
Sobrio en gestos y temperamento, Abdelmajid Tebboune (Méchria, 1945) parte como gran favorito en las elecciones presidenciales argelinas del próximo 7 de septiembre. Su más que previsible reelección parece disipar definitivamente los fantasmas de las movilizaciones sociales del Hirak –protagonizadas en 2019 contra el entonces presidente Abdelaziz Buteflika–, con un segundo mandato continuista, “de estabilidad, profundización de las reformas y eminentemente económico”, según las propias palabras del mandatario.
Frente a él, solo habrá dos candidatos, los únicos que han conseguido superar los requisitos exigidos por la Autoridad Nacional Independiente de Elecciones (ANIE): obtener 50.000 firmas de ciudadanos en al menos 29 de las 58 wilayas –provincias– del país, o recibir 600 avales de diputados y cargos electos. Los contendientes son Abdelali Hasani Cherif, del islamista Movimiento de la Sociedad por la Paz (MSP), y Youcef Aouchiche, líder del histórico Frente de Fuerzas Socialistas (FFS).
Hasani dirige desde 2023 el islamista MSP, formación en la órbita de los Hermanos Musulmanes, que solo ha participado en las elecciones presidenciales de 1995 –en las que obtuvo un 26,6% de los votos–. El MSP transitó de una oposición férrea a los gobiernos militares de la década de 1990 a apoyar los primeros mandatos de Bouteflika, de quien se distanciaría en 2012. Desde entonces, los islamistas llamaron a boicotear los comicios presidenciales de 2014 y 2019, y se opusieron al referéndum constitucional de 2020 impulsado por Tebboune. En las legislativas de 2021 se convirtieron en el principal partido del heterogéneo bloque opositor con 65 escaños.
En MSP se reivindica como “islamista moderado” en un país donde la guerra civil contra el integrismo religioso aún pesa en el imaginario colectivo. En sus mítines, Hasani diserta extensamente sobre reformas y transparencia y poco sobre la sharía. El MSP cuenta con el apoyo de Movimiento Ennhada y de otros grupos islamistas. No obstante, el islamismo político argelino no se presenta unificado bajo la candidatura del MSP; el Movimiento El-Bina ha revalidado su apoyo a Tebboune.
Por otro lado, el Frente de Fuerzas Socialistas (FFS) rompe su política de boicot. Hocine Aït Ahmed, histórico dirigente del Frente de Liberación Nacional (FLN) durante la independencia, fundó el FFS en 1963 denunciando una “deriva autoritaria” en el seno del entonces partido único. Desde entonces, el FFS mantuvo una oposición a los sucesivos gobiernos, participando únicamente en las elecciones de 1999, cuando el propio Aït Ahmed concurrió como candidato, aunque finalmente pidió no participar en la que sería la primera elección de Bouteflika como presidente por considerar el proceso una “farsa”.
El FFS no participó en las últimas legislativas, pero sí en los comicios locales, gozando de una gran implantación en la región de Cabilia, de mayoría amazigh. La candidatura de Youcef Aouchiche apela a un “hirak electoral” y ha lanzado varios guiños a la juventud argelina.
En el camino quedaron una docena de aspirantes que no fueron capaces de cumplir los requisitos fijados por la ANIE. Tres de ellos, entre los que se incluye Saida Neghza –presidenta de la patronal argelina–, están siendo investigados por la Fiscalía por supuesta compra de firmas de electorales. Neghza, conocida por sus ácidas críticas al presidente, ha calificado de “maniobra política” la causa abierta contra ella.
Tampoco participará Louisa Hanoune, Secretaria General del trotskista Partido de los Trabajadores argelino. La veterana dirigente, tres veces candidata presidencial y encarcelada durante las protestas del Hirak en 2019, anunció su retirada de la carrera presidencial por las “condiciones injustas” y el “marco legislativo represivo y antidemocrático”.
Tebboune, ascenso y consolidación
Burócrata solvente y discreto, Tebboune hizo carrera en distintos escalafones de la administración argelina. Su gestión eficiente al frente de varias wilayas en los 70, 80 y 90 le sirvió de trampolín para dar el salto al gobierno nacional, donde ostentó media docena de carteras hasta alcanzar el cargo de primer ministro en mayo de 2017, bajo la cuarta presidencia de Bouteflika.
No obstante, su responsabilidad al frente del gobierno nacional fue fugaz, menos de tres meses, convirtiéndose en el primer ministro más efímero de la Argelia independiente. Sus conatos reformistas, el enfrentamiento con grandes empresarios y la revisión de contratos públicos le costaron el puesto en agosto de ese mismo año.
Apartado entonces de la primera línea política, Tebboune se granjeó cierta fama como “gestor honesto aplastado por una élite corrupta”. Dos años después, el Hirak llenó las calles y frustró el intento de presentar para un quinto mandato a un impedido Bouteflika –incapaz de hablar y caminar desde que sufrió un derrame cerebral en 2013–. Fue entonces cuando su nombre volvió a aparecer.
Tebboune encarnaba un controlado afán reformista que no rompía el tablero político argelino. Candidato ideal para garantizar estabilidad y una transición controlada a una pos-Bouteflika sin alterar los equilibrios internos.
