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Sudán: al borde de la guerra civil y la división del país

Combates en Jartum en el marco de la guerra en Sudán.
Combates en Jartum en el marco de la guerra en Sudán.

La guerra en Sudán entre el ejército sudanés y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) ha desaparecido del foco mediático, pero no ha perdido en virulencia. Según los últimos datos publicados por el centro de análisis Armed Conflict Location & Event Data a principios de septiembre, más de 7.000 personas habrían fallecido desde el inicio de las hostilidades en abril de 2023. Por otra parte, la Organización Internacional para las Migraciones cifra en más de siete millones las personas desplazadas de sus hogares.

La guerra por el poder entre el líder del Consejo Soberano de Transición (CST) –establecido tras el golpe de Estado contra Omar al-Bashir en 2019–, Abdel Fattah al-Burhan, y su vicepresidente hasta el inicio de las hostilidades, el general Hemedti, amenaza con convertirse en una guerra civil de impredecibles consecuencias. Hasta el momento la capital Jartum y sus alrededores, así como la región occidental de Darfur, han sido las más afectadas por los combates, pero, con el tiempo, se han ido extendiendo hasta otras zonas como las ubicadas en las orillas del Mar Rojo.

La guerra en Sudán se extiende al este

Precisamente en el Mar Rojo se encuentra la ciudad de Puerto Sudán, el principal puerto comercial del país y lugar donde Rusia mantiene sus intenciones de instalar una base militar. La intensidad de los combates en Jartum –a principios de septiembre fue atacada la sede del Cuartel General de las Fuerzas Armadas y el Ministerio de Interior– ha convertido a esta urbe en la base de operaciones para el ejército sudanés y ya se han trasladado hasta allí diversas instituciones y funcionarios gubernamentales. A su vez, el vicepresidente del CST, Malik Agar, anunciaba a mediados de septiembre la intención de establecer un gobierno interino en esta estratégica localización.

Para ampliar: El estallido de Sudán hacia una guerra civil

La reacción de Hemedti no se ha hecho esperar, ya que considera que la medida “llevará a la división” con “dos autoridades controlando distintas partes del país”. De producirse el traslado definitivo a Puerto Sudán, Hemedti amenaza con “iniciar inmediatamente las consultas para establecer una autoridad civil en las zonas bajo nuestro extenso control, con Jartum como capital”. Y es que, según asegura, las RSF controlan la mayor parte del país y en ningún caso permitirán “la creación de una capital alternativa”.

Puerto Sudán fue el escenario de fuertes enfrentamientos a mediados de septiembre, los primeros desde el inicio de la guerra en abril. Los combates se produjeron cuando el ejército inició el desmantelamiento de los puestos de control establecidos por las Fuerzas de la Alianza de Partidos y Movimientos de Sudán Oriental en diversos puntos de la ciudad. Tras ello, el ejército habría atacado la sede del partido/milicia Congreso Beja y detenido a su líder Shaiba Dirar, circunstancia que este negó.

Aunque el conflicto en esta ciudad no sigue estrictamente las dinámicas de la guerra registradas en el resto del país, sí que amenaza con provocar una mayor desestabilización y extender las hostilidades a todo el territorio sudanés. Recientemente, Shaiba Dirar declaraba su independencia asegurando que no apoya a ninguno de los bandos. Se describe a sí mismo como “un luchador por la libertad” cuya máxima aspiración es la “liberación del Sudan oriental y la comunidad beja tras décadas de marginación”.

El Congreso Beja fue uno de los grupos más combativos contra la dictadura de Al-Bashir y desde el golpe de Estado en 2019 ha bloqueado el puerto de Puerto Sudán en diversas ocasiones como medida de presión para lograr sus intereses. En 2021, el bloqueo del puerto se considera como la llave que abrió el camino al golpe de Estado militar. Sin embargo, a finales de 2022, repitieron la operación en protesta a los acuerdos entre la junta militar y las Fuerzas por la Libertad y el Cambio, la coalición de organizaciones que lideró la revolución contra Al-Bashir y que formaría parte del proceso de transición hasta el nuevo golpe militar de 2021.

Para ampliar: Combates en Sudán: los paramilitares se enfrentan al Ejército

Por todo lo anterior, puede deducirse que este grupo sigue su propia agenda y su principal finalidad es conseguir una mayor autonomía en el este del país. Para el gobierno sudanés es extremadamente importante no perder esta estratégica región y ya se ha mostrado dispuesto a llegar a acuerdo con la milicia beja. Por su parte, Shaiba Dar asegura que apoya a las tropas del ejército que luchan contra las RSF en Jartum, pero que no reconocerá a los soldados que hacen lo propio en la región del Mar Rojo. Cabe señalar que, como asegura su líder, el Congreso Beja cuenta con diversos campos de entrenamiento militar en la zona fronteriza con Eritrea, hogar también de población beja. 

Los restos de la revolución de 2019

Mucho se ha debatido si el actual conflicto puede considerarse ya como una guerra civil o, por el contrario, se trata únicamente de un conflicto por el poder entre el ejército y un grupo paramilitar. Sea como fuere, la gran extensión que ha alcanzado y su crudeza han obligado a las distintas organizaciones, tanto civiles como armadas, a tomar partido. Lejos quedan ya las protestas de 2019 y ahora no es raro ver a participantes de las revueltas contra Al-Bashir luchar junto a integrantes del antiguo régimen. Según asegura el medio especializado Middle East Eye, miembros de grupos locales que participaron de la revolución democrática estarían implicados en los combates contra las RSF tras el llamado de Al-Burhan a la juventud sudanesa a unirse para la librar la “batalla por la dignidad”. Por su parte, grupos armados como Angry Without Borders han mostrado su “soporte y bendición a cualquier solución política que conlleve la disolución de las RSF”. Aseguran, eso sí, que su “apoyo se dirige a los soldados y oficiales, no a los generales”.

