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La milicia marítima de China

China ha convertido a su milicia marítima en una de las principales herramientas para ampliar su presencia en las aguas disputadas del mar Meridional. Esta fuerza paramilitar, integrada fundamentalmente por pescadores y antiguos soldados de las provincias costeras, permite a Pekín defender sus reclamaciones territoriales mediante operaciones que permanecen por debajo del umbral de la guerra abierta.

La milicia existe desde los primeros años de la República Popular China. En sus orígenes formaba parte de la concepción de “guerra popular”, basada en la participación de la sociedad en la defensa nacional ante las limitaciones que entonces presentaba el Ejército Popular de Liberación (EPL). Sus primeras funciones incluían la protección de las costas, la lucha contra el contrabando y la respuesta ante una posible incursión del Kuomintang desde Taiwán.

Su importancia aumentó tras el inicio de las reformas económicas impulsadas por Deng Xiaoping en 1978. El crecimiento de la industria pesquera y de las actividades económicas desarrolladas en las regiones costeras llevó al Estado a subvencionar embarcaciones y apoyar a comunidades cuya actividad dependía del mar.

Al mismo tiempo, las necesidades de seguridad de China se ampliaron. Pekín pasó de concentrarse en la defensa inmediata de sus costas a considerar que sus intereses económicos, comerciales y militares se extendían mucho más allá. En el XVIII Congreso Nacional del Partido Comunista de China (PCCh), celebrado en 2012, Hu Jintao situó la construcción de una "potencia marítima" entre los objetivos centrales a alcanzar.

Xi Jinping profundizó posteriormente esta orientación. La concepción china de "potencia marítima" no se limita a la Armada: incorpora la explotación de los recursos marinos, la economía, la protección medioambiental, las rutas comerciales y la defensa de la soberanía en las áreas disputadas. La estrategia combina así al EPL, la Guardia Costera y la milicia marítima.

La milicia marítima y la zona gris

La milicia marítima está formada por pescadores que mantienen una actividad económica real, pero que pueden ser movilizados por las autoridades para apoyar operaciones estratégicas. Sus miembros reciben entrenamiento de oficiales militares y operan dentro de una estructura civil-militar organizada a nivel local.

Su apariencia civil permite a China desplegar embarcaciones en zonas sensibles sin recurrir directamente a buques de guerra o de la Guardia Costera. Esta característica resulta especialmente útil en el mar Meridional, donde Pekín mantiene disputas con Taiwán, Filipinas, Vietnam, Malasia y Brunéi.

En 2012, embarcaciones de la milicia participaron en el enfrentamiento por el bajo de Masinloc, reclamado por China y Filipinas. Nueve años después, unos 220 barcos se concentraron en el arrecife Julián Felipe, también disputado con Manila. Su presencia permitía afirmar la soberanía china mediante hechos consumados sin iniciar una operación militar convencional.

Estas embarcaciones cumplen además funciones de acoso y bloqueo. Al desplegarse en grandes grupos pueden rodear a barcos de otros países, impedir su navegación o dificultar que desarrollen sus actividades. En 2009, por ejemplo, la milicia marítima acosó a un buque de reconocimiento oceánico de Estados Unidos a 120 kilómetros al sur de la isla de Hainan.

La milicia también recopila información y la transmite a los mandos militares mediante sistemas de comunicación. Esto es posible gracias a su condición civil, que reduce la visibilidad de estas operaciones frente al despliegue de grandes unidades de la Armada.

Otra de sus funciones consiste en escoltar activos chinos. Un ejemplo claro fue el despliegue de una plataforma petrolífera en las islas Paracel, cuando cerca de un centenar de pesqueros protegieron la instalación frente a la respuesta de Vietnam, que también reclama la soberanía sobre el archipiélago. El menor tamaño de estas embarcaciones les permite, además, operar en atolones, arrecifes y bancos de arena de escasa profundidad.

No obstante, la ambigüedad de la milicia marítima también genera problemas para Pekín. Sus integrantes dependen económicamente de la pesca y pueden actuar con cierto margen de autonomía. Algunas unidades entran en zonas económicas exclusivas de otros países sin que necesariamente exista una orden directa de las autoridades chinas.

Estas incursiones pueden provocar detenciones y crisis diplomáticas. Los gobiernos afectados atribuyen las acciones al Estado chino, mientras Pekín afronta presiones internas para proteger a sus nacionales si son retenidos.

La milicia marítima funciona, por tanto, como una tercera fuerza naval junto a la Armada y la Guardia Costera. Su carácter híbrido permite a China combinar actividad económica, presencia territorial y presión estratégica, reforzando sus reclamaciones sin desencadenar necesariamente una confrontación militar abierta.

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