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La doctrina nuclear de Irán ante la rivalidad con Israel

El Líder Supremo de Irán, Ali Khamenei, asiste a una ceremonia de graduación de cadetes del ejército.
El Líder Supremo de Irán, Ali Khamenei, asiste a una ceremonia de graduación de cadetes del ejército. Fuente: Khamenei.ir - bajo CC BY 4.0

En un momento de máxima tensión regional, se está gestando en Irán un debate público sobre un posible cambio en su doctrina nuclear. Este fenómeno ocurre en lo que el experto en política internacional Bruno Maçaes describe como un "momento líquido", una noción compartida por figuras relevantes en Estados Unidos, Israel y otras regiones, que sostiene que Oriente Medio está maduro para una reconfiguración política acorde con los intereses occidentales, lo que perjudicaría a Irán. 

En los últimos meses diversos medios de comunicación y figuras públicas iraníes han abordado el tema de manera directa. Hasta hace poco, la discusión estaba prácticamente cerrada al debate público debido a una fatwa –edicto islámico– emitida en 2003 por el Líder Supremo, el ayatolá Ali Khamenei, que prohibía de manera tajante la producción y uso de armas nucleares y biológicas.

La relevancia jurídico-política de esta fatwa fue tal que, en 2021, el entonces ministro de Inteligencia, Mahmoud Alavi, recibió duras críticas de juristas islámicos tras sugerir que, en caso de verse acorralado, Irán debería considerar la posesión de armas nucleares para defenderse. 

Este artículo tiene como objetivo, por un lado, revisar brevemente la historia nuclear iraní, dividida entre el periodo pre-revolucionario (antes de 1979) y el post-revolucionario, desde la fundación de la República Islámica. Por otro lado, busca analizar la situación actual y la posibilidad de un cambio en la doctrina nuclear del país frente a un escenario regional marcado por la creciente inestabilidad. 

Historia nuclear pre-revolucionaria

Durante el gobierno del Shah, Irán recibió considerable apoyo de Estados Unidos a través del programa "Átomos para la Paz", que incluía la transferencia de tecnología nuclear, combustible, formación, equipos de laboratorio y plantas de energía, todo destinado a la generación de electricidad y la investigación. En 1967, Irán adquirió su primer reactor de investigación de 5 megavatios (MW), que funcionaba con uranio altamente enriquecido. Tenía la capacidad de producir hasta 600 gramos de plutonio al año, marcando así el inicio de futuros contratos multimillonarios con países como Francia, Alemania, Namibia y Sudáfrica. 

Una de las empresas más relevantes en la colaboración con Irán fue la alemana Kraftwerk, que participó en la construcción de la Planta Nuclear de Bushehr, situada en la costa del Golfo Pérsico. El proyecto contemplaba la instalación de dos reactores y, aunque Kraftwerk estaba cerca de completar uno, la Revolución Iraní interrumpió el avance de las obras. 

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En 1974, se fundó la Organización de Energía Atómica de Irán con el ambicioso objetivo de construir 20 reactores nucleares, establecer una planta de enriquecimiento de uranio, desarrollar una instalación de reprocesamiento de combustible nuclear gastado y alcanzar una producción de 23.000 MW de energía nuclear para finales del siglo XX. El Shah planeaba reemplazar el uso de petróleo y gas por energía nuclear, destinando la producción de hidrocarburos exclusivamente a la exportación. 

Durante este periodo, Irán respetó los estándares internacionales vigentes. En febrero de 1979, con el Shah ya exiliado, el Parlamento iraní ratificó el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), comprometiéndose a evitar la proliferación de armas nucleares, promover el uso pacífico de la energía nuclear y, eventualmente, avanzar hacia el desarme total. 

Historia nuclear post-revolucionaria 

La revolución iraní, que instauró la República Islámica el 1 de abril de 1979, supuso un cambio radical no solo para el país, sino también para su programa nuclear. Ante la incertidumbre y las tensiones revolucionarias, muchos trabajadores del sector nuclear, tanto iraníes como extranjeros, huyeron del país. El nuevo líder, el Ayatolá Khomeini, consideró el programa nuclear como "antiislámico" hasta 1984. 

Las relaciones hostiles entre Irán y Estados Unidos llevaron a la retirada de toda ayuda estadounidense y de sus aliados, y Washington presionó a otros países para que se mantuvieran al margen del programa nuclear iraní. Aunque Teherán logró establecer acuerdos con Pakistán y China, la potencia norteamericana bloqueó partes del pacto con este último, impidiendo que la República Islámica adquiriera reactores adicionales. Como resultado, tuvo que buscar apoyo en naciones y actores ajenos a la influencia estadounidense. 

