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Pablo del Amo: "En España no hay una verdadera cultura estratégica y de defensa"

Pablo del Amo, analista en política de defensa, examina las oportunidades estratégicas y las carencias de las Fuerzas Armadas de España.
Pablo del Amo, analista en política de defensa, examina las oportunidades estratégicas y las carencias de las Fuerzas Armadas de España. Fuente: Esteve Alonso

En un momento en el que Europa acelera su rearme y España intenta definir su posición en un entorno cada vez más competitivo, el debate público sobre defensa sigue marcada por la confusión, el desconocimiento y la ausencia de una estrategia clara.

En esta entrevista, Pablo del Amo, analista especialista en política de defensa y autor del libro La defensa española: ¿Entre la complacencia y la debilidad?, desgrana las carencias estructurales de las Fuerzas Armadas españolas, desde la falta de cultura estratégica hasta la necesidad de priorizar capacidades clave como la Armada, los drones o el capital humano.

[Esteve Alonso] ¿Cómo explicas a la ciudadanía que invertir en defensa es también invertir en servicios públicos?

[Pablo del Amo] Es verdad que hay una corriente de pensamiento que, para defender el apoyo en defensa o la inversión en defensa, lo mira desde una perspectiva económica o tecnológica. Es decir, se dice: si tú inviertes en defensa vas a mejorar el I+D, vas a mejorar tecnología, vas a mejorar infraestructuras críticas que pueden dar puestos de trabajo…

Pero la defensa no puede basarse solo en términos economicistas ni tecnológicos. ¿Por qué? Porque tiene que verse desde otro prisma. Estamos hablando de un Estado que tenga soberanía y capacidad de defensa –y, en teoría, ofensiva también, aunque hablemos de defensa–.

Realmente, la defensa no se concibe para obtener beneficios, del mismo modo que la sanidad pública tampoco existe para generarlos. Hay que pensar la defensa en esos términos: no como un ámbito destinado a ganar dinero, mejorar la economía o aumentar el empleo, sino como una función esencial del Estado.

¿Por qué? Porque realmente los puestos de trabajo que vas a conseguir van a ser efímeros en comparación con las inversiones, y todo lo que vas a invertir no va a tener un retorno real. Puedes tener alguno, pero nunca va a ser “beneficioso” en el sentido clásico empresarial. La cuestión es que todo depende del prisma desde el que lo mires: ¿cuánto valoras tu soberanía y tu defensa? Diría que ese es el enfoque con el que debería abordarse este debate.

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En cuanto a la idea de que invertir en defensa equivale a invertir en servicios públicos, para mí lo esencial es que se destine presupuesto a la defensa teniendo en cuenta el contexto geopolítico actual, marcado por una mayor competencia y por actores que buscan minar la influencia de España y, en términos más amplios, de Europa.

No obstante, la inversión en defensa no tiene que ir en detrimento del Estado del bienestar. Eso tiene que quedar muy claro. Es decir, hay que invertir en defensa, pero sin dejar de lado la cohesión social, porque los dos elementos se entrelazan. Para poder tener una proyección exterior, capacidad de defensa y una ciudadanía resiliente, necesitas cohesión interna. Y de esa cohesión interna nace la cohesión externa, donde tú proyectas tu política exterior.

Yo creo que hay que explicar que invertir en defensa es esencial por el contexto geopolítico actual y porque otros actores también lo están haciendo. Esos actores, llegado el caso, pueden percibir una debilidad y aprovecharla, y esa debilidad suele surgir precisamente de no haber invertido en defensa. Pero, insisto, no debe hacerse a costa del Estado del bienestar.

[E.A] En Europa se está hablando de la defensa como “bien público” y de usar herramientas como la deuda mancomunada. Cuando hablas de eso, ¿a qué te refieres exactamente?

[P.D.A] Es un debate que se está viendo mucho a nivel europeo: definir la defensa como un bien público. España defiende esa idea. ¿Qué quiere decir? Pues algo similar a la sanidad o a otros servicios públicos básicos. Eso implica, por ejemplo, que la defensa –en este caso la española– no dependa solo de la inversión a través de los presupuestos nacionales, que ahora mismo están muy tensionados por diversos gastos sociales.

Si consideramos la defensa como un bien público europeo, puede plantearse una deuda mancomunada dentro de la Unión Europea y que Bruselas financie parte de la inversión militar. El precedente más claro son los fondos Next Generation tras la pandemia: los Estados miembro emitieron deuda conjunta a largo plazo, no asumida por un solo país, sino por todos. Eso permitió que los Estados con menor capacidad fiscal mantuvieran la inversión sin comprometer sus cuentas.

