
Buena parte de los conflictos activos en la actualidad tienen su origen en la era colonial. El caso de Cachemira, territorio disputado entre India, Pakistán y China, no es una excepción.
La Compañía Británica de las Indias Orientales se estableció en el subcontinente indio en el siglo XVI, aunque fue a lo largo del siglo XVIII cuando ganó más fuerza política y militar. En el año 1858 se instauró el famoso Raj Británico, disolviendo la Compañía Británica de las Indias Orientales y transfiriendo el control sobre la región a la Corona británica. Sin embargo, antes de que llegaran los británicos al sur de Asia, el panorama era muy diferente.
Hasta ese momento, ninguna estructura política había controlado todo el territorio a la vez. Se trataba de un mosaico de reinos, principados, imperios y sultanatos que se aliaban y enemistaban entre ellos. Cuando los británicos tomaron el control de la región, en lugar de absorber todas estas estructuras establecidas, mantuvieron a muchos gobernantes locales –príncipes, nababs, maharajás, etcétera– en el poder bajo su supervisión. A cambio de su lealtad, estos podían conservar sus títulos, tierras y privilegios.
Así, dividieron la región en dos entidades. Dentro de la "India británica" se encontraban todas las formaciones políticas con las que se habían hecho los británicos, donde operaría directamente el gobierno y la Corona. Por otro, la "India india", constituida por un sistema de más de 500 estados principescos preexistentes, cuyos gobernantes locales conservaron su autoridad interna, aunque bajo la soberanía final del Imperio británico.
El origen de la disputa por Cachemira
Con el paso del tiempo, se crearon partidos políticos formados por figuras locales de relevancia. Destacaban dos. El Congreso Nacional Indio (CNI) era de ideología nacionalista y anticolonial, y contaba con líderes como Jawaharlal Nehru y Mahatma Gandhi. La Liga Musulmana, por su parte, buscaba representar a todos los musulmanes del territorio. Aunque Muhammad Ali Jinnah no fuera uno de los fundadores, fue el cabecilla principal que, desde 1940, exigió un Estado separado para los musulmanes.
Tras ser ratificado por el CNI, el 8 de agosto de 1942 Gandhi inició el Movimiento Quit India con el lema "hacer o morir". En vista del auge del nacionalismo en la región, buscaba la libertad de India y demandaba la partida de los británicos. A la sed de independencia se sumaba el hecho de que la metrópoli parecía ceder cada vez más a la idea de la Liga Musulmana sobre la creación de un Estado soberano para los musulmanes.
Dicho movimiento llevó al arresto de varios líderes del CNI, incluyendo a Gandhi y Nehru, lo que provocó múltiples manifestaciones, encarcelamientos y asesinatos a lo largo de toda la región. A pesar de que las protestas fueran reprimidas por el gobierno británico, Quit India marcó un antes y un después en la lucha por la independencia del país.
Tras décadas de dominación colonial, los británicos se vieron cada vez más debilitados por las presiones tanto internas como externas. Por un lado, el Moviemiento Quit India había movilizado a millones de personas en todo el país, y la tensión entre comunidades religiosas amenazaba con desembocar en una espiral de violencia.

Además, la Segunda Guerra Mundial dejó a Gran Bretaña sin fuerzas para sostener su imperio en el subcontinente indio. Ante este panorama y reconociendo el derecho del pueblo indio a decidir su futuro, Londres decidió negociar su salida. Este proceso culminó con la creación de la Ley de Independencia de India, aprobada por el parlamento británico en julio de 1947. A partir de ese momento, la "India británica" se dividía en dos nuevos Estados soberanos: Pakistán, pensado para la población musulmana, e India, concebido como un Estado laico y multiétnico.
Sin embargo, no había ninguna disposición específica para los estados principescos, por lo que se les dio a los gobernantes locales tres opciones para decidir el futuro de su territorio: firmar el Instrumento de Adhesión para acceder al dominio de India o al de Pakistán, o mantener la independencia. Serían los gobernantes locales los que deberían tomar la decisión y negociar con los nuevos líderes de los dos dominios: Jinnah de Pakistán y Nehru de India.
