
En medio de una creciente tensión generalizada en ambas orillas del mar Rojo, con el recrudecimiento de los combates en Yemen, la prolongación de la guerra en Sudán o el reconocimiento israelí de Somalilandia, el gobierno de Somalia ha decidido anular todos los acuerdos de seguridad y defensa con Emiratos Árabes Unidos (EAU).
Con ello, Mogadiscio pretende expulsar a la monarquía del Golfo de su territorio reconocido internacionalmente, acusándola de llevar a cabo acciones contra su soberanía e integridad nacional.
En la declaración emitida por el Consejo de Ministros de Somalia también se hace referencia explícita a la ruptura de los pactos relacionados con los puertos de Berbera –en Somalilandia–, Bosaso –en Puntlandia– y Kismayo –en Jubalandia–, todos ellos situados en territorios autónomos y sobre los que la autoridad central somalí no tiene un control efectivo.
Aunque, por ello, el alcance real de la medida parece limitado, la intención del gobierno somalí es reafirmar política y jurídicamente su control sobre el territorio, tanto en el plano interno como frente a la injerencia externa.
Emiratos Árabes Unidos en Somalia
En el marco de su estrategia de proyección de poder en la región mediante el control de puertos marítimos estratégicos, Emiratos Árabes Unidos ha encontrado en los territorios autónomos somalíes un escenario propicio para alcanzar sus objetivos.
Con Somalilandia, independiente de facto desde 1991, Abu Dabi ha firmado varios acuerdos en los últimos años, incluyendo un amplio control operativo sobre el puerto de Berbera a través de la empresa estatal DP World, convirtiéndolo en un verdadero hub logístico para sus intereses en todo el continente africano.
A su vez, mantiene una intensa relación diplomática con el gobierno de Hargeisa, especulándose con el posible reconocimiento emiratí de Somalilandia tras el paso dado por Israel a finales de 2025.
Somalilandia, aunque asegura haber “tomado nota” de la decisión de Mogadiscio, la ha rechazado categóricamente, afirmando que “no tiene jurisdicción legal, autoridad administrativa ni control efectivo” sobre su territorio y calificando sus múltiples acuerdos con Emiratos Árabes Unidos de “lícitos, válidos y plenamente vinculantes”.
Además, aprovechó para expresar su agradecimiento a las autoridades emiratíes “por su larga colaboración y sus constructivas contribuciones a la paz, la estabilidad y el desarrollo económico de Somalilandia y el Cuerno de África en general”.
Por su parte, si bien Puntlandia sigue manteniéndose dentro del marco constitucional somalí, goza de un alto grado de autonomía respecto al gobierno de Mogadiscio, desarrollando una relación propia e independiente con Emiratos Árabes Unidos.
Desde 2017, DP World y las autoridades de Puntlandia han firmado diversos acuerdos que incluyen la gestión de parte del puerto de Bosaso y diversos proyectos para su expansión y modernización. Según varios informes, Emiratos Árabes Unidos estaría usando precisamente Bosaso para canalizar la ayuda militar a las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) en la guerra civil sudanesa.
Pese a que Mogadiscio no tiene una autoridad efectiva sobre Puntlandia, su anuncio de ruptura con Abu Dabi parece haber tenido en Bosaso sus primeros efectos, pues, según aseguran medios como Middle East Eye, estos ya habrían empezado a retirar sus tropas del puerto, siendo presumiblemente trasladadas a la vecina Etiopía.
No obstante, el gobierno de Puntlandia ha calificado la decisión somalí de “contraria a las leyes”, asegurando que no afectará a la cooperación actual con Emiratos Árabes Unidos.
Somalia, escenario de rivalidad
La anulación de los acuerdos de Somalia con Emiratos Árabes Unidos no solo tiene severas consecuencias en el plano interno somalí, sino que forman parte del posicionamiento estratégico de varias potencias en la región y en la reconfiguración de alianzas tanto en el Cuerno de África como en la península Arábiga.
