Pekín mantiene su posicionamiento que se manifiesta en el principio de “Una sola China”. Este enfoque defiende que solo hay una nación-Estado con el nombre de China, la cual incluye tanto el territorio continental como Hong Kong, Macao y Taiwán, que estarían bajo el gobierno de la RPC como entidad política, basándose en el Consenso de 1992 alcanzado por representantes del PCCh y el KMT. Aquel año, ambas partes reconocieron la existencia de una sola China; sin embargo, difirieron en el contenido de su interpretación.
En la actualidad, esta diferenciación ha generado tensiones significativas. En el XX Congreso Nacional del Partido Comunista de China, por ejemplo, Xi Jinping enfatizó la necesidad de reunificarse con Taiwán de forma completa con el fin de conseguir el “gran rejuvenecimiento” de la nación china, objetivo que Pekin pretende cumplir para mitad de siglo; para ello no descartan el uso de la fuerza.
Crisis en el estrecho
Las tensiones que se produjeron en los años 50 dieron como resultado las conocidas como crisis del estrecho de Taiwán, que tienen como protagonistas las islas Kinmen y las islas Matsu. En 1954, se dio la primera crisis con el bombardeo por parte de la RPC contra Kinmen, y más tarde Matsu, como respuesta a la firma del Tratado de Defensa Colectiva del Sudeste Asiático, que creó la SEATO, y fue promovido por Estados Unidos con el fin de contener el avance en la región del comunismo.
Pese a que Taiwán nunca llegó a formar parte de la SEATO, sí se habló de dicha posibilidad, lo que fue visto por Pekín como una amenaza a su seguridad nacional. La crisis finalizó en 1955 con el inicio de negociaciones entre Estados Unidos y China que, sin embargo, no llegaron a conclusiones contundentes sobre Taiwán, dejando abiertos los problemas fundamentales del conflicto y desembocando en la segunda crisis del estrecho en 1958 con el bombardeo de ambas islas.
En 1995 y 1996 se daría la tercera crisis con una serie de pruebas de misiles llevadas a cabo por China en las aguas que rodean Taiwán como respuesta a la visita del entonces presidente taiwanés, Lee Teng-hui, a su alma mater, la Universidad de Cornell en Estados Unidos. Pekín percibió un cambio en la política de Lee, si bien no hacia el independentismo total, al menos alejándose de la posición de “Una sola China”. Es por ello por lo que se cree que las pruebas de misiles fueron un mensaje al electorado taiwanés en el contexto de las elecciones presidenciales de 1996.
Más recientemente, la visita a Taiwán de la entonces presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, en agosto de 2022, hizo saltar las alarmas de lo que muchos consideran la cuarta crisis del estrecho. En respuesta, China organizó sus mayores ejercicios militares jamás realizados en torno a Taiwán. Menos de un año después, la situación se replicó tras el encuentro entre la antigua presidenta taiwanesa, Tsai Ing-wen, y el sucesor de Pelosi, Kevin McCarthy, en Los Ángeles.
Tensiones en Taiwán desde 2016
Las tensiones en el estrecho han ido escalando desde la elección de la presidenta taiwanesa, Tsai Ing-wen, en 2016, quien se negó a seguir la fórmula que su predecesor, Ma Ying-jeou (2008-2016), llevaba a cabo para incrementar los lazos con el país vecino. Tsai pertenece al Partido Progresista Democrático (PPD), que no reconoce el Consenso de 1992, lo que ha desestabilizado los cimientos políticos de cara a la interacción con China, llevando a la suspensión de los mecanismos de comunicación que existían.
Si bien las relaciones se empezaron a deteriorar en 2016, la raíz de ello se podría encontrar en la administración de Ma, durante la cual –si bien se estrecharon los lazos bilaterales con 21 acuerdos firmados en materia económica, judicial y de seguridad– la resistencia de la población taiwanesa a la unificación se hizo más evidente.
El pico de este descontento estuvo en el llamado Movimiento Girasol, en 2014, cuando las protestas estudiantiles estallaron por el temor de que los nuevos acuerdos y la apertura a la inversión china provocaran una integración económica demasiado acelerada, poniendo en peligro la autonomía de Taiwán. Pese a que hubo un aumento en el intercambio económico, no hubo un acercamiento de Taiwán al continente ni se facilitaron las discusiones políticas.