Creación de Jammu y Cachemira y Quit Kashmir
Las regiones de Jammu y Cachemira habían sido dos territorios gobernados por diferentes líderes hasta la Primera Guerra Anglo-Sij entre el Imperio sij y la Compañía Británica de las Indias Orientales. Como consecuencia de dicho enfrentamiento, los británicos, vencedores de la batalla, vendieron el territorio de Cachemira a Gulab Singh, maharajá de Jammu. Así, mediante el Tratado de Amritsar de 1846, el control de Cachemira pasó de manos del imperio sij al maharajá del nuevo estado principesco: Jammu y Cachemira.
Los nuevos gobernantes, pertenecientes a la dinastía Dogra, eran de religión hindú, mientras que la mayoría de la población de dicho territorio era musulmana. Esta situación derivó en conflictos de intereses y quejas por parte de la ciudadanía sobre el trato preferencial existente hacia los hindúes. Así, con el objetivo de representar a la población musulmana, Sheikh Mohammad Abdullah fundó la Conferencia Musulmana de Jammu y Cachemira en 1932, renombrada en 1939 como Conferencia Nacional de Jammu y Cachemira (JKNC, por sus siglas en inglés).
Las protestas contra la dinastía Dogra y el maharajá fueron adquiriendo un carácter cada vez más popular y numeroso. Visto el revuelo que causó el Movimiento Quit India, en mayo del 1946 el JKNC lanzó Quit Kashmir –Cachemira en inglés– para exigir cambios políticos y una mayor participación del pueblo en el gobierno. Sin embargo, una vez más, las protestas fueron reprimidas violentamente, y Hari Singh, bisnieto de Gulab Singh y maharajá en aquel momento, ordenó arrestos masivos, incluyendo el de Sheikh Abdullah.
En los meses siguientes se intensificaron las tensiones políticas y sociales, además de los enfrentamientos entre la población y fuerzas armadas locales. La dinastía Dogra enfrentaba una creciente presión por parte de la ciudadanía de Jammu y Cachemira, así como de los líderes del CNI y de la Liga Musulmana, en pleno contexto de la partición. Además, el arresto de Sheikh Abdullah le convirtió en un símbolo de resistencia popular y el JKNC fortaleció su influencia política como representante del pueblo cachemir.
La primera guerra de Cachemira (1947)
Tras la retirada británica y la promulgación de la Ley de Independencia, el maharajá Hari Singh debía decidir si integrarse en el nuevo Estado musulmán, Pakistán; en el Estado laico, aunque de mayoría hindú, India; o bien optar por la soberanía plena. El hecho de que el propio maharajá profesara el hinduismo, mientras que la mayoría de la población era musulmana, generó un conflicto. Ante esta situación, el gobierno de Jammu y Cachemira propuso mantener un statu quo con ambos países mientras se tomaba una decisión definitiva.
Si bien Pakistán estaba dispuesto a firmar dicho documento, fue su gobierno quien, a principios de octubre de 1947, bloqueó los suministros que cruzaban su frontera hacia Jammu y Cachemira con el objetivo de presionar al estado para que se incorporara a su territorio. En este contexto, aprovechando la situación de inestabilidad que creó el bloqueo económico, el 20 de octubre tribus armadas apoyadas por el ejército pakistaní invadieron Cachemira.
El maharajá Hari Singh estaba amenazado y, en vista de que los guerrilleros avanzaban rápidamente hacia su ciudad, Srinagar, pidió ayuda a India. Al no haberse adherido al dominio indio, Nueva Delhi respondió que no podía intervenir militarmente en un territorio que no formaba parte del país. Fue entonces cuando Hari Singh decidió firmar el Instrumento de Adhesión y Jammu y Cachemira pasó a formar parte de India el 27 de octubre de 1947. No obstante, el gobierno indio se comprometió a celebrar un plebiscito para decidir el futuro del territorio una vez restablecida la normalidad.
A pesar de que Pakistán no reconoció dicha adhesión, el ejército indio entró en Jammu y Cachemira para defender a la población civil y las fronteras del país. India solicitó a Pakistán, sin éxito, que cesara la ofensiva militar, por lo que presentó una queja ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El organismo internacional creó la Comisión de las Naciones Unidas para India y Pakistán (UNCIP) con el cometido de investigar los hechos, mediar entre ambas partes y recomendar soluciones.
