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¿Quién es María Corina Machado, líder de la oposición en Venezuela?

María Corina Machado, líder de la oposición de Venezuela, en una protesta organizada en Caracas en febrero de 2019.
María Corina Machado, líder de la oposición de Venezuela, en una protesta organizada en Caracas en febrero de 2019. Fuente: Alexcocopro - bajo CC BY-SA 4.0

María Corina Machado es la verdadera figura central de la oposición en Venezuela. El candidato de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) para las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024 fue Edmundo González, sí, pero la protagonista de la campaña fue Machado. De hecho, González ha sido en todo momento una suerte de “suplente” de la líder y fundadora del partido Vente Venezuela.

La (no) candidata

En las elecciones primarias de la Plataforma de Unidad Democrática de octubre de 2023, que no contaban con el aval del Consejo Nacional Electoral (CNE), la máxima autoridad electoral venezolana, María Corina Machado arrasó. A pesar de que no existe pleno consenso en torno al número de participantes en los comicios, lo que nunca estuvo en discusión fue la victoria de Machado.

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Otros líderes opositores rehusaron participar en la carrera por el liderazgo del espacio aludiendo irregularidades o, simplemente, desconfianza en el procedimiento, pero en última instancia fue ella quien logró el respaldo de una mayoría contundente en el proceso. En cualquier caso, este hecho no fue sorprendente: María Corina Machado es, desde hace varios años, la figura de mayor peso mediático y político del variopinto universo del antichavismo en Venezuela.

Al consolidar en las primarias su posición de líder de la oposición, Machado dio inicio a su particular precampaña con la vista puesta en unas elecciones presidenciales que, por aquel entonces, no tenían fecha definida: “enterrar el socialismo para siempre” fue su compromiso central frente a una sociedad venezolana que transitaba en 2023 el vigésimo cuarto año consecutivo de gobierno chavista. Grandes nombres propios del antichavismo como Leopoldo López o Juan Guaidó apoyaron su nominación para la carrera presidencial.

No obstante, la precandidatura de María Corina Machado tenía un gran elefante en la habitación: se hallaba inhabilitada políticamente por varios motivos, entre ellos “errores y omisiones en sus declaraciones juradas de patrimonio” –causa ratificada por el Tribunal Supremo de Justicia–, la acusación por traición a la patria que sobre ella cayó en 2014 por su participación en el proceso insurreccional que acompañó a las “guarimbas” –protestas antichavistas con ciertos grados de violencia callejera impulsados por sectores específicos– y la acusación en 2023 por apoyar el régimen de sanciones impuesto por Estados Unidos contra Venezuela –en concreto, contra su sector petrolífero–.

A lo largo de los meses posteriores a su victoria en las primarias, Machado reiteró en que lograría de alguna forma ser candidata presidencial a pesar de la inhabilitación, pero el empeño no prosperó y Edmundo González terminó ocupando el rol de candidato.

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Como sea, la primacía de Machado en el puzle de la oposición antichavista no ha sido puesta en duda a lo largo del proceso. En cierta medida, la carrera presidencial de Edmundo González Urrutia era percibida por amplios sectores antichavistas como una suerte de preludio para un futuro gobierno de Machado, cuya rehabilitación habría de impulsar el propio González desde la presidencia.

Él, de hecho, no negó en ningún momento ser un sustituto de Machado y, de hecho, su proyección pública –un hombre de más de setenta años, parco en palabras y con un perfil muy bajo– advertía que la líder de Vente Venezuela seguía siendo la principal referencia política del espacio. El propio Edmundo González confirmó que Machado ocuparía en un hipotético gobierno opositor “el cargo que ella quiera”.

El programa

Probablemente no es apresurado afirmar que María Corina Machado es la principal figura política en Venezuela tras el presidente Nicolás Maduro. No solo ha demostrado tener una considerable capacidad de convocatoria a lo largo de la campaña electoral –a lo largo de la cual ha tenido un protagonismo muy superior al del candidato González–, sino que ha logrado agregar a múltiples sensibilidades opositoras en torno a un frente común del que, no obstante, han quedado relegados algunos actores secundarios. Pero Machado no es meramente una “opositora”, sino que tiene una agenda ideológica concreta, un programa de gobierno definido y una proyección internacional específica. 

