El islamismo de Ruhollah Khomeini como configuración política de Irán

Ruhollah Khomeini saluda a sus seguidores tras regresar del exilio a Irán
Ruhollah Khomeini saluda a sus seguidores tras regresar del exilio a Irán. Fuente: AP

El Islamismo, entendido como el discurso que busca que el Islam se convierta en el punto político central en las comunidades musulmanas, mantiene una serie de características que comparten, en menor o mayor medida, todos los proyectos que se definen como islamistas, desde Khomeini a Mawdudi, pasando por Qutb:

  • La visión de que Occidente ha dejado de ser el punto central normativo dado que, según esta óptica, ya no goza de una total hegemonía. La Revolución Islámica de Irán, vista desde el islamismo, supone el golpe definitivo a Occidente como relato político.
  • La superación de los límites impuestos por el Estado-nación como lugar exclusivo de lo político. El islamismo busca la superación del marco nacional, ya que entiende que, debido a su origen colonial, niega el carácter global del proyecto islamista.
  • La necesidad de construir un poder islámico capaz de defender a la umma. Este poder islámico sería la garantía de una presencia islámica independiente en el mundo actual. La ausencia de esta presencia significaría que los musulmanes no estarían representados politicamente a nivel global. La República Islámica iraní se auto-representa como este poder islámico que garantiza la legitimidad política de la umma.

Es importante señalar la diferencia entre el concepto de islamismo y el de islamización, definiendo este último como la mera concesión de cierta visibilidad al Islam en los espacios culturales, pero sin que esto se traduzca en una articulación del Islam como lenguaje en las relaciones internacionales, políticas públicas, etcétera. Por tanto, se ha de tener en cuenta que muchos proyectos que suelen ser etiquetados como islamistas en realidad son proyectos islamizadores, como por ejemplo el salafismo o el wahabbismo.

Khomeinismo y revolución

El objetivo del artículo reside en analizar la actual configuración política de la República Islámica iraní desde un punto de vista islamista. Para este cometido es imprescindible comprender la figura de Ruhollah Khomeini, el fundador, desde una perspectiva política y no religiosa.

El khomeinismo habría comprendido que la visión orientalista continúa siendo el marco desde el que se observan las poblaciones musulmanas situadas fuera del relato eurocéntrico. El orientalismo entiende que la ideología o paradigma occidental es universal y puede ser usado, sin ningún tipo de problema, para comprender y explicar fenómenos no occidentales. Hay que tener en consideración que para el khomeinismo Occidente no es un lugar geográfico, sino una ideología.

De acuerdo con los islamistas, la visión normativa occidental es aquella que considera que el Islam no puede construirse como herramienta política. Hablar sobre el Islam como identidad política alternativa al régimen Pahlavi sería, por tanto, una distracción de las causas primarias de la revolución. El Islam no dejaría de ser un epifenómeno, una cortina de humo.

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Desde Irán, en concreto desde la articulación política de Khomeini, se considera que la revolución islámica fue un suceso originado, entre otros motivos, contra el eurocentrismo, no solo por el derrocamiento de la dinastía Pahlavi (1925-1979), sino porque rompía con el marco orientalista que observa a los musulmanes como carentes de agencia. Este anti eurocentrismo se puso de manifiesto en los intentos por lograr una transformación cultural cuyo objetivo era la «des-occidentalización» de la sociedad iraní.

Protestas en apoyo a Ruhollah Khomeini en Teherán, capital de Irán, en enero de 1979
Protestas en apoyo a Ruhollah Khomeini en Teherán, capital de Irán, en enero de 1979. Fuente: AFP

La historiografía islamista percibe esta revolución como la primera que no siguió la gramática occidental y por esta razón fue impredecible para académicos y expertos. El ejemplo que se suele emplear es el libro Iran: Dictatorship and development que Fred Halliday escribió meses antes de la revolución de 1979. La obra intenta predecir los posibles escenarios una vez que la dinastía Pahlavi desapareciese, algo que por entonces era ya más que evidente. Halliday no considera en ningún momento la posibilidad de una revolución islámica entre sus múltiples predicciones, sino que habla de gobierno nacionalista, socialista, una nueva monarquía, etcétera.

Que la posibilidad de una revolución islámica no estuviese ni contemplada sirve a los islamistas para criticar la óptica política occidental, que según ellos no es capaz de ver el Islam como herramienta política. En otras palabras, la posibilidad de usar el lenguaje islámico para lograr una emancipación política, era y es inimaginable para el relato occidental. El islamismo considera que Khomeini construyó una identidad autónoma con el Islam como punto nodal. El fundador habría negado, según esta lectura, la universalidad de la epistemología occidental y, al mismo tiempo, habría desafiado la secuencia histórica conocida como from Plato to NATO.