Se dijo que su buena relación con Gaïd Salah, jefe del todopoderoso ejército argelino desde 2004, posibilitó su candidatura presidencial. No obstante, Salah, auténtico hombre fuerte del país desde la enfermedad de Buteflika, falleció semanas después de la asunción de Tebboune como nuevo presidente, lo que abría una incógnita en la configuración del poder argelino.

Pero el mandatario supo revalidar con inteligencia el tándem gobierno-ejército, una fórmula no siempre funcional en una Argelia, donde lo castrense ha tendido a opacar lo civil. El sucesor de Salah, el veterano general Saïd Chengriha, juega un papel más discreto en la política nacional. Ambos ansían estabilidad y muestran sintonía en sus declaraciones públicas. Son los nombres propios de la “nueva Argelia”.
El ejército, que ya fue determinante para conseguir la independencia –entonces con una estructura más que precaria–, se hizo aún más fuerte durante la guerra civil contra el integrismo islámico. Su omnipresencia estaba justificada por la lucha contra el terrorismo, pero las dos décadas de gobierno de Bouteflika –procedente de las propias filas del ejército– consolidaron la presencia de militares en la esfera pública. Con Tebboune, el estamento castrense ha seguido jugando un papel protagónico tanto en el gobierno como en el mundo empresarial.
Claves del primer mandato de Tebbounne
La victoria de Tebounne en las presidenciales de 2019 estuvo marcada por la baja participación –un 39,83%–, y por un Hirak que seguía movilizado pese a la renuncia de Bouteflika. La pandemia y sus restricciones, así como la articulación de una política de “palo y zanahoria”, desactivaron las protestas sociales. Desde entonces, el presidente argelino ha buscado proyectar una imagen de estabilidad y de cambio, impulsando en 2020 una reforma constitucional.
El texto, que limitaba la reelección y reestructuaba el funcionamiento del poder legislativo, fue sometido a un referéndum donde solo participó el 23,14% del censo. Varios sectores de la oposición calificaron de “superficiales” e “insuficientes” los cambios introducidos. El oficialismo, por su parte, quiso transmitir que había escuchado las demandas sociales del Hirak con estas reformas.
En términos económicos, la guerra de Ucrania disparó los precios de los hidrocarburos, y las sanciones a Rusia reforzaron la posición de Argelia como proveedor de gas natural a una Unión Europea necesitada de suministradores cercanos y fiables. Un escenario macroeconómico favorable que ha permitido al gigante norteafricano mantener buenas tasas de crecimiento y un sustancial aumento de las reservas en oro y divisas. En 2024 Argelia pasó a ser considerado por el Banco Mundial el único país del Magreb y el Sahel, junto con Libia, de “ingreso medio alto”.
En las elecciones legislativas de año 2021, la coalición oficialista obtuvo una mayoría absoluta de 243 escaños –98 para el histórico Frente de Liberación Nacional (FNL), 58 los liberales de Agrupación Nacional para la Democracia (RND), 48 el Frente Moustakbal, y 39 del islamismo moderado de Movimiento El-Bilna–.
Todas estas formaciones, que ya eran sostén de Bouteflika, trabajan activamente en la campaña electoral de Tebboune, que cuenta también con una destacada presencia en los medios de comunicación. Además, el apoyo del aparato estatal y el respaldo tácito del ejército hacen que la victoria de Tebboune sea más que probable.
De este segundo mandato, el último que permite la Constitución tras la reforma de 2020, cabe esperar continuismo en todas las esferas. Las abultadas rentas del petróleo seguirán permitiendo una presencia fuerte del Estado en la economía. En lo social, la duda es si Tebboune aplicará medidas más aperturistas –como en los primeros meses de su presidencia, cuando concedió varios indultos– o mantendrá una política de cooptación y señalamiento sobre los elementos más críticos de la oposición.
En el plano internacional, Tebboune sacó de su letargo a una diplomacia argelina paralizada y limitada a automatismos durante años por la enfermedad de Bouteflika. Con una retórica nacionalista, más inflamada de lo habitual, Argelia ha ganado influencia en el Magreb, firmando importantes acuerdos bilaterales con Mauritania y especialmente con Túnez, y el Sahel, estableciendo desde el principio relaciones con las juntas militares gobernantes. Todo sin alterar su sus sólidos vínculos militares y económicos con Rusia, y experimentando una mejora ostensible en sus relaciones con China.
Con todo, la gran incógnita será que porcentaje de la población acudirá a las urnas, pues los últimos procesos electorales han mostrado tasas récord de abstención que no pueden leerse más que como un síntoma de desafección política. Una aversión que comenzó con el alargamiento artificial de la presidencia de Bouteflika y que se incrementó con la explosión del Hirak. Una participación menor a la del 2019, por mucho que la victoria de Tebboune frente a sus rivales sea abultada, dejaría en evidencia los pies de barro del sistema político argelino.
Suscríbete y accede a los nuevos Artículos Exclusivos desde 3,99€
Si escoges nuestro plan DLG Premium anual tendrás también acceso a todos los seminarios de Descifrando la Guerra, incluyendo directos y grabaciones.







