Portada | Europa | Friedrich Merz, el político más impopular de Alemania

Friedrich Merz, el político más impopular de Alemania

El canciller Friedrich Merz ha pasado de ser el líder del partido político más votado de Alemania a ser el político más impopular del país.
El canciller Friedrich Merz ha pasado de ser el líder del partido político más votado de Alemania a ser el político más impopular del país. Fuente: European People's Party - bajo CC BY 4.0

En política el paso por el poder desgasta, a veces de forma pausada y a veces de forma acelerada. Para Friedrich Merz su acceso a la cancillería de Alemania ha sido una experiencia vertiginosa. En poco más de seis meses ha pasado de ser el líder del partido más votado a ser el político más impopular del país, al tiempo que su gestión es desaprobada por dos terceras partes de la población.

La cancillería, coronación de una carrera política

Desde que en 2022 se hiciera con las riendas de la Unión Cristiano Demócrata (CDU), Friedrich Merz ha anhelado sentarse en el despacho de la cancillería federal. Este político oriundo de la Alemania occidental, que ronda los 70 años de edad, ha logrado coronar una carrera política un tanto atípica.

Ingresó en las filas de la CDU con apenas 17 años, y a pesar de haber sido diputado tanto en el Bundestag como en el Parlamento Europeo, hasta la fecha no había llegado a ocupar puestos en el gobierno. En 2009 abandonó la política y pasó al sector privado, trabajando para firmas como BlackRock, Ernst & Young, Bosch o Axa. Solo regresaría a la política en 2018, cuando la era Merkel empezaba a vivir sus últimos compases.

Bajo la batuta de Merz, la CDU ha afrontado una travesía por el desierto, yendo a cuestas con las herencias de la era Merkel y el desgaste de dieciséis años en el poder. Es conocida la mala relación entre Friedrich Merz y Angela Merkel, si bien esta no siempre fue así: a comienzos de la década de 2000 eran aliados políticos. 

No obstante, ya se sabe: en política lo mismo se hacen extraños compañeros de viaje que a veces los caminos a veces se tuercen. La debacle electoral de la CDU en las elecciones de 2021 pareció dar la razón a Merz en que el modelo Merkel había fracasado y era necesario un golpe de timón. Nuevos rostros y nueva estrategia para un nuevo tiempo tanto en el partido como en Alemania.

Convertido en líder de la oposición, durante tres años ha tenido a su favor que en frente tenía a un competidor gris y débil como Olaf Scholz. Pero la situación a la que Merz ha debido hacer frente difiere mucho de la que han encontrado otros dirigentes de la CDU, pues por primera vez desde 1949 el partido no ha tenido la hegemonía del espacio de la derecha.  

Para ampliar: Quién es Friedrich Merz, el líder de la CDU

A la labor de oposición al gobierno se unía también la oposición a Alternativa por Alemania (AfD), en un intento por aplacar cualquier posible fuga de votos conservadores.

Las elecciones generales celebradas el 23 de febrero de 2025 convirtieron a la CDU en la fuerza política más votada de Alemania. Aunque Merz logró que el partido dejase atrás los malos resultados obtenidos en los comicios de 2021, la CDU quedó lejos de alcanzar la mayoría absoluta. Aún más, AfD consiguió escalar hasta el segundo puesto y pasó a asumir el papel de principal partido de la oposición. 

Un resultado un tanto agridulce que obligaba a repetir una fórmula que en el pasado Merkel usó profusamente: la Gran Coalición entre conservadores y socialdemócratas. Ni los números ni la aritmética parlamentaria daban para formar coalición con otras formaciones. El líder conservador no se lo pensó dos veces y la misma noche electoral ya apostaba por esta fórmula.

Merz abogó por que las negociaciones se celebrasen con celeridad, pero finalmente estas se desarrollaron durante dos meses, acorde con la duración de otras ocasiones. Pero con un ambiente internacional mucho más enrarecido debido a las tensiones Estados Unidos-Europa o la guerra de Ucrania. Los socialdemócratas del SPD fueron los grandes perdedores de las elecciones, pero supieron jugar sus cartas en la negociación para formar gobierno. 

