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Estados Unidos bombardea Yemen y apunta a Irán 

Cazabombardero F-18 durante las operaciones realizadas por Estados Unidos contra los hutíes en Yemen en marzo de 2025.
Cazabombardero F-18 durante las operaciones realizadas por Estados Unidos contra los hutíes en Yemen en marzo de 2025. Fuente: CENTCOM

Estados Unidos ha iniciado una nueva campaña de bombardeos contra el movimiento Ansarollah, más conocido como los hutíes, de Yemen. La nueva operación militar comenzó en la noche del 15 de marzo con el lanzamiento de múltiples ataques aéreos en territorio yemení.  

Esta ofensiva supone una revisión y expansión de la Operación Prosperity Guardian, iniciada por la administración Biden en diciembre de 2023. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha justificado la decisión afirmando que los hutíes “han librado una campaña implacable de piratería, violencia y terrorismo contra buques, aeronaves y drones estadounidenses y de otros países” y declarando que el objetivo de los ataques es “proteger los activos marítimos, aéreos y navales estadounidenses y para restablecer la libertad de navegación”.

Los ataques estadounidenses se producen, por lo tanto, en respuesta al bloqueo parcial del mar Rojo, una de las principales arterias del comercio internacional, realizado por los hutíes. Este bloqueo parcial, que comenzó en respuesta a la invasión israelí de la Franja de Gaza, se ha llevado a cabo mediante la realización, entre finales de 2023 y principios de 2025, de cientos de ataques contra embarcaciones civiles y militares que transitaban por las aguas cercanas a Yemen. 

La importancia geoeconómica del mar Rojo

La importancia del mar Rojo reside en su valor geoeconómico. El canal de Suez, en el norte, y el estrecho del Bab el-Mandeb, en el sur, delimitan una de las zonas más importantes y vulnerables del comercio global por la que, al menos antes del comienzo del bloqueo yemení, transitaba entre un 15% y un 20% del volumen total del comercio marítimo internacional. 

El tránsito de bienes en la región ha descendido drásticamente, hasta un 60% a través de Bab el-Mandeb, provocando cambios significativos en el comercio puesto que muchas de las mayores navieras, como Maersk o MSC, han optado por desviar sus rutas y rodear el continente africano mediante la ruta del cabo de Buena Esperanza. 

Para ampliar: Los hutíes ponen en jaque al comercio internacional en el mar Rojo

La importancia económica de la crisis del mar Rojo queda particularmente bien reflejada en Egipto, que destaca como el país más gravemente afectado por este bloqueo puesto que el pago realizado por las embarcaciones que cruzan por el canal de Suez es una de las principales fuentes de divisas del país.

En el año 2024, según datos proporcionados por el gobierno egipcio, el bloqueo ha provocado pérdidas por valor de unos 7.000 millones de dólares que afectan gravemente a una economía egipcia frágil y cuya estabilidad depende de la ayuda económica extranjera. Esta ayuda procede principalmente del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), Emiratos Árabes Unidos y la Unión Europea.  

La presencia de la Unión Europea no es casual, puesto que el temor a una nueva crisis migratoria se suma a la enorme relevancia del mar Rojo como ruta comercial para el continente. En este sentido, el bloque comunitario mantiene, desde febrero de 2024, la Operación Aspides en el mar Rojo para proteger el tránsito marítimo en la zona, pero sus capacidades son significativamente inferiores a las desplegadas por Estados Unidos.

Una realidad que no se les escapa a algunas figuras del nuevo gobierno estadounidense como el vicepresidente, JD Vance, quien en unas recientes filtraciones relacionadas con el lanzamiento de la campaña militar en Yemen señalaba que odia “volver a tener que rescatar a Europa”. 

Evolución del tráfico naval (en volumen) en el mar Rojo y el cabo de Buena Esperanza.
Evolución del tráfico naval (en volumen) en el mar Rojo y el cabo de Buena Esperanza. Fuente: NatWest

Estas filtraciones sobre las deliberaciones de los miembros del consejo de seguridad nacional de Estados Unidos también resultan interesantes a la hora de esclarecer la visión del gobierno republicano sobre los motivos por los cuales era necesario lanzar una nueva campaña militar en Yemen.

Entre estos objetivos destacan la necesidad de restaurar la disuasión, fruto de la percepción de que la Operación Prosperity Guardian ha sido un fracaso rotundo por culpa de “la debilidad de la administración Biden”; la protección de la libre navegación, interés nacional de Estados Unidos desde su establecimiento como país independiente; y mandar un mensaje contundente al gobierno iraní. 

La importancia de la crisis permanente con Irán

Desde la crisis de los rehenes en Irán de 1979 hasta el asesinato de Qassem Soleimani a comienzos de 2020, los tiras y aflojas entre Washington y Teherán han sido una de las principales dinámicas en la política regional de Oriente Medio.

