
Este domingo, 6 de septiembre, Sajonia-Anhalt vota. Alrededor de 1,7 millones de electores están llamados a renovar el Landtag, el parlamento regional de este estado del este de Alemania, en unos comicios que las encuestas sitúan como los más decisivos para la extrema derecha desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Todo apunta a que Alternativa para Alemania (AfD) puede convertirse no solo en la primera fuerza, sino en la encargada de gobernar en solitario un estado federado alemán por primera vez en la historia de la República Federal.
El Landtag de Sajonia-Anhalt es importante porque legisla sobre educación, policía, cultura, vivienda, energía y administración; aprueba el presupuesto; controla al Gobierno regional; y, sobre todo, elige al ministro-presidente, la máxima autoridad del estado.
Su composición mínima es de 83 diputados; 41 elegidos de forma directa en otros tantos distritos uninominales y el resto mediante listas proporcionales, aunque en la legislatura saliente esa cifra se había ampliado hasta 97 escaños por el efecto de los mandatos de compensación.
Estas elecciones territoriales funcionan, además, como un termómetro político de cara a los comicios regionales del próximo año y como antesala inmediata de otras dos citas: Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental votarán el 20 de septiembre.
Según el promedio de encuestas, AfD ronda el 40-42 % de los votos, muy por delante de una Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU) que se mueve en torno al 23%. Le seguirían Die Linke, con el 13%, y un Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) hundido, con cerca del 6,5%.
Los Verdes y la formación populista de izquierda Alianza Sahra Wagenknecht-Por la Razón y la Justicia (BSW) pelean por superar el umbral del 5% necesario para entrar en el parlamento, mientras que el Partido Democrático Libre (FDP) se juega quedar fuera del Landtag.
El rostro de esta posible ruptura histórica es Ulrich Siegmund, de 35 años, nacido en Havelberg y residente en Tangermünde. Diputado regional desde 2016 y copresidente del grupo parlamentario de AfD en Sajonia-Anhalt desde 2022, Siegmund milita en la formación desde 2014, cuando abandonó las filas de la CDU disconforme con la política de rescates del euro.
Antes de la política se formó como comerciante y estudió Administración de Empresas y Psicología Empresarial, un perfil que sus críticos describen como el de un “vendedor” de mensajes simples y repetidos, con una imagen deliberadamente accesible y sonriente, muy alejada de la estética más beligerante que ha caracterizado a otros líderes de AfD en el este. En mayo de 2025 fue elegido candidato principal del partido con el 98,3% de los sufragios de los delegados regionales.
¿Brandmauer contra la extrema derecha?
Alemania emplea un sistema electoral proporcional con doble voto: uno para elegir al candidato del distrito y otro, el más determinante, para repartir los escaños entre partidos según su porcentaje estatal. Ese diseño hace casi imposible que una fuerza obtenga la mayoría absoluta y convierte los pactos de coalición en la vía habitual para formar gobierno.
Cuando un partido como AfD obtiene muchos escaños pero ningún otro está dispuesto a pactar con él, el parlamento regional queda fragmentado y resulta muy difícil construir una mayoría estable.
En la práctica, esto puede traducirse en gobiernos en minoría que dependen de acuerdos puntuales para aprobar leyes; parálisis legislativa, porque cualquier reforma importante necesita mayorías que no existen; negociaciones interminables entre partidos que, en circunstancias normales, no compartirían un programa político; e inestabilidad institucional, con presupuestos bloqueados o retrasados.
Los partidos tradicionales –CDU, SPD, Verdes, FDP y Die Linke– mantienen desde hace años lo que en Alemania se conoce como Brandmauer o cortafuegos: el compromiso, no siempre escrito, de no pactar ni gobernar con la extrema derecha. Ese muro, sostenido a nivel federal desde 2013, empieza a mostrar grietas en el este del país.
El ministro-presidente de la vecina Sajonia, Michael Kretschmer, se pronunció el pasado julio en contra de mantener el cordón de forma indefinida. La dirección de BSW, por su parte, también ha cuestionado la vigencia del cortafuegos en la premisa de que esta estrategia ha fracasado; en su lugar, ha planteado apoyar a un candidato no afiliado para el puesto de ministro-presidente.
Y si, como apuntan los sondeos, AfD lograse gobernar en solitario gracias a una mayoría absoluta, el escenario cambiaría por completo: por primera vez desde 2013 Berlín tendría que convivir con un Ejecutivo regional dirigido por la ultraderecha, obligando al resto de partidos a decidir con qué herramientas contenerlo, más allá de si aislarlo o no.
El contexto de Sajonia-Anhalt
Desde la reunificación alemana en 1990, Sajonia-Anhalt ha perdido casi una cuarta parte de su población, la mayor fuga demográfica de toda la antigua Alemania Oriental. Como consecuencia, la región sufre una grave escasez de mano de obra, ya que muchos trabajadores emigran al oeste en busca de empleos mejor remunerados.
AfD ha utilizado este problema en su campaña, proponiendo persuadir a los alemanes que trabajan en el extranjero para que regresen y fomentar la natalidad en la región. Además, para AfD, Sajonia-Anhalt es un terreno fértil para desafiar el statu quo, porque el relato de abandono estatal funciona: cuando la población disminuye, cierran escuelas y los médicos cierran sus consultas… esto refuerza la percepción de deterioro institucional.
Asimismo, Sajonia-Anhalt es uno de los estados del este alemán donde el voto ha cambiado de forma notable desde la reunificación. Durante los años 90 y 2000, el poder se movía entre la CDU y el SPD, mientras que Die Linke mantenía una presencia fuerte heredada del antiguo partido comunista de la República Democrática Alemana.
Con el paso del tiempo, la región se convirtió en un territorio donde los votantes castigaban rápidamente a los partidos tradicionales cuando percibían falta de inversión, deterioro de servicios públicos o promesas incumplidas.

Consciente de lo que está en juego, el canciller federal, Friedrich Merz, ha intensificado su presencia en la región en los últimos días de campaña. En la tradicional entrevista de verano de la televisión pública ARD, advirtió de que, si los sondeos se confirman, “el estado sufrirá daños considerables".
Además, el canciller no se puede imaginar que los inversores internacionales estén dispuestos, con un ministro-presidente de la AfD, “a establecer nuevas fábricas y atraer nuevas empresas a Sajonia-Anhalt”.
Lo que ocurra en Sajonia-Anhalt este domingo no determinará por sí solo el rumbo del Gobierno federal, pero sí puede marcar un antes y un después simbólico: la posible investidura de un ministro-presidente de AfD abriría un precedente que el resto de los partidos alemanes llevan más de una década tratando de evitar.
La incógnita ya no es tanto si AfD ganará, algo que las encuestas dan casi por hecho, sino si logrará la mayoría absoluta necesaria para gobernar sin necesidad de aliados, y cómo reaccionará el resto del sistema político alemán si eso ocurre. Todas las miradas, dentro y fuera de Alemania, estarán puestas este domingo en Magdeburgo.
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