El líder democratacristiano llegó al poder con promesas de sacar a Alemania de la mala situación económica que atravesaba. Sin embargo, transcurridos varios meses, esta oferta no se ha materializado y la situación luce aún más sombría. 

Costuras internas del gobierno de Merz

Merz llegó a la cancillería con el anhelo de ofrecer un liderazgo que su antecesor no era capaz de consagrar. Pero, por el momento, el líder de los cristiano-demócratas no ha sido capaz de distinguirse de Scholz. Además, dentro del gabinete hay quien le hace sombra. 

Desde hace tiempo el ministro de Defensa, el socialdemócrata Boris Pistorius, goza de unos índices de popularidad y aprobación superiores a los del canciller. En términos generales, su gestión está bien valorada. Y, aunque es cierto que Pistorius está sometido a un fuerte desgaste, la erosión en este caso no es comparable a lo que ha venido ocurriendo con Merz.

El ministro de Asuntos Exteriores, el conservador Johann Wadephul, también goza ya de una mejor imagen pública que el propio canciller. La valoración de Merz ha caído incluso por debajo de la que ostenta el vicecanciller, el socialdemócrata Lars Klingbeil, que no es precisamente una de las figuras más populares del gabinete.

Para ampliar: Alemania gira a la derecha

Klingbeil constituye la segunda autoridad, pero esta posición no se ve reflejada en el día a día del gobierno. El hecho de que desempeñe también la cartera de Hacienda no le convierte en una figura muy popular. El líder del Partido Socialdemócrata es una persona que carece de carisma y liderazgo, siendo en la práctica una figura más bien burocrática. 

La relación entre los dos partidos de la Gran Coalición no siempre es fácil, especialmente cuando se trata de gestionar la gobernabilidad de una Alemania cada vez más contrariada. Aunque ha habido ya varios roces entre cristiano-demócratas y socialdemócratas, la sorpresa ha acabado viniendo desde las propias filas conservadoras.

El motivo del desencuentro fue la aprobación de un nuevo paquete de pensiones. Casi una veintena de miembros de la Unión Joven del grupo parlamentario de la CDU se rebelaron contra el nuevo paquete de pensiones. Finalmente, el gobierno pudo lograr salvar la situación gracias al partido de La Izquierda, que se abstuvo en la votación. Lo ocurrido refleja hasta qué punto el malestar con Merz ya alcanza sus propias filas. 

Los tropiezos políticos

Uno de los problemas a los que se está enfrentando el gabinete Merz es el de la imagen pública. El gobierno alemán carece de una política de comunicación coordinadas, y algunos ministros son los que acaban marcando el ritmo al resto. La falta de liderazgo de Merz, así como su escaso carisma personal, tampoco ayuda en este sentido.

Son ya varios los traspiés del gabinete. Hace unos meses Wadephul provocó un terremoto político a raíz de unas declaraciones suyas durante una visita que realizó a Siria. Ante la mala situación que encontró en el país, declaró que era preferible que por el momento los sirios establecidos en Alemania permanecieran allí y no regresaran a su tierra natal.

No tardaron en llegar las críticas internas ante lo inoportuno de estas palabras, cuando el gabinete está alentando al regreso de los refugiados sirios una vez que Bashar al-Asad ya no está en el poder. Otros miembros de la CDU-CSU veían las declaraciones de Wadephul poco menos que como un regalo a los de AfD.

Firma del acuerdo de la Gran Coalición en Alemania, celebrada en mayo de 2025.
Firma del acuerdo de la Gran Coalición en Alemania, celebrada en mayo de 2025. Fuente: Sandro Halank - Wikimedia Commons - bajo CC BY-SA 4.0

Merz también protagonizó no hace mucho unos comentarios polémicos, en este caso sobre la inmigración, describiéndola como “un problema en el paisaje urbano”. Desde todo el arco político y mediático se echaron encima del canciller, llegando algunos a acusarle de hacerle el juego a los de AfD con sus palabras.

