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¿Por qué Corea del Norte tiene armas nucleares?

Corea del Norte ha situado durante décadas la defensa nacional en el centro de su sistema político y económico. Esta orientación, conocida como doctrina Songun o política de prioridad militar, adquirió especial importancia tras la desintegración de la Unión Soviética y la pérdida de uno de los principales apoyos internacionales de Pionyang.

La doctrina comenzó a desarrollarse durante la etapa de Kim Il-sung, pero fue Kim Jong-il quien la consolidó como uno de los principales elementos del sistema norcoreano. La lógica partía de una premisa básica: si la supervivencia del Estado estaba amenazada, el Ejército debía convertirse no solo en instrumento de defensa, sino también en una institución central de la vida política y social.

El contexto de los años noventa resultó decisivo. Corea del Norte observó con preocupación la desaparición de la República Democrática Alemana y su absorción por Alemania occidental, así como la caída soviética y el colapso de otros sistemas socialistas.

Paralelamente, en Corea del Sur existía la expectativa de que Pionyang pudiera seguir un proceso similar. Estas previsiones no se cumplieron. Una parte de la explicación reside precisamente en la respuesta política y militar desarrollada por el Partido del Trabajo de Corea.

Un Estado alrededor de la defensa

El Ejército Popular de Corea cuenta actualmente con más de 1,3 millones de efectivos en servicio activo, a los que se añaden estructuras paramilitares y organizaciones de movilización como los Guardias Rojos de Trabajadores y Campesinos o los Jóvenes Guardias Rojos.

Su función tampoco se limita a las operaciones militares. Las Fuerzas Armadas participan en diferentes ámbitos de la vida civil, incluidos proyectos de urbanización y construcción, y ocupan una posición destacada dentro de la cultura política del país.

Esta centralidad se explica también por la situación geopolítica de la península coreana. La guerra iniciada en 1950 terminó en 1953 mediante un armisticio, pero no mediante un tratado de paz. Estados Unidos mantiene desde entonces miles de tropas desplegadas en Corea del Sur –alrededor de 28.000 efectivos–.

Desde la perspectiva norcoreana, esta presencia constituye una amenaza permanente. Así, el desarrollo militar del país se ha concebido fundamentalmente como una estrategia destinada a impedir una intervención que pudiera provocar el fin del sistema político de Pionyang. El programa nuclear representa la culminación de esa lógica de disuasión.

Corea del Norte aprovechó durante los años noventa las dudas existentes en Washington sobre sus capacidades tecnológicas para avanzar en su programa nuclear. En 1993 anunció su retirada del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y durante los años siguientes combinó negociaciones, restricciones a las inspecciones internacionales y mensajes contradictorios sobre el estado de sus instalaciones.

Esta estrategia permitió ganar tiempo hasta que, a comienzos de la década de 2000, el desarrollo del arma nuclear norcoreana ya resultaba difícil de revertir. El complejo de Yongbyon constituye el centro de la infraestructura nuclear del país. Allí se produce plutonio destinado a las armas y también existe un programa de uranio altamente enriquecido.

Las estimaciones sitúan las reservas norcoreanas de plutonio en material suficiente para aproximadamente entre ocho y diez armas nucleares. El programa de uranio altamente enriquecido tendría una capacidad considerablemente mayor y podría aportar material para varias decenas de dispositivos, posiblemente alrededor de 40–60, aunque las estimaciones son mucho más inciertas.

Corea del Norte también ha desarrollado sistemas de lanzamiento de largo alcance y misiles balísticos intercontinentales. Desde 2015, además, dispone de capacidades termonucleares, aumentando significativamente el potencial destructivo de su arsenal.

La desnuclearización y la reunificación

Dentro de esta doctrina, la desnuclearización resulta prácticamente incompatible con las prioridades de seguridad norcoreanas mientras Estados Unidos mantenga su presencia militar en Corea del Sur.

Pionyang considera que el arsenal nuclear garantiza su supervivencia y hace extremadamente costosa cualquier intervención militar extranjera. Incluso una eventual retirada estadounidense y un proceso de reunificación no implicarían necesariamente el abandono de estas capacidades.

Precisamente, la reunificación también ha sido objeto de negociaciones anteriores. En la declaración conjunta del año 2000, Kim Dae-jung, expresidente surcoreano, y Kim Jong-il defendieron que el futuro de la península debía resolverse por los propios coreanos.

Para ampliar: Ucrania, la gran oportunidad de Corea del Norte

Sin embargo, la permanencia de la alianza entre Seúl y Washington continúa siendo uno de los principales obstáculos desde la perspectiva norcoreana, a lo que se suman las profundas diferencias entre los sistemas políticos y económicos de ambos países.

El poder militar también ha adquirido una dimensión diplomática. La cooperación con Rusia durante la guerra de Ucrania, incluido el suministro de municiones y tropas, ha permitido a Pionyang reforzar sus vínculos económicos y políticos con Moscú. El posterior acuerdo de asociación estratégica y el aumento del comercio han mejorado el margen internacional de Corea del Norte.

El Ejército Popular de Corea y su industria militar funcionan así no solo como mecanismo de disuasión, sino también como una herramienta para romper parcialmente el aislamiento exterior del país.

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