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En los primeros momentos tras la fundación de la República Islámica, se produjo una suspensión temporal de las actividades nucleares. Sin embargo, el contexto geopolítico y de seguridad internacional, especialmente el impacto de la invasión iraquí durante los años 80, modificó esta situación. Durante la guerra, entre 1984 y 1988, el reactor nuclear de Bushehr fue atacado en siete ocasiones, y la falta de una respuesta contundente por parte de la comunidad internacional condujo a un cambio en la doctrina de seguridad del país. 

A partir de 1987, Irán comenzó a recibir planos e importaciones nucleares –incluidas centrifugadoras– de fuentes extranjeras, que muchos creen que provenían de la red nuclear clandestina del científico pakistaní A.Q. Khan, quien también ayudó a Pakistán, Libia y Corea del Norte a avanzar en sus respectivos programas nucleares. 

Ali Khamenei, actual Líder Supremo de Irán, visitó a las tropas en 1988, durante la guerra contra Irak, cuando ocupaba el cargo de presidente.
Ali Khamenei, actual Líder Supremo de Irán, visitó a las tropas en 1988, durante la guerra contra Irak, cuando ocupaba el cargo de presidente. Fuente: Khamenei.ir - bajo CC BY 4.0

Ya en la década de 1990, se establecieron acuerdos con Rusia para completar la planta de energía nuclear de Bushehr. En 1992, Irán firmó convenios con Corea del Norte, principalmente relacionados con misiles, en los que este último suministraba misiles a la República Islámica a cambio de financiación para su propio programa armamentístico. 

Durante esta etapa, las actividades nucleares iraníes generaron tensiones significativas entre Europa y Estados Unidos. Mientras que Washington insistía en cerrar el expediente iraní dentro del marco de la seguridad, Europa abogaba por la implementación de mecanismos diplomáticos. 

Finalmente, bajo la presión de organizaciones internacionales, Irán firmó el Protocolo Adicional en 2003. Este acuerdo no solo condujo a una suspensión temporal de sus actividades nucleares, sino que también permitió rigurosas inspecciones de la Agencia Internacional de Energía Atómica (OIEA) en sus instalaciones nucleares. 

La politización del programa nuclear iraní

Con la llegada al poder de Mahmoud Ahmadinejad en 2005, las actividades nucleares de Teherán se reanudaron con fuerza. Durante el tercer periodo de negociaciones, que abarcó desde 2006 hasta 2008, se llevaron a cabo conversaciones entre el grupo 5+1 –Estados Unidos, China, Rusia, Francia, Alemania y Reino Unido– y se implementaron sanciones por parte de las Naciones Unidas. Estos acontecimientos reflejaron la creciente tensión entre Irán y la comunidad internacional, especialmente con Washington. 

La presidencia de Ahmadinejad marcó un punto de inflexión en esta cuestión. Sus acusaciones hacia la administración anterior, a la que consideraba excesivamente conciliadora respecto al programa nuclear, impulsaron una agenda más desafiante. Con la llegada de gobiernos posteriores, el programa nuclear adquirió una dimensión cada vez más politizada. Hasta fechas recientes, se puede afirmar que la cuestión nuclear ha delineado las líneas políticas dentro de la República Islámica, evidenciando la división entre reformistas y principalistas –el nombre dado a los considerados como conservadores islámicos en Irán–. 

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La fractura política en torno al tema nuclear se intensificó por dos cuestiones de vital importancia. En primer lugar, la emisión de resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas entre 2006 y 2010, junto con la imposición de sanciones. En segundo lugar, las disputas políticas en torno a las elecciones de 2009, que resultaron en la reelección de Ahmadinejad y dieron origen al opositor "Movimiento Verde", liderado por Mir Hossein Mousavi y Mehdi Karroubi, quienes acusaron al presidente y a los conservadores de fraude electoral. 

Con la victoria del moderado Hassan Rouhani en 2013, la República Islámica alcanzó un acuerdo provisional –el Plan de Acción Conjunto– con seis potencias globales, que implicaba la suspensión de muchas actividades nucleares de Irán y la reducción de las sanciones. Entre 2014 y 2015, la comunidad internacional se centró en las negociaciones para el acuerdo nuclear integral, conocido como el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA)

Es importante señalar que, al hablar de la politización del programa nuclear, no se quiere insinuar que no exista un consenso nacional al respecto, que se percibe como un símbolo de resistencia ante políticas coercitivas externas. La diferencia política radica, por un lado, en los usos que se le quiere dar al programa nuclear y, por otro, en la disposición a llegar a acuerdos al respecto con Occidente. En este sentido, los llamados principalistas continúan viendo el JCPOA como un mal acuerdo, que supuso una renuncia a la soberanía nacional y debilitó la posición política del país. 

