
Tras una primavera de expectativas, Alemania afronta los últimos meses de 2025 con más dudas que perspectivas. El gobierno de Friedrich Merz ha anunciado un otoño de reformas que posiblemente va a traer recortes de gasto público y en burocracia. Y ello en medio de un contexto de recesión que la industria germana no logra alejar, mientras el partido Alternativa por Alemania (Afd) sigue encabezando las encuestas.
Una coyuntura difícil para Alemania
Alemania atraviesa uno de los momentos más difíciles en su historia reciente. La economía vive horas bajas desde hace varios años, con la industria viviendo una fuerte recesión que no parece tener fin.
Y el sistema político de la República Federal atraviesa una grave crisis, con una parte de la población cada vez más alejada y desconfiada de las instituciones. Un fenómeno que se ha visto resaltado por el auge de Alternativa por Alemania como uno de los principales partidos políticos del país. Una coyuntura con la cual, le guste o no, va a tener que lidiar Friedrich Merz.
La aspiración de Merz por convertirse en jefe del gobierno alemán viene de lejos, pero no se materializó hasta mayo de 2025, tras las elecciones generales celebradas unos meses antes. La Unión Demócrata Cristiana (CDU) fue la formación más votada, aunque no logró imponerse con claridad y tuvo que echar mano de los pactos.
Una circunstancia que, a priori, hipotecaba la materialización de los planes de Merz. Y aún más, un pacto sin mucho sin entusiasmo con los socialdemócratas, los protagonistas del anterior ciclo político y también los grandes perdedores de los comicios. Y todo ello con los de Alternativa por Alemania pisándole los talones a los cristianodemócratas.
El hundimiento de los liberales del FDP y la aritmética parlamentaria resultante no facilitaron las cosas, al igual que los vetos a pactar con determinados partidos. Desde hace tiempo el rechazo que generan Los Verdes en algunos círculos de la CDU hace inviable cualquier acuerdo de gobierno con ellos.
La izquierda, Die Linke, queda descartada de forma automática, de forma parecida a lo que ocurre con AfD, a los que ya se empieza a ver desde las filas conservadoras como un peligroso rival. En última instancia, esta legislatura no va a ser solo de gobernar con los socialdemócratas, sino también de gobernar contra AfD, pensando en clave electoral de cara a los próximos comicios.
La problemática del gobierno de coalición
Al margen de la propia situación económica y social que está viviendo Alemania, uno de los problemas con los que debe lidiar el gobierno se encuentra, paradójicamente, en su propia composición. El gabinete de coalición que asumió sus funciones el 6 de mayo de 2025 es en buena medida un reflejo de la respuesta de la clase política a la crisis que vive el país.
Una apuesta de los dos principales partidos institucionales de Alemania por tomar las riendas de la situación con el fin de marcar ellos el ritmo. Una apuesta de la vieja política por resolver los problemas con recetas del pasado. Y todo ello a pesar del desgaste y las crisis que también atraviesan tanto cristianodemócratas como socialdemócratas. En esencia, y dicho de forma coloquial, un quiero y no puedo.
La problemática de esta difícil coexistencia interna entre cristianodemócratas y socialdemócratas se manifiesta en la imposibilidad de materializar sus respectivos programas políticos. Lo que para unos es un punto a ejecutar de su política, para los otros puede ser algo electoralmente inaceptable. Y viceversa.
Así, esta dinámica en la que ambos socios de coalición se llegan a anular mutuamente, o incluso sabotear el programa de gobierno. Para la CDU los recortes de gasto en políticas sociales vienen siendo una prioridad, algo que para un SPD muy debilitado electoralmente podría tener unas consecuencias desastrosas. Aunque hay aspectos en los que una existe nítida coincidencia, como es la política de rearme del Bundeswehr.
La CDU fue el partido más votado en los comicios y el SPD sufrió un fuerte castigo electoral, pero la composición del gabinete Merz no responde a esta realidad. Algo que ya fue motivo de críticas internas en las filas cristianodemócratas. Claro, que Merz tampoco cedió parcelas de poder de forma gratuita.
El hecho de que la CDU se quedase la cartera de Exteriores –un ministerio que bajo Merkel solía gestionar el SPD– evidencia hasta qué punto los conservadores quieren llevar las riendas de la política exterior. Esto contrastó con la presencia de una figura como Boris Pistorius en el Ministerio de Defensa, alguien bastante aceptable para los conservadores, quienes posiblemente carecen de un candidato óptimo para la gestión de dicho departamento.
Pistorius es algo más que el ministro de Defensa: es la principal figura del sector socialdemócrata, mucho más que el vicecanciller y ministro de Hacienda, Lars Klingbeil, quien de hecho ha acabado constituyendo una figura carente de carisma y sin liderazgo. La aprobación pública de Pistorius entre los alemanes no solo es alta, sino que además supera a la que tiene el propio canciller.

En apenas unos meses, tras su llegada a la cancillería, Friedrich Merz se ha convertido en una figura notablemente impopular, teniendo peores valoraciones incluso que Alice Weidel, la líder de AfD. A las puertas del otoño, dos tercios de los alemanes están insatisfechos con el jefe del ejecutivo, si bien este malestar se extiende hacia otros miembros del gobierno.
