
“Jartum ha sido liberado, se acabó”. El general Abedelfatah al-Burhan declaró el 25 de marzo la liberación total de la capital de Sudán poco después de aterrizar en el aeropuerto internacional, que permanecía en manos de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) desde el inicio de la guerra en abril de 2023. Tras hacerse con el control de la práctica totalidad del centro de la ciudad durante los últimos días, la toma de Jartum puede considerarse la victoria más importante del bando gubernamental en los dos años de conflicto.
Después de recorrer el aeropuerto, al-Burhan se dirigió al Palacio Presidencial, un acto cargado de simbolismo tras casi dos años sin pisarlo. Desde finales de 2024, el ejército de Sudán ha llevado a cabo una gran ofensiva sobre Jartum, tomando sus ciudades hermanas de Omdurmán y Jartum Bahri, gran parte de los puentes sobre el Nilo o la mayor refinería del país.
Solo en la última semana, importantes y simbólicos edificios como el Banco Nacional, el Museo Nacional o la antigua sede de los servicios de inteligencia también han caído en sus manos. El miércoles 26 de marzo, el anuncio de la conquista de la principal base de las RSF al sur de la capital puede considerarse el punto final de la presencia del grupo paramilitar en Jartum.
Según atestiguan diversos videos grabados con drones, centenares de combatientes de las RSF estuvieron durante todo el día cruzando el puente de Jebel Aulia, la única salida disponible hacia las zonas que siguen bajo el control del grupo. El ejército de Sudán se ha dirigido hacia allí tras controlar el aeropuerto, produciéndose enfrentamientos y la toma de gran parte de la ciudad homónima. De producirse su conquista completa, las RSF se quedarán sin ninguna posibilidad de huir, siendo cuestión de tiempo la rendición de las pequeñas bolsas de combatientes que aún puedan permanecer en los alrededores de Jartum.
La caída de Jebel Aulia también es importante porque supondrá el control completo de todo el Nilo Blanco hasta la frontera con Sudán del Sur, tras haber hecho lo propio con ambas riberas del Nilo Azul. La conquista de Wad Madani en enero de 2025 fue el verdadero punto de inflexión de la ofensiva a gran escala del ejército liderado por al-Burhan, ya que, además de recuperar el corazón agrícola del país, dejó el camino abierto hacia Jartum.
Jartum, además de ser simbólico, supone el posible retorno de las instituciones gubernamentales que se trasladaron a Port Sudán tras los primeros meses de la guerra. A su vez, la capital cuenta con aeródromos y otras infraestructuras imprescindibles para realizar ataques aéreos, una capacidad militar de la que carecen las RSF y que podría marcar la diferencia de forma definitiva.
Jartum: ¿fin de la guerra de Sudán?
Es importante señalar que, la conquista de la capital, no debe considerarse el final de la guerra de Sudán, dirigiéndonos a un escenario que podría partir el país en dos de forma irremediable. Las RSF controlan actualmente la inmensa mayoría del territorio de Darfur, quedando solo por conquistar El Fasher, capital de Darfur del Norte. El territorio darfurí es lugar de procedencia de muchos de sus combatientes, por lo que es lógico pensar que optarán por hacerse fuertes allí y conservar los ricos yacimientos de oro que permiten su financiación.
Asimismo, también mantiene grandes territorios de Kordofan, la frontera con República Centroafricana y gran parte de la sursudanesa. Precisamente en Kordofan, las RSF han establecido la capital del gobierno paralelo que proclamaron en Nairobi el pasado febrero. El anuncio de su implementación, además de causar un grave conflicto diplomático entre Sudán y Kenia, se produjo en plena ofensiva del ejército en la capital, por lo que puede considerarse como una estrategia de las RSF para dotarse de una apariencia de Estado tras la presumible pérdida de Jartum.
No obstante, lo cierto es que las RSF cuentan actualmente con su menor control territorial desde el inicio de la guerra. Tras participar junto al-Burhan en el golpe de Estado que acabó con la transición civil en 2021 –después de la caída de Omar al-Bashir en 2019–, los planes del nuevo presidente de integrar a las RSF dentro del ejército resultó en el levantamiento del grupo paramilitar y la posterior guerra. Los avances de las RSF en los primeros meses fueron fulgurantes, expulsando a las fuerzas de al-Burhan de gran parte de Jartum y su área metropolitana.
La correlación de fuerzas ha cambiado mucho en los últimos meses y el ejército de Sudán ha recuperado inmensos territorios de todo el país. Uno de los factores fundamentales para entender este cambio es la reconfiguración de las alianzas internacionales y, especialmente, la entrada de Irán del lado de al-Burhan con el suministro de numerosos drones. Por su parte, Rusia ha pasado de respaldar a las RSF –a través de sus vínculos con el grupo Wagner– a apoyar al bando gubernamental tras llegar a un acuerdo que, supuestamente, incluiría la construcción de la deseada base rusa en el mar Rojo.

El principal actor que sigue dando su apoyo a las RSF es Emiratos Árabes Unidos, a quien recientemente Sudán denunció ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) por “actos de genocidio” en Darfur. Numerosas voces acusan a Abu Dabi de armar a las RSF, herederas de las milicias Janjaweed que cometieron el genocidio de Darfur a principios de siglo y que diversos informes apuntan a que se estaría repitiendo. Gran parte de este armamento estaría entrando en Sudán a través de Chad, motivo por el que el general del ejército Yasir al Atta consideró hace pocos días que el aeropuerto de la capital chadiana era un “objetivo legítimo”.
Por otro lado, la guerra también amenaza con trasladarse a Sudán del Sur, donde en los últimos días se han producido combates entre las RSF y el Ejército de Liberación Popular de Sudán en la Oposición. El líder de este último grupo es el vicepresidente Riek Macahar, cuyas tensiones con el gobierno sursudanés han reavivado los temores de una ruptura del alto el fuego y una posible reactivación de la guerra civil. Sudán acusa al gobierno sursudanés de respaldar a las RSF, por lo que, si da un apoyo explícito a Machar, ambos conflictos podrían fusionarse de forma irremediable.
Todo este escenario no ayuda a visualizar un final definitivo de un conflicto que organismos como Naciones Unidas no dudan en calificar como la peor catástrofe humanitaria que vive nuestro planeta en la actualidad. Las estimaciones más conservadoras sitúan el número de fallecidos en más de 60.000, una cifra que probablemente se quede corta debido a las enormes dificultades para obtener datos precisos.
Al mismo tiempo, alrededor de 12 millones de sudaneses han huido de sus hogares, más de la mitad de su población se enfrenta a altos niveles de hambre aguda, los servicios básicos han colapsado, se ha generalizado el uso de la violencia sexual como arma de guerra y múltiples evidencias relatan la repetición del genocidio en Darfur.
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