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Ceuta, la llave del Estrecho: una ciudad bajo presión permanente

La ciudad autónoma de Ceuta, fronteriza con Marruecos, es un punto clave en la geopolítica de España en el Mediterráneo Occidental.
La ciudad autónoma de Ceuta es un punto clave en la geopolítica de España en el Mediterráneo Occidental. Fuente: Openstreetmap, bajo CC BY-SA 2.0

La ciudad autónoma de Ceuta concentra una de las mayores responsabilidades geopolíticas de España en el Mediterráneo occidental. Su valor militar, político y simbólico contrasta con una vulnerabilidad creciente derivada de la presión híbrida ejercida por Marruecos y de su condición de enclave aislado del territorio peninsular.

Ceuta: Plaza pequeña, importancia estratégica

Ceuta suele aparecer en el debate público asociada a la inmigración irregular o a los problemas fronterizos. Sin embargo, desde una perspectiva estratégica, su relevancia va mucho más allá. Situada en la entrada oriental del Estrecho de Gibraltar, la ciudad constituye una posición clave para el control de una de las rutas marítimas más importantes del mundo, por donde transitan anualmente miles de buques que conectan el Atlántico con el Mediterráneo.

Su ubicación convierte a Ceuta en un activo de primer orden para España y para la seguridad europea. Se trata de una frontera exterior de la Unión Europea y de un punto de observación privilegiado sobre el tráfico marítimo, los flujos migratorios y los movimientos militares en el Mediterráneo occidental.

Además de su valor geográfico, Ceuta posee una enorme importancia política y simbólica. La ciudad forma parte de España desde el siglo XV y constituye una expresión tangible de la presencia española en el norte de África. Precisamente por ello se encuentra en el centro de la reivindicación territorial marroquí, que continúa considerando tanto Ceuta como Melilla territorios pendientes de recuperar.

Por tanto, pese a la persistencia del contencioso, un conflicto militar abierto entre España y Marruecos sigue siendo considerado improbable. Los intereses económicos compartidos, la cooperación en materia de seguridad y la estrecha relación con socios occidentales actúan como importantes elementos disuasorios.

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Sin embargo, la principal amenaza para Ceuta no es actualmente una invasión convencional, sino la denominada estrategia de zona gris. Se trata de una combinación de presión diplomática, económica, migratoria y propagandística destinada a debilitar progresivamente la posición española sin llegar a desencadenar una guerra.

Los precedentes son numerosos. Marruecos ha reaccionado históricamente con ataques híbridos ante cualquier gesto institucional español en las ciudades autónomas. La retirada temporal de embajadores, las protestas diplomáticas, las restricciones comerciales o los cierres fronterizos forman parte de un patrón de actuación que busca incrementar el coste político de la presencia española en la zona.

La crisis migratoria de mayo de 2021 representó el ejemplo más claro de esta estrategia. La entrada masiva de miles de personas en apenas dos días demostró hasta qué punto los flujos migratorios pueden emplearse como instrumento de presión geopolítica. El episodio evidenció que Ceuta puede convertirse rápidamente en el escenario principal de una crisis internacional sin necesidad de un solo disparo.

La actual crisis migratoria de 2026, con cerca de 49.000 entradas irregulares registradas en Ceuta según las cifras disponibles hasta la fecha, constituye uno de los episodios de mayor presión sobre la ciudad desde aquellos acontecimientos y refleja hasta qué punto la cuestión migratoria continúa siendo un elemento central en las complejas relaciones entre España y Marruecos. Por su impacto político, social y diplomático, se ha convertido en uno de los momentos más delicados de la relación bilateral de las últimas décadas.

En el plano diplomático, Marruecos ha recurrido de forma recurrente a medidas destinadas a cuestionar la normalidad institucional española en ambas ciudades. La llamada a consultas de su embajador tras la visita de los Reyes en 2007, la inclusión de Ceuta y Melilla como territorio marroquí en determinados pasaportes emitidos en 2010 o la prohibición en 2019 de que diplomáticos marroquíes accedieran a las dos ciudades constituyen ejemplos de una estrategia destinada a reforzar la narrativa reivindicativa marroquí y transmitir la idea de que la soberanía española sigue siendo objeto de disputa.

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La dimensión económica también ha desempeñado un papel relevante. El cierre unilateral de la frontera comercial de Melilla en 2018, las restricciones comerciales impuestas posteriormente a Ceuta y las limitaciones al intercambio transfronterizo no solo tuvieron consecuencias económicas inmediatas, sino que reflejaron una voluntad política de incrementar la dependencia y vulnerabilidad de ambas plazas. Estas medidas encajan dentro de las herramientas de coerción económica propias de los escenarios de zona gris, donde la presión se ejerce mediante mecanismos aparentemente administrativos o comerciales, pero con una clara finalidad estratégica.