Aplicado a la defensa, este mecanismo aliviaría la presión sobre los presupuestos nacionales y repartiría el esfuerzo de forma más equilibrada a nivel europeo. A esto se suma algo básico: todo Estado que se precie necesita unas Fuerzas Armadas capaces de defenderlo.

Esa ha sido la norma histórica y lo seguirá siendo. La cuestión es construir esa capacidad de forma inteligente, cooperando más entre los países europeos y evitando simplemente acumular gasto sin una estrategia común.

[E.A] En un momento en el que parece que nos acercamos a una época de inestabilidad económica, si hiciera falta recortar, ¿por dónde se empieza? ¿Por defensa o por servicios públicos?

[P.D.A] Yo lo que creo es que no se trata tanto de recortar como de ser más eficientes. El problema del gasto en defensa en Europa, en general, es que no somos eficientes.

Somos una unión de 27 Estados miembro, cada uno con su política exterior, su política de defensa y su propia industria de defensa. Es decir, tenemos muchos ejércitos pequeños, cada uno con sus sistemas, sus doctrinas y sus intereses industriales. Hay cierta interoperabilidad y algo de cooperación militar, pero no una integración real.

Por ejemplo: la OTAN –o si lo miras en términos amplios, los países europeos aliados– opera 12 modelos distintos de carros de combate. Estados Unidos solo uno. Eso es un ejemplo clarísimo de ineficiencia industrial y logística.

Lo que habría que hacer es integrar más las industrias de defensa europeas, generar economías de escala y, por tanto, no tener que invertir tanto por separado, sino en conjunto, creando capacidades comunes. La cuestión no es tanto el porcentaje del PIB que gastas, sino qué capacidades concretas quieres sostener.

Así que, antes de hablar de recortes, yo hablaría de coordinación, integración y eficiencia. Cooperar más para que cada euro gastado en defensa valga más, sin tener que detraer recursos esenciales del Estado del bienestar.

[E.A] En el libro hablas del FCAS y del F-35. En relación con industria y autonomía estratégica, ¿podemos evitar en España pagar por “dos ecosistemas” distintos de cazas y mantener algo coherente?

[P.D.A] Dos cuestiones. El FCAS es un programa de caza de sexta generación, concebido como el avión de combate del futuro. Se trata de un proyecto conjunto entre Francia, Alemania y España, con Dassault como gran actor francés, una empresa alemana como contraparte y una participación española equivalente a un tercio del programa.

Ahora mismo atraviesa numerosos problemas porque tanto París como Berlín quieren liderar el diseño. Y, para entendernos, el FCAS hoy es básicamente un PowerPoint: un proyecto todavía en una fase muy embrionaria.

Portada del libro La defensa española: ¿Entre la complacencia y la debilidad?, escrito por Pablo del Amo.
Portada del libro La defensa española: ¿Entre la complacencia y la debilidad?, escrito por Pablo del Amo.

El F-35, en cambio, es el caza estadounidense de quinta generación, furtivo, ya operativo. Para simplificar: el FCAS es el “caza del futuro” europeo y el F-35 es el caza de alta gama actual de Estados Unidos.

En cuanto al Ejército del Aire español, creo que estamos razonablemente bien con lo que tenemos. Tenemos el Eurofighter, que es un caza de cuarta generación avanzada –4.5, por así decirlo–. No llegamos a los cazas furtivos de quinta generación tipo F-35, pero tenemos una base sólida.

Yo creo que, en España, más que obsesionarnos con tener “el caza más de futuro”, habría que plantear seriamente desarrollar una industria nacional de drones. Si miramos a los conflictos actuales, sobre todo Ucrania, vemos un uso masivo de drones, muy eficientes económicamente: son poco costosos y están causando muchísimo daño a ambos bandos.

Quizás no podemos tener el mejor caza del mundo, pero sí podemos compensar esa debilidad construyendo un programa sólido de drones, capaces de defender y atacar de manera eficiente y barata. Es decir, buscar nichos donde podamos aportar valor añadido, en vez de pagar dos ecosistemas carísimos a la vez (FCAS + F-35) solo por seguir la carrera tecnológica.

[E.A] En España hay un problema de falta de efectivos, sobre todo en ciertas ramas. ¿Cómo ves la situación actual de personal en las Fuerzas Armadas?

