La crisis del Partido Popular Europeo

En un corto lapso, el Partido Popular Europeo ha visto como dos de sus principales figuras perdían el liderato de sus países. Cada una por diversos motivos, la alemana Angela Merkel, por dejar la política tras 16 años en el poder, y el austríaco Sebastian Kurz tras ser investigado por corrupción y obligado a dimitir por sus socios de gobierno. Principal fuerza electoral en Europa en 2019, el Partido Popular Europeo está en plena crisis tras perder varios gobiernos, huérfano de referentes, sus miembros confían en darle la vuelta a la situación antes de 2024 pero la realidad es que han sufrido la pérdida constante de gobiernos y figuras de poder a lo largo de toda la Unión Europea.

La CDU pierde en Alemania

El Partido Popular Europeo ha dominado la política del Viejo Continente durante décadas, de hecho, en 2019 se proclamaron ganadores de las elecciones europeas. Ursula von der Leyen, como miembro del grupo acabaría siendo la Presidenta de la Comisión Europea. Sin embargo, aunque los conservadores antes dominaban en países tan importantes como Francia (Sarkozy), España (Rajoy), Italia (Berlusconi) o Polonia (Tusk) en estos momentos solo lideran nueve gobiernos de veintisiete. Y, sin duda, la derrota más amarga es la que se ha producido en la joya de la corona, Alemania.

Como ya vaticinaban las encuestas, la CDU/CSU (Unión) obtuvo el pasado 26 de septiembre los peores resultados de lejos de su historia. Con un 24,1%, la Unión no quedaría muy lejos de su principal rival, el SPD (25,7%), sin embargo, sería suficiente para que les correspondiera a los socialdemócratas liderar las conversaciones para formar gobierno en Alemania.

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Tal y como se preveía, la salida de Merkel de la política ha resultado fatal para las aspiraciones de los conservadores en Alemania. No es por nada, que Angela Merkel ha sido la figura más importante en Europa en la última década. Olaf Scholz, candidato socialdemócrata, sería visto como el principal sucesor de la canciller, de ahí su éxito. En cambio, la candidatura de la Unión liderada por Armin Laschet sufrió una continua serie de contratiempos. Por un lado, una desastrosa campaña electoral, y por el otro, la escasa valoración positiva que despertaba Laschet y su falta de carisma.

Portada de DER SPIEGEL analizando la caída de Armin Laschet

A pesar de sus malos resultados, Laschet no se dio por vencido e intentó mantener la esperanza de negociar con los Verdes y el FDP para formar una Coalición Jamaica. En vano, ya que la realidad es que los conservadores sufrieron una dolorosa derrota, perdiendo la confianza de los alemanes. 1,3 millones de votos se fueron al SPD y alrededor de otro millón a los Verdes (una sangría especialmente relevante en las ciudades). Incluso dentro de su coalición, Laschet fue desautorizado, ya que el líder de la CSU, Markus Söder, declararía que la Unión no tenía el mandato para intentar formar Gobierno.

A principios de octubre, Armin Laschet pondría sobre la mesa su dimisión, para días después entonar el “mea culpa” tras los malos resultados, admitiendo que su partido deberá prepararse para estar en la oposición, algo que no pasaba desde 2005. “La responsabilidad de este resultado me corresponde como líder y candidato a la Cancillería. Soy responsable de la campaña electoral…Obtuvimos un resultado amargo… no hay nada que pueda ocultarlo”, declaró Laschet en un congreso de jóvenes democristianos. A la vez, el SPD, los Verdes y el FDP anunciaban un acuerdo inicial de gobierno sobre unas bases mínimas, la coalición semáforo ponía rumbo de crucero.

La CDU, por tanto, necesitará renovar sus liderazgos y posiblemente reinventarse ante la debacle electoral y la salida de Angela Merkel. En noviembre está convocada una conferencia de los dirigentes orientales para reflexionar sobre su mal resultado en el este alemán (tercera fuerza con un 16,9%), y en diciembre tendrá lugar un congreso donde se deberá discutir qué dirección deberá tomar el partido. Laschet además anunció que el año que viene se convocará un congreso nacional donde se procederá a “la renovación completa de los cuadros de la CDU, desde su presidencia a todos los cargos de la ejecutiva” . En esta travesía en el desierto que se vislumbra para la Unión, queda por ver que dirección toma el partido, si continúa siguiendo las tesis centristas de Merkel, o, por el contrario, decide incorporar un perfil más derechista para recuperar el votante que se ha ido a la extrema derecha de Alternativa por Alemania. Por otra parte, también se debería discutir el papel de su socio bávaro la CSU, y de especialmente su líder Markus Söder, que no ha cesado en poner palos en las ruedas a Laschet, ¿quizás esta vez opte por presentarse a candidato por la Unión?