La elección de Tsai cimentó ese sentimiento por parte de Pekín, quien ha visto con desconfianza toda su legislatura al no aceptar la posición de “Una sola China” que ellos querían y que consideran una “precondición para que ambas partes participen en el diálogo político”. El gobierno de Tsai llegó a afirmar que Taiwán ya es un país independiente y por tanto no necesita declarar la independencia, así como que “la República de China y la República Popular China no están subordinadas entre sí”.
La ambigüedad del statu quo consistente en la idea de “Una sola China” que permitió mantener cierta paz durante décadas en el estrecho se está desmoronando, hecho que está generando un sentimiento de ansiedad a las partes involucradas y que está dando lugar a un incremento de tensiones en la zona. China considera que el statu quo implica que ni Taipéi ni Washington persigan la independencia de jure de Taiwán, de forma que la unificación siga siendo viable.
Para Estados Unidos, el statu quo es que ni China busque la unificación con Taiwán mediante la fuerza militar, ni Taiwán la independencia de jure. Y, para Taipéi, consiste en mantener su soberanía de facto, así como voz y voto en la determinación de su futuro político. No es la primera vez que dicha ambigüedad se desmorona relativamente, pero en episodios anteriores la flexibilidad de las partes permitió resolver las tensiones al menos temporalmente. Sin embargo, la intransigencia mostrada actualmente ha dificultado disminuir la tensión.
Las respuestas de China
La respuesta de Pekín ante la falta de avance y la posición del gobierno de Taiwán ha sido reducir el diálogo a través del estrecho. También ha profundizado el aislamiento internacional de Taiwán consiguiendo que entre 2016 y 2023 nueve Estados retiraran su representación diplomática de Taipéi. Además, está utilizando su peso en las organizaciones internacionales para impedir la participación de Taiwán como observador.
En materia económica, China ha tomado diversas medidas contra las entidades taiwanesas consideradas “pro-independentistas”. Un ejemplo de ello ocurrió en 2021, cuando multó a empresas asociadas con el conglomerado taiwanés Far Eastern Group por supuestas violaciones relacionadas con la protección al medio ambiente, el uso de tierra, la salud de los empleados, la seguridad en la producción y por la calidad del producto.
Esta decisión se adoptó dos semanas después de que Pekín amenazara con cargos criminales y la prohibición de entrada a aquellos que fueran parte de la "fuerza pro-independentista", Además, el hecho de que el conglomerado Far Eastern Group fuera el mayor donante del PPD en las tres últimas elecciones legislativas generó especulaciones sobre la verdadera motivación detrás de dichas medidas.
Asimismo, el gigante asiático también ha prohibido las importaciones de productos agrícolas y pesqueros taiwaneses, los cuales dependen del mercado chino, alegando problemas sanitarios y de bioseguridad. En sí estas medidas afectan a sectores económicos relativamente pequeños, por lo que su impacto es contenido, pero Taipéi considera que contienen un mensaje político relevante y acusa a Pekín de coerción económica.
Pero las medidas que más han llamado la atención son las relativas a lo militar, con el uso por parte de China de demostraciones de fuerza cada vez que percibía una alteración del statu quo. La presión ha ido aumentando, sobre todo en 2022 y 2023, a punto tal que en septiembre de 2023 el Ministro de Defensa Nacional de Taiwán pidió a Pekín que cesara inmediatamente su “acoso militar unilateral” después de que se detectara un récord de 103 aviones militares chinos alrededor de la isla en un periodo de 24 horas.
Tanto Taiwán como diversos expertos en seguridad han acusado a China del uso de tácticas de zona gris como una estrategia de intimidación y acoso diario con el fin de gradualmente desgastar a Taipéi y a su población, y, en un contexto más reciente, para interferir en las elecciones de enero de 2024.
Las tácticas de zona gris consisten en el uso de medios no militares –por debajo del umbral de un conflicto armado– para lograr objetivos políticos. Estas pueden incluir la intervención en elecciones, la coerción económica y el uso ambiguo de fuerza no convencional. Las ya mencionadas patrullas aéreas alrededor de la isla serían una de las estrategias usadas por la potencia asiática.
Esta presencia aérea no solo se da en torno a Taiwán, sino que se cruza la línea media, un punto de demarcación informal en el medio del estrecho que fue definida por el General de las Fuerzas Aéreas Estadounidenses en 1955 y que ha servido de forma tácita durante décadas como frontera entre China y Taiwán en el ejercicio de sus actividades militares. En 2020, Pekín rechazó su existencia, momento a partir del cual ha llevado a cabo cientos de operaciones áreas en esta zona.

