La brecha del Guerguerat, detonante de un conflicto condenado a la guerra

Por Néstor Prieto Amador

La estratégica “brecha del Guerguerat” ha sido el detonante del Estado de Guerra que vive el Sáhara Occidental desde el 14 de noviembre de 2020. Se rompen tres décadas de alto el fuego auspiciadas por la ONU, que no ha sido capaz de cumplir su cometido fundamental, la celebración de un referéndum de autodeterminación.

El bloqueo del Guerguerat comenzó el 21 de octubre como método de presión saharaui y para denunciar la ilegalidad de la brecha. Finalmente, el 13 de noviembre el ejército marroquí traspasó el muro divisorio y desalojó a los civiles allí acampados. La acción fue denunciada como una ruptura del alto del fuego por el Frente Polisario, quien el sábado 14 de noviembre declaro el Estado de guerra.

Contexto: un plan de paz y un muro

El abandono del Sáhara Occidental por parte de España en 1975 fue sucedido por la ocupación marroquí al norte y mauritana al sur de la hasta entonces colonia española. Estos tres Estados, Mauritania, Marruecos y España, así lo habían acordado en los Acuerdos Tripartitos de Madrid, declarados posteriormente nulos de pleno derecho.

Además, los dos países africanos acordaron dividir el territorio del Sáhara español, el norte sería anexionado por Marruecos y el sur por Mauritania. Comenzaban 16 años de conflicto armado entre ambos países y el Frente Polisario, constituido como Movimiento de Liberación Nacional de pueblo saharaui.

La aventura bélica mauritana duró solo cuatro años, debido a la extenuación económica y moral de un país escasamente poblado y con modelo productivo frágil e incapaz de soportar las constantes incursiones saharauis en su propio territorio –los combates se llegaron a dar en las principales ciudades mauritanas- y la táctica de guerrillas en las zonas que habían ocupado. Los hasta ese momento enemigos firmaron el alto el fuego, Mauritania renunció a su ocupación y reconoció a la República Árabe Saharaui Democrática como Estado. Era 1979 y Marruecos decidió entonces anexionarse también la parte que había acordado dar a Mauritania en el reparto del Sáhara. No obstante, las tácticas del Polisario lastraban al ejército alauita, completamente ajeno al desierto saharaui por donde sus oponentes se movían con la facilidad y conocimiento que les otorgaba llevar habitándolo miles de años.

Fue entonces, principios de los 1980, cuando el rey Hassan II decidió poner puertas al desierto y construir diversos tramos de muro que limitasen la movilidad de los combatientes saharauis. Este muro contó con el apoyo económico de países del Golfo aliados como Arabia Saudí y el apoyo técnico y logístico de Israel y EEUU, que puso en práctica su ingeniera militar más avanzada en pleno contexto de Guerra Fría. Levantado en varios tramos, el denominado por los saharauis como “muro de la vergüenza”, abarca más de 2.700 km rodeados de minas antipersona y cuenta sofisticado sistema de detección de movimiento en sus alrededores. Es aquí cuando el Sáhara Occidental se divide en dos.

El último tramo fue construido en abril de 1987, precisamente para terminar de hacer efectiva la ocupación marroquí sobre los territorios que acordó repartir a Mauritania. El muro deja un tercio de territorio saharaui bajo control del Frente Polisario, la zona Este, mientras que el restante permanece bajo la ocupación de Marruecos.

No obstante, el reino alauita no controla en ningún punto la frontera del Sáhara Occidental con sus países vecinos –a excepción, evidentemente, de Marruecos-, siendo el Frente Polisario quien controla el territorio limítrofe con estos Estados: Argelia al noreste y Mauritania al sur. Un territorio que en ocasiones no supera los 5km.

Desde que finalizó la construcción del muro o “berma”, el margen de maniobra del Frente Polisario se redujo, pero tanto su mantenimiento como los costosos ataques saharauis llevaron a los alauitas a acceder a la mediación de Naciones Unidas, que cristalizó en la firma del alto el fuego, el reconocimiento del Frente Polisario como interlocutor o el intercambio de prisioneros, pero sobretodo, la celebración de un referéndum de autodeterminación. Ese fue contenido del Plan de Arreglo de 1991, un conjunto de documentos firmados por Marruecos y el Frente Polisario que pusieron fin a 16 años de conflicto armado.

