El 11 de diciembre de 2006, el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa declaraba la guerra contra el narcotráfico. Oficialmente, el objetivo era restaurar la ley y orden en México mediante la supresión de los principales cárteles activos en el momento: el Cártel de Tijuana, el Cártel de Sinaloa, el Cártel de Juárez, el Cártel del Golfo, Los Zetas, La Familia Michoacana y Los Caballeros Templarios.
El litigio cuenta con un origen multifactorial. La desigualdad social, la marginalidad de las comunidades rurales, las tensiones entre Ciudad de México y las diversas periferias, el papel del país azteca como catalizador de los flujos comerciales regionales y las relaciones Estados Unidos-México actúan a modo de agentes motrices del conflicto y se manifiestan con distinto énfasis dependiendo de las circunstancias.
La guerra contra el narcotráfico en México ha dejado un saldo de al menos 250.000 fallecidos, 60.000 desaparecidos y entre 350.000 y 1.500.000 de desplazados internos. La insurgencia ha llevado a la militarización tanto del Estado como de las organizaciones criminales, la fragmentación de estas últimas, la ramificación de las actividades económicas ilícitas, la normalización de la “narcocultura” y reiteradas crisis de salud pública en Estados Unidos.
Actualmente, al persistente conflicto entre las Fuerzas Armadas de México y los cárteles se le ha de sumar la implosión del Cártel de Sinaloa en una guerra civil, el intento del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) por ser hegemónico en toda la nación, conflictos de corte regional en Michoacán, Guerrero y Tamaulipas, así como la sombra de una intervención directa de Estados Unidos.

La administración de Donald Trump y el movimiento Make America Great Again (MAGA) observan en la crisis del fentanilo una amenaza estructural para el orden interno, además de una ventana de oportunidad para la consecución de objetivos estratégicos como la reindustrialización del país y la erradicación de cualquier atisbo de intromisión extracontinental.
Por ello, desde el retorno de Trump al poder, se están realizando operaciones de recopilación de información y la posibilidad de una intervención se hace cada día más tangible.
Asimismo, el teatro mexicano influye directamente en las dinámicas de la práctica totalidad de América. La situación securitaria y migratoria en Centroamérica se halla vinculada con la asociación de los actores locales con sus homólogos aztecas.
La crisis ecuatoriana responde directamente ante el involucramiento mexicano. Las frecuentes oleadas de violencia en Colombia, Venezuela y el Caribe se ven también moldeadas por la influencia mexicana. De escalar, el conflicto corre el riesgo de regionalizarse.
























