La consolidación de la antigua RDA como el bastión de Alternativa para Alemania

Las elecciones federales del pasado 26 de setiembre en Alemania desvelaron al fin la composición política de la cámara baja germana. De entre las formaciones que ocuparán los asientos del Bundestag, Alternativa para Alemania (AfD), un partido de extrema derecha que hace cuatro años se situó en tercera posición y líder de la oposición, se mantiene en el hemiciclo relegado esta vez al quinto lugar. A pesar de perder terreno, el partido parece que ha vuelto a triunfar entre el electorado de la extinta República Democrática Alemana (RDA) y consolida la región como un hervidero de la ultraderecha alemana.

Los dirigentes de la Alternativa por Alemania reciben los primeros resultados de las elecciones. Fuente: MARTIN DIVISEK / EFE 

AfD (por sus siglas en alemán, Alternative für Deutschland) es un partido que ha sido situado por especialistas dentro de la extrema derecha. Las declaraciones racistas de sus integrantes, la agitación nacionalista o la abierta islamofobia del partido han encasillado a Alternativa para Alemania como una formación xenófoba, ultranacionalista y populista. En las últimas elecciones federales, AfD ha conseguido aguantar los embates del aislamiento por parte de los demás partidos y de una agenda electoral centrada en temas como la vivienda, las pensiones, la lucha contra la contaminación y la preocupación por el cambio climático.

Al contario de 2017, cuando el foco de atención estaba sobre temas como el terrorismo o la inmigración, con los temas de esta campaña sobre la mesa la extrema derecha no ha conseguido aportar iniciativas destacables que abriesen informativos o llamasen la atención del electorado. Aun así, Alternativa para Alemania resiste en el país con un 10,35% de los apoyos y pasando por delante de Die Linke que, con menos de un 5% de los votos, ha perdido 30 escaños y casi la mitad de sus votantes. AfD, aun cayendo a la quinta posición, sigue viva en Alemania ocho años después de que el partido comenzase a andar de la mano de conservadores y exmiembros de la CDU.

Alternativa para Alemania dio por primera vez la campanada en 2017 entrando en el Parlamento Federal con 94 escaños y un 12,6% de los votos, aunque unos años antes ya había sorprendido consiguiendo siete asientes en el Parlamento Europeo. Nacido en 2013 a la sombra del rescate a Grecia y proliferando bajo el paraguas de la crisis de los refugiados de 2015, AfD fue ganando notoriedad abanderando un discurso anti-UE y xenófobo, consiguiendo así capitalizar el malestar que se gesta desde hace años en Alemania, particularmente en el territorio de la antigua RDA.

En la actualidad, es precisamente en esta región donde se cosecha la mayor parte del voto para Alternativa para Alemania que, sumida en un sentimiento de ser “ciudadanos de segunda” desde la caída del Muro de Berlín y el hecho de ser un territorio económicamente más deprimido que sus vecinos del oeste, parece haber abierto los brazos a la extrema derecha. Aunque durante la última legislatura los grandes partidos se pusieron de acuerdo para formalizar un cordón sanitario contra el partido, la formación ha seguido insistiendo en sus argumentos caracterizados por el rechazo a los proyectos de rescate de los países del sur europeo, el rechazo a la llegada de migrantes a territorio alemán y, durante el último año, han incorporado a su discurso el rechazo a los “miedos inducidos” de la pandemia del coronavirus o al cambio climático.

Los mejores resultados de AfD se han cosechado un año más al lado este de las ruinas del telón de acero: los datos arrojan que el territorio de la antigua RDA, más empobrecido, y desindustrializado, se ha convertido en tierra fértil para el crecimiento de la extrema derecha: aunque Alternativa para Alemania ha perdido votos en general, hay un cinturón fiel el sureste del país: el partido gana claramente en casi toda Sajonia, en el sur de Turingia y en el extremo sur de Sajonia-Anhalt. La retórica del partido ultra alemán, xenófobo y euroescéptico, parece dar respuestas simples a preguntas complejas. Su relato ofrece una respuesta fácil, de matiz identitario, que se enfrenta al establishment y retrata a los partidos tradicionales como agentes completamente desconectados de los problemas diarios de la ciudadanía.  Los comicios federales del 26 de setiembre asignaron 84 asientos a AfD que, a pesar de perder 11 escaños y ser adelantados por Los Verdes y el Freie Demokratische Partei, se ha convertido en la lista más votada en dos Länder al sur de la desaparecida RDA.

 Mapa electoral de los resultados de las elecciones federales de 2021. En azul, los Länder en los que AfD ha sido la lista más votada. Fuente: RTVE

El crecimiento de la extrema derecha alemana en la antigua RDA no puede entenderse sin poner la Reunificación de Alemania en el punto de mira. El proceso, que se caracterizó por la absorción capitalista de la estructura socialista de Alemania del Este por parte de la República Federal de Alemania (RFA), desestabilizó económicamente la región, aumentó el paro y provocó la fallida o huida de empresas. Tres décadas después de la unificación, las diferencias entre Este y Oeste siguen en pie. De las 500 empresas más grandes de la locomotora alemana, únicamente 36 se localizan en el este y la media salarial que se cobra en el Oeste es de 3.340 euros, mientras que en el Este es de 2.790. En cuanto a la administración pública, solo cuatro de las 133 personas a la cabeza de los departamentos provienen del Este. Según un estudio del gobierno alemán, en 2017 la pobreza en Alemania oriental era de un 19,75%, mientras que en la parte occidental era del 15,93%.

