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La dinastía Rahman vuelve al poder en Bangladés

La dinastía Rahman y su Partido Nacionalista de Bangladés (BNP) arrasan en las elecciones al lograr 209 escaños en un parlamento de 300.
La dinastía Rahman y su Partido Nacionalista de Bangladés (BNP) arrasan en las elecciones al lograr 209 escaños en un parlamento de 300. Fuente: Depositphotos

Bangladés ha votado un año y medio después del derrocamiento de Sheikh Hasina, la más vetusta de todos los primeros ministros bangladesíes. Los comicios, celebrados con un amplio dispositivo de seguridad, han dado una holgada victoria al Partido Nacionalista de Bangladés (BNP) y la dinastía Rahman.

El reparto de poderes en el legislativo ha sido abrumadoramente favorable para dicha facción. Presentado en una coalición con otros siete partidos, el BNP ha obtenido 209 escaños en un parlamento de 300. De sus socios, solo tres –el Consejo de los Derechos del Pueblo (GOP), el Movimiento de Solidaridad de Masas (GA) y el Partido Nacional de Bangladés (BJP)– han conseguido un escaño.

Frente a ellos se encuentra una oposición languidecida. Con la Liga Awami (AL) de Hasina prohibida, las reticencias al statu quo socioeconómico han encontrado una disidencia fragmentada ideológicamente y carente de institucionalización debido a décadas de ostracismo. Pese a la conformación de una alianza electoral de 11 partidos, esta solo ha sido capaz de obtener 77 escaños.

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El resurgimiento del BNP es multifactorial, pese a responder a una matriz común: la capacidad de la formación política de perfilarse como un garante de la estabilidad en una coyuntura marcada por las tensiones internas y regionales.

Así, el destacado papel de Ziaur Rahman, el padre del actual candidato, Tarique Rahman, como arquitecto de la liberalización económica del país en la década de 1980 les ha garantizado el apoyo de la patronal, especialmente de la todopoderosa Asociación de Fabricantes y Exportadores de Ropa de Bangladés (BGMEA).

Tarique Rahman ha sido para el grueso de los votantes una apuesta por una transición controlada. Autoexiliado por prácticamente dos décadas en Reino Unido, su campaña electoral ha sabido canalizar el miedo ante el auge del islamismo en tradicionales bastiones de la AL como la minoría hindú, al tiempo que ha aprovechado la falta de rumbo programático del Partido Nacional Ciudadano (NCP) surgido al calor de las protestas de 2024. 

El auge del islamismo

Jamaat-e-Islami Bangladés (JI) ha sido el otro gran protagonista de la jornada electoral. El JI ha sido tradicionalmente el “enemigo a batir” del Estado bangladesí. Formados durante el Raj británico, JI lleva en el seno de su programa político la propuesta de una teocracia islámica basada en los principios de la sharía. Sus creencias les llevaron a oponerse activamente a la independencia del país y a conformar la base social de los razakars, paramilitares propaquistaníes. 

Hoy, más de 50 años después de la Guerra de Independencia de Bangladés (1971), JI no solo ha roto su tradicional aislamiento, sino que se ha consagrado como la segunda fuerza más importante del país al obtener 68 escaños.

Sobre su desempeño sobrevuelan los juicios de valor. Las demostraciones de fuerza en las calles hacían a algunos augurar mejores resultados. Sin embargo, más allá de los aciertos o errores durante la campaña electoral, estos ofrecen una ventana a las tendencias socio-religiosas que atraviesan la sociedad bangladesí. 

Las elecciones tienen una lectura en clave teológica. Islamizada durante la Edad Media, la región de Bengala ha estado históricamente dominada por el sufismo, una corriente mística del Islam que permite la integración de ritos paganos y la veneración de santos. De este modo, en una sociedad eminentemente rural, cada región presentaba su propia versión e interpretación del Corán.

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La industrialización y la concentración de población en las ciudades, junto con las políticas identitarias derivadas de la Partición de la India (1947), lo han cambiado todo. La influencia de las prácticas religiosas tradicionales se ve cuestionada por las nuevas problemáticas sociales, generando movimientos revisionistas de las mismas.

Así, una parte de la “generación Z” se está viendo atraída tanto por el literalismo de JI como por el deobandismo –movimiento al que pertenece el Talibán–, tal y como atestigua la entrada en el parlamento de Islami Andolan Bangladés (IAB).

Finalmente, en paralelo a las elecciones, se ha celebrado un referéndum constitucional. Con un 68% de los votos a favor, la gran apuesta política por un “nuevo Bangladés” formulada en el “July Charter” y secundada tanto por el BNP como por JI ha sido aprobada dando el impulso final al cambio de paradigma político iniciado en julio de 2024.  

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