Tras varios meses de negociaciones, la UNCIP propuso un plan de alto el fuego que entró en vigor el 1 de enero de 1949, y se fijaron los límites de la línea de cese de hostilidades, conocida desde 1972 como Línea de Control. Asimismo, se reafirmó el compromiso de celebrar un plebiscito supervisado por la ONU para decidir el futuro del territorio.
Está resolución puso fin a la primera guerra de Cachemira, tras la cual India pasó a controlar el 63% del territorio –el valle de Cachemira, Ladakh y la mayor parte de Jammu–, mientras que Pakistán se quedó con la parte restante de Jammu y las regiones remotas de Giglit y Baltistán.

La adhesión a India significaba que, a partir de ese momento, Nueva Delhi legislaría sobre temas específicos, aunque el maharajá conservara cierto poder sobre asuntos internos. El territorio de Jammu y Cachemira se incluyó en la Parte III de la Constitución de India junto con otros estados principescos, lo que significaba que cada uno de ellos contaría con una carta mangan propia.
Sin embargo, hubo problemas en la redacción de dichos textos, por lo que la Asamblea Constituyente de India redactó una Constitución común para todos. El gobierno provisional de Jammu y Cachemira, creado en 1948 por la JKNC, se negó a aceptar este cambio porque sus miembros veían el Instrumento de Adhesión como un acto formal sin una integración real en India. Con el objetivo de negociar la organización constitucional de Jammu y Cachemira, los líderes de la JKNC fueron invitados a Nueva Delhi en mayo de 1949.
Tras meses de negociaciones, se creó el artículo 370 de la Constitución india, el cual presentaba condiciones provisionales para Jammu y Cachemira hasta que crearan una Asamblea Constituyente que decidiera sobre el marco legislativo del territorio. Por lo tanto, el 25 de noviembre de 1949, Yuvraj Karan Singh –el hijo y sucesor de Hari Singh desde junio de 1949– ratificó la carta magna india y proclamó la adhesión de Jammu y Cachemira al dominio indio.
En 1951 se creó la Asamblea Constituyente que redactó la Constitución de Jammu y Cachemira, ratificando su integración a India el 15 de febrero de 1954. Ese mismo año, el primer ministro del estado y jefe del gobierno provisional, Sheikh Abdullah, fue destituido y arrestado por pronunciarse públicamente a favor de la independencia de Cachemira. Años más tarde, la Asamblea Constituyente culminó su labor con la adopción de la carta magna estatal en noviembre de 1956.
La segunda y tercera guerra de Cachemira (1965)
Si bien Jammu y Cachemira ya se había integrado a India, Pakistán siguió argumentando que el movimiento había sido ilegal y reclamaba el territorio como suyo. De hecho, desde la adhesión a India, Islamabad aplicó políticas antiindias y de anexión de Cachemira. Además de los enfrentamientos armados que persisten hasta la actualidad, se produjeron dos conflictos mayores, conocidos como la segunda y la tercera guerra de Cachemira.
En agosto de 1965, tras la muerte del primer ministro Nehru, Pakistán intentó desestabilizar Jammu y Cachemira con el objetivo de tomar el control del territorio. Para ello, puso en marcha la Operación Gibraltar, que consistía en infiltrar a 25.000 combatientes entrenados por su ejército con la intención de provocar una insurrección entre la población local. Sin embargo, el 15 de agosto fueron detectados por residentes de la zona, lo que llevó a las fuerzas indias a lanzar una ofensiva directa contra Pakistán.
La guerra no empezó de manera oficial hasta que, el 6 de septiembre, el ejército indio cruzó la frontera internacional. Tras varios días de batallas, Nueva Delhi solicitó ayuda a la ONU y, el 23 de septiembre, ambos países aceptaron un alto el fuego que puso fin a la segunda guerra de Cachemira, conocida también como la segunda guerra indo-pakistaní.
No obstante, se desató una tercera guerra en 1999. De manera similar a la vez anterior, tropas paramilitares de Pakistán cruzaron la frontera y tomaron puestos militares indios que habían sido abandonados debido a las duras condiciones del invierno. Su objetivo fue el de apoderarse de ubicaciones estratégicas para obstaculizar el abastecimiento de las tropas indias en el distrito de Kargil, parte de Ladakh.