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Sebastian Kurz, la “esperanza conservadora” se estrella

El 9 de octubre, el canciller de Austria, Sebastian Kurz, anuncia su dimisión tras la investigación por corrupción y soborno iniciada por la Fiscalía contra su persona. Kurz está siendo investigado por haber usado presuntamente fondos gubernamentales, entre 2016 y 2018 para “financiar encuestas de opinión parcialmente manipuladas” que le ayudaron a auparse al frente de su partido, el ÖVP. Fue en aquellos años además cuando Kurz pasó de ser Ministro de Exteriores en un gobierno de coalición con los socialdemócratas a canciller tras su victoria en las elecciones de 2017.

La investigación a Kurz desataría una crisis política importante en Austria. Su socio de gobierno, los verdes, amenazaría con apoyar una moción de censura de la oposición si el canciller no dimitía. Inicialmente, el ÖVP defenderían a su canciller, asegurando que no gobernarían sin él. Durante esas frenéticas horas, con el objetivo de evitar elecciones anticipadas, los socialdemócratas estuvieron considerando acercarse al partido de extrema derecha FPÖ, con el objetivo de intentar formar un gobierno de concentración en el que estarían incluidos los verdes y los liberales. La incertidumbre, aún así, no duraría mucho y Kurz acabaría por dimitir, defendiendo su inocencia, argumentando que su paso atrás era una forma de “prevenir el caos”. El puesto de canciller lo ocuparía el Ministro de Exteriores, Alexander Schallenberg, mientras que Kurz mantendría su liderazgo de los conservadores y el grupo parlamentario. Es decir, el excanciller aún ostenta mucho poder.

Portada de Politico ante las acusaciones de corrupción a Sebastian Kurz

Lo cierto es que Kurz, y su gobierno, no han sido ajenos a la corrupción recientemente. En abril, múltiples periódicos internacionales se hacían eco de una investigación contra el ejecutivo austríaco por donaciones irregulares a empresas y colocación de amigos en puestos relevantes. No mucho tiempo después, la Fiscalía anticorrupción anunciaba una investigación contra Kurz, por presunto perjurio en una comisión de investigación en el caso Ibiza. Este último caso supuso la ruptura del gobierno de coalición de 2019 tras la aparición de un vídeo en el que se veía al vicecanciller Heinz-Christian Strache, líder del partido de extrema derecha FPÖ, ofreciendo contratos públicos a una supuesta oligarca rusa a cambio de apoyo electoral. Este “escándalo de Ibiza” tuvo como consecuencia la salida del FPÖ del gobierno a petición de Kurz, y la convocatoria de elecciones anticipadas. Los conservadores se proclamarían de nuevo ganadores, pero en esa ocasión decidirían formar gobierno con los verdes.

A pesar de estos escándalos internos, lo cierto es que Sebastian Kurz ha tenido una carrera política meteórica. En 2013 sería nombrado Ministro de Exteriores con tan solo 27 años, en 2017, se convertía en el canciller más joven de Austria y de la UE con 31 años. Y es que Kurz era visto por muchos dentro del Partido Popular Europeo como un modelo a seguir, y un líder a la altura para sustituir a Angela Merkel como figura más importante en Europa. Durante sus años de gobierno, Kurz supo combinar una posición dura contra la inmigración con un barniz moderno gracias a su política ecologista. Y es que, Austria en Europa ha sabido tejer alianzas con diversos estados miembros con el objetivo de ganar influencia. En temas de inmigración pudo posicionarse con Hungría y Polonia, mientras que durante las negociaciones por el Fondo de Recuperación estuvo del lado de los llamados países Frugales. También hay que destacar su alianza informal con el Presidente francés Emmanuel Macron en temas de lucha contra el terrorismo y el islamismo. En Alemania, Kurz tenía muy buena imagen y una relación fuerte con la CSU bávara.

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La caída de Kurz supone, por tanto, un varapalo importante para la imagen del Partido Popular Europeo que ha perdido un referente de primera línea. Sin embargo, esto no quiere decir que la carrera política del excanciller austríaco haya acabado, aún mantiene gran parte del poder dentro del ÖVP y seguramente será su candidato en las próximas elecciones. Dependiendo también de lo que decida la justicia.