Reducir impuestos, liberalizar los procesos y fuerzas productivas del capitalismo venezolano, aminorar notablemente el peso del Estado en la economía, privatizar activos públicos y abrir el país a la inversión privada de los conglomerados occidentales han sido siempre algunas de sus prioridades. Su spot de campaña para las elecciones primarias de la Mesa de la Unidad de cara a las elecciones presidenciales de 2012 versaba lo siguiente: “Venezuela, vamos a dejar atrás la pobreza; vamos a construir un país de oportunidades y prosperidad. Con tu trabajo y mi apoyo tendrás propiedad, calidad de vida, seguridad, un futuro para tus hijos [...] lo tuyo es tuyo y nadie te lo puede quitar. Tienes derecho a progresar, a ser libre y a vivir con dignidad: esto es el capitalismo popular”.

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Machado incluso protagonizó una paradigmática conversación con Hugo Chávez en 2012 en los siguientes términos: “Cómo puede usted hablar de que respeta al sector privado en Venezuela cuando se ha dedicado a expropiar, que es robar, cuando se ha dedicado a insultar…”; “¿Robar?”; “Sí, las propiedades de empresarios, comerciantes, hasta de pequeñas posadas a quienes ni siquiera se les ha resarcido su propiedad”.

Aquel término, el del “capitalismo popular”, sintetizaba con atino el perfil político de Machado, quien profesa simpatía personal y, sobre todo, política, por el presidente argentino Javier Milei y por su partido La Libertad Avanza. Tanto Vente Venezuela como muy en particular su líder han edificado un “corpus” programático que incorpora elementos de peso del referente liberal venezolano Carlos Rangel (fallecido en 1988) y de la escuela austríaca –el punto de partida doctrinal de algunas tendencias políticas como el anarcocapitalismo, el libertarismo o el paleolibertarismo–.

El peso político de Machado confirma una tendencia ascendente de las corrientes ultraliberales en el continente, representadas no solo por María Corina o Javier Milei, sino también por el peruano Hernando de Soto, el think tank Instituto Libertad y Democracia o influenciadores políticos como el chileno Axel Kaiser o el argentino Agustín Laje.

Quizá lo más destacado del programa de gobierno de María Corina Machado sea su apuesta por la privatización de PDVSA (Petróleos de Venezuela, SA), la verdadera “joya de la corona” de la economía de Venezuela. Nacionalizada en 1976 por el presidente Carlos Andrés Pérez, la empresa es el pivote del proyecto económico del chavismo. Caracas declara tener la mayor reserva petrolera del planeta y su economía depende ampliamente de los precios del crudo –factor que ha explicado, parcialmente, el alcance de la reciente crisis económica en el país– y, por extensión, de la propia PDVSA.

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Antes de la llegada de Hugo Chávez a la presidencia, el petróleo venezolano era un importante activo estratégico para grandes empresas del sector energético fundamentalmente estadounidenses. Si María Corina Machado lograse aplicar su programa en este sentido y, en efecto, Venezuela procediera con la privatización de PDVSA, es altamente probable que los capitales involucrados en su compra fueran en gran medida norteamericanos.

Además, supondría per sé una notable alteración de la estructura productiva venezolana, que presumiblemente apostaría por un esquema de primarización sin redistribución centrado en el petróleo y por la “Venezuela de propietarios”, eslogan permanente de María Corina Machado que nunca ha alcanzado a definir en profundidad. La líder opositora, por cierto, también defiende privatizar otros activos públicos como la Corporación Eléctrica Nacional.

La proyección política de Machado

Políticamente, María Corina Machado ha difundido desde sus inicios proclamas anticomunistas y antisocialistas y se posiciona hoy como una de las grandes figuras femeninas de las nuevas derechas radicales latinoamericanas, junto a Victoria Villarruel (vicepresidenta de Argentina), Dina Boluarte (presidenta de Perú) o María Fernanda Cabal (senadora colombiana y una de las principales figuras de la sección de derecha radical de CD, el partido de Álvaro Uribe). Sin embargo, a diferencia de alguna de ellas, Machado no impulsa una retórica particularmente conservadora en campos como el sexual o de género; su vinculación con el catolicismo ha respondido a menudo más a una necesidad electoral que a una adhesión programática.