Combatientes del Frente Polisario atacan posiciones marroquís durante la Guerra del Sáhara Occidental.

Entre los múltiples acuerdos suscritos que forman el Plan de Arreglo figuraban otros documentos indispensables para entender la actual coyuntura. Para hacer efectivo el alto el fuego la ONU firmó por separado con ambos contendientes “Acuerdos Militares” donde se restringía el uso de armamento o el despliegue de tropas en las inmediaciones del muro marroquí que separaba a ambos bandos. Se creaba la llamada “Franja de Amortiguación” (FA), que se extendía a ambos lados del muro cinco kilómetros.

El texto suscrito por Marruecos y el Polisario era claro: “La entrada del personal o el equipamiento de las Fuerzas Armadas, por tierra o aire y el uso de armas en esta área está prohibida y se considera una violación.

El Plan de Arreglo, además de “desmilitarizar” los alrededores del muro, establecía 4 puntos únicos desde los que pasar de un lado a otro del muro. Estos pasos serían utilizados durante estos 30 años por Naciones Unidas para transitar por el Sáhara Occidental, quedando prohibido usar otras vías de comunicación para pasar de un lado a otro del muro. Los documentos tampoco recogían la apertura de brechas o grietas en el muro destinadas a la realización de actividades comerciales o civiles.

El marco de 1991 no recogía el paso fronterizo del Guerguerat, que fue construido posteriormente, lo que ha hecho que la RASD señale como ilegal su existencia por no ser uno de los pasos reconocidos por la ONU y por destinarse a actividades comerciales y civiles no acordadas.

Para ampliar: El Sáhara Occidental perspectivas de futuro tras cuatro décadas de conflicto. Estrategias de ambos bandos. 

La estratégica brecha del Guerguerat, punto caliente desde 2001

La frontera entre el Sáhara Occidental y Mauritania, delimitada a escuadra y cartabón por las potencias europeas, se extiende durante 1534km de líneas rectas en el pleno desierto. Las durísimas condiciones climáticas y geográficas hacen que, aunque la frontera sea poco vigilada, existan muy pocos puntos seguros de acceso. El Guerguerat –situado en el extremo sur del Sáhara y cercano a la costa Atlántica-, es de facto casi la única vía de comunicación terrestre utilizada. Hasta el año 2001 esta zona pasaba inadvertida por todas las partes implicadas, ya que el Plan de Arreglo no otorgaba ningún potencial al Guerguerat, condenado a ser “tierra de nadie” entre ambos bandos. Aunque desde la época colonial pasos como este y similares eran utilizados para transporte humano, no sería hasta entrados los 2000 cuando comenzaría a articularse el tráfico de mercancías.

Marruecos se encuentra aislado geográficamente por Argelia –su gran enemigo en el Magreb- al Este y por el Sáhara Occidental –territorio en disputa- al sur, por lo que no cuenta con opciones de transporte terrestre con el resto de África al margen de estos territorios. El país se veía obligado a mantener su tráfico comercial y civil con el Sahel y el África subsahariana por vía marítima, una opción mucho más cara y lenta.

Esto motivó al reino alauita a comenzar a explotar el transporte por carretera haciendo uso de los territorios ocupados en el Sáhara Occidental y abrir una brecha en el muro que permitiese a Marruecos llegar a Mauritania atravesando la estrecha franja de unos 4km que controla el Frente Polisario en el Guerguerat.

Mohamed VI comunicó en 2001 su intención de construir una carretera que atravesara el Guerguerat, a lo que Naciones Unidas respondió que ello “implicaba actividades que podrían violar el acuerdo del alto el fuego” (S/2001/398). Esta vía de comunicación no se encontraba recogida dentro del Plan de Arreglo y no era uno de los cuatro puntos de acceso y salida habilitados en el muro en 1991, lo que hizo que el Frente Polisario denunciase la entonces pretensión marroquí como una violación del acuerdo de paz. Pese a ello Marruecos abrió una brecha a la altura del Guerguertat, desminado la zona que años antes su propio ejército había plagado.