Las tensiones entre ambos países se han manifestado a lo largo de los años por toda la región, abarcando desde Siria –donde Irán sustentó al gobierno de Bashar al-Asad hasta su caída mientras que Estados Unidos apoyó a distintos grupos opositores– hasta Irak –donde los grupos respaldos por Teherán hostigan a las fuerzas estadounidenses–, pasando por Yemen –donde Irán patrocina a los hutíes en su bloqueo del mar Rojo contra Israel–.

El núcleo de las tensiones se encuentra, al menos en la última década, en torno al desarrollo del programa nuclear iraní y al deseo de Estados Unidos de realizar un traslado de capacidades materiales hacia Asia-Pacífico para centrarse en el auge de China, sin que esto implique un colapso del equilibrio de poder en Oriente Medio que resulte perjudicial para los intereses estratégicos estadounidenses en la región. 

Para ampliar: El reordenamiento regional en Oriente Medio

La suma de estas dos dinámicas llevó en el año 2015 a la firma del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), más conocido como Iran Deal, pero también a su posterior abandono en 2018, durante la primera administración de Donald Trump. Los difíciles equilibrios entre las prioridades estratégicas de Estados Unidos, el apaciguamiento de aliados clave como Israel o Arabia Saudí y un orden internacional inestable han provocado que las tensiones bilaterales entre Washington y Teherán se prolonguen a lo largo del tiempo. 

Sin embargo, la guerra de la Franja de Gaza ha desembocado en una ruptura del equilibrio de poder regional que ha puesto sobre la mesa con más claridad que nunca la posibilidad de una resolución de esta dinámica, ya sea mediante la realización de un ataque contra el programa nuclear iraní o mediante un nuevo acuerdo, más restrictivo, que sustituya al JCPOA. En este contexto regional, la nueva campaña de bombardeos de Estados Unidos sobre Yemen adquiere otra perspectiva. 

Protesta en Saná, capital de Yemen, en solidaridad con Palestina.
Protesta en Saná, capital de Yemen, en solidaridad con Palestina.

Tras la capitulación de Hezbolá en Líbano y la caída del gobierno de al-Asad en Siria, los hutíes se han convertido en el principal aliado de Irán en la región gracias al papel clave de Teherán en el desarrollo y mantenimiento de las capacidades armamentísticas del grupo yemení. La (re)designación de los hutíes como organización terrorista extranjera (FTO) se produjo un día antes de que Donald Trump enviara una carta a Irán planteando un ultimátum de dos meses para alcanzar un acuerdo sobre el programa nuclear y tan solo 10 días antes de que comenzara la nueva campaña de bombardeos sobre Yemen. 

La campaña de Estados Unidos en Yemen es, por lo tanto, una señal directa hacia Teherán, no solo por el papel de Irán en el apoyo a los hutíes, algo que han señalado abiertamente tanto Trump como otras figuras de su gobierno, sino también en el marco de las tensiones en torno al programa nuclear iraní, lo que resulta particularmente relevante a la hora de plantear cómo evolucionará esta crisis en las próximas semanas. 

Estados Unidos ataca Yemen... ¿e Irán?

La última información disponible señala que el próximo episodio de esta crisis podría ser una escalada del conflicto puesto que Estados Unidos está acumulando fuerzas en Oriente Medio y en el Océano Índico. El gobierno estadounidense ha anunciado el envío de un segundo portaaviones al área de operaciones del Mando Central de los Estados Unidos (CENTCOM) y ha desplegado varios bombarderos estratégicos B-2 en la base militar de Diego García, isla ubicada en el Territorio Británico del Océano Índico.

La presencia de varios grupos de portaaviones estadounidenses en Oriente Medio no es excesivamente extraña. De hecho, es la segunda vez que ocurre en los últimos seis meses, pero el envío de B-2 sí que resulta más extraordinario. Los Northrop B-2 Spirit son una serie de bombarderos estratégicos pesados con capacidades de sigilo construidos a finales de los 90 y Estados Unidos solo dispone de 20 de ellos. Su despliegue fuera del territorio continental de los Estados Unidos es poco habitual y suele ser considerado como una importante señal del gobierno estadounidense hacia sus enemigos o rivales.  

Para ampliar: Irán y los hutíes, una simbiosis con matices

El despliegue de estas capacidades militares puede ser tan solo una muestra de fuerza de Estados Unidos en la región, pero también puede dar lugar a una intensificación de los bombardeos en Yemen con el objetivo de tratar de deteriorar significativamente las capacidades militares de los hutíes y reforzar el ultimátum sobre Irán, o incluso ser los preparativos iniciales para un ataque contra el programa nuclear iraní en caso de que fracasen las negociaciones.

Independientemente de la decisión final que se tome en Washington sobre el uso de estas capacidades, el futuro de la región parece continuar encontrándose atrapado tras un horizonte de violencia.  

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