Manifestación convocada por la oposición de Venezuela en 2014.
Manifestación convocada por la oposición de Venezuela en 2014. Fuente: María Alejandra Mora - bajo CC BY-SA 3.0

Su participación en la vida política venezolana se remonta a los inicios del gobierno de Hugo Chávez y se ha prolongado hasta la actualidad, lo que le convierte posiblemente en la líder opositora con un recorrido más estable de confrontación con el chavismo. En 2004, impulsó junto a otras figuras el referéndum revocatorio contra el presidente Chávez en el que el “No” se impuso con un 59% frente al “Sí”.

Anteriormente, Machado había apoyado el golpe de Estado del año 2002 que “pausó” el mandato de Hugo Chávez entre el 11 y el 13 de abril, llegando a firmar el Decreto Carmona por el que los insurrectos establecerían un gobierno transicional que disolvería la Asamblea Nacional y el Tribunal Supremo y concentraría el poder público en torno a la figura del líder Pedro Carmona.

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Tras la experiencia golpista, Machado fraguó su peso en el bloque opositor, consolidándose a posteriori como una de las principales referencias del antichavismo en Venezuela. Junto a Leopoldo López, Antonio Ledezma y otros protagonistas, apostó públicamente por “La Salida”, donde jugó ya un papel central. “La Salida” fue la estrategia de movilizaciones y guarimbas mediante la cual algunos sectores de la oposición buscaron poner fin al gobierno de Nicolás Maduro tras las elecciones presidenciales de 2013 en las que se impuso a Henrique Capriles (50,6% para Maduro; 49,12% para Capriles).

“La Salida” desembocó en un movimiento callejero marcado por las tendencias insurrectas de algunos sectores y por la represión de las fuerzas de seguridad venezolanas que dejó un saldo de decenas de fallecidos –se presentan diversas versiones sobre las cifras–.

El origen de clase de María Corina es en cierta medida descriptivo: hija de Henrique Machado, presidente del que llegó a ser el conglomerado privado más importante en todo el campo de las industrias pesadas venezolanas, pudo estudiar en Estados Unidos, un hábito habitual en las secciones más acomodadas de la clase capitalista en el país.

De hecho, su vinculación con Washington es más orgánica que identitaria, apoyando en forma explícita un eventual ataque militar de Estados Unidos contra Venezuela, tal como aseveró en una entrevista con BBC en 2019: “Esto no es una dictadura convencional, sino un estado criminal que se propuso acabar con la nación, y la única manera de sacarlo del poder es aplicando toda la fuerza cívica interna y a nivel internacional para provocar una ruptura […] Estamos hablando de mafias que incluyen desde la guerrilla colombiana, los carteles de la droga hasta el terrorismo islámico. […] Por eso las democracias occidentales tienen que entender que un régimen criminal solo saldrá del poder ante la amenaza creíble, inminente y severa del uso de la fuerza”.

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En suma, María Corina Machado no es en absoluto una mera acompañante de campaña para Edmundo González, sino la figura central de la misma. La “persona política” de Machado y su agenda de gobierno son los elementos en torno a los cuales ha pivotado en todo momento la estrategia del gran bloque antichavista unificado. Si bien la líder opositora no será presidenta próximamente, haberse cargado a las espaldas la campaña de González no supone un paso atrás, sino justamente lo contrario.

Para la líder de Vente Venezuela, su aspiración política fue primordial como mínimo desde que fracasara el experimento de la presidencia paralela de Guaidó; un hipotético mandato de González sería en realidad la antesala para la rehabilitación de Machado y su posterior candidatura. Además, la perspectiva internacional de Machado podría facilitar en primera instancia una presidencia opositora tras cinco lustros de chavismo. Sus vínculos con Estados Unidos, su mirada occidentalista, liberal y anticomunista y sus enlaces ideológicos con figuras en ascenso de la derecha radical latinoamericana serían otros aspectos decisivos.

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