Esta ruta tiene un papel geoestratégico fundamental, ya que con ella Marruecos rompe su encapsulamiento geográfico y pasaba a tener conexión terrestre con el Magreb y el África subsahariana. Se abriría así una ruta comercial y civil que permitía a Marruecos transportar de manera más rápida y barata sus productos.

Desde Tánger hasta el Guerguerat, la nueva ruta recorría las principales ciudades de Marruecos y el Sáhara Occidental ocupado, llegando hasta Mauritania y prologándose más aún hacía el sur hasta llegar a Senegal.

Mapa de la ruta empleada por Marruecos para acceder al Sahel. El paso del Guerguerat es indispensable para conectar el país con Mauritania y Senegal. Elaborada por Néstor Prieto (@NestorVFC)

El Guerguerat era una pieza indispensable para la creación de un nuevo marco de relaciones diplomáticas y económicas en la región, esta ruta no sólo la usaría Marruecos, sino que pasaría a ser la opción más rápida y segura para la Unión Europea, quien a través del Estrecho de Gibraltar llegaría a Tánger para transportar sus mercancías hasta el Sahel.

Marruecos, consciente de todo ello tomó la decisión de continuar su plan y asfaltar por completo la ruta, acabando primero los tramos de carretera de las zonas ocupadas y construyendo en el 2005 edificios de aduanas en la brecha Guerguerat, donde no comenzaron las operaciones de asfaltado hasta agosto de 2016, cuando se desplazó maquinaria pesada hasta la zona. No obstante, con anterioridad el paso ya estaba siendo utilizado por varios camiones.

La decisión marroquí supuso una escalada de tensión sin precedentes. Un recién elegido Brahim Gali, que sustituyó en julio de ese mismo año al histórico dirigente Mohamed Abdelaziz como Secretario General del Polisario, dirigió la posición saharaui apostando por una respuesta contundente. Ante la negativa de Marruecos a retirar la maquinaria de la zona, los saharauis movilizaron al ejército en esos cuatro escasos kilómetros de franja que restaban hasta la frontera con Mauritania. Rabat respondió entonces desplegando también a sus fuerzas armadas, lo que supuso que por primera desde 1991 ambos ejércitos se encontraron frente a frente a escasos 200 metros de separación, los que había entre “el puesto fronterizo” marroquí y el saharaui.

El conflicto se prolongaría desde ese agosto de 2016 hasta mediados de 2017. Cuando la mediación de Naciones Unidas hizo que primero Marruecos, en febrero de 2017, y después la RASD, en abril de ese año, retirasen sus tropas a cambio del despliegue de un equipo en la zona que realizase las investigaciones necesarias. La decisión saharaui llegó escasas horas antes de que se renovase el mandado de la MINURSO, confiando que el gesto sirviese para que la misión de Naciones Unidas adoptase una posición que desatascase la situación. Aunque finalmente no fue así.

Para ampliar: La MINURSO crónica de un fracaso

Desde entonces, ante la falta de soluciones por parte de la ONU, el Frente Polisario ha recurrido a bloquear el paso de manera recurrente como método de presión a la comunidad internacional para que el conflicto avance, generando a Marruecos importantes pérdidas económicas. La franja controlada por el Polisario, de unos 3.8 km, sigue sin estar asfaltada, pero por ella transitan los camiones que llegan desde el lado marroquí o mauritano.

Importancia económica

Desde entonces, la ruta ha continuado siendo utilizada por Marruecos, que ha consolidado un tráfico muy fluido de mercancías que podría ser de alrededor de 100/200 camiones diarios. La carretera es ahora el dinamizador económico de una parte importante del país. Tanto en los puertos de Tánger como en los de Agadir y otras ciudades costeras de Marruecos y el Sáhara, cientos de barcos descargan su material a la espera de que un ejército de camiones recorra cerca de 2.000km hasta depositarlo en Mauritania, Senegal o Malí.

La zona del Guerguerat divide el territorio bajo control saharaui y marroquí. Se encuentra a escasos kilómetros de Nuabidú, capital económica de Mauritania.