En 2023 se detectaron 1.714 aviones del Ejército Popular de Liberación (EPL) cruzando la línea media o la zona suroeste y este de la Zona de Identificación de Defensa Aérea (ADIZ). En comparación, en 2021 fueron 972 aeronaves y, en 2022, 1.737. En en los primeros cuatro meses de 2024 se han registrado 190 incursiones. China también ha hecho uso de vehículos aéreos no tripulados (UAV), habiéndose detectado 251 desde 2022.
Se puede observar un incremento sustancial de la presencia militar china durante los últimos años, ya no solo en el espacio aéreo, sino también en el mar. Las naves de la Armada del Ejército Popular de Liberación (PLAN) han permanecido más tiempo cerca de Taiwán que en años previos. Pekín considera que las aguas del estrecho no son aguas internacionales, como reclama Estados Unidos, sino que forman parte de su "soberanía, derechos soberanos y jurisdicción".
Taiwán reportó 1.774 naves chinas en torno a la isla en 2023, y en los cuatro primeros meses de 2024 fueron 658. En este contexto, presencia de buques de guerra estadounidenses ha dado lugar a encontronazos con las embarcaciones del PLAN, como el que se dio en junio de 2023, cuando un barco chino se acercó a menos de las 150 yardas del USS Chung-Hoon (DDG 93), cortando su paso mientras navegaba por el estrecho junto con la fragata canadiense HMGS Montreal.
Las elecciones de 2024 y el incidente de Kinmen
Pese a todas las tensiones, en 2023 no ocurrieron incidentes mayores. Es en febrero de 2024 cuando dos pescadores chinos se ahogaron durante una persecución con los guardacostas de Taiwán, quienes les acusaron a ellos y a sus dos acompañantes de entrar en aguas prohibidas de la costa de Kinmen.
Cabe recordar que, además de la isla principal, la República de China también tiene control sobre las islas Penghu, a 50 kilómetros de Taiwán, así como las islas de Kinmen y Matsu, a 2 y 19 kilómetros de la costa de China respectivamente. Debido a la cercanía de estas dos últimas, son lugares históricamente militarizados que han sido objeto de múltiples disputas entre Pekín y Taipéi, pero que hoy en día mantienen lazos económicos y comerciales con el gigante asiático. Son zonas de altas tensiones debido a los temores de invasión en caso de iniciarse un conflicto.
Taiwán alega que los guardacostas actuaron legalmente para echar a los barcos de las “aguas prohibidas o restringidas” de Kinmen, mientras que China condena fuertemente dichas muertes y cuestionó además el concepto de “áreas prohibidas o restringidas”, argumentando que los pescadores de ambos lados del estrecho tradicionalmente han operado cerca de Xiamen –ciudad china– y Kinmen.
Esta delimitación fue establecida en 1992 por el Ministerio de Defensa Nacional de Taiwán y define como aguas prohibidas las 12 millas náuticas alrededor de Taiwán, mientras que las restringidas se extienden hasta las 24 millas náuticas. En las islas cercanas al continente, esta distancia varía, extendiéndose en el caso de Kinmen la zona prohibida en torno a 4 kilómetros al este, 8 kilómetros al sur y hasta la mitad de la costa china en el norte y noroeste.
La respuesta de China al incidente ha sido aumentar las labores de patrullaje de su guardia costera con el objetivo de "salvaguardar los derechos e intereses de los pescadores chinos, así como sus vidas y sus propiedades". Por su parte, Taipéi argumenta que los hechos se deben al creciente número de barcos chinos, a menudo sin nombre ni información de registro, que ingresan en aguas taiwanesas. Estas embarcaciones, según Taiwán, se niegan a cooperar con las autoridades locales y realizan maniobras peligrosas para evadir su control.
Esto se dio poco después de las elecciones de 2024, por las cuales han aumentado las tensiones en un ambiente nunca pacífico. Taiwán acusó a China de llevar a cabo una campaña de interferencia electoral sin precedentes, usando desde actividad militar hasta sanciones comerciales, para poder influir en el voto de la población hacia determinado candidato. Por su parte, China presentó los comicios como una decisión entre la guerra y la paz y negó que hubiera llevado a cabo alguna interferencia.
