
El Centro Internacional de Convenciones Kenyatta de la capital de Kenia, Nairobi, fue el escenario escogido por las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) para anunciar la creación de un gobierno paralelo en Sudán. En un anfiteatro repleto de banderas sudanesas, altos cargos del grupo paramilitar, líderes de milicias afines y representantes de territorios bajo su control declararon su intención de firmar una carta conjunta donde se establezca un “Gobierno de Unidad y Paz” que se encargará de administrar las regiones que aún mantiene en sus manos.
Según se señala en la carta de apertura del evento, su objetivo es “reinstaurar la vía democrática a través de un consenso nacional que incluya a todas las fuerzas políticas, civiles y sociales”. De este modo, las RSF pretenden dotar de una apariencia de Estado los territorios que controla, presentándose a sí mismo como el gobierno legítimo de Sudán ante lo que consideran “restos y milicias del movimiento islámico” del antiguo régimen de Omar al-Bashir. Con anterioridad, ya habían instalado distintos grados de administración civil en territorios como Jartum o Darfur.
Durante el evento, también se hizo pública la intención de crear un Ministerio de Defensa, el cual, según el alto cargo al-Hadi Idris, “comprará armas para defender a los ciudadanos, adquirirá aviones de guerra y entrenará al personal”. Precisamente, la falta de armamento aéreo es una de las causas que ayudan a explicar el retroceso actual de las RSF en todo Sudán. Sin embargo, no explicita qué países estarían dispuestos a entregar aeronaves saltándose las sanciones que pesan sobre el grupo. En la misma declaración, Idris ¡ señaló la intención de este nuevo gobierno de formar un ejército unificado de varias facciones militares.
Las RSF buscan aliados fuera y dentro de Sudán
Aunque desde el grupo señalaron que su líder, Mohamed Hamdan Dagalo “Hemedti”, también se encontraba en Nairobi, el gran protagonista de la reunión fue su hermano Abdul Rahim Dagalo, considerado como líder adjunto de las RSF. No obstante, la gran sorpresa la produjo la presencia de Abelaziz al Hilu, cabecilla del Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán-Norte.
Este grupo controla amplios territorios en las montañas Nuba, al sur del país, y durante la guerra ha adoptado una política de neutralidad activa que le ha llevado a enfrentarse puntualmente tanto al ejército como a las RSF. Aunque, de momento, ha aplazado la firma de la declaración, su presencia en Nairobi indica un claro posicionamiento del lado del grupo paramilitar, describiendo la contienda como un conflicto histórico de “los pueblos marginados de las regiones periféricas” contra un “gobierno militar islamista” cuya base de apoyo es el centro y norte del país.
Como era esperable, la reunión de Nairobi ha producido una grave crisis diplomática entre Sudán y Kenia. El gobierno sudanés ha acusado a Nairobi de “apoyar y alentar una conspiración”, así como de llevar a cabo “un movimiento hostil contra Sudán”. El Ministerio de Exteriores sudanés también anunció la retirada de su embajador en la capital keniana.
Por su parte, Kenia considera “compatible” su acogida del acto de las RSF con su papel en las negociaciones de paz, por el cual, según señalan, está obligada “a proporcionar plataformas no partidistas para buscar soluciones”. No queda claro cuál es el verdadero motivo de Nairobi para meterse en semejante embrollo diplomático, pero, casualidad o no, Emiratos Árabes Unidos, principal apoyo de las RSF, concedió poco después un préstamo de 1.500 millones al gobierno keniano.
El anuncio de las RSF llega en el que puede considerarse su peor momento de toda la guerra de Sudán desde su inicio en abril de 2023. Desde la toma de Wad Madani en enero de 2025, el ejército sudanés inició una gran ofensiva sobre la capital, tomando amplias zonas de su área metropolitana y cercando a los combatientes en pequeñas bolsas en el centro de Jartum.
Actualmente, solo cuentan con una salida hacia sus territorios en el oeste del país, por lo que pronto podrían optar por retirarse hacia Darfur, donde han recrudecido su ofensiva sobre El-Fasher en las últimas semanas. El anuncio de un nuevo gobierno indica que no tienen intención de terminar la guerra, por lo que, probablemente, asistamos a la partición del país con una administración paralela de las RSF en Darfur, su principal bastión y origen de muchos de sus combatientes.
El ejército anuncia su plan de transición
La creación de un gobierno paralelo por parte de las RSF llega en un momento delicado en el plano diplomático. En el ámbito externo, Sudán ha fortalecido estos días su alianza con Irán y Rusia, con la visita del ministro de Asuntos Exteriores, Alí Youssef, tanto a Moscú como a Teherán.
Con el primero reafirmaron su firme compromiso con la construcción de una base naval rusa en la costa sudanesa del mar Rojo, un deseo de larga data por parte de Rusia que ha ganado todavía más peso con la caída de su aliado, Bashar al-Asad, en Siria. Por su parte, Irán y Sudán firmaron varios acuerdos de cooperación y reconocieron las intenciones iraníes de construir también una base en el mar Rojo, extremo más complicado que el caso ruso y por el que no acordaron ningún paso concreto al respecto.
La formación de este gobierno también busca contrarrestar los planes anunciados recientemente por el ejército sudanés de crear un gobierno de transición. El líder de las fuerzas armadas, Abdelfatah al Burhan, declaró su intención de establecer un gobierno de guerra dirigido por tecnócratas, el cual incluiría el nombramiento de un primer ministro civil.
Posteriormente, el Ministerio de Exteriores sudanés dio más detalles sobre el desarrollo de una “hoja de ruta” que incluya un diálogo nacional con todas las fuerzas sociales y políticas que “renuncien a la agresión y se alineen con la causa nacional”. También afirmó su firme compromiso con la “libertad de opinión y actividad política” y exigió “el desarme de los militantes como condición previa a cualquier negociación con los insurgentes”.
Por otro lado, estos días se ha producido la ruptura de la principal coalición civil sudanesa, la Coordinación de Fuerzas Civiles Democráticas, conocida como Taqaddum. El principal motivo de disputa es, precisamente, el debate sobre la creación de un gobierno en el exilio, un acto que, según sus partidarios, serviría para legitimar una administración civil que contrarreste la autoridad militar que actualmente tiene su sede en Port Sudán.
La sociedad civil protagonizó la revolución sudanesa que derivó en la caída de al.Bashir en 2019, pero la transición posterior saltó por los aires tras el golpe de Estado de los principales actores de la guerra actual, al Burhan y Hemedti. Ahora, ambos han afirmado su intención de que, con matices, sea una junta militar la que siga gobernando el futuro Sudán de posguerra.
Al tiempo que anunciaban sus planes, las RSF siguieron llevando a cabo sus habituales matanzas ante los avances del ejército. En la región de Nilo Blanco, el grupo paramilitar habría asesinado a más de 200 civiles antes de retirarse el mismo día de la reunión en Nairobi. Ante la eventual pérdida de Jartum, las RSF podrían recrudecer este tipo de acciones mientras optan por hacerse fuertes en Darfur, un territorio donde se les acusa de llevar a cabo graves actos de genocidio.
Los planes de crear un nuevo gobierno por parte de ambos bandos no auguran un final temprano de la guerra, sino más bien que el país pueda quedar irremediablemente dividido. El actual conflicto puede considerarse como la mayor catástrofe humanitaria de la actualidad, sin que, por el momento, merezca su espacio en el foco mediático.
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