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Se agudiza la crisis diplomática entre Francia y Argelia 

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, se reúne con el presidente de Argelia, Abdelmadjid Tebboune, el 25 de agosto de 2022.
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, se reúne con el presidente de Argelia, Abdelmadjid Tebboune, el 25 de agosto de 2022. Fuente: redes sociales de Macron

El arresto en Francia de un oficial consular de Argelia por su presunta implicación en un secuestro ha tensado aún más las relaciones entre París y Argel, provocando la expulsión mutua de doce diplomáticos. El incidente ha truncado los recientes esfuerzos de acercamiento impulsados a finales de marzo y ha intensificado la que se considera la crisis diplomática más grave desde la independencia de Argelia. 

Un secuestro en París

El 11 de abril de 2025, la policía judicial francesa llevó a cabo la detención de tres hombres por su presunta implicación en el secuestro de Amir Boukhors, más conocido como Amir DZ por su alias en redes sociales. Es principalmente TikTok –donde acumula más de 1 millón de seguidores– la plataforma a través de la cual este argelino establecido en Francia desde 2016 se ha erigido como férreo crítico del oficialismo de su país. Su discurso, en el que acusa de corrupción y abuso de poder al régimen argelino, ha calado en la diáspora. 

En un nuevo ejemplo de la creciente centralidad de las redes sociales en la política internacional de nuestros días, sus mensajes han demostrado ser lo suficientemente molestos para Argel, donde se le ha acusado de fraude y ofensas terroristas, tratando de conseguir su extradición mediante la emisión de hasta nueve órdenes internacionales de detención. Francia no solo se ha negado, sino que en 2023 le otorgó el asilo político.

En este contexto sucede el secuestro. En una entrevista exclusiva a France 2, Boukhors contó hace poco su versión de aquel episodio, verdaderamente digno del mejor thriller policíaco: fue en las últimas horas del 29 de abril de 2024, cerca de su domicilio en el sureste de París, cuando cuatro personas, dos de ellas con el –falso– brazalete naranja fluorescente distintivo de la policía francesa, le esposaron diciendo que le quería ver un policía judicial. Sería posteriormente trasladado a un contenedor en el departamento de Seine-et-Marne, donde sería drogado y finalmente liberado 27 horas después. 

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La consecuente investigación parece haber dado sus frutos un año después, con tres arrestos de nacionales argelinos. Sin embargo, lo ciertamente notable es que uno de ellos es, además de argelino, funcionario del consulado del país norteafricano. El arresto, sumado a que la investigación corre a cargo del Parquet national antiterroriste (PNAT), ha espoleado las versiones de Boukhors y su abogado, Eric Plouvier, quien asegura que el secuestro no es nada menos que una acción violenta en suelo francés por parte de una potencia extranjera. 

Independientemente de la veracidad de la acusación, la mera insinuación de que esto haya podido ocurrir es algo inaceptable para Argelia, quien ya el sábado 12 de abril reaccionó, denunciando la situación como una “conspiración judicial inaceptable”. Desde entonces, la tensión no ha hecho más que crecer: si Argelia exigió el 14 de abril la salida inmediata de 12 funcionarios diplomáticos galos, el ministro de Exteriores de Francia, Jean-Noël Barrot, respondió con una medida recíproca tan solo un día después. 

Esta situación no solo añade carga de trabajo a las ya ajetreadas oficinas de los responsables de política exterior argelinos –ocupados, por ejemplo, en las tensiones derivadas del derribo de un dron maliense, síntoma de sus crecientes desavenencias con la tríada de la Alianza de Estados del Sahel (AES)–, sino que además rompe con la incipiente tónica de reacercamiento.

Esta se había concretado en una conversación telefónica a finales de marzo entre Abdelmadjid Tebboune y Emmanuel Macron, y en una visita de Barrot a su homólogo argelino, Ahmed Attaf, en Argel el 6 de abril con el objetivo de poner fin a ocho meses de choque diplomático. 

“La crisis más grave desde la independencia”

Es tiempo de primeras veces en las relaciones bilaterales poscoloniales entre ambos países: por primera vez, Francia arresta a un miembro del consulado argelino; y, también por primera vez, se han dado expulsiones mutuas de diplomáticos entre Francia y Argelia. Y es que no es en vano que el historiador francés Benjamin Stora, especializado en las relaciones franco-argelinas, describió en enero la presente como la “la crisis más grave desde la independencia”. 

