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El Cártel de Sinaloa se sumerge en una guerra civil 

Furgoneta repleta de cuerpos, abandonada por la facción de Los Chapitos, en señal de advertencia a sus enemigos.
Furgoneta repleta de cuerpos, abandonada por la facción de Los Chapitos, en señal de advertencia a sus enemigos.

2024 se presenta como el inicio de una nueva era para México. La victoria aplastante del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en las elecciones presidenciales ha encumbrado a Claudia Sheinbaum como la primera presidenta del país. Esto marca la formación de una nueva inteligencia en la política nacional. De ahora en adelante, la estabilidad –máxima aspiración del juego político mexicano– se logrará mediante la condensación de los poderes civiles en la estructura morenista y la simbiosis de la misma con las fuerzas armadas. La reciente y polémica reforma judicial se erige como prueba de esta dinámica.

Sin embargo, el nuevo consenso está siendo cuestionado de forma estructural desde la periferia. Y no cualquier periferia. Culiacán, capital del estado de Sinaloa, es en estos momentos la antítesis de la Ciudad de México. Mientras en el distrito federal, del lado legal de las infraestructuras de gobierno, se implementan por enésima vez estrategias de concentración de poderes y militarización, en la ciudad norteña –otrora símbolo de la política de “pax homicida” aplicada por las organizaciones criminales adheridas al gobierno federal– se ha desatado una guerra civil.   

Para ampliar: El Cártel de Sinaloa y la Pax Homicida mexicana

La llegada al poder de la primera mujer en la historia de México se ha visto eclipsada en estas latitudes por la caída del hombre más importante de las últimas décadas. El 25 de julio, Ismael “El Mayo” Zambada García fue detenido en una sucesión de acontecimientos que forman ya parte del folclore popular. Atraído por la promesa de una reunión con el gobernador de la entidad federativa, Rubén Rocha Moya, el rector de la universidad regional, Héctor Cuén, y los líderes de la facción rival de los Chapitos, el septuagenario capo abandonaba su refugio en la Sierra Madre para visitar Culiacán. Allí le esperaba el fin de su carrera.  

El parlamento no tendría lugar. Cuén y los guardaespaldas de “El Mayo” serían inmediatamente abatidos y el vetusto líder sería introducido a la fuerza en un avión con destino a El Paso, Texas. En la aeronave viajaba con Jesús Alfredo Guzmán Salazar, hijo del mítico Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera. Es a él a quien se le atribuye la autoría intelectual del hecho. Descrito como el más calculador de la prole del narcotraficante sinaloense, sería el encargado de coordinar la detención con las autoridades estadounidenses. Las motivaciones de este acto responden directamente a las tendencias internas de la organización. 

El Cártel de Sinaloa (CDS) es una estructura confederal de facciones de narcotraficantes que ejercen por igual negocios y administración del territorio. Así, con el paso del tiempo se ha constituido una “aristocracia criminal” cuyo motor son los lazos familiares y las dinámicas desarrolladas dentro de estos clanes. En la cúspide se encontraban el “Chapo” Guzmán y  el “Mayo” Zambada, quienes fungían como intermediarios entre la organización y el mundo exterior.

El primero era la faceta mediática, encargada de proporcionar una narrativa a la opinión pública. El segundo representaba la vertiente político-administrativa, ocupándose de las relaciones con la administración. Ambos se complementaban y acumulaban el poder frustrando el ascenso de terceros actores.  

Para ampliar: Conflicto chiapaneco: raíces geopolíticas e históricas

La confrontación se venía gestando desde el preciso instante en que ambos líderes desarrollaban actitudes opuestas. El bajo perfil del Mayo chocaba directamente con la mediatización del Chapo. Es sobre esta fisura inicial alrededor de la cual se va a armar una fractura estructural acerca de las estrategias y la naturaleza del cártel. La detención del Chapo alumbró una “nueva escuela” con una base social joven y urbanita, que exprime el capital cultural generado a su alrededor para normalizar su existencia y que concibe al CDS como una mera multinacional. Frente a ellos, se erigía el “Mayo”, rural y totalmente inmerso en la política nacional.  

Shock. Esa es la palabra más adecuada para describir la actual coyuntura en Sinaloa. Un shock seguido de fuertes convulsiones. La ausencia de liderazgo y la desaparición del aura de impunidad e invencibilidad que representaba el Mayo está haciendo colapsar las lógicas del cártel. Mercenarios colombianos, armas a granel desde Estados Unidos, uso de criptomonedas para el lavado de capitales, control de la frontera con Belice, producción industrial de fentanilo… Los Chapitos han conformado su propia organización delictiva, totalmente independiente del CDS.

Culiacán se ha emancipado de las antiguas dinámicas criminales ancladas en el mundo rural. En consecuencia, la amenaza es de carácter existencial. Y el resto de capos han reaccionado de acuerdo a esta percepción. Alrededor de la figura de Ismael Zambada Sicairos “El Mayito Flaco”, hijo del recientemente detenido capo, se ha configurado una coalición de narcotraficantes dispuesta a suprimir la rebelión de los hijos del Chapo. Los hermanos Arzate en Tijuana, el clan Cabrera Sarabia en Durango, los Salazar, los Gigios y el Cártel de Caborca en Sonora, el “Chapo Isidro” y hasta su tío, Aureliano “El Guano” Guzmán Loera, se han unido para preservar el statu quo y erradicar a la nueva élite culiacanense del narcotráfico.  

Para ampliar: El Cártel Jalisco Nueva Generación: nuevo paradigma en el narco mexicano

La guerra se libra en las calles de la capital sinaloense. Los cadáveres brotan tras cada madrugada portando o una caja de pizza o un sombrero para identificar su supuesta afiliación delictiva. La ciudad se encuentra paralizada desde el comienzo de las hostilidades, llegando incluso a suspender la celebración del tradicional grito de independencia. El despliegue del ejército resulta inoperante frente al desgarro de los vínculos criminales. No obstante, Sinaloa no es el único frente de batalla.  

En los tribunales estadounidenses, la fiscalía y la defensa del Mayo mantienen un pulso sobre la cuestión de un posible pacto. Un acuerdo que exigirá la revelación de nombres de altos cargos públicos mexicanos involucrados en el crimen organizado. Mientras que, en paralelo, se reportan contactos entre representantes de Los Chapitos y miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

La inclusión de estos dos elementos en la ecuación tiene el potencial de expandir las implicaciones del actual conflicto. El primero, acrecentando las sospechas de colusión con el narco alrededor de Andrés Manuel López Obrador y Morena; y el segundo, vinculando los combates en Culiacán con los frentes de guerra en Zacatecas, Guanajuato, Michoacán y Chiapas.      

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