El Partido Popular Europeo busca un nuevo referente

Si miramos al Parlamento Europeo, una de las caras más reconocibles del Partido Popular Europeo (PPE) es el alemán Manfred Weber, recientemente reelegido líder del grupo parlamentario. En 2019, Weber fue el Spitzenkandidat del PPE, es decir, quien debía ostentar la presidencia de la Comisión, sin embargo, debido a las maniobras de Macron y el veto del Primer Ministro húngaro Viktor Orbán, finalmente el puesto recayó en Ursula von der Leyen. En 2022, se esperaba que Weber accediera a Presidente del Parlamento Europeo en un trato con los socialdemócratas, pero finalmente desechó la oferta, destacando que buscaba la presidencia del partido, puesto que ha dejado vacante el polaco Donald Tusk. Según declaraciones de varios miembros del PPE, Weber ha decidido poner por delante sus intereses personales, por encima de los de la formación conservadora.

Victoria del PPE en las europeas de 2019. Vía European Views.

En los últimos años, la formación conservadora se ha visto arrinconada, por un lado, por su flanco derecho por los partidos de extrema derecha, y por el otro, por su ala izquierda por los liberales y los verdes. El caso francés es una prueba de la difícil situación de los conservadores, la victoria del liberal Emmanuel Macron en 2017 supuso un duro golpe para los Republicanos que veían en François Fillon una apuesta ganadora. Actualmente, y a unos meses de las presidenciales, no parece que a Macron se le vaya a escapar la reelección. De momento sin candidatura oficial, habrá que esperar hasta el congreso del 4 de diciembre para saber quién liderará a los Republicanos en las presidenciales. Los mejores situados son en estos momentos: Xavier Bertrand (presidente de la región de Alta Francia), Valérie Précresse (Presidenta de la región de Isla de Francia) y Michel Barnier (negociador del Brexit para la UE). Según las encuestas, el mejor candidato sería Bertrand, pero la posible irrupción del polemista de extrema derecha Eric Zemmour, podría dañar seriamente su candidatura.

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En Italia, Forza Italia pasa por malos momentos, tanto es así que ha formalizado una alianza con la Lega de Matteo Salvini para concurrir juntos a las elecciones de 2023. La llegada de la formación de extrema derecha Fratelli d´Italia ha supuesto para la Lega una pérdida potencial de votos importantes, sumado a que su presencia en el ejecutivo de concentración de Draghi le ha quitado la etiqueta de “outsider”. Por ello, Salvini ha decidido acercar posturas con los conservadores, e incluso podría plantearse ser el referente de dicha formación en el país transalpino. Ya llegan rumores de que la Lega se podría integrar en el Partido Popular Europeo. Mario Draghi, a nivel europeo, es un peso pesado técnico, pero ha apostado por la independencia política para satisfacer un gobierno pluripartidista. En este caso, con Lega y FdI compitiendo desde los grupos euroescépticos, a la espera de los pasos de Salvini en torno al espectro conservador, dejan a Forza Italia como principal referente del PPE. Esto se traduce, por ahora, en una enorme debilidad conservadora en Roma.

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Para Pablo Casado, líder del Partido Popular español, las cosas parece que no están yendo bien. La formación conservadora apostó muy fuerte por una ruptura del gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos propiciada por la crisis del coronavirus. Pero de momento no parece que vaya a ser el caso, y todo apunta a que acabarán legislatura. Aunque ciertas encuestas apunten a que el PP podría ganar las elecciones de 2023, lo cierto es que los números para gobernar son muy difíciles que salgan. El PP tendría que apoyarse en la extrema derecha liberal de Vox, lo que causaría el rechazo frontal de los partidos regionalistas o independentistas, indispensables para formar una mayoría, tras la debacle de Ciudadanos. Partidos como Bildu, ERC y PNV apoyarían al PSOE para evitar ese gobierno PP-Vox. Más allá de eso, Casado es una figura débil y cuestionada dentro del partido, un previsible fracaso haría que los líderes regionales de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, y de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, pudieran optar a encabezar la formación.