[P.D.A] En España ahora mismo el ejército tiene aproximadamente unos 117.000 soldados. No es una cifra desdeñable. Es verdad que tenemos menos que Francia, que cuenta con en torno a 200.000, pero también hay que recordar que Francia tiene 20 millones de habitantes más que España.

El problema de España no es tanto que tenga “pocos efectivos”, sino que quizá no están bien repartidos. Puede que haya muchos soldados en el Ejército de Tierra, pero luego no haya tanto personal disponible para el Ejército del Aire o la Armada.

Para ampliar: La política exterior de España: irrelevancia y dependencia ante el fin del orden liberal

Estas dos ramas –Aire y Armada– necesitan personal mucho más especializado y que, además, tenga mayor capacidad de rotación. Por ejemplo, las patrullas aéreas o las misiones de navegación en la Armada suponen muchas horas, muchos días fuera, mucha exigencia técnica.

Ahí es donde quizá haga falta más personal y mejor distribuido. Teniendo en cuenta la geoestrategia española –somos una península con vocación marítima–, creo que las capacidades en las que habría que invertir más son precisamente las de la Armada: por ejemplo, tenemos muy poco personal para operar submarinos.

Mi idea sería: mantener un Ejército de Tierra eficiente y capaz, pero reforzar claramente las capacidades donde podemos aportar más valor añadido como país, que son Aire y, sobre todo, Armada.

[E.A] ¿Qué datos crees que deberían ser públicos para generar más confianza con las Fuerzas Armadas? ¿Qué transparencia falta?

[P.D.A] Yo creo que el problema en España no es solo de transparencia, aunque también, sino de falta de cultura estratégica. Ahora mismo no hay una verdadera cultura estratégica. No hay muchos medios de comunicación, ni suficientes políticos, ni suficientes expertos que hablen de estos temas de forma sistemática. La ciudadanía, en general, no tiene una buena idea de lo que vale un caza, de lo que cuesta la defensa, de lo que aporta o deja de aportar.

Si no hay información, si no hay debate público mínimamente formado, es muy difícil que haya transparencia real y rendición de cuentas. Al final, se deja todo el tema de defensa en manos de los políticos o de los militares, que van a intentar tirar hacia lo que ellos consideren su propio beneficio institucional.

Por eso, antes incluso de hablar de qué dato concreto tiene que ser público, yo diría que hay que fomentar una cultura estratégica en España: que la ciudadanía esté más informada, reflexione sobre lo que nos jugamos y lo que no en materia de defensa, y, a partir de ahí, sea ella la que reclamo esa transparencia. Los políticos y los militares no van a ofrecer transparencia en el vacío. Tiene que haber presión de la sociedad civil. Y eso es lo que hoy falla.

En cuanto al porqué, en mi opinión España es un país bastante naif en su pensamiento estratégico. Nos vemos como un actor periférico de las grandes cuestiones geopolíticas: estamos en la península, lejos del corazón de ciertos conflictos, no tenemos un gran rival global directo tipo Rusia a las puertas, y la sociedad española mira más por el derecho internacional, el multilateralismo, etcétera.

Todo eso hace que las cuestiones de defensa no se vean bien. Generan rechazo. Y si algo genera rechazo de entrada, es muy difícil que la ciudadanía quiera entrar en detalle, informarse, exigir cuentas. El problema es que el mundo va justo en la dirección contraria: más poder del Estado, más militarización, más competición geopolítica. Y nosotros seguimos con una mentalidad que no encaja con esa realidad.

[E.A] Centrándonos en la Armada: ¿cuál ha sido la trayectoria naval española en las últimas décadas en términos de poder, táctica y estrategia? ¿Y España necesita realmente un portaaviones?

[P.D.A] Teniendo en cuenta la poca inversión que ha recibido la Armada en los últimos años, yo creo que está en un estado razonablemente bueno. Ahora mismo tenemos un buque portaeronaves, el Juan Carlos I, que a veces se llama “portaaviones ligero” por sus capacidades.

Tenemos fragatas de última generación, las F-100, y en proceso las F-110, que serán aún más avanzadas. En las F-100 implantamos el sistema AEGIS, un sistema antiaéreo estadounidense muy sofisticado, que nunca se había integrado en fragatas de ese tipo. Eso demuestra cierto nivel tecnológico.