El motivo tras todo ello cabe encontrarlo en la extrema crueldad mostrada por las RSF en los combates y en las zonas bajo su control. El origen del grupo puede situarse en las milicias yanyauid, principales responsables del conocido como genocidio de Darfur a principios de siglo. En el actual conflicto han sido acusadas de cometer violaciones generalizadas y masacres indiscriminadas, especialmente en Darfur, pero también en Jartum. Cabe señalar, sin embargo, que sobre el ejército sudanés se extienden acusaciones similares.

Para ampliar: Sudán vuelve al tablero africano tras el golpe de Estado

El conflicto ha visto resurgir la influencia de antiguos miembros de la administración de Al-Bashir. Políticos del Partido del Congreso Nacional –la formación política de ideología islamista liderada por el propio Al-Bashir que fue prohibida tras su derrocamiento– han mostrado abiertamente su apoyo al ejército y todo indica que estarían participando en los combates. De confirmarse, la intervención evidencia que, como afirman las organizaciones civiles, los sectores del antiguo régimen nunca han desaparecido de la política sudanesa.

Por otra parte, las RSF aprovechan la participación de grupos islamistas y la supuesta infiltración de miembros de los Hermanos Musulmanes en el ejército como un modo de deslegitimar a Al-Burhan enarbolando una postura anti-islamista. La participación de batallones de ideología yihadista como Al-Bara bin Malik ha sido utilizado por Hemedti para desacreditar a las Fuerzas Armadas, afirmando que existe “un plan de extremistas religiosos para tener el poder sobre el destino del pueblo sudanés” en connivencia con “los restos del régimen de Al-Bashir”. Incluso denunció la implicación de “elementos del grupo terrorista Estado Islámico”.

Por último, cabe señalar que, aunque algunos grupos y activistas a título individual apoyan las acciones del ejército, no existe una postura común entre las organizaciones civiles que colaboraron en el derrocamiento de Al-Bashir. De hecho, las ya mencionadas Fuerzas por la Libertad y el Cambio han estado acusadas de dar apoyo a las RSF. Sin embargo, estas lo niegan rotundamente y recientemente anunciaban el inicio de consultas para establecer una “hoja de ruta civil” al conflicto. 

El general Hemedti junto al ministro de Exteriores ruso Seguéi Lavrov en una visita realizada por este último a Jartum en febrero de 2023, poco antes de iniciarse la guerra en Sudán.
El general Hemedti junto al ministro de Exteriores ruso Seguéi Lavrov en una visita realizada por este último a Jartum en febrero de 2023, poco antes de iniciarse la guerra en Sudán. Fuente: Russian Foreign Ministry

Su portavoz, Yasir Arman, acusó a Al-Burhan de haber buscado el conflicto para “permitir que los islamistas vuelvan al poder” y “destruir la revolución de 2019”. Por otra parte dijo que, aunque no apoyaban explícitamente a las RSF, no se opondrían a “llegar a acuerdos en determinadas condiciones”. Es importante señalar que esta organización ha dejado de representar al conjunto de fuerzas unidas en 2019 y, ya antes de iniciarse los combates, la ruptura con otras organizaciones como los Comités de Resistencia de Jartum era total. 

La internacionalización del conflicto

Si bien la paz parece aún lejana, ambos contendientes han dado tímidos pasos al cese de hostilidades. El líder de las RSF expresó en septiembre su predisposición a un alto el fuego y a iniciar un “diálogo significativo”. Por su parte, Al-Burhan declaró estar dispuesto a negociar “si la dirección de las fuerzas amotinadas tiene voluntad de volver a entrar en razón, retirar sus tropas de las zonas residenciales y volver a los cuarteles”.

Sin embargo, el propio Al-Burhan advirtió en la última Asamblea General de Naciones Unidas que los enfrentamientos tendrán un “efecto contagio en toda la región” y tendrán un fuerte impacto “en la paz y la seguridad a nivel regional e internacional”. Aseguró que las RSF “se han reforzado con mercenarios de distintos lugares del mundo”, en una clara referencia a Wagner. Pese a que sus operaciones en Sudán se envuelven en el secretismo, se considera probado que el grupo militar privado ruso ha entregado armas y entrenado a las RSF. En las zonas bajo su control se encuentran las más importantes minas de oro del país, explotadas con contratos con Wagner, y el propio Hemedti fue recibido en el Kremlin en la víspera del inicio de la guerra en Ucrania.

Para ampliar: Darfur, radiografía de una catástrofe anunciada

Junto a Rusia son diversos los países que han mostrado sus intereses particulares en el conflicto. Por ejemplo, los Emiratos Árabes Unidos han sido acusados de suministrar armas y municiones a las RSF a través de Chad, mientras otros como Turquía o Egipto apoyan al ejército sudanés. No entraremos aquí en los motivos de cada uno de ellos para involucrarse en el conflicto, ya que merecerían un análisis más profundo, pero demuestran que la guerra en Sudán se está convirtiendo a pasos agigantados en un conflicto regional, como declaraba el propio Al-Burhan. El líder de la CST, por su parte, inició una gira a principios de septiembre por países como Turquía, Sudán del Sur, Eritrea, Egipto o Qatar con el objetivo no declarado de lograr una mayor credibilidad internacional. Asimismo, continúa rechazando iniciativas de paz como la presentada por la Autoridad Intergubernamental sobre el Desarrollo (IGAD), la organización que representa a todos los países de la región.

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