Polonia es uno de los países que el PPE busca recuperar, Donald Tusk, ex Presidente del Consejo Europeo y ex líder de la formación, anunció su vuelta a la política nacional con el objetivo de que Varsovia volviera a la “buena senda”. Lo cierto es que la renuncia de Tusk, ha dejado también un mal sabor de boca en varios miembros del PPE que piensan que tras solo un año y medio en el puesto, el político polaco ha dejado al partido sin rumbo y sin liderazgo.

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En estos momentos, puede que uno de los principales referentes del Partido Popular Europeo sea el Primer Ministro griego, Kyriakos Mitsotakis. Por una parte, Mitsotakis tiene asegurado el poder hasta 2023, además de que su política nacional ha sido bien vista en los círculos conservadores. En Europa tiene cierta influencia gracias a su sintonía con la Francia de Emmanuel Macron, y en Bruselas cuenta con una buena relación con el vicepresidente de la Comisión, el griego Margaritis Schinas. Una de las figuras más influentes de la capital europea. Se da la paradoja de que, tras la crisis de Austria, el principal referente del Partido Popular Europeo ha pasado a ser el líder del país que en más aprietos puso a los populares durante la crisis de deuda europea. Lejos queda el enfrentamiento entre la austeridad de la Troika y el gobierno de Grecia. Junto a Mitsotakis, el otro feudo del PPE también habla griego y bebe de la misma influencia: el Chipre de Nicos Anastasiades, que gobierna desde 2013, ahora en minoría.

La continua pérdida de poder del PPE

Como se ve, a las importantes pérdidas de poder en Francia, Italia, Polonia, España y ahora Alemania se une la caída de las grandes promesas como Sebastian Kurz en Austria. Sin embargo, la senda marcada por los cinco grandes países de la Unión tras la salida del Reino Unido –y los poderosos tories– es la del ejemplo de la caída paulatina del principal partido europeo.

Líderes del Partido Popular Europeo. Se puede ver a Angela Merkel, Mariano Rajoy, Viktor Orbán, Donald Tusk, Jean Claude Juncker. Vía Efe.

El caso de Francia es el del paso de la hegemonía de los partidos tradicionales, con el foco en los conservadores de Sarkozy y los Republicanos a un partido liberal. Aunque En Marche de Macron no forma parte del grupo liberal ALDE, es el referente francés de Renovar Europa, el grupo parlamentario. El gran éxito que vienen cosechando los partidos liberales tenía un foco claro hasta ahora: el Benelux. Las dificultades para unir a los múltiples partidos de gobierno en Países Bajos no impiden ver que su liderazgo recae sobre los liberales, incluso con Rutte liderando facciones políticas en Europa. En Luxemburgo los liberales, socialdemócratas y verdes también han dejado a los conservadores y democristianos en la oposición. Por último, la siempre convulsa Bélgica logró cambiar de gobierno en 2020 tras años de negociaciones, aunque sin renunciar a la primacía liberal. El gobierno saltó de un liberal valón como Charles Michel -y Sophie Wilmès- a un liberal flamenco como Alexander de Croo, con los democristianos del Partido Popular Europeo con un papel minoritario y solo con su mitad flamenca en el gobierno.

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El caso de España supone una excepción de éxito socialdemócrata sin pactos con partidos liberales. El desalojo del Partido Popular de Rajoy fue otro golpe para la familia conservadora europea. Dentro del bloque comunitario esta tendencia se sigue en Portugal o Malta. El partido conservador-liberal portugués que representa al PPE está a gran distancia de un fuertemente asentado Partido Socialista con António Costa, incluso en su gobierno en minoría. El otro punto europeo donde los populares viven su ocaso es en Malta, donde los laboristas mantienen una rara mayoría absoluta.

Italia representa un caso de gobierno de cuasi-concentración, con Fratelli d’Italia como única oposición antes de la salida de la Lega. Estos sistemas de inestabilidad política y ciclos acelerados como el italiano son los que están protagonizando ahora la política de países como Rumanía y Bulgaria. En Rumanía el partido afiliado al PPE ha permanecido en el gobierno desde 2019, pero ha tenido que pasar por tres primeros ministros diferentes, tres mociones de no-confianza (dos exitosas), una dimisión y un fracaso electoral en 2 años. El partido fue aceptado en el PPE, viniendo de ALDE, en 2014 tras romper con los socio-liberales rumanos, pero eso no ha permitido que asiente su poder en Rumanía. En Bulgaria, del mismo modo, un partido conservador hegemónico como el de Boyko Borisov ha perdido el poder por disputas políticas y ha llevado al país a terceras elecciones tras no lograr una mayoría en torno a su candidato, siendo un ‘outsider’ sin afiliación europea su principal rival. Son dos ejemplos donde el PPE podría estar sustancialmente más fuerte de la debilidad que están mostrando para forjar un gabinete aun contando con un importante control parlamentario.