Finalmente, William Lai del DPP acabó ganando, pero su partido perdió escaños en el parlamento quedando por detrás del Kuomintang. Previamente, el portavoz del Ministro de Asuntos Exteriores chino afirmó que las elecciones “no cambiarían el hecho de que Taiwán es parte de China y solo hay una China en el mundo”. Pekín considera inevitable la unificación de ambas partes y considera que la pérdida de escaños del DPP es una muestra de que este no representa la opinión pública mayoritaria de la isla.
Estados Unidos en Taiwán
Estados Unidos es el mayor aliado de Taiwán, pese a que en 1979 cambió el reconocimiento diplomático de Taipéi a Pekín, pasando el gobierno de la RPC a ser reconocido como el único representante legal de China. Desde entonces, Washington ha mantenido que no apoya la independencia de Taiwán, pero que desea mantener fuertes relaciones no oficiales con la isla con el fin de "conservar la paz y la estabilidad" en Asia.
De hecho, ese mismo año estableció el Taiwan Relations Act, por el cual se requiere que Estados Unidos provea a Taiwán de armas de carácter defensivo y que mantenga la capacidad de resistir cualquier recurso a la fuerza u otras formas de coerción que pongan en peligro la seguridad o el sistema socioeconómico taiwanés. También se establece el Instituto Americano en Taiwán, una entidad sin fines de lucro que funciona de facto como una embajada.
El crecimiento económico y militar de China ha generado una rivalidad estratégica entre Estados Unidos y China, convirtiéndose Taiwán en un escenario central donde ambas partes proyectan sus inquietudes estratégicas. Por una parte, se está poniendo en duda la capacidad de Washington de poder defender la isla y mantener sus compromisos en Asia. Para China, por su parte, se trata tanto de un asunto identitario y de legitimidad del partido como una cuestión estratégica al encontrarse Taiwán en una cadena de islas que se extiende desde los archipiélagos japoneses hasta los indonesios.
Estados Unidos considera que el aumento de actividad militar de China en la zona es una confirmación de sus malas intenciones contra Taiwán, lo que hace que aumenten las voces dentro del país sobre incrementar las muestras de apoyo simbólico y material a Taipéi. A su vez, esas demostraciones de apoyo ayudan a crear cámaras de eco en Pekín, donde los oficiales creen cada vez más que la unificación por la fuerza puede llegar a ser necesaria.
Las acciones de ambas partes intensifican la necesidad de llevar a cabo demostraciones de fuerza más claras y vigorosas para disuadir al otro. De esta forma, el contacto entre Estados Unidos y Taiwán es cada vez más alto, al punto de parecer que existan relaciones oficiales. La llamada de diciembre de 2016 entre Tsai y Donald Trump marcó la primera vez que un presidente estadounidense habló con el líder de Taiwán desde la normalización de relaciones entre Estados Unidos y China.
Desde entonces, ha habido distintas instancias en las que oficiales estadounidenses y taiwaneses se han encontrado, como la visita de Pelosi en 2022 o la del presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, Michael McCaul, en abril de 2023.
En este contexto de tensión geopolítica, cabe destacar que Taiwán juega un papel clave en la industria de semiconductores. De hecho, es el principal fabricante por contrato de chips semiconductores del mundo, importantes en la producción de la mayoría de los productos electrónicos, incluidos teléfonos inteligentes, ordenadores, vehículos y armas. La empresa taiwanesa Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) es el principal proveedor de Apple y otras empresas estadounidenses, pero también lo es de China, quien hasta hace poco compraba alrededor del 70% de sus chips a dicha compañía.
Dada la creciente importancia de Taiwán en el escenario internacional, en los últimos meses Washington y Taipéi han sellado varios acuerdos en materia militar y comercial, como la Iniciativa EEUU-Taiwán sobre Comercio en el Siglo XXI, suscrita el 1 de junio. En julio, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó la National Defense Authorization Act 2024, que autorizó la entrega de 2.000 millones de dólares en préstamos a Taiwán a través del programa de financiación militar extranjera durante cinco años.
Asimismo, el 23 de mayo de 2024, el Senado estadounidense ratificó un paquete multimillonario de ayuda a Ucrania, Israel y Taiwán de unos 95.000 millones de dólares, de los cuales 8.000 millones van dirigidos a la isla.
En definitiva, si bien Estados Unidos, China y Taiwán estuvieron dispuestos durante décadas a dejar de lado sus diferencias sobre el estatus de la isla y cómo solucionarlo, el cambio en el entorno general ha hecho difícil esa continuación, aumentando la tensión y las posibilidades de un conflicto armado, algo que ninguna parte parece querer que ocurra. Al menos por ahora.
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