
El gobierno interino de Mohammed Yunus en Bangladés ha prohibido todas las actividades políticas ⎻incluidas las realizadas en el ciberespacio⎻ de la Liga Awami (AL), la fuerza política de la ex primera ministra Sheikh Hasina, quien fue depuesta en agosto del 2024. La decisión ha sido tomada conforme al siguiente axioma: la represión ejercida por la antigua mandataria contra la población hace de su formación política una organización ilegítima.
Por ello, la ilegalización se ha realizado mediante la ley antiterrorista y ha venido acompañada de una enmienda en la ley del Tribunal de Crímenes Internacionales del país, que permitiría a dicho organismo procesar a los miembros y organizaciones asociadas a la Liga Awami en el extranjero. Una medida, esta última, que apunta hacia la propia Sheikh Hasina, quien se encuentra exiliada en India.
Con todo, la prohibición tiene fecha de caducidad. Supuestamente, esta será derogada una vez concluyan los juicios contra los principales líderes de la Liga Awami implicados en la sangrienta represión del pasado verano. Es precisamente la existencia de una fecha de vencimiento para dicha decisión la que arroja luz sobre la actual batalla por el relato.
La decisión del gobierno de Mohammed Yunus ha sido respaldada desde los dos extremos del espectro político en un consenso meramente coyuntural. Por un lado, Jamaat-e-Islami (JI), tradicional valedor del islamismo político y defensor de un entendimiento de la nación basado en la religión. Por otro lado, el Partido Ciudadano Nacional (NCP), una nueva formación política surgida del movimiento estudiantil que derrocó a Sheikh Hasina y que enarbola un proyecto liberal y secular.
Bangladés tras la ilegalización de la Liga Awami
Islamistas y estudiantes están generando, con la mencionada medida, un amplio interrogante sobre el futuro próximo de todos aquellos elementos de la vida política y económica nacional que en su día mantuvieron estrechos vínculos con la Liga Awami. La incertidumbre sobrevuela los cuarteles. Las fuerzas armadas son de facto el tercer pilar del gobierno de Muhammad Yunus ⎻los otros dos son las facciones estudiantiles e islamistas⎻.
Pese a haber sido fundamentales en la caída de la exmandataria, la cúpula de la institución castrense presenta numerosos y profundos lazos con el antiguo statu quo. Sin ir más lejos, el jefe del Estado Mayor, Waqar-ur-Zaman, está casado con una sobrina de Sheikh Hasina. Una cercanía con la Liga Awami que es atribuible también a, como mínimo, media docena de generales en activo.
Más sangrante, si cabe, es el caso de la fuerza paramilitar Ansar. Fundada en tiempos del Pakistán Oriental, dicho organismo ha nutrido al Estado bangladesí de una amplia reserva a lo largo de su historia. Ello, en tiempos de Sheik Hasina, significaba que las acciones represivas corrían a cargo de la mencionada organización.
Ansar ejercía a modo de presencia omnipresente del Estado en las calles de Bangladés, garantizando con ello la continuidad del gobierno. Consecuentemente, el cambio en las correlaciones de fuerza deja a la estructura fragmentada y sin un sentido claro. Por un lado, restan los leales al antiguo líder, Aminul Haque, quien desarrolló su carrera a la sombra de la Liga Awami. Por otro lado, la nueva dirección de Abdul Sazzad Mahmud pretende reinventar la estructura. Todo ello en medio de exigencias de mejoras laborales.
La decisión también hace despertar suspicacias dentro de la órbita empresarial. La Asociación de Fabricantes y Exportadores de Ropa de Bangladés (BGMEA), bajo cuyo paraguas se encuentra el grueso de la producción textil nacional, ha experimentado durante años un proceso de simbiosis con la Liga Awami. Grandes empresarios incursionando en la política, financiamiento de campañas, permisividad absoluta con las irregularidades en la fabricación…. industria textil y política han ido de la mano en Bangladés.
Es la mencionada coyuntura la que ha provocado hechos inéditos en paralelo a la prohibición de la Liga Awami. El Partido Nacionalista de Bangladés (BNP) de Khaleda Zia, antaño la archienemiga de Sheikh Hasina, ha optado por no respaldar públicamente la prohibición. Una postura que rompe con décadas de abierta confrontación y que se da en paralelo a la intensificación de las tensiones comerciales con India.
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