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Mozambique sigue en el alambre y bajo injerencia extranjera

Mozambique cumple 50 años de independencia entre el conflicto en Cabo Delgado, la crisis del Frelimo y una creciente injerencia extranjera que agrava su inestabilidad.
Mozambique cumple 50 años de independencia entre el conflicto en Cabo Delgado, la crisis del Frelimo y una creciente injerencia extranjera que agrava su inestabilidad. Fuente: Steve Evans - bajo CC BY 2.0

Durante casi treinta años, la población de Mozambique se acostumbró a vivir con resignación frente a la guerra. En una primera etapa, contra el colonizador portugués, para posteriormente y de forma paralela a lo que ocurrió en Angola, vivir un trágico enfrentamiento civil que dejó más de un millón de muertos. Entre bambalinas siempre se movieron los intereses de potencias extranjeras.

Tras lograr la independencia, el partido gobernante, el Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo), se aproximó al bloque soviético, mientras que la oposición armada, la Resistencia Nacional Mozambiqueña (Renamo), establecía sus vínculos y recibía apoyo explícito de la por entonces Rhodesia y la Sudáfrica del apartheid.

A pesar de que en 1992 se firmó la paz entre las partes en conflicto, que pasaron a dirimir sus diferencias a través de la política convencional, no fueron pocas las veces en las que esta se ha visto amenazada. Sin ir más lejos, en la década pasada volvieron a protagonizarse enfrentamientos armados entre las mismas facciones –Frelimo y Renamo– hasta alcanzarse un nuevo acuerdo de alto el fuego en 2014.

El asunto de Cabo Delgado

Pocos años después, en 2017, estalló el conflicto de la provincia septentrional de Cabo Delgado, desde donde entonces opera una guerrilla islamista, conocida como AhluSunna Wal Jama’a (ASWJ). Este nuevo enfrentamiento ha provocado el desplazamiento de más de un millón de personas, abriendo numerosos interrogantes y, una vez más, la intervención de potencias extranjeras, otra de las constantes en la política de Mozambique.

Es precisamente Cabo Delgado una región especialmente rica en recursos, como el gas o las piedras preciosas, lo que siembra dudas entre la población mozambiqueña sobre la naturaleza misma del conflicto. Para combatir a los insurgentes, el gobierno ha pedido la colaboración de forma recurrente a entidades supranacionales, como la Comunidad para el Desarrollo del África Austral (SADC), o la propia Unión Europea.

También ha recibido ayuda directa del ejército de Ruanda, convertida en una potencia emergente en la región y cuya intervención se llegó a vincular con la represión de las manifestaciones postelectorales el año pasado, lo que tuvo que ser negado por el ministro de Defensa, Cristovão Chume. Y, para que no faltase ningún actor en el teatro de operaciones, también el grupo Wagner se desplegó en la zona para apoyar al ejército local.

Para ampliar: Los ejércitos de Ruanda y Mozambique liberan Mocímboa da Praia

A pesar de los esfuerzos realizados y de la presencia de diferentes ejércitos y grupos paramilitares en la zona, lo cierto es que el conflicto persiste, siendo habituales los reportes de acciones bélicas cada semana. Y esta situación también se ha cobrado víctimas políticas en el seno del Estado.

En octubre de 2024, Bertolino Capitine, hasta entonces teniente general y vicejefe del Estado Mayor del ejército de Mozambique, fue destituido de su cargo por el presidente de la república, pocas horas después de que, en una conferencia en la Universidad Joaquim Chissano, hiciese una dura autocrítica y asegurase que el Consejo Nacional de Defensa y Seguridad debía pronunciarse sobre si era procedente o no declarar el estado de guerra en el contexto de la “lucha antiterrorista” en la provincia de Cabo Delgado.

Mozambique, entre la pobreza y falta de expectativas

A día de hoy, Mozambique se caracteriza por ser uno de los países más empobrecidos del mundo. En 2023 fue el octavo país con menor PIB per cápita –622,99 dólares– según el Banco Mundial, así como el undécimo con peor Índice de Desarrollo Humano –183 de 193– en 2022, según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.

Por si esto fuera poco, las catástrofes naturales vinculadas a la emergencia climática también se han sucedido en los últimos años, como ocurrió en 2019 con el paso del ciclón Idai, que prácticamente asoló Beira, la segunda ciudad del país. La propia Graça Machel llegó a afirmar que se trataba de la primera ciudad del mundo que había sido arrasada como consecuencia del cambio climático.

Así las cosas, la falta de oportunidades se ceba entre los más jóvenes. Los datos del Afrobarómetro de 2022 arrojaban que, a pesar de estar más formados que las generaciones precedentes, más del 55% de ellos se encuentran en situación de desempleo o búsqueda de trabajo. Otros datos apuntan que solo un millar de los 800.000 jóvenes que se incorporan anualmente al mercado laboral consiguen efectivamente ocuparse.

