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Los enfrentamientos en Sudán del Sur que podrían reactivar la guerra civil

Los enfrentamientos entre fuerzas leales al presidente Kiir y al vicepresidente Machar amenazan con reavivar la guerra civil en Sudán del Sur.
Los enfrentamientos entre fuerzas leales al presidente Kiir y al vicepresidente Machar amenazan con reavivar la guerra civil en Sudán del Sur. Fuente: Paul Kagame - bajo CC BY-NC-ND 2.0

Sudán del Sur atraviesa una grave escalada de violencia que amenaza con romper el frágil acuerdo de paz sellado en 2018 y reanudar la guerra civil. En el fondo de la cuestión se encuentran, de nuevo, las disputas entre el presidente del país, Salva Kiir, y su vicepresidente, Riek Machar, con enfrentamientos entre facciones leales a ambos en diversas regiones y el arresto de varios partidarios de Machar.

Aunque los actos de violencia se suceden de forma recurrente desde el final de la contienda, los hechos se volvieron especialmente preocupantes a partir del 4 de marzo, cuando el denominado Ejército Blanco atacó una base del ejército de Sudán del Sur en Nasir, ciudad del estado del Alto Nilo ubicada a pocos kilómetros de la frontera con Etiopía. Poco después, el ataque de miembros de este grupo a un helicóptero de Naciones Unidas derivó en la muerte de 27 soldados sursudaneses. La aeronave se encontraba en una misión para evacuar a los heridos en combate y había recibido garantías de paso seguro, por lo que el organismo tachó este acto de “aborrecible” y posible “crimen de guerra”.

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El Ejército Blanco, leal a Machar y formado por miembros del pueblo nuer, lleva semanas denunciando ataques contra su comunidad en el condado de Ulang por parte de fuerzas afines a Kiir. En los últimos días, los enfrentamientos se han intensificado en Alto Nilo, lo que ha empujado al gobierno a militarizar la capital del país, Juba, arrestar a varios partidarios de Machar y mantener al vicepresidente bajo vigilancia policial. Entre los detenidos se encuentra el ministro de Petróleo, Puot Kang Chol, y otros altos cargos vinculados a Machar acusados de colaborar con el Ejército Blanco. 

En este contexto, la escalada de enfrentamientos fue el motivo esgrimido por Uganda para el envío de un número indeterminado de tropas especiales a Juba. El jefe de las Fuerzas Armadas ugandesas e hijo del presidente Yoweri Museveni, Muhoozi Kainerugaba, justificó la intervención en la necesidad de “asegurar” la capital. A pesar de que un alto cargo del ejército ugandés señalara que se habían desplegado en el país “por invitación del gobierno de Sudán del Sur”, el ministro de Información sursudanés, Michael Makuei, tachó los informes de “falsos”. Sin embargo, el propio Kainerugaba publicó un video de efectivos ugandeses desembarcando en Juba.

“Nosotros solo reconocemos a un presidente de Sudán del Sur: Salva Kiir. Cualquier movimiento en su contra es una declaración de guerra contra Uganda”, declaró Kainerugaba en la red social X. Kampala, que comparte una frontera de más de 400 kilómetros con Sudán del Sur, ya ha intervenido en diversas ocasiones en el país. En 2013, el despliegue de tropas ugandesas en apoyo de Kiir fue un factor crucial para evitar que los rebeldes liderados por Machar tomaran la capital durante las primeras semanas de la guerra.

Sudán del Sur, al borde de una nueva guerra

Como se ha señalado, son muchos los que temen que los actuales acontecimientos deriven en una reanudación de la guerra civil sursudanesa que arrasó el país entre 2013 y 2020, causando alrededor de 400.000 fallecidos. La contienda se inició poco después de su independencia en 2011 y tuvo como principales protagonistas a los actuales presidente y vicepresidente. En 2013, Kiir acusó a Machar de intentar perpetrar un golpe de Estado, por lo que este último optó por huir y formar el Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán en la Oposición. Ambos contendientes instrumentalizaron el factor étnico en su beneficio, siendo Kiir de la etnia dinka y Machar de los nuer. 

La guerra terminó oficialmente en 2018 con la firma de un acuerdo de paz y, dos años después, se formó un gobierno de unidad nacional por el que los partidarios de Kiir y Machar se repartieron los principales cargos. Uno de los puntos principales del pacto era la creación de un ejército unificado que incorporara a todas las facciones armadas, iniciándose un proceso lleno de obstáculos que no ha conseguido evitar que diversos grupos sigan desconfiando del gobierno central y conserven sus lealtades políticas particulares. 

Por otro lado, el acuerdo también preveía la celebración de elecciones para el año 2023, pero los comicios han sido pospuestos de forma recurrente y recientemente aplazados hasta 2026. A esta inestabilidad política cabe sumarle una grave crisis económica. El último informe publicado por el Banco Mundial revela que el 92% de los sursudaneses vive bajo el umbral de la pobreza, un dato estrechamente relacionado con el agravamiento de la epidemia de cólera que afecta al país.

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Todos estos acontecimientos no pueden desligarse de la cruenta guerra que vive Sudán desde 2023, calculándose en cerca de un millón de personas las que han huido a su vecino del sur. Una de las principales consecuencias ha sido la paralización de los oleoductos, de los que Sudán del Sur es altamente dependiente al representar el petróleo un 98% de sus exportaciones. A su vez, el recrudecimiento de los enfrentamientos hace temer que ambos conflictos puedan llegar a fusionarse. 

El gobierno sursudanés ha tratado de mantener una postura equidistante entre ambos bandos para garantizar el flujo de petróleo, pero el control de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) sobre gran parte de las zonas fronterizas y el respaldo del Ejército Popular de Liberación de Sudán en el Norte –antiguo aliado contra Jartum con fuertes lazos en el país– habrían acercado a Kiir al bando de Hemedti. Como consecuencia, Machar podría alinearse con el ejército sudanés, entrelazando aún más ambos conflictos.

Al tiempo que las tensiones aumentan, países como Estados Unidos ya han anunciado medidas como la evacuación del personal diplomático que no sea de emergencia. Entre los motivos, Washington señala que “el conflicto armado está en curso” y que “las armas se encuentran fácilmente disponibles para la población”. Otros actores como la Unión Europea instan a los dirigentes de Sudán del Sur a tomar medidas inmediatas para “evitar que el país vuelva a caer en un conflicto a gran escala”. Por ahora, los enfrentamientos se concentran en Alto Nilo, pero su escalada podría extender el conflicto al resto del territorio. Miles de personas ya se han visto obligadas a abandonar sus hogares para escapar de los combates.

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