La guerra de Yemen ha sido, sin duda, uno de los conflictos más relevantes de la época contemporánea a pesar de su olvido mediático. La contienda refleja las tensiones existentes en Oriente Medio y se presenta como un eje clave de la política regional, marcada por la guerra proxy y las intervenciones extranjeras. El pueblo yemení no ha terminado de consolidar un Estado, unificado entre la diversidad nacional, pero sin consideración de la realidad territorial.
El conflicto no ha hecho más que agravar la pobreza en el país. Las consecuencias de la guerra de Yemen han sido patentes: epidemias, falta de infraestructuras, hambruna, yihadismo, destrucción de patrimonio, bloqueos humanitarios y la pérdida de innumerables vidas.
En noviembre de 2021, Naciones Unidas estimó que más de 370.000 personas habían muerto de forma directa e indirecta –incluyendo por la falta de comida, agua potable o medicamentos–, si bien esa cifra en la actualidad será aún mayor dado el empeoramiento de la situación.
No obstante, la guerra de Yemen ha sido mucho más. Especialmente desde la intensificación de la campaña por Marib –localidad situada a escasos kilómetros de Saná, la capital– en 2020 y 2021. Los intentos de alcanzar altos el fuego en 2022 y la formación de nuevos gobiernos han abierto una ventana a la diplomacia, al tiempo que las potencias regionales han incrementado su implicación.
Leyenda del mapa de la guerra de Yemen
Realizado por Suriyakmaps
Rojo – Movimiento hutí, una milicia integrada en el Eje de la Resistencia patrocinado por Irán.
Verde – Gobierno de Yemen encabezado por Mansur Hadi y apoyado internacionalmente por la coalición encabezada por Arabia Saudí.
Azul – Consejo de Transición del Sur de Yemen (STC), un conglomerado de milicias regionalistas que abogan por la autonomía o la independencia de Yemen del Sur y que tradicionalmente ha contado con el respaldo de Emiratos Árabes Unidos.
Negro – AlQaeda en la Península Arábiga.

























