El Frente Polisario celebra su XVI Congreso con la promesa de hacer «escalar la guerra» para conseguir la «independencia total»

Por Néstor Prieto

El Frente Polisario afronta entre el 13 y el 17 de enero su Congreso más trascendental en las últimas tres décadas. El movimiento de liberación nacional saharaui celebra su primer conclave desde la reanudación de la guerra en noviembre de 2020 con la promesa de «hacer escalar el conflicto» para «conseguir la independencia total».

Los más de 2.000 congresistas llegados desde campamentos, territorios ocupados y diáspora aprobarán los informes de gestión y financiero de la dirección saliente; enmendarán la Constitución de República Saharaui Árabe Democrática (RASD) y la Ley Fundamental del Polisario; elaborarán la estrategia política, diplomática y militar a desarrollar los próximos tres años, y elegirán el Secretariado Nacional, máximo órgano de decisión entre Congresos, y al Secretario General del Frente Polisario, primera autoridad en el organigrama saharaui.

Debates de calado para los que el Frente Polisario llega con visiones diferentes tanto en las formas como en el fondo. El XV Congreso, celebrado en diciembre de 2019, estabilizó la transición política renovando como Secretario General a Brahim Ghali, que había llegado a la cúspide polisaria tres años antes en un Congreso Extraordinario tras la muerte del histórico líder Mohamed Abdelaziz, presidente y Secretario General desde 1976 hasta su muerte en 2016.

Y aunque en aquella ocasión el Polisario «anunció su intención de reconsiderar su participación en el proceso de paz en su totalidad», nadie se atrevió a dar por acabada la vía diplomática y volver a la guerra. Una idea tentadora que desde hace años -sino décadas- sobrevolaba la cabeza de la dirigencia saharaui, hastiada por un proceso de paz estancado y presionada por una población civil que lleva medio siglo en el exilio. La ruptura del alto el fuego el 13 de noviembre de 2020 en la Brecha del Guerguerat era la única vía que podía adoptar el Polisario para tratar de romper un statu quo en el que Marruecos se sabe cómodo por controlar, de facto aunque no de iure, el 80% del territorio saharaui.

Para ampliar: La MINURSO, crónica de un fracaso

Una nueva estrategia para una nueva coyuntura

El Frente Polisario busca una hoja de ruta acorde a un contexto regional e internacional convulso y radicalmente distinto al de 2019: la guerra de Ucrania ha alterado los equilibrios geopolíticos en todo el globo; el Magreb se reconfigura con sus dos hegemones -Argelia y Marruecos- abiertamente enfrentados; el cambio de posición español pone fin a la histórica «neutralidad» de la exmetrópoli… Todo ello abre y cierra varias ventanas de oportunidad en el conflicto saharaui.

Pero gran parte del debate se centrará en cómo hacer «escalar» una guerra, hoy por hoy, de baja intensidad. Los dos años de conflicto han seguido, casi sin excepciones, el mismo patrón: bombardeo diario de artillería saharaui sobre el muro militar marroquí; ataques desde la distancia cuyo impacto es difícil de medir y que son respondidos inmediatamente por drones de combate alauís. Golpear e irse. Dos incursiones en suelo marroquí, en la cadena montañosa de Ouarzik, y un bombardeo en la brecha del Guerguerat, han sido las excepciones a una rutina bélica que ya no llena titulares ni sacia las ansias de una parte de la población saharaui.

En varias ocasiones el alto Estado Mayor saharaui anunció el uso de drones, la posibilidad de llevar la guerra a territorios ocupados o incluso al interior de Marruecos. Nada de ello se ha concretado en este tiempo. Lo que genera la frustración de varios grupos -fundamente jóvenes- que piden una intensificación de los combates. Frente a ellos, la cúpula militar y política del Polisario justifica que todas las acciones son medidas y estudiadas para evitar bajas, y recuerdan que la superioridad militar marroquí limita sustancialmente el campo de acción.

También se afinará la estrategia política. Buscando a lo interno «consolidar las estructuras de Estado» y mejorar la difícil situación de los campamentos de refugiados, dependientes de una ayuda internacional muy mermada. A lo externo, la diplomacia saharaui busca ampliar su proyección internacional. El balance es desigual. En América Latina los últimos años han traído notorias victorias con el restablecimiento de relaciones con Perú, Colombia o Bolivia entre otros. En África, la RASD mantiene una intensa agenda en la Unión Africana y conseguido consolidar sus lazos con varios países, pero Marruecos ha logrado que no pocos Estados abran consulados en los territorios ocupados. Por su parte, Europa sigue siendo un territorio hostil para la causa saharaui, más aún tras el giro español y el ininterrumpido apoyo incondicional francés; en el viejo continente el Polisario ha lanzando una exitosa campaña judicial que con toda seguridad pondrá fin al acuerdo pesquero UE-Marruecos.