El ruido generado por estos comentarios opaca los resultados de la gestión gubernamental, que por ahora tampoco están siendo abundantes. Medio año después de la llegada de Merz al poder, las perspectivas de la economía alemana siguen siendo muy sombrías. Todavía no se ve la luz al final del túnel.

Y el coste de imagen está empezando a reflejarse en los sondeos de opinión pública. Una reciente encuesta de Forsa señalaba que el 76% de los alemanes no están satisfechos con Fridrich Merz, quien solo contaba con la aprobación del 22% de la población. La insatisfacción con el canciller no ha hecho más que aumentar desde el pasado verano.

Otra encuesta de la consultora Ipsos situaba a Merz como la figura más impopular de todos los miembros del gabinete, con un 51% de insatisfacción y solo un 9% de aprobación. En general, los ministros del gabinete tampoco salen mucho mejor librados, con índices de desaprobación superiores al 40%.

Una política exterior sin rumbo

Si la política interna germana muestra las debilidades del gobierno y es una fuente de malestar entre la aprobación, la política exterior no se queda atrás. Merz llegó a la cancillería con la promesa de dar un golpe de timón y revertir el declive de poder que arrastra Alemania en el tablero internacional.

Pero, al igual que ocurre en el ámbito económico, las promesas de Merz todavía no se han materializado. Más aún, varios hechos ocurridos durante los últimos meses han evidenciado que la debilidad exterior de Berlín no es algo pasajero.

La guerra de Ucrania continúa siendo uno de los principales caballos de batalla de la política exterior germana. Merz ha abogado por una postura dura frente a Moscú, apostando por mantener el envío de armas y la ayuda financiera a Kiev antes que entrar en negociaciones con Rusia.

Sin embargo, su apuesta por confiscar los activos rusos congelados –cerca de 200.000 millones de euros, en su mayoría bajo custodia en Bélgica– y usarlos para financiar el esfuerzo bélico ucraniano ha sufrido un fuerte revés. No solo chocó con la frontal oposición de las autoridades belgas y de otros gobiernos, sino que además Francia, Italia y otros expresaron sus reservas al plan germano.

Para ampliar: La crisis del modelo alemán: ¿declive de Alemania como potencia?

La confiscación de activos rusos no salió adelante, como tampoco salió adelante otra apuesta del canciller: el acuerdo de la Unión Europea con Mercosur. Para Merz esta constituye su primera gran derrota política en Europa. Y refleja crudamente hasta qué punto ha disminuido el poder de Alemania en la Unión Europea en contraste con hace una década.

La política alemana ha adolecido de una cierta incoherencia en su ejecución. Merz llegó a declarar, hace meses, que Europa debía independizarse de Estados Unidos. Sin embargo, el canciller todavía no ha dado ningún paso en este sentido, y en todo este tiempo ha procurado evitar la confrontación con Donald Trump.

Reflejo de esto fue lo ocurrido en el mes de agosto durante la visita a Washington de Volodímir Zelenski y varios líderes europeos, entre ellos Merz. Durante la posterior reunión, Trump impuso su criterio sin que ningún dirigente europeo planteara objeciones.

La política exterior de Merz también ha destacado en otro aspecto: el firme apoyo a Israel. Cada vez son más los alemanes que se muestran en desacuerdo con el respaldo incondicional que Berlín sigue brindando al Estado hebreo, aún más en un contexto en el que cada vez más países europeos han marcado distancias con Tel Aviv por la situación de la Franja de Gaza.

Suscríbete y accede a los nuevos Artículos Exclusivos desde 3,99€

Si escoges nuestro plan DLG Premium anual tendrás también acceso a todos los seminarios de Descifrando la Guerra, incluyendo directos y grabaciones.