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Sudán, una guerra enquistada sin salida a la vista

Abdelfatah al Burhan (izquierda) y Hemedti (derecha), las dos principales figuras militares en la guerra civil de Sudán.
Abdelfatah al Burhan (izquierda) y Hemedti (derecha), las dos principales figuras militares en la guerra civil de Sudán.

Cuando, en marzo de 2025, el general Abdelfatah al Burhan visitó Jartum tras casi dos años sin pisar la ciudad, muchos lo interpretaron como un punto de inflexión en la guerra civil de Sudán, pronosticando un final cercano con la victoria de las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF).

Nada más lejos de la realidad: meses después, la contienda sigue siendo igual o más cruenta para la población sudanesa, recrudeciéndose los enfrentamientos en muchas zonas de Sudán e incluso abriéndose nuevos frentes. Además, no es para nada descartable una partición en dos del territorio nacional y el contagio de los combates a los países vecinos.

No son buenos augurios para una población que atraviesa la que ya se considera la mayor crisis humanitaria del planeta, desde que en abril de 2024 estallara la guerra entre el ejército sudanés y el grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF).

Con estimaciones que oscilan entre los 60.000 y los 150.000 muertos, los combates han provocado que 13 millones de personas se hayan visto obligadas a abandonar sus hogares, más de la mitad de su población esté en riesgo de hambruna, la violencia sexual contra mujeres y niñas sea generalizada y haya evidencias de limpieza étnica en Darfur.

El control militar en la guerra de Sudán

Tras unos primeros meses de la guerra en los que las RSF llevaban la iniciativa, a comienzos de 2025 las tornas parecían haber cambiado y las SAF se encontraban en plena ofensiva, recuperando importantes puntos estratégicos. En enero fue Wad Madani, una de las urbes más pobladas y en pleno corazón agrícola del país. Tras su conquista, las miradas se dirigieron a la capital y su área metropolitana, consiguiendo el control completo de Jartum y su ciudad hermana, Omdurmán, en marzo. 

De este modo, más allá del punto de inflexión estratégico y el carácter simbólico de ocupar la capital, las SAF conseguían también establecer un control casi absoluto de ambas riberas del Nilo Blanco y el Nilo Azul.

Procedente de Sudán del Sur el primero y de Etiopía el segundo, ambos ríos concentran buena parte de la población sudanesa, articulando su actividad económica y partiendo el país en dos mitades. Una vez dominada la parte oriental y la inmensa mayoría de las ciudades más pobladas, el objetivo del ejército se dirigía entonces hacia el oeste, pero el avance iba a ser más costoso de lo previsto. 

Para ampliar: El estallido de Sudán hacia una guerra civil

Liberados de la costosa defensa de Jartum, miles de combatientes de las RSF huyeron a Darfur –su principal bastión y origen de muchos de ellos– y Kordofán. Un repliegue táctico hacia las zonas donde son más fuertes, lo que ha provocado que, lejos de terminarse, la guerra de Sudán haya entrado en una nueva fase de desgaste.

Uno de los principales escenarios vuelve a ser Darfur, donde las RSF controlan cuatro de los cinco estados en los que se divide la región y donde están perpetrando una limpieza étnica contra la población no árabe. 

Tras retirarse de Jartum, el principal objetivo de las RSF se dirigió entonces a El Fasher, capital de Darfur del Norte y única que no está aún en sus manos. La ciudad se encuentra sitiada desde abril de 2024, y el grupo liderado por Hemedti ha recrudecido su ofensiva para capturarla con el objetivo de consolidar su dominio de la totalidad de Darfur, cuya extensión abarca casi un tercio del país.

Situación de El Fasher, capital de Darfur del Norte, Sudán. El color verde representa el control territorial de las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF); el rojo, de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF); y el azul, del Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán–Norte.
Situación de El Fasher, capital de Darfur del Norte, Sudán. El color verde representa el control territorial de las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF); el rojo, de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF); y el azul, del Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán–Norte. Fuente: Suriyakmaps

Tras meses sin acceso de ayuda humanitaria, la situación en El Fasher es crítica, siendo frecuentes los ataques de las RSF a mercados y otros puntos donde se concentra una gran cantidad de población. Además, en julio de 2025, sus combatientes llevaron a término, por primera vez, una gran incursión de varios kilómetros en el interior de la ciudad, tomando una prisión y una base militar. 

Para romper el cerco, el ejército lleva semanas avanzando lentamente desde la ciudad de El Obeid, capital del estado de Kordofán del Norte y que, hasta febrero de 2025, las RSF también mantenían asediada. Precisamente, Kordofán es probablemente el territorio donde se han vivido los mayores combates desde la caída de la capital, convirtiéndose en una especie de frente bisagra entre las posiciones de las RSF en Darfur y las del ejército en ambos Nilos.

