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Protestas a favor del retorno de la monarquía en Nepal 

Las protestas promonárquicas en Katmandú reflejan la inestabilidad política que ha venido atravesando Nepal en los últimos años.
Las protestas promonárquicas en Katmandú reflejan la inestabilidad política que ha venido atravesando Nepal en los últimos años. Fuente: PTI_News

Estallan protestas y violencia en las calles de Katmandú, la capital de Nepal. El 28 de marzo de 2025 ha sido un “día negro” en la historia del país asiático. Los choques entre manifestantes promonárquicos y las fuerzas de seguridad han provocado al menos dos muertos y 45 heridos, siete de ellos por impacto de bala. Tras esto, la respuesta de las autoridades ha sido la de desplegar al ejército en la urbe e imponer un toque de queda.  

La política nepalí parece estar dando un giro de 180º. Diez años de guerra civil entre el Estado monárquico y las milicias leninistas y maoístas dieron como resultado la abolición de la institución real y la proclamación de una república parlamentaria. Desde 2006, el juego político nacional ha consistido en la rotación en el poder de las tres grandes fuerzas republicanas: el Partido Comunista de Nepal (CPN-UML), el Centro Maoísta (CM) y el Congreso Nepalí (CN). Hoy, todo eso empieza a desmoronarse. 

Después de un 2024 marcado por la inestabilidad política y el enfrentamiento entre los principales partidos, 2025 ha iniciado con un clamor en las calles: "¡Que vuelva el rey!" Dichas exigencias vienen espoleadas por el auge de una interpretación estrictamente religiosa de la nación nepalí. Según los líderes del movimiento promonárquico, como Durga Prasai, Nepal debe retornar a sus raíces hinduistas para subsanar la crisis sistémica en la que se encuentra el país. Y, en dicho retorno, la casa real es fundamental al ser concebida como una institución a medio camino entre la política y la teología. 

Para ampliar: Nepal: el auge maoísta y la caída de la monarquía

La sombra de India levanta suspicacias alrededor de este cambio de guión. El actual primer ministro, Sharma Oli, se ha mostrado públicamente hostil con Nueva Delhi y mantiene buenas relaciones con China. Con todo, la cuestión asemeja ser más compleja que una mera acción proxy de la superpotencia. El Rashtrapati Bhavan –la casa presidencial india– carece de un incentivo directo para semejante movimiento debido a que el actual socio de gobierno de Oli es el Congreso Nepalí (CN), una formación con vínculos estructurales con el vecino meridional.  

El rastro de los apoyos conduce a Lucknow, en Uttar Pradesh, India. Allí, el ministro principal del estado, Yogi Adityanath, del Bharatiya Janata Party (BJP), ve en la crisis de su país vecino una oportunidad. La casa real nepalí mantiene estrechos vínculos políticos y religiosos con él. De este modo, controlando la mayor entidad federativa de India y bastión electoral del BJP, Adityanath catapulta su carrera al exportar activamente la ideología Hindutva en un momento geopolíticamente sensible para el gigante asiático. 

Pese a todo, por el momento solo hay una realidad tangible sobre el terreno: la debilidad estructural del Estado nepalí. El 20% de la población vive bajo el umbral de la pobreza, una demografía en la cual el 50% es menor de 25 años. La perenne inestabilidad política que conlleva la constante y virulenta competición partidista, la fragilidad de la administración y el pulso geopolítico entre China e India son las causas motrices del naciente cambio de paradigma en Nepal. 

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