
La guerra de Ucrania ha confirmado que la defensa aérea vuelve a ocupar un lugar central en los conflictos convencionales de alta intensidad. Durante las últimas dos décadas, muchas fuerzas armadas occidentales concentraron buena parte de su atención en operaciones asimétricas, misiones de estabilización y lucha contra el yihadismo internacional. En esos escenarios, la amenaza aérea enemiga era limitada o prácticamente inexistente.
La invasión rusa de Ucrania ha alterado por completo ese marco estratégico y ha demostrado que la capacidad para proteger
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