En julio de 2025, el grupo paramilitar perpetró en Kordofán del Norte uno de los ataques más brutales de la guerra, asesinando a más de 450 civiles y reduciendo a cenizas varias aldeas. Este territorio también es relevante por ser el principal bastión del Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán del Norte (SPLM-Norte), un grupo armado liderado por Abdelaziz al Hilu.

Para ampliar: El ejército de Sudán toma Jartum y las RSF huyen a Darfur

Su alianza con las RSF y su entrada decidida en la guerra desde principios de 2025 han obligado al ejército a abrir nuevos frentes y a dispersar sus fuerzas. El conocimiento geográfico del accidentado relieve de las Montañas Nuba supone una clara ventaja para el grupo de al Hilu, consiguiendo frenar el avance de las SAF por este corredor estratégico entre Darfur, Kordofán y Nilo Azul. 

Sin embargo, si hay un nuevo frente que ha llamado la atención es el del norte del país, relativamente ajeno a la guerra desde su inicio. En una ofensiva relámpago, las RSF se hacían con el control de la zona conocida como “el triángulo” –la triple frontera entre Sudán, Egipto y Libia–, tomando bases militares y obligando a las SAF a retirarse.

A pesar de ser un territorio esencialmente desértico, su importancia estratégica es crucial, pues con ella consiguen tanto el acceso a los países mencionados como el control de unas vías de abastecimiento y contrabando esenciales. Su toma puede considerarse como uno de los acontecimientos con mayor potencial para alargar el conflicto de los últimos meses, pues, por un lado, consolida un corredor por el que las RSF reciben armamento emiratí desde Libia, y, por otro, hace temer que las guerras en los dos países puedan entrecruzarse.

Situación del frente norte de la guerra de Sudán. El color verde indica el control territorial de las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF); el rojo, de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF); y las zonas en color opaco corresponden a territorio no controlado por ningún bando, en su mayoría desértico e inhabitable.
Situación del frente norte de la guerra de Sudán. El color verde indica el control territorial de las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF); el rojo, de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF); y las zonas en color opaco corresponden a territorio no controlado por ningún bando, en su mayoría desértico e inhabitable. Fuente: Suriyakmaps

Según denuncia el ejército, tropas del mariscal Khalifa Haftar habrían participado en la ofensiva junto a las RSF, lo que añade un escalón más a la complejidad del conflicto y muestra la decisión de Emiratos Árabes Unidos –aliado de Haftar y las RSF– de continuar apostando por una vía estrictamente militar para terminar la contienda.

El caso libio no es el único escenario que podría llevarnos a una regionalización de la guerra sudanesa. Países como Chad o Sudán del Sur temen que los combates puedan trasladarse a su suelo. En el primer caso, las RSF utilizan con frecuencia su territorio como base de operaciones y abastecimiento. Las SAF acusan a Yamena de permitir la entrega de armas al grupo y, en respuesta, han declarado el territorio chadiano un “objetivo legítimo” para lanzar ataques.

Por otro lado, el SPLM-Norte tiene un origen compartido con el partido que gobierna actualmente Sudán del Sur, separándose de este tras la independencia para funcionar como un grupo insurgente contra el gobierno sudanés. Ahora, con el temor de que se inicie una nueva contienda en el vecino del sur, ambos grupos podrían recuperar sus vínculos para enfrentarse de nuevo al ejército de Sudán. Por tanto, todo ello nos acerca más a una expansión del frente bélico que al final de los combates.

La partición de Sudán

Más allá del plano estrictamente militar, impedir que las RSF consoliden su control sobre los territorios occidentales, o incluso aumenten sus posesiones, resulta crucial en el plano diplomático para las SAF. La intensificación de la guerra socava su credibilidad internacional como gobierno legítimo, al tiempo que acrecienta el miedo a la división del país en dos o más partes.

La situación de la vecina Libia, en guerra desde 2011 y con dos gobiernos enfrentados y apoyados por distintos actores internacionales, sobrevuela hoy el imaginario del futuro inmediato de Sudán.

En plena ofensiva del ejército sobre Jartum, en febrero de 2025, las RSF dieron un paso al frente en la consolidación de una apariencia de gobierno que contrarrestara sus derrotas militares. En la capital de Kenia, Nairobi, anunciaron el establecimiento de un "gobierno de unidad y paz", cuyo fin es administrar los territorios bajo su dominio.

Para ampliar: Las RSF crean un gobierno paralelo en Sudán

Días después, organizaciones políticas y milicias aliadas a las RSF firmaron la que denominaron como “Constitución de transición”. Los firmantes no ocultaron sus principales objetivos: legitimidad diplomática ante la comunidad internacional, consolidar su influencia política y militar interna y fortalecer su posición negociadora ante hipotéticas negociaciones de paz.

Para ello, dotaban al nuevo “Estado” de una estructura política e institucional completa –con ministros, órgano legislativo, etcétera–, una reorganización territorial con el establecimiento de ocho regiones e incluso un proyecto para implementar una nueva moneda. A su vez, a través de un Ministerio de Defensa reconocido podrían acceder a armamento avanzado, como aviones o sistemas de defensa aéreos. “A las milicias no se les dan armas avanzadas, pero a los gobiernos sí”, declaró el líder de una de las facciones aliadas con Hemedti.