La revolución habría sido la materialización de una identidad islámica, insertada en una genealogía alternativa de resistencia anti-colonial con una gramática propia que no puede ser expresada en el lenguaje occidental de la liberación nacional ni del marxismo. De esta forma se habría dado respuesta a una de las preguntas más acuciantes para el islamismo: ¿cómo pueden los musulmanes vivir políticamente, en el mundo actual, como musulmanes?

Khomeini y el aspecto político

La importancia de Khomeini se manifiesta en su proyecto político, que intentó –con éxito según sus seguidores–, desplazar a Occidente como discurso normativo. Este proceso fue realizado siguiendo exclusivamente el lenguaje de la tradición islámica, sin ningún tipo de referencia a doctrinas políticas consideradas occidentales, a diferencia de otros reformistas islámicos como el iraní Ali Shariati (1933-1977). Khomeini escribía como si la gramática occidental no existiese. Esta irrelevancia es para sus seguidores algo prioritario ya que habría materializado la construcción de una identidad política musulmana autónoma. Que Khomeini escribiese como si Occidente no existiese también significa que el Islam no puede verse reducido a la categoría de «religión».

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Varios intelectuales de la república islámica defienden que la idea de «religión» es un producto de la Ilustración europea y que este modelo se ha exportado globalmente. Consideran que aceptar la universalización de la categoría «religión» supone no tener en cuenta que este concepto es un proyecto que intenta hacer ver la historia local europea como universal. Esta universalización se percibe desde la República Islámica como una de las características principales del Eurocentrismo. El islamismo protesta por lo que se recibe como una imposición de las normas epistémicas occidentales sobre las islámicas.

Religión como categoría colonial

La idea de que existe algo universal con el nombre de «religión» implicaría, según estos mismos autores –por ejemplo Ahmad Fardid– una esencia trans-histórica que no tendría en cuenta las diferencias entre los varios proyectos que invocan la figura de Dios. Desde la perspectiva de la República Islámica hablar de «religión» supone aceptar el carácter de creencia privada y alejada de lo político que se le confiere en Occidente. El discurso de la religión, para los islamistas iraníes, se comprende únicamente si se complementa con la narrativa del secularismo.

Manifestantes iraníes queman la bandera de Estados Unidos, Reino Unido, Israel y una pancarta con la frase "Familia Saud" escrita en referencia a Arabia Saudí
Manifestantes iraníes queman la bandera de Estados Unidos, Reino Unido, Israel y una pancarta con la frase «Familia Saud» escrita en referencia a Arabia Saudí. Fuente: Reuters

El secularismo no hay que entenderlo como la mera ausencia de religión o su exclusión del espacio público, sino como un proyecto normativo que construye sus propios límites. Para la República Islámica, el secularismo no es ni natural ni la culminación de un proceso histórico. Es visto como un discurso disciplinador, una modalidad política que considera ciertas sensibilidades políticas como válidas mientras excluye otras al considerarlas como una amenaza. Utilizar el lenguaje de la religión no es tan sólo un ejercicio descriptivo, si no que tiene una clara voluntad prescriptiva. El objetivo final es regular el espacio del Islam.

Saba Mahmood, profesora de antropología en la universidad de Berkeley, explicó que a pesar de la pretensión de neutralidad religiosa, el Estado moderno secular está implicado en la regulación y control de la vida religiosa de una forma nunca vista anteriormente. La idea de un Islam francés que sea compatible con el proyecto nacional francés, por ejemplo, ejemplifica esta regulación de la vida religiosa para la propia Mahmood. Conforme al proyecto islamista, la idea de un islam nacional supone dejar de lado el proyecto global del islam, su carácter universal. La nacionalización del Islam se considera como un intento más por disciplinar a los musulmanes. Khomeini recoge esta idea de que el Islam no puede verse reducido a la categoría colonial de «religión”, cuando escribe que:

«si nosotros los musulmanes no hacemos otra cosa que rezar, rogar a Dios, e invocar su nombre, los imperialistas y los gobiernos opresores nos dejarán en paz. Si hubiésemos dicho: concentrémonos en la llamada a la oración durante 24 horas y digamos nuestras oraciones, o: dejemos que nos roben todo lo que tenemos, que Dios se hará cargo de ello, ya que no hay más poder que Dios y de esta forma seremos recompensados en el más allá. Si hubiésemos dicho todo eso, no nos habrían molestado».

