
Los días 3 y 4 de abril de 2025 se reunieron en la ciudad uzbeka de Samarcanda el presidente del Consejo Europeo, António Costa, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, con los dirigentes de los cinco países que conforman la región de Asia Central: Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán.
La cumbre, la primera de este tipo entre la Unión Europea y Asia Central, se produce en el 30 aniversario del establecimiento de relaciones bilaterales. El interés de Bruselas en la región ha crecido con motivo de la guerra de Ucrania, impulsado por la búsqueda de acceso a los abundantes recursos energéticos y minerales como alternativa a Rusia.
El reciente anuncio de Kazajistán sobre el descubrimiento de más de 20 millones de toneladas de tierras raras posicionaría al país con las terceras mayores reservas del mundo, solo por detrás de China y Brasil. Los yacimientos recién descubiertos contendrían neodimio, cerio, lantano e itrio, elementos utilizados en la producción de una amplia gama de dispositivos tecnológicos avanzados, como equipos médicos, baterías de automóvil, catalizadores, láseres y óptica. La Unión Europea ve en esta región el potencial para saciar las necesidades de su industria.
Asimismo, Asia Central es clave para diversificar sus rutas comerciales, evitando los tránsitos por Rusia. El Corredor del Medio cumple aquí un papel estratégico. La Unión Europea busca desarrollar esta ruta mediante su iniciativa Global Gateway con el objetivo de que pueda manejar 10 millones de toneladas de mercancías al año para 2029. Dentro del Corredor del Medio, lo más importante para Bruselas es el Corredor de Transporte Transcaspiano, donde ha prometido realizar una inversión de 10.000 millones de euros.
Con ello se pretende reducir el tiempo de transporte entre Europa y Asia Central a 15 días o menos, una meta ambiciosa pero alcanzable que refleja la creciente confianza internacional en su potencial. El Corredor de Energía Verde del Mar Caspio, previsto inicialmente entre Georgia y la Unión Europea, ofrece ahora a Uzbekistán, Kazajistán y Azerbaiyán la oportunidad de suministrar electricidad renovable a Europa a través de dos líneas de transmisión en construcción que atraviesan los mares Caspio y Negro.
El problema es que el desarrollo completo de la ruta transcaspiana está sujeta al veto de Rusia e Irán, que no tienen ningún interés en perder influencia sobre Asia Central. Adicionalmente, el proyecto del Global Gateway europeo busca competir con la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, un actor mucho más asentado y capaz de desplegar mucha más músculo, no solo financiero, sino también técnico en la construcción de infraestructuras. Lo que esta en juego aquí es a qué estándares se adherirá Asia Central.
Por último, Bruselas busca aumentar su peso en la región ante el declive de la influencia de Estados Unidos desde la salida de Afganistán y, en los últimos meses, con el corte a la financiación de la USAID. La Unión Europea califica a Asia Central como una prioridad en su política exterior y de seguridad. Considerada durante mucho tiempo como una zona tapón entre potencias, la región se ha convertido en un socio estratégico para Bruselas y como un hub regional vital para la conectividad.
La cumbre en Samarcanda se realizó al mismo tiempo que un foro climático en la ciudad que busca impulsar las energías renovables en la región. Así, el broche de la cumbre ha sido que la Unión Europea y Asia Central han acordado elevar su relación al nivel de "asociación estratégica". Los detalles de la estrategia son escasos, pero el anuncio más importante es un paquete de inversiones europeas de 12.000 millones de euros centrado en cuatro áreas clave: transporte, materias primas críticas, agua-energía-clima, y conectividad digital.
El Acuerdo de Juyand para Asia Central
La cumbre con la Unión Europea sigue el curso de otras similares en Astaná con Rusia (2022), en Xi'an con China (2023) o en Nueva York con Estados Unidos (2023). Este tipo de foros reflejan la consolidación de una cooperación regional entre los países centroasiáticos, así como la importancia estratégica de esta región para la conectividad euroasiática.
Esta mayor independencia y autonomía de Asia Central de las grandes potencias, capaces de actuar conjuntamente para potenciar su peso en vez de ser meras piezas en el tablero, muestra el nivel de cooperación inter-gubernamental alcanzado.
Esto se ha consolidado recientemente con el histórico acuerdo de Juyand, en el que los presidentes de Tayikistán, Kirguistán y Uzbekistán se reunieron para firmar acuerdos que demarcan la frontera triestatal, formalizando el punto de unión de sus fronteras nacionales en el valle de Fergana. El entendimiento permitirá desarrollar proyectos conjuntos en este rico valle, que es la zona más poblada de Asia Central y un gran productor de algodón, trigo, seda y frutos secos.
Los tres países también firmaron una declaración formal de Amistad Eterna, que fue coronada con la inauguración de un monumento llamado Estela de la Amistad cerca del cruce trifronterizo. Esto no ha quedado sólo en promesas, sino que se han tomado medidas concretas como la reapertura de dos paso fronterizos entre Tayikistán y Kirguistán y la reanudación de los vuelos directos entre sus capitales.
Del mismo modo, se firmaron una serie de acuerdos destinados a profundizar la cooperación en diversos ámbitos, como la economía, la energía y la agricultura. También se plantearon nuevas iniciativas, entre ellas la posibilidad de crear un visado turístico único para Asia Central. Estos avances se producen tras anteriores intentos de resolución, incluido el reciente tratado fronterizo entre Tayikistán y Kirguistán, que abordó conflictos territoriales de larga data.
Los acuerdos están permitiendo reforzar la cooperación regional y abordar los agravios históricos que han alimentado la inestabilidad. En conjunto están siendo una demostración de que estos países pueden encontrar por sí mismos un lenguaje común sin la intervención de ninguna potencia exterior.
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