Desde esta perspectiva, Irán enfatiza su derecho legítimo y legal a acceder a la energía nuclear. Como miembro del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) desde 1968, sostiene que el desarrollo de tecnología nuclear se enmarca dentro de este acuerdo y está en consonancia con la legislación internacional.

En este sentido, la República Islámica de Irán, aludiendo al artículo IV del TNP, afirma que todos los Estados tienen el derecho de participar en el intercambio de equipos, materias primas e información científica para fines pacíficos. Además, Irán rechaza las acusaciones sobre sus actividades nucleares militares, argumentando que tales críticas son una politización de cuestiones técnicas. 

Al mismo tiempo, las políticas nucleares de Irán están intrínsecamente ligadas a sus valores revolucionarios, que incluyen la independencia y la soberanía territorial, así como la autosuficiencia en los ámbitos político, económico y militar. La larga historia de intervenciones extranjeras en Irán y la percepción de vulnerabilidad han llevado a un aumento en las necesidades de seguridad y defensa entre los responsables políticos. En este contexto, Teherán considera la tecnología nuclear como un mecanismo esencial para alcanzar la autosuficiencia y, por ende, como un pilar fundamental de su política de seguridad nacional. 

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Las necesidades de seguridad fueron puestas de manifiesto en mayo de 2024 por Sayyed Kamal Kharrazi, presidente del Consejo Estratégico de Relaciones Exteriores, quien declaró en una entrevista que si "el régimen sionista se atreviese a dañar las instalaciones nucleares de Irán, nuestro nivel de disuasión será diferente". Kharrazi enfatizó que, aunque la República Islámica no tiene intención de producir una bomba nuclear, en caso de sentirse amenazada, podría "verse obligada a cambiar su doctrina nuclear". 

A raíz de los recientes acontecimientos entre Irán e Israel, el debate sobre el programa nuclear ha cobrado nueva fuerza. Este tema parece estar desbordando los límites discursivos marcados por la fatwa de Khamenei. En este contexto, son cada vez más las voces de figuras políticas iraníes que sostienen que un cambio en la doctrina nuclear podría aumentar el poder disuasorio del país. 

Este cambio de enfoque refleja la evolución de las percepciones sobre la seguridad nacional en Irán, donde la tecnología nuclear es vista no solo como un símbolo de soberanía, sino también como un componente estratégico para garantizar la defensa ante posibles amenazas externas. 

Debate sobre la doctrina nuclear de Irán

Un claro ejemplo del debate público sobre la doctrina nuclear de Irán se observa en la carta enviada el 9 de noviembre de 2024 al Consejo Supremo de Seguridad Nacional por 39 parlamentarios, encabezados por el principalista Hassan Ali Akhlaghi Amiri. En esta carta, solicitaban la revisión de la doctrina defensiva de la República Islámica, así como la autorización y los recursos necesarios para la construcción de armas nucleares.

Desde la perspectiva de estos legisladores, la adquisición de una bomba atómica por parte de Irán proporcionaría una capacidad significativa para respaldar a Palestina y a los movimientos de resistencia. También argumentaban que contar con un arsenal nuclear sería un recurso inmejorable para hacer frente a enemigos como Israel, que, según ellos, no respeta ningún límite en sus acciones. 

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Incluso figuras abiertamente reformistas, como el clérigo Hassan Khomeini, nieto del fundador de la República Islámica, expresó durante una entrevista con una televisión local el 5 de noviembre que las capacidades de disuasión de Irán deben fortalecerse. Este apoyo a la revisión de la doctrina nuclear, incluso desde sectores considerados más moderados, señala una creciente preocupación por la seguridad nacional y un reconocimiento de la importancia del poder nuclear en el actual contexto geopolítico.  

Expertos en seguridad nacional, como Abolfazl Bazargan, consideran que la revisión de la doctrina nuclear es "el único camino para controlar las tensiones en Oriente Medio". En una entrevista con un medio local, Bazargan subrayó que "la capacidad nuclear ha demostrado tener un impacto significativo en el equilibrio de poder y en la capacidad de controlar la rivalidad y las tensiones, contribuyendo a la estabilidad entre adversarios en la región". 