También es relevante ver el papel desaparecido de los conservadores en la oposición de países donde no gobiernan, siendo los casos más importantes los nórdicos. En Finlandia, los conservadores ni siquiera son los líderes claros de la oposición a los socialdemócratas, la izquierda y los verdes, disputándose este papel con la extrema derecha de Partido de los Finlandeses (anteriormente Verdaderos Finlandeses). En Dinamarca, la situación es aún peor para el PPE, con liberales y extrema derecha nacionalista (Partido Popular Danés) por encima del referente conservador en la oposición. El mismo caso se vive en Suecia, siguiendo la ola socialdemócrata y verde, pero en esta ocasión los conservadores sí lideran la oposición, aunque más cerca de los nacionalistas de derecha de Demócratas Suecos que de alcanzar a los socialdemócratas. El Partido de los Finlandeses y el Partido Popular Danés comparten grupo con la Lega italiana, el AfD alemán y el Reagrupamiento Nacional francés mientras los Demócratas Suecos están en la bancada de Fratelli d’Italia, Vox y el PiS polaco.

Siguiendo el fracaso de los conservadores tradicionales en los países nórdicos, la situación sería similar en Estonia, pero con los liberales liderando y los conservadores en cuarta posición.

Los que se van y los que no encajan

Por lo tanto, Grecia y Chipre son los focos de dominio conservador claro, Austria de gobierno conservador forzado a renovarse y Rumanía y Bulgaria de conservadores debilitados por su incapacidad de formar gobiernos estables. Pero en otros puntos los conservadores aún juegan roles relevantes.

En Letonia, Lituania y Eslovaquia tendrían peso en el gobierno, siendo los partidos mayores en los dos últimos casos. En Irlanda, Fine Gael se vio obligado a ceder el puesto de liderazgo a Fianna Fáil, de Renovar Europa, perdiendo el peso de un referente tan carismático como Leo Varadkar -que pasó a un segundo puesto en la coalición para frenar al Sinn Féin-. Y en Eslovenia y Croacia los populares gobiernan en cohabitación, pero representando perfiles alejados de los valores de Bruselas. El SDS esloveno del PM Janez Janša es uno de los perfiles más nacionalistas y cercanos a Visegrado de toda la Unión, chocando con el Presidente socialdemócrata Borut Pahor. Lo mismo ocurre, con menor radicalismo que Janša, en el caso del PM croata Andrej Plenković de la HDZ, frente al Presidente Zoran Milanović socialdemócrata. A pesar de formar parte del PPE, ni la HDZ ni especialmente el SDS pueden representar un referente para los conservadores europeos con esos liderazgos. Sin duda, Mitsotakis sigue siendo, contra todo pronóstico, el principal exponente.

Por último, cabe mencionar aparte la situación del Grupo de Visegrado. Igual que ocurriese con Eslovenia, un peso pesado político que no era fácilmente reivindicable por el PPE era el poderoso Viktor Orbán. Finalmente, la membresía de Fidesz en el partido conservador fue suspendida en 2021, quedando su socio menor de coalición democristiano como único miembro húngaro del PPE. Aun así, tras la salida de Orbán del Partido Popular Europeo, se espera que el grupo pueda al menos recuperar un país del importante Grupo de Visegrado. A la mencionada apuesta renovada por Donald Tusk en una plaza tan compleja para Bruselas como es Polonia, se suma la caída de Andrej Babiš en República Checa. Sin embargo, no será tan sencillo para los conservadores hacerse con Praga. El fin del gobierno del ANO de Babiš (Renovar Europa) sería sucedido por una amalgama de grupos: el partido euroescéptico de Petr Fiala en coalición electoral con dos partidos del PPE –democristiano y liberal- y el previsible apoyo de los piratas (Verdes) y los alcaldes e independientes (PPE). No será nada fácil manejar esta marea en Chequia aunque la coalición se ha mostrado más europeísta que lo esperado en el tono general de Visegrado. Y es que la pertenencia al Partido Popular Europeo no garantiza un fervor mayor por Bruselas, estando presentes en Lituania, Eslovaquia, Croacia, Eslovenia y, hasta que se hizo insostenible, Hungría.

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