Para ampliar: La batalla diplomática por el Sáhara Occidental en Europa

Fotografía de Mario Vidal Castrillo @mario_vidal_ro

Un Congreso en clave interna

El Congreso está siendo tibiamente promocionado al exterior en comparación con anteriores. Un reflejo de que el conclave tiene, esta vez, una dimensión fundamentalmente interna con el objetivo de unificar a los saharauis en este nuevo contexto. A las disputas internas de poder, que toda organización de esta envergadura tiene, se suman las distintas visiones sobre como «intensificar la guerra» y «dinamizar» la estructura interna.

Una consecuencia directa del regreso a la guerra es que lo militar vuelve a ganar peso en lo discursivo y lo orgánico. Aunque el Polisario nunca perdió su espíritu castrense, si había cedido espacio en los últimos años a discursos y cuadros venidos del ámbito diplomático. Este Congreso ratificará la primacía de lo militar sobre el resto de ámbitos, y no sería extraño que los uniformados ganen más peso en el nuevo organigrama saharaui.

Brahim Ghali parte como favorito para continuar al frente, pero existe una contestación creciente. Su liderazgo quedó en duda en abril de 2021, cuando llegó inconsciente a España para ser tratado de COVID-19. Ghali, de 73 años, pasó varias semanas en cuidados intensivos y quedó seriamente debilitado por la enfermedad. Muchos pensaron entonces que su estado de salud impediría la reelección, pero una buena recuperación apartó el argumento físico de la carrera por la Secretaría General. Ghali hizo el resto y ha maniobrado hábilmente los últimos meses para mantener el equilibrio interno y llegar como favorito al Congreso. No obstante, otras figuras de la vieja guardia coquetean con postularse al cargo y canalizar al mismo tiempo el descontento de los sectores más radicales -que exigen una mayor agresividad hacia Marruecos- y los descontentos con Ghali.

Bachir Mustafa Sayed, hermano del exSecretario General Luali Mustafa Sayed, parece dispuesto a dar un paso al frente. Que lo haga o no dependerá de los juegos de pasillos y los cálculos sobre la viabilidad o no de su candidatura. Su dilatada carrera en la burocracia saharaui, donde ha sido casi todo, le han granjeado una reputación que intentará hacer valer.

Para ampliar: Marruecos y la zona gris contra España, el caso de Brahim Ghali

La propia Ley Fundamental del Polisario, que rige el funcionamiento interno de la organización, ha facilitado hasta ahora que la «vieja guardia» ostente la Secretaría General. Pues se exige a todos los candidatos tener al menos 40 años y experiencia de combate. Este es otro de los aspectos que generará debate y que podría ser modificado facilitando la postulación de nuevos candidatos.

No obstante, será clave la composición del Secretariado Nacional, cuyos miembros son elegidos por sufragio directo de los delegados. Hace tres años el candidato más votado fue Oubbi Bachir, Delegado para Europa y la UE, que dimitió hace pocas semanas por «profundas discrepancias» con Ghali. Oubbi gozaba de buena proyección en el exterior y representa a la generación de jóvenes saharauis educados en el exterior y curtidos en el frente diplomático. Las discrepancias parecen ser de tipo político, aunque hay voces que sugieren que de fondo está el inmovilismo de una dirección envejecida, especialmente en la cartera de Exteriores, ocupada desde 1988 por Mohamed Ould Salek. Otro perfil de la «nueva generación» que se ha consolidado en la estructura saharaui es Sidi Mohamed Omar, enviado ante Naciones Unidas.

Para garantizar una mayor cohesión interna el Polisario ha convocado una Conferencia General previa al Congreso que acaba de finalizar. Allí se han citado los 2.000 delegados que decidirán el futuro de la organización con el objetivo de adelantar los debates y favorecer una síntesis.

Descifrando la Guerra (DLG) contará con un enviado especial sobre el terreno para seguir de primera mano las deliberaciones del Congreso y el resultado del mismo.


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Estudiante de Ciencia Política en la Universidad de Salamanca. Intentando ofrecer una visión crítica de la geopolítica. Militante. He cubierto y vivido sobre el terreno los procesos migratorios en Grecia, Italia y Melilla. Ahora escribo sobre América Latina.

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