La mayor precariedad laboral, envejecimiento demográfico y paro se concentra en los Länder del Este. La desaparición de la RDA provocó que la ayuda externa fuese necesaria para la subsistencia de la ciudadanía oriental alemana, creando una especie de estigmatización en el resto del país. Las encuestas afirman que cuando se pregunta a los alemanes por la democracia, el 14% de los ciudadanos del Este opina que no es el mejor sistema político. El deprimido Este alemán se siente olvidado y estigmatizado, sobrevolado por la precariedad, pero estos hechos por sí solos no explican el auge de la extrema derecha en esta región, sino que la respuesta es más compleja y responde tanto a factores históricos, como sociales y culturales. 

AfD ha sido hábil para instrumentalizar la preocupación de la ciudadanía sobre las consecuencias de la globalización y la llegada de personas refugiadas acompañadas de las políticas de Angela Merkel. Aunque en el Este la inmigración es mucho menor que en el Oeste, – hay cerca de un 4% de inmigrantes sin contar Berlín – la exageración mediática del terrorismo yihadista y la histórica uniformidad étnica del Este se han materializado en una tendencia de rechazo a la inmigración. El hecho de que tan pocos extranjeros vivan en Alemania Oriental crea un círculo vicioso: donde no hay nadie que pueda dar el ejemplo a los nativos sajones de que los inmigrantes no suponen ninguna amenaza, los prejuicios crecen, y los inmigrantes evitan instalarse allí. 

Por otra parte, un documento publicado por el Instituto para la Investigación de la Democracia de Göttingen señala a la cultura política sembrada por la CDU como uno de los factores causantes del ascenso de la ultraderecha en la región. Según los resultados del trabajo, la clase política de la CDU de Sajonia ha ignorado sistemáticamente la presencia de ultraderechistas en el Länder, incluso durante los años de sangre de grupos armados neonazis.

La ultraderecha tomó las calles de la ciudad sajona de Chemnitz en 2018. Fuente: Associated Press

Los políticos a menudo relativizan la extrema derecha porque su existencia no encaja en la imagen ideal de limpieza y ejemplaridad que abandera Alemania desde el fin del nazismo. Según el estudio, el gobierno sajón le restó importancia al problema durante mucho tiempo porque “existe una cultura política específica dominada por los representantes de la CDU que exagera lo propio y cultiva defensas ante a lo ajeno y externo: nosotros contra ellos”. La negación de la extrema derecha como un problema interno y la exaltación de los valores propios no ha provocado más que la normalización del discurso xenófobo y, en esta línea, hay que destacar que las agresiones racistas en Alemania se han multiplicado en los últimos años. Sólo en 2017, las autoridades registraron un total de 2.219 agresiones contra personas refugiadas como palizas, incendios provocados o pintadas de esvásticas, con una mayoría de estos ataques cometidos en los seis estados del Este alemán.

Un episodio destacado fueron los disturbios xenófobos acontecidos en la ciudad sajona de Chemnitz en 2018, donde se produjeron ataques racistas a personas búlgaras, sirias y afganas. La protesta, convocada en motivo de una agresión a un ciudadano alemán por parte de supuestamente dos extranjeros, fue liderada por el grupo islamófobo PEGIDA y promovida por AfD con twitts como el del diputado Markus Frohnmaier, que proclamó: “Si el Estado ya no protege a los ciudadanos, entonces las personas toman las calles y se protegen a sí mismas”. En una entrevista para la revista VICE, Robert Kusche, responsable de la oficina para víctimas de la violencia derechista en Sajonia, plantea que los políticos y la policía siguen minimizando la violencia de derecha. “Lo experimentamos una y otra vez. (…) En el festival de la ciudad de Dresde, hubo un ataque masivo contra los refugiados por motivos raciales, que inicialmente fue descartado como una pelea entre refugiados en el informe policial. Especialmente cuando algo como esto sucede en el medio de la ciudad y todos pueden ver, los que están a cargo tendrían que tomar una posición más clara contra la violencia ultraderechista”.

La relativización de la extrema derecha provoca la normalización de sus discursos y, en Estados como Sajonia, los prejuicios, la situación económica y la desilusión alimentan a formaciones con argumentarios xenófobos, ultranacionalistas y populistas como Alternativa para Alemania.

A pesar de perder votos y escaños, la dirección de AfD se mostró satisfecha durante la noche electoral. Alice Weidel, dirigente del grupo parlamentario de Alternativa para Alemania, declaró que “Se habló de que cuatro años después estaríamos fuera del Parlamento y estamos otra vez por encima del 10%, es un éxito” y destacó que la campaña había sido difícil ya que, tanto los demás partidos como los grandes medios de comunicación, habían intentado aislarles desde el principio. Sus discursos críticos con las élites políticas y sus respuestas sencillas para problemas complejos siguen presentes en Alemania, aunque ligeramente por debajo del porcentaje de hace cuatro años. Una convocatoria electoral más, los mejores resultados de AfD se han cosechado al lado este del extinto Muro. El territorio de la antigua RDA, más empobrecido, desindustrializado y olvidado que el Oeste, se ha convertido en tierra fértil para el crecimiento de la extrema derecha alemana. La retórica de AfD, que aborda la crítica a la globalización desde un punto de vista euroescéptico poniendo a la inmigración en la diana, promete dar respuestas a una ciudadanía desencantada y rondada por la normalización de los prejuicios identitarios.

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