Todo empezó en julio de 2024, con el histórico giro diplomático francés con el que la V República oficializaba su apoyo al plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental. Con la carta de Macron al rey Mohammed VI, Francia, frente a su palpable pérdida de influencia en el Sahel, apostaba todo a su caballo ganador, tratando de preservar así el interés de sus grandes capitales energéticos y constructores en el Reino de Marruecos. 

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Sin embargo, y como ya descubriera Pedro Sánchez en 2022, en política internacional no se puede estar, como bien apunta el dicho, en misa y repicando. La histórica pugna por la hegemonía en el Magreb entre Rabat y Argel hace ya tiempo que se traduce en una ley prácticamente inapelable: el acercamiento a uno implica, casi inevitablemente, el distanciamiento del otro. 

Y así ha sido. Es cierto que, en el ámbito económico, y para alivio de las élites empresariales de ambos países, las represalias argelinas han sido limitadas y simbólicas. Ejemplo de ello fue el veto impuesto por la Office Algérien Interprofessionnel des Céréales (OAIC) a empresas francesas en una licitación de importación de trigo, un sector en el que, de todos modos, hace tres años que Rusia ya se ha impuesto. Se han dejado fuera, por tanto, ámbitos más sensibles y estratégicos, como es el suministro de gas y, más ampliamente, el sector energético. 

Es por ello por lo que el ámbito migratorio ha cobrado especial importancia. Ya a principios de agosto de 2024, las autoridades del país norteafricano empezaron a no aceptar los inmigrantes ilegales argelinos deportados por París: tan pronto como llegaban eran enviados en un avión de vuelta. 

A ello se le sumó el arresto, el 16 de noviembre de 2024, del escritor franco-argelino Boualem Sansal. Este se produjo tras unas controvertidas declaraciones de Sansal para el medio ultraderechista francés Frontières en las que, haciendo honor al nombre del órgano de prensa, cuestionaba las fronteras argelino-marroquíes, señalando que estas habrían sido redibujadas por Francia a favor de Argelia en la época colonial.

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Las autoridades argelinas no titubearon y lo detuvieron a su llegada de Francia, en el mismo aeropuerto de Argel. El 27 de marzo de 2025 fue condenado a cinco años de cárcel por atentar contra la unidad nacional y, pese a la petición de indulto presidencial por parte de sus hijas, Sansal sigue encarcelado.  

Por su parte, Francia llevó a cabo, en enero de 2025, hasta cuatro detenciones de nacionales argelinos en distintas partes del país, acusados de compartir contenido en redes sociales que incitaba a la violencia. Las tensiones terminaron de escalar a finales de febrero con el ataque terrorista islamista en Mulhouse, perpetrado por un nacional argelino al que, según las autoridades francesas, se había intentado deportar sin éxito en varias ocasiones, debido a la negativa de Argelia de aceptarlo. 

Las complicadas relaciones entre Francia y Argelia 

Si bien es cierto que la actual constituye una crisis particularmente grave, también hay que apuntar que la tendencia general de las relaciones bilaterales entre Argel y París en los últimos años es más bien negativa. El equilibrio alcanzado en agosto de 2022 –con la visita de Macron a Argelia–, el mismo que rompió la misiva de Macron a Mohammed VI, era, a su vez, un intento de normalización diplomática tras varios meses de controversia. 

En este caso, el origen del desencuentro fueron unas declaraciones de Macron, el primer presidente nacido en la era poscolonial, quien afirmó en septiembre de 2021 que la historia oficial argelina se basa en un “discurso de odio hacia Francia”. Parte del control de daños causados por esta afirmación fue el establecimiento en 2022 de una Commission mixte franco-algérienne d’historiens para abordar conjuntamente las cuestiones relacionadas con la memoria histórica colonial. Significativa y simbólicamente, tras poco más de dos años de andadura, las tareas de esta comisión se ven entorpecidas por una nueva tormenta diplomática. 