Tenemos también Navantia, nuestra industria naval militar y civil, que diseña este tipo de barcos. Y está el programa S-80, el primer submarino de diseño plenamente español. Ha sido un parto muy difícil, con muchos problemas, pero ahí está. Es un salto importante.

En conjunto, tenemos capacidades anfibias, superioridad frente a vecinos potencialmente hostiles –por ejemplo Marruecos–, aunque todavía no llegamos al nivel de Italia, que ha dedicado mucho más dinero y atención a su Armada. Por eso yo decía antes que hay que mirar más hacia el poder marítimo. Para España, como península, es clave.

Para ampliar: España frente a la remilitarización: ¿una ventana para la industria militar?

Sobre si necesitamos un portaaviones, ahora mismo hay un debate interno en la Armada dentro del plan “Armada 2050”, que es el horizonte a 25 años. Una de las ideas es construir un portaaviones, y Navantia tiene capacidad de diseño para ello.

Los pros: te da una capacidad de proyección brutal. Si tienes el Juan Carlos I y otro portaaviones, puedes mantener siempre uno desplegado aunque el otro esté en mantenimiento. Eso te da proyección en el Mediterráneo, el Atlántico, etcétera. Además, tendrías aviación embarcada: aviones capaces de despegar desde el portaaviones.

Los contras: un portaaviones tarda mucho en construirse, cuesta muchísimo dinero, requiere mucho personal y muchos recursos para operarlo y protegerlo. Y no tengo claro que España, con su nivel de estrategia actual y sus prioridades poco claras, vaya a mantener ese compromiso a largo plazo.

Quizá hay que mirar a sistemas más baratos y pequeños: drones navales, por ejemplo, que con muy poco dinero pueden causar bastante daño. Lo hemos visto en cómo drones relativamente baratos han destruido barcos rusos, por una fracción del coste. Al final depende de qué doctrina y qué estrategia defina España. Yo tengo muchas dudas respecto al portaaviones español, sobre todo por el coste y porque no veo claro qué objetivos operativos concretos justificarían esa inversión.

[E.A] Cuando se habla de defensa antiaérea cerca de ciudades, ¿no puede generar rechazo social instalar estos sistemas en grandes urbes? ¿Cómo se gestiona políticamente y socialmente esa preocupación?

[P.D.A] Lo primero es que tiene que existir una percepción de amenaza. Y en España, la realidad es que no hay una percepción de amenaza fuerte. Según el último Eurobarómetro del Real Instituto Elcano, alrededor del 60% de los españoles piensa que no hay ninguna amenaza real. Entre el 40% restante que sí ve alguna, la mayoría señala a Marruecos.

La amenaza que puede suponer Marruecos para España no es el tipo de amenaza que te obligue a poner baterías antiaéreas alrededor de Madrid o Barcelona. Es otro tipo de amenaza, más de “zona gris”.

El rey de España Felipe VI, capitán general de las Fuerzas Armadas de España, saluda a soldados estadounidenses.
El rey de España Felipe VI, capitán general de las Fuerzas Armadas de España, saluda a soldados estadounidenses. Fuente: U.S. Army

La “zona gris” es un concepto militar que se refiere a tácticas que no llegan al umbral de la guerra abierta, pero buscan cambiar el statu quo en beneficio propio. No es una guerra convencional, es algo más ambiguo: presión migratoria, acciones en islas deshabitadas, presión diplomática, ciberataques, etcétera. Algunos ejemplos:

  • La Marcha Verde de 1975: una movilización de civiles para ocupar el Sáhara Occidental. Los militares españoles no iban a disparar contra 300.000 civiles. Eso es zona gris.
  • La crisis del islote Perejil en 2002: gendarmes marroquíes ocupan un islote en disputa, sin una invasión militar clásica, pero cambiando el statu quo.

Son acciones que buscan empujar las líneas rojas poco a poco, sin desencadenar una guerra abierta. Por eso, en España, la urgencia no es tanto llenar las ciudades de sistemas antiaéreos, sino entender ese tipo de amenazas de zona gris y cómo responder: con diplomacia, con disuasión, con capacidades militares creíbles, pero también asumiendo que ciertos costes habrá que pagarlos si quieres mantener tu posición.

[E.A] Marruecos es el “elefante en la sala”. ¿Cómo deberíamos replantearnos la visión militar y estratégica sobre esta potencia que tenemos al sur?

[P.D.A] Yo creo que la estrategia actual del Gobierno español es intentar crear una interdependencia: un colchón de intereses económicos, sociales, de cooperación antiterrorista, antidroga, etcétera.

