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El fenómeno Milei: quién es el anarcocapitalista que puede gobernar Argentina

Javier Milei en un acto en Ushuaia
Javier Milei en un acto en Ushuaia. Fuente: redes sociales de Milei

El clima preelectoral de la República Argentina se encuentra marcado por la indefinición que rodea a los dos principales bloques de la política nacional. Ni el peronista Frente de Todos ni Juntos por el Cambio parecen estar cerca de concretar su fórmula de cara a las elecciones presidenciales de octubre de este mismo año. Ambos afrontan sendos debates programáticos y de liderazgo que, por ahora, deberán resolverse en las elecciones PASO del 13 de agosto con el objetivo de precisar su fórmula presidente-vicepresidente. La cuestión de los nombres es, por el momento, una incógnita. Alberto Fernández, Cristina Kirchner, Wado de Pedro, Sergio Massa, Juan Grabois y otros tantos podrían estar a la cabeza de la candidatura peronista; por el flanco derecho, la situación es similar, con Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta como las figuras mejor posicionadas, luego de que el ex presidente Mauricio Macri anunciase que no será precandidato. En cualquier caso, sí hay un nombre propio cuya presencia en una papeleta electoral puede darse por hecha: Javier Milei.

Los fundamentos del único candidato confirmado

Economista, “austríaco” en lo doctrinal, individualista por principio y conservador en los aspectos identitarios como feminismo y orientación sexual, no tiene competidor aparente en la interna de la coalición liberal agrupada en torno a la marca La Libertad Avanza. El lema “Milei 2023” es un consenso entre el electorado y la militancia que los liberales han sabido fraguarse desde que cosechasen buenos resultados en las elecciones legislativas de 2021 –17% en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 7,5% en la provincia de Buenos Aires–. Aunque existen otros nombres propios como José Luis Espert o Carlos Maslatón, ninguno parece tener la voluntad ni la capacidad de hacerle sombra.

Probablemente, Milei encaja en diversas definiciones que dependen del marco teórico de quien las enuncia: “pensador liberal”, “economista burgués”, “teórico de la libertad”, etc. En clave discursiva, ha repetido con cierta frecuencia una consigna que sirve como primer acercamiento a sus postulados ideológicos: el dirigente liberal insiste en “el respecto irrestricto del proyecto de vida del prójimo basado en el principio de no agresión, en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad”.

En lo económico, esta noción maximalista se expresa en un programa de gobierno centrado en la reducción drástica del gasto público –habla de pasar una “motosierra” en el Estado argentino-, la supresión de una larga lista de impuestos, la privatización de la mayoría de empresas públicas, la desregulación de los salarios y los precios, la eliminación de buena parte de los planes de ayuda social y la dolarización de Argentina. En este sentido, su charla TEDx “La estruendosa superioridad del capitalismo” es una síntesis de sus valores éticos y económicos. 

La esfera internacional del pensamiento de Javier Milei la ha expresado varias veces con bastante contundencia: se alinearía “con Occidente” y sus socios serían “Estados Unidos e Israel”. Diplomáticamente, no sería descabellado imaginar un alejamiento de la República Popular China, ya que el líder de La Libertad Avanza insiste en no querer negociar “con comunistas ni con asesinos”, en referencia a Pekín. Conviene destacar que esta declaración de intenciones tiene un asterisco: como presidente, el dirigente liberal no censuraría que empresas particulares de capital argentino hiciesen negocios con el gigante asiático, ya que tal decisión quedaría enmarcada en el laissez-faire ortodoxo postulado por él mismo. Al respecto de las Islas Malvinas, sería probable un “enfriamiento” del reclamo sobre su soberanía, al no considerarlo una prioridad en los mismos términos en los que lo hace el actual oficialismo.

Más allá de las fronteras argentinas, el dirigente de La Libertad Avanza ha mostrado simpatía por actores políticos reconocibles en terceros países. En más de una ocasión ha reivindicado las figuras históricas de Ronald Reagan y Margaret Thatcher por su gobernanza económica y por el papel que, desde su perspectiva, jugaron en la desintegración del bloque soviético. En España, ha mostrado públicamente su apoyo a Vox, llegando a participar en un acto de este partido en 2022. En el marco latinoamericano, Jair Bolsonaro y José Antonio Kast han sido apoyados por el argentino, al tiempo que ha rechazado a otros dirigentes como Pedro Castillo, llegando a denominar además a Nicolás Maduro y Díaz-Canel como “dictadores, narcotraficantes y terroristas”. Mirando hacia el norte, Milei tiene“afinidad” con Donald Trump y el Partido Republicano, viéndose a menudo en sus actos la bandera amarilla con el lema Don’t tread on me empleada por los seguidores del ex presidente estadounidense y diseñada por el esclavista Christopher Gadsden en el siglo XVIII.

Para ampliar: Argentina: ¿quiénes se perfilan para las presidenciales de 2023?

En lo que refiere a la política interna, La Libertad Avanza en general y Javier Milei en particular se sostienen sobre una premisa crucial: la “antipolítica”. A través de un ejercicio de reduccionismo verbal, los “libertarios” dibujan un mapa ideológico que se divide entre “los zurdos empobrecedores”, donde embolsan a organizaciones marxistas, trotskistas y, ante todo, al peronismo-kirchnerismo y los “socialdemócratas estatistas”, donde ubican al peronismo no kirchnerista, a la Unión Cívica Radical y a las “palomas” de Juntos por el Cambio –el sector “moderado” liderado por Horacio Rodríguez Larreta–. Todos ellos, no obstante, son agrupados nuevamente en una suerte de hombre de paja definido a través de expresiones despectivas como “casta”, “chorros” o “ladrones” del que solo quedarían fuera los propios “libertarios” y algunos sectores del ala “dura” de Juntos por el Cambio –principalmente, Patricia Bullrich–. En términos identitarios, Milei y su espacio político se encuentran relativamente cómodos en etiquetas como “anticomunistas”, “antiperonistas”, “antikirchneristas” e incluso “antiprogresistas”, aunque su término aglutinante es sin duda el de “libertarios” o “anarcocapitalistas”.