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Tal y como apuntamos, el plano histórico-cultural ha demostrado ser particularmente sensible en esta tendencia degenerativa de las relaciones. Otro ejemplo de ello lo encontramos en las medidas que Argelia está tomando para tratar de sustituir el francés por el inglés como lengua extranjera en sus planos educativos, una estrategia cuya máxima definió diáfanamente el presidente Tebboune: “El francés es un botín de guerra, pero el inglés es la lengua internacional”.  

Incluso el Kassaman, himno nacional argelino, ha sido objeto de polémica. Este fue escrito en plena guerra de independencia por Moufdi Zakaria, activista y poeta argelino. Hasta hace poco en la gran mayoría de actos oficiales se escuchaba una versión reducida del himno, de la cual quedaban fuera los versos más políticamente controvertidos –es decir, los que mencionan explícitamente a Francia–. En verano de 2023, el protocolo fue modificado: ahora debe sonar la versión íntegra del mismo en todos los actos en que esté presente el jefe de Estado. 

Soldados del Ejército de Liberación Nacional en la guerra de independencia de Argelia.
Soldados del Ejército de Liberación Nacional en la guerra de independencia de Argelia. Fuente: Museum of African Art (Belgrade) - bajo CC BY-SA 4.0

El palpable incremento de los rifirrafes en este ámbito no se puede desvincular del contexto político interno francés. Macron ha tenido que adaptarse camaleónicamente a las nuevas condiciones políticas en Francia, caracterizadas por el auge del partido Rassemblement National de Marine Le Pen. Además de hacer tambalear peligrosamente la estabilidad institucional republicana, el apogeo de la parisina ha desplazado hacia la derecha el espectro político francés, obligando al actual presidente a abandonar su inicial centrismo y avenirse con la derecha tradicional. 

Una de las principales aristas de esta deriva derechista es el endurecimiento del discurso y medidas en torno a la cuestión migratoria. El correlato en el ámbito cultural de esta tendencia es el discurso que identifica la necesidad de defender una identidad nacional supuestamente en peligro. Argelia es el objetivo natural de estas dos vertientes: no solo supone una amenaza por ser uno de los principales países de origen de la inmigración en Francia, sino también como excolonia que ahora pretende que Francia, en tanto nación, se disculpe por sus pasados crímenes coloniales. 

Esto da cuenta de las principales percepciones argelinas sobre el deterioro de las relaciones, según las cuales expresa una interiorización de las relaciones de poder propias del colonialismo, y son fruto de una “terrible obsesión” francesa en Argelia. También explica el reciente cuestionamiento, por parte de las élites políticas francesas, del pacto migratorio franco-argelino de 1968, que regula y facilita las condiciones de movilidad entre ambos países. A parte de sus implicaciones funcionales, el debate entorno al mismo está evidentemente influenciado por su simbolismo político, histórico y cultural. 

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Aunque la manifestación más evidente de esta dinámica es la predominancia política que ha adquirido en los recientes años el actual ministro del Interior francés, Bruno Retailleau. Surgido del partido Les Républicains, el buque insignia de la derecha tradicional francesa, Retailleau ha sabido capitalizar a la perfección esta ola derechista, situándose en el ala más conservadora de su ya fragmentada formación.

Ha combinado su pugna con Le Pen por el espacio político a la derecha de la derecha con el beneplácito de los otrora centristas. Así, mientras por un lado confronta con Rassemblement National en una especie de competencia para ver quién es más papista que el papa, por otro se siente con la confianza suficiente para amenazar con su dimisión si Macron no endurece su línea

No por casualidad ha sido Retailleau una de las principales caras visibles de este recrudecimiento de las relaciones bilaterales. Su intransigencia se ha basado en la imbricación de la cuestión argelina con el problema migratorio, la inseguridad y la gestión de fronteras, así como la adopción de un argumentario según el cual el pasado colonial no es excusa ni justificación para lo que se consideran humillaciones a Francia. Tampoco es sorpresa, por tanto, que Argelia considere su actitud como la causante de las nuevas tensiones

Las características de esta deriva política francesa son clave para entender el choque con una Argelia cuyo nacionalismo –e incluso cuya legitimidad gubernamental– se fundamentan en gran medida en la guerra de independencia y mantienen muy presente la era colonial. Queda por ver, en esta ocasión, cuánto sangran las –nunca cerradas– heridas abiertas entre excolonia y exmetrópoli. 

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