Ali Khamenei, Líder Supremo de Irán, visita una exhibición centrada en la industria nuclear.
Ali Khamenei, Líder Supremo de Irán, asiste a una exhibición dedicada a la industria nuclear. Fuente: Khamenei.ir - bajo CC BY 4.0

Bazargan también destacó que Irán no es un Estado normal, por lo que necesita abordar sus problemas de seguridad de manera adecuada. "La presencia de barcos nucleares de Estados Unidos en el Golfo Pérsico y sus bases alrededor de Irán, que nos han amenazado repetidamente con ataques nucleares, refuerza aún más nuestra percepción de la necesidad de desarrollar capacidades nucleares", añadió. 

Si bien es cierto que la mayoría de las voces que abogan públicamente por la modificación de la actual doctrina nuclear provienen del campo principalista, a excepción de Hassan Khomeini, todo parece indicar que están ganando terreno en el debate público. La opinión generalizada refleja una creciente preocupación por la situación regional y la posibilidad de un conflicto a gran escala. 

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Por otro lado, la posición reformista puede verse representada por Ezzatollah Youssefian Molla, exmiembro del parlamento y exdirector general de la secretaría del poder judicial. En una entrevista concedida a la agencia de noticias iraní Fararu en septiembre, Molla señaló que "es crucial recordar que las políticas generales del sistema son determinadas por el Líder Supremo, no por los miembros del parlamento".

Según su visión, el legislativo, dominado por los principalistas, no tiene la autoridad constitucional para forzar un cambio en la política nuclear de Irán. Además, advirtió que "Israel se sentiría satisfecho con el deseo de Irán de desarrollar armas nucleares y utilizaría rápidamente esa narrativa en su propaganda mediática para incitar a Occidente y Europa". 

El asesor estratégico de la presidencia y exministro de Exteriores durante el gobierno de Rouhani, Mohammad Javad Zarif, también ha intentado mantener el debate nuclear dentro de los límites discursivos marcados por la  fatwa del Líder Supremo. En una entrevista publicada en octubre, Zarif subrayó que "la opinión del Líder Supremo sobre la prohibición de poseer armas nucleares está clara", reiterando así la postura oficial de Irán en contra de la adquisición de armamento nuclear. 

Estas perspectivas moderadas y reformistas son vistas por los principalistas como un intento de bloquear un debate que consideran imprescindible en el contexto regional actual.

Foad Izadi, experto en asuntos internacionales y alineado con los principalistas, lanzó una crítica directa en una columna de opinión, donde planteó la siguiente pregunta: "Actualmente, cuando los sionistas, que poseen armas nucleares, matan a la gente en Gaza de esta manera y no tienen ninguna restricción ética, afirmando que su principal enemigo es Irán y que poseen un armamento que Irán no tiene, ¿no cree Irán que debería considerar un cambio en su doctrina militar?". 

Todo indica que el debate sobre la doctrina nuclear iraní seguirá marcando el panorama público y político en el país, lo que ya sugiere una superación del marco establecido por la fatwa de Khamenei. Muchas voces, como la del diplomático Seyed Hossein Mousavian, señalan que, en caso de un ataque militar israelí, "no hay garantía de que el programa nuclear pacífico de Irán continúe". 

Es evidente que cualquier ataque al territorio iraní refuerza la posición de quienes abogan por cambiar la doctrina nuclear y desarrollar armas nucleares. Además, destacan que la capacidad técnica para fabricarlas ya existe, y que la única barrera es la decisión política del Ayatolá Khamenei. En este sentido, el diputado Vahid Ahmadi, miembro de la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento, afirmó el 26 de octubre en una entrevista con Dideban Iran que: "En la ciencia de la jurisprudencia islámica, las fatwas dependen de las circunstancias. Si cambian las condiciones secundarias, también puede cambiar la fatwa correspondiente". 

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Por ahora, parece poco probable que Jamenei anule su fatwa; sin embargo, si el país llegase a enfrentarse a una amenaza existencial o si Israel lograra reconfigurar la región conforme a sus intereses, podría haber un cambio en la doctrina nuclear de Irán. En este contexto, cabe señalar el ataque de Israel a Irán en junio de 2025. Este bombardeo, que para las élites políticas iraníes evidencia la incapacidad de Israel para restaurar su poder disuasorio frente a Irán, no parece haber alterado, por el momento, la ecuación de seguridad regional. 

En conclusión, Irán se encuentra en el umbral nuclear, y la decisión de cruzarlo o no dependerá de las circunstancias políticas y las dinámicas regionales. Además, el actual debate público sobre la posible revisión de la doctrina nuclear refleja una creciente voluntad de cuestionar un tema que, hasta ahora, había estado limitado en sus aspectos legales y políticos por la fatwa del Ayatolá Khamenei. Este debate pone de manifiesto que las presiones externas están llevando a una reevaluación de las estrategias de seguridad del país, situando la cuestión nuclear en el centro del discurso político iraní. 

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