Milei se muestra contrario al derecho al aborto, propone eliminar el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad y asume como propio el relato de la existencia de un supuesto “marxismo cultural” y de una “ideología de género”. Durante los estadíos iniciales e intermedios de la pandemia del COVID-19 se mostró reacio a los programas internacionales de vacunación. Al mismo tiempo, ha defendido posturas históricamente revisionistas/negacionistas, llegando a poner en duda la cifra de los 30.000 militantes que fueron desaparecidos durante la dictadura de Videla y de la Junta Militar (1976-1983).

Javier Milei tiene mucho de rockstar en su escenificación pública. Presente permanentemente en los principales medios de comunicación de masas de la Argentina y con un rápido trasvasamiento hacia las redes sociales de sus intervenciones en la Cámara de Diputados y en la televisión –existe un amplio flujo de shorts de Youtube con clips suyos–, su histrionismo casó rápidamente con el clima de descontento generalizado entre las clases medias y populares de Argentina. Aunque era asiduo de los medios desde hace años, no fue hasta 2021 que decidió asumir la contradicción de ingresar en la política institucional. Buena parte de su actual base electoral se explica por sus intervenciones públicas deliberadamente emotivas.

Los posible límites de su candidatura

Como todo fenómeno “antipolítico”, La Libertad Avanza sale al ciclo electoral de 2023 como una candidatura catch-all. Si bien es cierto que su retórica “libertaria” y antiestado está logrando una cierta capacidad pedagógica –en el sentido de incorporar determinados términos y conceptos entre algunas capas de su electorado–, no está claro que el voto a Milei tenga severas convicciones anarcocapitalistas. A su vez, es importante destacar que los muestreos de las encuestas electorales en Argentina suelen ser inferiores a 2.000 personas, pese a la asiduidad con la que el dirigente comparte sondeos favorables en sus redes sociales. 

A pesar de algunos titulares en la prensa argentina que lo ubican como el próximo presidente de la Argentina, afronta varios elementos limitantes. El primero es territorial. Por ahora, La Libertad Avanza solo ha obtenido resultados contundentes en la ciudad de Buenos Aires, por lo que está sobre la mesa la duda de si se trata de un fenómeno “porteño”. Resta ver si es capaz de armar equipos de trabajo consistentes y candidaturas de relevancia más allá de la Capital Federal, asaltar feudos históricos del peronismo como Catamarca, Formosa, San Juan y San Luis y sacarle votos a la derecha tradicional en el grueso del territorio nacional.

Urna en un colegio electoral de Argentina
Urna en un colegio electoral de Argentina. Fuente: Chequeado

El segundo de los límites es coyuntural y es difícilmente mensurable por el momento. En un contexto de crisis de la representatividad política como la que atraviesa Argentina, tres son los grandes escenarios posibles: el primero es el de la ruptura, en el que el electorado “se tira a la piscina” y apuesta por líderes que se postulan como anti establishment y realizan una enmienda –al menos verbal– a la totalidad del orden nacional; el segundo es el del “miedo al cambio a peor”, en el que las urnas refuerzan a dirigentes moderados que defienden un retorno a un estatus anterior de cierta estabilidad y progreso; el tercero es el de la apatía generalizada frente al procedimiento electoral en sí mismo, generando bajos niveles de participación que afectan incluso a los candidatos que se definen como outsiders. Para contextualizar estas tres posibilidades, conviene considerar que la República Argentina goza de un extenso historial de alta participación y organización política, aunque no puede pasarse por alto el intenso clima de polarización que se ha fraguado desde la irrupción de La Libertad Avanza. 

La tercera clave combina institucionalidad y contexto político: el ballotage. Si ninguna candidatura obtiene el 45% de los votos o el 40% con más de 10 puntos respecto al segundo, habrá segunda vuelta. El escenario de una victoria en primera vuelta de cualquiera de las tres principales fuerzas es altamente improbable, por lo que el ballotage del 19 de noviembre es una situación esperable. En tal caso, y siempre y cuando Javier Milei lograse superar al Frente de Todos o a Juntos por el Cambio en primera vuelta, se abriría una suerte de territorio inexplorado; nunca una fuerza de las formas y el programa de La Libertad Avanza jugó una segunda vuelta –pese a ciertas líneas de continuidad entre este bloque y el gobierno de Carlos Menem–.

En este hipotético ballotage, las dos variables previamente expuestas decantarían la balanza, dibujándose una serie de incógnitas que serían clave para la definición del próximo presidente: ¿Milei vencería un ballotage en un escenario de alta polarización frente a un dirigente del kirchnerismo? ¿Partiría en ventaja ante Alberto Fernández o Sergio Massa? ¿Y contra Larreta? ¿Quién ganaría en una segunda vuelta escorada a la derecha entre Patricia Bullrich y el propio Milei? 

Todas estas cuestiones están lejos de poder ser resueltas, ya que dependen en gran medida de cómo resuelvan sus procesos internos el Frente de Todos y Juntos por el Cambio. En última instancia, y pese a la diversidad de liderazgos y programas hacia dentro de ambas formaciones, las elecciones presidenciales tienen un marcado cariz personalista, por lo que las diferencias en los “emparejamientos” en una segunda vuelta entre uno y otro líder de cada bloque podrían ser cruciales.

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