Para Emiratos Árabes Unidos, la medida somalí supone un claro retroceso estratégico en su proyección de poder en el mar Rojo y el golfo de Adén, limitando su acceso a puertos clave utilizados como centros logísticos para sus intereses militares en escenarios como Sudán y Yemen.
En este último, sus aliados del Consejo de Transición del Sur (STC) han perdido en los últimos días todo el territorio que controlaban a manos de las fuerzas respaldadas por Arabia Saudí, y su líder, Aidarous al Zubaidi, se ha visto obligado a huir del país.
Según denunció Riad, Zubaidi habría conseguido salir de Yemen gracias a Emiratos Árabes Unidos, que le habría trasladado a Somalilandia antes de viajar a Abu Dabi. Tras esto, Somalia emitió una prohibición de vuelo a todos los aviones militares y de carga emiratíes por considerar que estaban violando su soberanía, siendo el primer paso para la posterior paralización de todos los acuerdos entre ambos.
La derrota emiratí en Yemen incrementa su interés estratégico por la costa africana si no quiere verse aún más limitado en su acceso al mar Rojo, lo que, unido a la ruptura con el gobierno somalí, puede tener amplias repercusiones en la guerra sudanesa si opta por aumentar su apoyo a las RSF.
Como en Yemen, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos apoyan a bandos distintos, por lo que los saudíes podrían verse también tentados de tomar acciones más decididas en su apoyo a las Fuerzas Armadas (SAF) para contrarrestar la influencia emiratí y evitar una posible fragmentación del país con la creación de una entidad política independiente fiel a Abu Dabi.
La ruptura de Somalia con Emiratos Árabes Unidos, además, cabe entenderla en esta creciente rivalidad entre las dos potencias de la península Arábiga, así como en el intento de Somalia de diversificar sus alianzas con apoyos externos que prioricen un gobierno federal fuerte.
Arabia Saudí encaja muy bien en este objetivo, que prioriza la integridad territorial somalí y los acuerdos con las instituciones federales en claro contraste con el enfoque emiratí basado en las relaciones con entidades subestatales, tanto en Somalia como en otros territorios.

De momento, este acercamiento de Mogadiscio a Riad se ha limitado al plano político y diplomático, siendo estos últimos uno de los más beligerantes contra el reconocimiento israelí de Somalilandia y apoyando al gobierno somalí en los grandes foros internacionales.
Sin embargo, Arabia Saudí podría aprovechar el vacío dejado por Emiratos Árabes Unidos para ganar influencia en la región y erigirse como el gran árbitro de este territorio estratégico, no siendo descartable que Riad y Mogadiscio firmen un gran pacto de seguridad en las próximas semanas como ya viene debatiéndose desde hace meses.
Pero su influencia en Somalia se vería limitada por el enorme peso de Turquía, que la ha convertido en su “puesto de avanzada” en el continente africano y ha sido hasta ahora el principal apoyo somalí ante las acciones externas en relación a Somalilandia.
A pesar de ello, todo esto llega en un contexto de creciente entendimiento entre Ankara y Riad, que ya están negociando la inclusión de Turquía en el pacto de defensa de los saudíes con Pakistán.
Para Emiratos Árabes Unidos, que mantiene una rivalidad de larga data con Ankara, este acercamiento entre dos de sus grandes rivales regionales constituye un duro revés a su influencia regional, lo que viene a sumarse a derrotas como las de Yemen o su expulsión de Somalia.
Queda por ver si Abu Dabi opta ahora por tomar una actitud más conciliadora con el gobierno somalí o, por el contrario, decide escalar todavía más el enfrentamiento tomando medidas como seguir los pasos de Israel reconociendo Somalilandia.
Esto haría escalar todavía más la tensión en la región, consolidando un eje Arabia Saudí-Turquía cuya rivalidad con Emiratos Árabes Unidos tendría en Somalia uno de sus principales escenarios y que podría a extenderse a otros territorios, redefiniendo el equilibrio de poder en el Cuerno de África y marcando un punto de inflexión en la competencia por la influencia en mar Rojo y el golfo de Adén.
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