Por otro lado, su intento de legitimación debe ir acompañado de la deslegitimación del bando enemigo. En este sentido, la carta fundacional declara que Sudán será “un Estado laico, democrático y descentralizado con una identidad sudanesa basada en la separación de la religión y el Estado” y “sin prejuicios hacia ninguna identidad cultural, étnica, religiosa o regional”.

Campamento de desplazados en Darfur, en 2011, debido a los enfrentamientos que experimentó la región.
Campamento de desplazados en Darfur, en 2011, debido a los enfrentamientos que experimentó la región. Fuente: United Nations Photo - bajo CC BY-NC-ND 2.0

Con ello, buscan diferenciarse de un ejército sudanés, acusado de apoyarse en grupos armados de ideología yihadista y estar relacionado con los antiguos miembros del gobierno islamista de Omar al Bashir, quien gobernó el país de forma autocrática durante casi tres décadas. Sin embargo, la apuesta de las RSF por proyectarse como una alternativa democrática y plural resulta poco creíble con su extenso historial de masacres y persecuciones de carácter étnico.  

La credibilidad internacional es quizás el mayor obstáculo para la legitimidad de esta nueva administración, pues, de momento, ni su principal aliado, Emiratos Árabes Unidos, se ha mostrado dispuesto a apoyar su reconocimiento. Desde organismos como Naciones Unidas han expresado su grave preocupación por la instauración del gobierno de las RSF al “profundizar la fragmentación del país y amenazar con enquistar la crisis”.

Por otro lado, la Unión Africana reiteró su compromiso con la unidad e integridad territorial de Sudán, instando a los Estados miembros a “no reconocer ni apoyar ninguna entidad paralela surgida fuera del marco constitucional”. 

Para ampliar: La presencia rusa en Sudán y la conexión con la guerra de Ucrania 

No obstante, las acciones de al Burhan sí que muestran cierto temor a que una administración liderada por las RSF pueda dotarse de una apariencia de Estado. Poco después de anunciarse su gobierno, eliminó de la Constitución cualquier referencia al grupo paramilitar, invalidando su legitimidad internacional dentro del Estado sudanés.

Tras ello, buscó contrarrestar el “gobierno de unidad y paz” con lo que denominó “gobierno de la esperanza”, nombrando a un primer ministro por primera vez desde el inicio de la guerra. Kamil al Taib Idris, un tecnócrata sin afiliación política, recibió el mandato de formar una administración civil de transición hasta la celebración de elecciones. Aunque en un principio se afirmó que miembros del nuevo gobierno no pertenecerían a organizaciones involucradas en la contienda, varios de los ministros escogidos pertenecen a grupos armados aliados con el ejército. 

La implantación de un gobierno civil tiene como principal objetivo restaurar la legitimidad del Estado de Sudán tanto interna como externamente, revirtiendo el colapso institucional del país desde el inicio de la guerra. A pesar de ello, el proyecto de transición no está exento de riesgos y dificultades, especialmente por estar tremendamente condicionado a las necesidades del frente militar.

Desconfianza y vacíos de poder en Sudán

Por otro lado, existe una profunda desconfianza entre las organizaciones de la sociedad civil, pues fue el propio al Burhan, junto a Hemedti, quien se encargó de acabar con la transición tras la caída de al Bashir. Abdallah Hamdok, antiguo primer ministro, considera que “cualquier intento de crear un gobierno en Sudán hoy en día es falso” y que “confiar en que los soldados traerán la democracia es una falsa pretensión”.

Desde hace tiempo, han surgido propuestas desde la sociedad civil para establecer un gobierno en el exilio, con el objetivo de construir una legitimidad política alternativa frente a los crímenes cometidos por ambos bandos en guerra.

Asimismo, no es descartable que la prolongación del conflicto derive en el establecimiento de nuevos gobiernos autónomos de carácter territorial, pues las alianzas de ambos con milicias con agendas propias pueden resultar frágiles y derivar en una mayor fragmentación de Sudán. Por ejemplo, el caso del SPLM-Norte puede resultar paradigmático, pues de no cumplirse las difíciles promesas de construcción de un Estado descentralizado, podría optar por su propia administración.

A esto se le suma el creciente vacío de poder en zonas rurales, donde este es progresivamente acaparado por autoridades locales, líderes tribales o milicias armadas. El resultado de ello nos lleva a un Sudán profundamente fragmentado, con varios centros de poder sin coordinación entre sí ni un marco institucional más amplio.

En este escenario, la posibilidad de una salida negociada que ponga fin al conflicto se ve cada vez más lejana, erosionando cada vez más la unidad sudanesa y su propia existencia como Estado, al tiempo que sigue alargando el profundo sufrimiento de una población atrapada entre los combates, una grave crisis humanitaria y un futuro incierto.

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