Ese colchón existe en cierta medida, pero ya sabemos que las interdependencias no garantizan la paz. Es un dogma liberal que se ha demostrado falso. Lo hemos visto con Rusia y Europa, o con China y Occidente. ¿Qué debería hacer España? Tener firmeza frente a Marruecos, sin dejar de tener relaciones con ellos. La geografía manda; es nuestro vecino, y eso no cambia.

Marruecos va a buscar siempre mejorar su posición estratégica: incorpora el Sáhara, presiona sobre Ceuta y Melilla, intenta reconfigurar las líneas rojas poco a poco. Ceuta y Melilla son ciudades españolas que Marruecos reclama como propias. Ese es un foco permanente de tensión potencial.

La respuesta española tiene que tener dos vertientes. Por un lado, diplomática y política. Mantener canales abiertos, cooperar en lo que conviene a ambos, gestionar las crisis con cabeza fría. Por otro, disuasión militar. No para ir a una guerra convencional –no creo que vaya a haber una guerra abierta–, sino para que Rabat sepa que hay límites claros y que, si intenta cruzarlos, España está dispuesta a asumir ciertos costes.

Marruecos puede abrir la verja y lanzar presión migratoria, puede espiarte con herramientas como Pegasus, puede hacer cosas que dañen tu posición. Tú tienes que ser lo suficientemente fuerte como para asumir esos costes a corto plazo, porque a largo plazo te interesa mantener la firmeza y no enviar la señal de que cedes siempre ante la presión. Hoy, en mi opinión, España no está aplicando esa estrategia de firmeza por falta de cultura estratégica y por miedo a esos costes.

[E.A] En tu opinión, ¿dónde debería invertir prioritariamente el Ejército español? ¿Cómo debería ser la inversión en defensa de España?

[P.D.A] En el libro propongo un esquema que no es cerrado, solo mi opinión basada en las deficiencias que explico y en cómo creo que España debería actuar como actor.

Primero: todo tiene que estar diseñado desde una política exterior y una estrategia claras, que ahora mismo creo que no tenemos. La estrategia debe guiar la acción militar. Sin una acción diplomática y una visión estratégica, la defensa va a ciegas. Puedes tener el mejor ejército del mundo, pero si no sabes para qué lo quieres, no sirve de nada. ¿Dónde invertiría yo?

En la Armada. Ya lo he dicho: por nuestra geografía, hay que apostar por el poder marítimo. Mejorar personal, medios, sistemas, capacidad de despliegue, municiones, etcétera. No necesariamente un portaaviones, pero sí una flota moderna, bien mantenida y con suficiente personal cualificado.

En el capital humano. Hay que mejorar los sueldos y las condiciones de los soldados. Ahora mismo muchos están en situaciones bastante precarias. Si quieres unas Fuerzas Armadas potentes, tienes que cuidar al soldado raso, al suboficial, al oficial. No es serio pedirles que asuman riesgos enormes cobrando mal y con estabilidad limitada.

Para ampliar: El rearme de España: estrategia, capacidades y carencias

En capacidades de largo alcance y disuasión. Misiles de medio y largo alcance, ya que solo tenemos unos 40 misiles de crucero. En un día de guerra, Rusia puede gastar 50. Eso te da una idea de lo limitados que estamos.

En desarrollar un programa nacional de drones, ofensivos y defensivos, porque se ha demostrado en Ucrania que son esenciales. En adquirir mejores sistemas de defensa antiaérea, de corto alcance contra drones y de medio/largo alcance contra misiles. No porque nos vaya a atacar alguien mañana, sino para estar cubiertos y disuadir.

En priorizar en vez de dispersar. Hay que priorizar. No podemos intentar tener “de todo un poco” sin masa crítica. Mejor tres o cuatro patas fuertes y coherentes, que diez programas débiles que no disuaden a nadie.

Todo esto requiere voluntad política. Y, sinceramente, no creo que ahora mismo exista una estrategia de Gobierno clara en ese sentido. Me gustaría pensar que hay algo a puerta cerrada que no conocemos, pero no lo parece. Creo que aún no nos hemos despertado del espejismo del internacionalismo idílico en el que creíamos vivir.

Por eso insisto: la defensa tiene que estar en el centro del debate, pero sin discursos infantilizados, frívolos ni alarmistas. Con rigor, con números y con una estrategia clara.

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