Dentro del gabinete figuras notables del sector cristianodemócrata como Katherina Reiche, ministra de Economía, o Alexander Dobrindt, ministro del Interior, se han visto arrastrados por esta dinámica y cuentan ahora mismo con una valoración más negativa que positiva.
En otros casos, predomina la intrascendencia. A la hora de configurar el gabinete, Merz apostó por una figura con cierta presencia mediática como el publicista Wolfram Weimer para desempeñar las funciones de ministro de Cultura. A pesar de que en el pasado este destacó por sus polémicas, lo cierto es que hasta el momento el papel Weimer ha sido insignificante.
Merz y la crisis general de Alemania
Alemania vive tiempos de crisis y recesión económica. Hace unos meses varios gigantes de la industria germana, como Audi o Siemens, anunciaban miles de despidos. Desde entonces esta ha sido la tónica general que ha predominado en los medios de comunicación, con otras grandes empresas como protagonistas. La industria automovilística es uno de los sectores que se está viendo más afectado por esta coyuntura, pero no es el único.
Recientemente la aerolínea Lufthansa anunciaba que llevará a cabo 4.000 despidos durante los próximos años con el fin de recortar gastos, en un plan que también prevé la introducción masiva de la inteligencia artificial para sustituir labores que hasta ahora habían desarrollado seres humanos. El impacto de la IA en la fuerza laboral se ha convertido en una realidad tangible.
La única industria en la que parece florecer es el sector de Defensa, algo a lo que no es ajeno la política de rearme auspiciada desde el gobierno y el impacto de la guerra de Ucrania. Pero esa excepción no remedia el declive generalizado que impera y que cada vez genera un mayor malestar en la calle. Malestar que, al mismo tiempo, se ve agitado por lo que muchos alemanes perciben como una falta de acción por parte del gabinete.
El acceso a fuentes de energía es un campo en el que Alemania sigue teniendo graves carencias. Sin embargo, en lo que al gasoducto Nord Stream se refiere, a Merz le faltó tiempo para dejar claro que su gobierno no llevaría a cabo la reparación y puesta en servicio de la infraestructura que desde septiembre de 2022 se encuentra inutilizada.
El único aspecto en el cual el gabinete Merz sí está mostrando una actitud más decidida es en la política de restricción del gasto público. Es ahí donde sobresale su polémico anuncio del llamado “otoño de las reformas”, un paquete de propuestas entre las cuales figuran recortar los gastos administrativos en una cuarta parte, reducir la plantilla federal en un 8% y permitir el alta de nuevas empresas en el mismo día.
Pero las políticas sociales, en particular las pensiones, también estarían en el punto de mira según algunos medios de comunicación germanos. El canciller ha prometido devolver a Berlín a una “trayectoria de crecimiento” y hacer el país “atractivo de nuevo para la inversión”.
La política exterior es otro de los principales ámbitos de actuación del gabinete Merz, algo que ya se vio con la apuesta de Johann Wadephul como hombre fuerte para ocupar la cartera de Exteriores. Pero lo cierto es que no ha habido muchos cambios respecto al gobierno anterior presidido por Olaf Scholz. Se ha mantenido la apuesta por el concierto europeo y por la OTAN, al tiempo que se mantiene la línea dura frente a Rusia.
Ni siquiera el regreso de Donald Trump al poder ha supuesto que Berlín marque ciertas distancias con Washington, habida cuenta de la apuesta personal de Merz por el atlantismo y la cooperación germano-estadounidense. Sí cabe destacar el firme apoyo del canciller a Israel en un contexto en que muchos países occidentales marcan distancias.
Es indudable que el canciller tiene planes de gobierno y una estrategia a seguir. Pero la sensación que se extiende entre la población germana es de disputas entre la coalición, de crisis interna y de un cierto continuismo con la situación previa. Como ha señalado el analista Florian Gathmann, “a Merz le falta humildad y disciplina”.
Toda esta coyuntura no es ajena al partido Alternativa por Alemania, que desde hace varios meses viene quedando en primera posición en numerosas encuestas, ligeramente por encima de la CDU. Recientemente, AfD obtuvo algunos éxitos en las elecciones locales de Renania del Norte-Westfalia, una zona que hasta ahora se le había resistido. Por ahora quizás solo sea una dinámica meramente coyuntural, pero no deja de ser una seria señal para Friedrich Merz.
En estos próximos meses se abre un momento decisivo para Alemania. O el país logra salir de la crisis que atraviesa, o esta corre el riesgo de agravarse al punto de empezar a tener otras implicaciones.
En caso de fracasar en sus planes, el canciller alemán no va a disponer de muchas cartas a las que poder recurrir. Y un empeoramiento de la situación general puede agitar las calles o poner en riesgo la propia consistencia del gobierno de gran coalición. En caso de producirse el peor de los escenarios también está por ver que harán las elites económicas alemanas y si deciden apostar por otro caballo ganador de cara a los próximos comicios.
Suscríbete y accede a los nuevos Artículos Exclusivos desde 3,99€
Si escoges nuestro plan DLG Premium anual tendrás también acceso a todos los seminarios de Descifrando la Guerra, incluyendo directos y grabaciones.