El coste de la vida se sitúa muy lejos del salario mínimo, que oscila entre los 68 y los 200 euros, según el sector, lo que empuja a millones de personas a la mera subsistencia o a la economía sumergida o informal. 

El hundimiento de la oposición tradicional

Esta situación de falta de expectativas y de cansancio, tras 50 años de gobierno del Frelimo, en los que se acumulan las acusaciones de corrupción endémica, explotó el pasado mes de octubre, tras las elecciones generales.

En la campaña emergió la figura de Venâncio Mondlane como posible alternativa al Frelimo. A pesar de haber coqueteado con diferentes formaciones políticas ⎻como el Movimiento Democrático de Mozambique, hasta hace poco tercero en discordia de la política mozambiqueña⎻ y la propia Renamo –por la que fue candidato a la alcaldía de Maputo, la capital–, en la campaña para la elección presidencial obtuvo el apoyo del Partido Optimista para el Desarrollo de Mozambique (Podemos), una escisión del partido gobernante, fundada entre otros por el hijo de Samora Machel, primer presidente del país.

Para ampliar: Insurgencia en Cabo Delgado: Asalto a Palma

Tras el anuncio de la victoria del oficialista Daniel Chapo, las protestas y acusaciones de fraude electoral no tardaron en llegar. Las semanas de movilizaciones dejaron un saldo indeterminado de muertos, que organizaciones como Amnistía Internacional cifran en 300, además de numerosas denuncias de malos tratos y violaciones de derechos humanos. 

No fue hasta finales de marzo de 2025 cuando el ya investido presidente Daniel Chapo se reunió con Mondlane para tratar de buscar una solución al clima de enfrentamiento civil que se había vivido en las calles, especialmente hasta enero. El encuentro parecía augurar un nuevo tiempo de colaboración entre los dos políticos, ambos pertenecientes a una generación que ya no protagonizó la lucha de liberación nacional y que eran niños durante la guerra civil. El paso de los meses, no obstante, ha ido rebajando las expectativas.

Daniel Chapo, presidente de Mozambique.
Daniel Chapo, presidente de Mozambique. Fuente: Steven David Licon Contreras - bajo CC BY-SA 4.0

Si bien las movilizaciones se han apagado en la calle, no se han despejado las críticas ni el cansancio hacia el gobierno, que pueden palparse casi en cada espacio de la vida de Mozambique. Mondlane se ha mostrado especialmente activo en las redes sociales, que jugaron un papel vital durante las protestas postelectorales. De hecho, fueron varias las ocasiones en las que se vivieron cortes de internet en el país, que afectaron tanto a la marcha de las propias manifestaciones como al desarrollo de la economía.

En los últimos meses, el líder de la oposición presentó su nuevo partido político: Anamalala, expresión de las lenguas nacionales macua y lomué, propias de la provincia norteña de Nampula y que vendría a significar algo así como “Basta” o “Se acabó”. Paralelamente, ha vuelto a subir el tono de sus críticas al gobierno.

En la última semana de mayo, lo llegó a calificar de “régimen autoritario” que suprime los “derechos de los ciudadanos” y lleva a cabo “la ejecución de figuras de la oposición” en el Oslo Freedom Forum que se celebró en la capital noruega. En el caso de esta última acusación, resulta preciso recordar que el abogado de Mondlane, Elvino Dias, y el dirigente de Podemos, Paulo Guambe, fueron asesinados el pasado octubre, días después de las elecciones. Dos asesinatos que siguen sin ser aclarados.

Para ampliar: Protestas y tensión en Mozambique tras las elecciones presidenciales

Con respecto a la oposición tradicional al gobierno de Maputo, primero armada y posteriormente en el parlamento, la Renamo ha vivido estos meses su propia crisis interna. Desplazada a una tercera posición en las elecciones de octubre, el liderazgo del partido, a cargo de Ossufo Momade desde 2019, se encuentra fuertemente cuestionado por sus propias bases.

El malestar llegó hasta el punto de que veteranos guerrilleros de la formación protagonizaron una llamativa ocupación de su sede nacional. La ocupación terminó tras el asalto de la Unidad de Intervención Rápida (UIR) de la policía de Mozambique, una acción fuertemente criticada por las juventudes del partido, así como por parte del propio Venâncio Mondlane.

A pocos días de que se conmemoren sus primeros 50 años de independencia, la situación en Mozambique dista mucho de ser estable. El futuro continúa dibujando numerosas incógnitas debidas tanto a las agudas crisis internas que vive el país –económica, política, social, etcétera– como por la siempre presente influencia extranjera. Una situación potenciada todavía más por la abundancia de ingentes recursos en su territorio.

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