A pesar de que las infiltraciones se dieran desde finales de 1998, los paramilitares no fueron descubiertos hasta mayo de 1999. Así, el 3 de mayo comenzó la guerra, aunque Islamabad negara cualquier tipo de involucración en la incursión. Si bien había pruebas que mostraban que dichas tropas estaban formadas por miembros de la Infantería Ligera del Norte de Pakistán, se especuló con que fue el general Pervez Musharraf, líder del ejército pakistaní, quien impulsó la invasión a espaldas del primer ministro Nawaz Sharif.
El ejército indio defendió sus fronteras con unidades de infantería y apoyo de fuerzas aéreas. Ante estos ataques, Pakistán no tuvo más remedio que declarar un alto el fuego y retirar sus efectivos. Así, las tropas indias fueron recuperando el control de sus puestos hasta tomar el último el 26 de julio, marcando el final de la tercera guerra de Cachemira y la cuarta indo-pakistaní.
La disputa por Cachemira en la actualidad
Estas guerras no han hecho más que poner de manifiesto la inestabilidad de la región. Aún a día de hoy es evidente que es un conflicto activo y de muy difícil solución. La historia de Cachemira muestra una gran diversidad de ideologías y religiones, lo que complica cualquier decisión unánime. Además de su ubicación estratégica, tanto India como Pakistán reclaman el territorio como propio para reafirmar su poder frente al país vecino. El control de Cachemira se ha convertido en un pulso de poder regional, al punto de que ambos Estados han desarrollado armamento nuclear.
Pakistán sigue argumentando que la adhesión fue ilegítima, además de que nunca se llegó a celebrar un plebiscito. Por su parte, el Tribunal Supremo de India ratificó en 2023 una orden presidencial emitida en 2019 que eliminaba el artículo 370 de la Constitución, haciendo extensivas al estado de Jammu y Cachemira todas las disposiciones de la carta magna sin excepción ni tratamiento especial.

Estas diferencias han llevado a numerosos enfrentamientos militares ocasionales y tensiones en la Línea de Control a lo largo de los años, con frecuentes intercambios de fuego y acusaciones mutuas de violaciones del alto el fuego. Esta constante tensión ha impedido una normalización plena de las relaciones diplomáticas y ha generado un clima de desconfianza permanente. A pesar de algunos intentos de diálogo, la región sigue siendo un foco de conflicto latente, con brotes periódicos de violencia, ataques y un fuerte despliegue militar.
Debido al aumento de hostilidades y las presiones internas de 2019-2020, ambos países firmaron un alto el fuego en 2021, un paso significativo hacia la reducción de tensiones. No obstante, los dos Estados han violado el acuerdo en varias ocasiones desde su implementación.
De hecho, en abril de 2025, se llevó a cabo un atentado en la zona de Cachemira administrada por India, causando la muerte de 26 turistas hindúes. Nueva Delhi atribuyó el ataque a grupos militantes con base en Pakistán, aunque Islamabad negó las acusaciones. Como represalia, en mayo, el ejército indio lanzó la Operación Sindoor, una serie de ataques aéreos dirigidos contra supuestas infraestructuras terroristas en territorio pakistaní.
A pesar de que ambos países acordaron un nuevo alto el fuego el 10 de mayo de 2025, mediado por Estados Unidos, horas después del anuncio se reportaron explosiones y fuego cruzado en varias zonas de la Línea de Control. Cada uno de los países acusó al otro de incumplir el acuerdo. En las semanas siguientes, se documentaron múltiples incidentes de disparos no provocados por parte de las fuerzas pakistaníes en sectores como Kupwara, Baramulla, Poonch y Rajouri, lo que llevó a respuestas proporcionales por parte del ejército indio.
Esto no es más que un ejemplo de la situación que se vive en la región desde la partición en 1947. Con épocas de mayor y menor frecuencia de enfrentamientos, el conflicto por Cachemira sigue estando activo. A pesar de los esfuerzos de mediación por parte de potencias extranjeras e incluso la ONU, el final de la disputa dependerá de la voluntad política de India y Pakistán, además de las presiones internas y la geopolítica regional. Por el momento, un cambio sustancial se ve poco probable en un futuro próximo, ya que las relaciones diplomáticas entre ambos países están marcadas por la desconfianza.
Suscríbete y accede a los nuevos Artículos Exclusivos desde 3,99€
Si escoges nuestro plan DLG Premium anual tendrás también acceso a todos los seminarios de Descifrando la Guerra, incluyendo directos y grabaciones.