Los precedentes históricos muestran además que esta forma de actuación no es nueva. Tanto la Marcha Verde de 1975 como la ocupación del islote de Perejil en 2002 pueden interpretarse como episodios donde Marruecos trató de modificar el equilibrio existente mediante acciones cuidadosamente calibradas para evitar una guerra abierta. Ambos casos ilustran una combinación de presión política, simbolismo nacional y creación de hechos consumados que guarda importantes similitudes con las estrategias de zona gris contemporáneas.

¿Es Ceuta defendible?

Desde el punto de vista militar, Ceuta presenta características que favorecen su defensa. La ciudad se encuentra a escasos kilómetros de la península y puede recibir apoyo naval y aéreo con gran rapidez. Su terreno accidentado y sus accesos relativamente limitados ofrecen ventajas defensivas que dificultarían cualquier intento de ocupación rápida.

La presencia de unidades de la Legión y de otras fuerzas desplegadas en la plaza proporciona además una capacidad de respuesta inmediata ante incidentes de seguridad. A ello se suma la superioridad naval española en el entorno del Estrecho y la capacidad del Ejército del Aire para proyectar fuerza desde bases peninsulares en muy poco tiempo.

En caso de una crisis convencional, España mantendría una importante ventaja en ámbitos como el control marítimo, la guerra antisubmarina, la guerra electrónica y la superioridad aérea cualitativa. Sin embargo, su principal debilidad deriva de su condición de enclave fronterizo rodeado completamente por territorio marroquí. Cualquier deterioro de las relaciones bilaterales tiene un impacto inmediato sobre la vida económica y social de la ciudad.

La dependencia de las conexiones marítimas y aéreas con la península convierte también al territorio en especialmente sensible a escenarios de bloqueo, interrupción logística o crisis prolongadas. Aunque España dispone de medios suficientes para mantener las comunicaciones, una situación de tensión sostenida podría generar importantes costes políticos y económicos.

Posición estratégica de Ceuta

FactorCeuta
Proximidad a la penínsulaAlta (8 km del territorio español más cercano)
Orografía defensivaFavorable (terreno elevado y accesos limitados)
Entorno inmediatoMenos urbanizado del lado marroquí
Presencia militarBrigada con núcleo en la Legión
Vulnerabilidad al aislamientoBaja (fácil acceso por mar y aire)
Cobertura aérea desde la penínsulaRápida y sostenida
Sensibilidad estratégicaControl del Estrecho de Gibraltar
Probabilidad de ser objetivo militarMenor, debido a una mayor capacidad de disuasión

A ello se suma una vulnerabilidad menos visible: la narrativa. Marruecos lleva décadas impulsando un discurso internacional que presenta a Ceuta como un vestigio colonial. Aunque esta interpretación carece de respaldo jurídico en Naciones Unidas y no encuentra reconocimiento en el derecho internacional, su repetición constante busca erosionar la legitimidad de la soberanía española.

Esta batalla del relato constituye uno de los principales frentes estratégicos del futuro. La presión no pretende necesariamente modificar la realidad sobre el terreno de forma inmediata, sino crear un clima político favorable a las aspiraciones marroquíes a largo plazo.

Una cuestión de credibilidad nacional

Uno de los principales problemas para España es que Ceuta no figura de manera explícita dentro de las garantías territoriales contempladas tradicionalmente por la OTAN. Aunque una agresión tendría importantes implicaciones para toda la Alianza, la ausencia de una cobertura específica genera cierta incertidumbre estratégica.

Por ello, la capacidad de disuasión nacional adquiere una importancia fundamental. Mantener fuerzas permanentes preparadas, reforzar la vigilancia marítima y aérea, mejorar la resiliencia económica de la ciudad y responder eficazmente a las amenazas híbridas son elementos esenciales para evitar cualquier cálculo erróneo por parte de un posible adversario.

La defensa de Ceuta trasciende el ámbito militar. Su protección está ligada a la credibilidad del Estado español, a la integridad de sus fronteras y a la estabilidad del Mediterráneo occidental. Más que una plaza periférica, Ceuta representa una posición estratégica de primer orden en el flanco sur europeo. Su fortaleza dependerá tanto de las capacidades militares desplegadas como de la voluntad política de mantener una presencia firme, coherente y sostenida frente a las presiones externas.

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En un contexto internacional cada vez más competitivo y marcado por las amenazas híbridas, la ciudad autónoma sigue siendo una de las piezas fundamentales de la seguridad española. Y precisamente por ello continuará siendo uno de los espacios geopolíticos más sensibles del Mediterráneo.

El principal desafío para España en Ceuta y Melilla no es militar. La amenaza más probable procede de una acumulación de presiones diplomáticas, económicas, migratorias e informativas destinadas a desgastar progresivamente la posición española. 

La defensa de las ciudades autónomas exige, por tanto, una respuesta integral que combine capacidades de disuasión, inteligencia, resiliencia institucional y gestión estratégica de la información. En un escenario donde la confrontación rara vez adopta la forma de una guerra convencional, la capacidad para identificar y contrarrestar las acciones desarrolladas en la zona gris se ha convertido en un elemento fundamental para garantizar la estabilidad y la soberanía española en el norte de África.

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