La idea de Khomeini es que el Islam no puede verse reducido a una cuestión ritualista-moralista, desprovisto de una esencia política. Es precisamente la articulación política del Islam lo que impide su disolución. En la actual República Islámica, el Islam no político de Arabia Saudí –aquel que no tiene la intención política de convertirse en identidad alternativa a Occidente–, se pone como ejemplo de un Islam que se siente cómodo en la categoría colonial de «religión». En el reino saudí existe una preocupación respecto a la piedad y la moralidad, mientras que las cuestiones políticas quedan en manos de una élite occidentalizada que no busca construir un marco epistémico alternativo. Por este motivo, Riad es visto como un claro ejemplo de islamización.

El islamismo de la República Islámica

Una de las diferencias expresadas por el islamismo iraní respecto a los proyectos de islamización regional es que el Islam no puede verse reducido a una serie de características finitas. Esta noción es expresada por el propio Khomeini en una serie de cartas al entonces presidente y actual líder supremo iraní, Ali Khamenei. En estos manuscritos declara que la República Islámica puede llegar a abrogar cualquier manifestación concreta del Islam para garantizar su supervivencia. Esto, que en opinión de muchos expertos es la constatación del pensamiento nacionalista de Khomeini, es visto por otros como ejemplo de ese Islam que no puede reducirse a sus manifestaciones históricas, sino que va siempre más allá de las mismas.

Otra de las características del khomeinismo es que a pesar de que el propio Khomeini se considerase miembro de la escuela jafarí, la principal escuela jurídica del chiismo, su práctica política es considerada como un intento por acercar sunismo y chiismo en lo que los expertos islámicos llaman «visión post-mazhabi» –mazhab o madhhab significa escuela jurídica en árabe–. Esta búsqueda de la unidad islámica es vital para entender la auto-representación de la República Islámica como hogar político de todos los musulmanes, una especie de gran poder capaz de defender a toda la comunidad islámica de los ataques de Occidente.

Un último pilar del khomeinismo es la doctrina de Wilayat e faqih. Traducida como «gobierno del jurista», es la visión política más importante del khomeinismo.  Los diversos sermones que Khomeini pronunció en la ciudad iraquí de Najaf en 1970, en la que estaba exiliado, fueron recopilados en forma de libro por sus estudiantes. Esta doctrina rompe con el tradicional quietismo político chií. Este quietismo –intizar–, suponía esperar la llegada del Imam Mahdi –que, según la tradición chií, está oculto y volverá al final de los tiempos– y con él la llegada de la justicia y la igualdad en la tierra. Lo único que podían hacer los chiíes era esperar la llegada del mismo y aceptar la ilegitimidad de todo gobierno en su ausencia. Khomeini cambia esta concepción y con ello lo que hace es repolitizar el chiismo y transcender la idea de quietismo. La noción ya no es esperar de forma pasiva la llegada del Imam Mahdi, sino crear las condiciones políticas y sociales necesarias para que se produzca. Con la instauración del Gobierno del Jurista –Wilayat e faqih–, siendo el jurista el delegado del Imam, Khomeini rebaja las condiciones de liderazgo en el chiismo –en concreto la necesidad de infalibilidad– y se acerca al sunismo.

Khomeini habría comprendido, si seguimos esta visión, que la solución a los problemas de Irán y de la comunidad islámica en general no pueden tener una solución teológica, sino que deben ser abordados desde un enfoque político.

El líder supremo iraní Ali Khamenei acude a votar en las elecciones presidenciales de 2021
El líder supremo iraní Ali Khamenei acude a votar en las elecciones presidenciales de 2021. Fuente: Atta Kenare / AFP

De hecho, Khomeini consiguió crear una identidad política islámica capaz de ir más allá de las identidades nacionales y sectarias. Entendió la agencia política como la capacidad de los musulmanes de decolonizarse a sí mismos y re-suturar sus sociedades dentro de una tradición histórica islámica. Esta decolonización tiene como objetivo el desmantelamiento del orden colonial global. Por tanto, para sus seguidores, la importancia de Khomeini se basa en su capacidad de romper la identificación entre “universal” y “Occidente”. En otras palabras, gracias al khomeinismo, Occidente es revelado como un mero particularismo más.

La idea del islamismo iraní, por tanto, se entiende como un rechazo a la idea colonial que considera el Islam como una religión y al mismo tiempo se presenta como alternativa a lo que los propios islamistas consideran la hegemonía ideológica occidental. Entender la República Islámica es entender el rechazo al lenguaje occidental y la necesidad de articular visiones políticas independientes y autónomas.


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