Marruecos exporta de manera intensiva a todo el sahel y África subsahariana frutas y verduras plantadas en los invernaderos del norte del país. Un informe realizado Consejería de Agricultura de Andalucía, señalaba en 2018 el fuerte crecimiento que ha experimentado la superficie de este tipo de cultivos, cuya superficie se ha multiplicado desde el 2001 –cuando había unas 9.000 hectáreas-, a las 26.000 que se esperaba hubiese a finales de ese año. Marruecos abastece con este desarrollado complejo agrícola a los secos y poco fértiles países del interior de África.

La ruta sirve también para la explotación de caladeros de pescado. Tanto las aguas del Sáhara Occidental como las de Mauritania son especialmente ricas en bancos de peces, lo que ha hecho que la UE alcance importantes acuerdos pesqueros. En el caso del acuerdo UE-Marruecos, el propio Tribunal de Justicia comunitario dictaminó que no podía fijarse con Marruecos la explotación de las aguas saharauis por estar el territorio pendiente de descolonización. Algo que no se ha cumplido. El pescado suele descargarse en el puerto Nuabidú, capital económica de Mauritania situada a escasos kilómetros del Guerguertat; desde allí, camiones frigoríficos recorren la ruta marroquí hasta el Estrecho de Gibraltar (España), pasando por la brecha del Guerguerat.

Además, informes emitidos a la ONU por el Frente Polisario y la propia MINURSO, señalan también que esta ruta es empleada por las mafias de tráfico de personas y para la exportación de droga. En el primero de los casos, la migración subsahariana que llega a Europa usa también este paso u otros similares para llegar a Marruecos, desde donde parten a Europa; bien a las Islas Canarias saliendo en pateras desde las costas saharauis o marroquís, o bien a través de las vallas de Ceuta y Melilla.

Respecto al tráfico de droga, también Mauritania ha señalado en varias ocasiones que ha realizado varias redadas en las inmediaciones de la zona, incautando grandes cantidades de hachís marroquí. El Frente Polisario también ha hecho públicas varias detenciones por la misma situación.

 

Detonante, no causa

La brecha del Guerguerat había sido taponada de nuevo el 21 de octubre por civiles saharauis llegados desde distintas partes del país y el exterior. El bloqueo perseguía “denunciar y exigir el cierre de la brecha ilegal y pedir la celebración del referéndum acordado en 1991”, aseguraron los manifestantes a la televisión saharaui. El bloqueo llegaba como método de presión a las Naciones Unidas, cuyo Consejo de Seguridad decidió el día 29 del mismo mes renovar el mandato de la MINURSO sin alterar el contenido de sus competencias y funciones.

La redacción del texto de renovación del mandato fue escrita por EEUU y contó con 13 votos a favor y 2 abstenciones de Rusia y Sudáfrica que consideraron insuficiente el contenido. El Frente Polisario advirtió entonces que el resultado era “decepcionante e insuficiente”, y decidió mantener el bloqueo.

Para ampliar: Entrevista a Abdulah Arabi, Delegado del Frente Polisario en España. “La MINURSO ya no tiene ninguna función en el Sáhara Occidental”.

Marruecos desplegó nuevas unidades militares en las inmediaciones y a un nutrido grupo de asesores militares. El Ejército saharaui emitió entonces un comunicado asegurando que una incursión del ejército marroquí en el territorio supondría una violación del alto el fuego, situando también tropas en las cercanías de los civiles como “método para garantizar su seguridad”. Finalmente, a primera hora del día 13 de noviembre las FFAA marroquís abrieron tres nuevas brechas en el muro y desalojaron a los civiles saharauis, ambos ejércitos dispararon al aire y los civiles fueron evacuados sin que hubiese bajas. No obstante, la incursión marroquí fue denunciada por la RASD y se consideró la ruptura definitiva del alto el fuego.

En todo caso, la crisis del Guerguerat es el detonante de un conflicto mucho más amplio y complejo que llevaba dos décadas en vía muerta. La guerra vuelve a rugir en el Sáhara, un destino al que parecía abocado ante la inacción de la comunidad internacional.

Estudiante de Ciencia Política en la Universidad de Salamanca. Intentando ofrecer una visión crítica de la geopolítica. Militante. He cubierto y vivido sobre el terreno los procesos migratorios en Grecia, Italia y Melilla. Ahora escribo sobre América Latina.

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