Andrej Babis pierde la mayoría en las elecciones de República Checa

Andrej Babis. Szilard Koszticsak /  AP Photo

El partido del polémico primer ministro Andrej Babis, la Alianza de Ciudadanos Descontentos (ANO), ha perdido seis escaños con respecto a 2017 y ha sido superado en votos por la coalición derechista SPOLU, solo una semana después de que Babis apareciera en los Papeles de Pandora

El todavía primer ministro checo, Andrej Babis, pidió mantener “la estabilidad en estos tiempos inestables” cuando acudió a votar el sábado por la mañana en la norteña ciudad de Lovosice. “No debemos cambiar el Gobierno ahora”, afirmó. Los ciudadanos checos no se han mostrado conformes con esta petición del primer ministro. El partido de Babis, la Alianza de Ciudadanos Descontentos (ANO) –que también significa “si” en lengua checa–, de centroderecha populista, ha perdido la mayoría parlamentaria de la que gozaba tras las elecciones legislativas de este fin de semana, pasando de los 78 escaños obtenidos en 2017 a 72. La gran beneficiada de la jornada electoral del pasado sábado ha sido la coalición derechista SPOLU (Juntos), dirigida por el previsible próximo primer ministro Petr Fiala, que ha obtenido 71 escaños –superando en votos a ANO aunque quedándose a un parlamentario de la formación oficialista– y podrá gobernar el país a través de una previsible coalición con los socioliberales del Partido Pirata y el Movimiento Alcaldes e Independientes (STAN), que han subido de 28 a 37 representantes.

La futura coalición gobernante SPOLU agrupa a tres partidos que se presentaron por separado en las anteriores elecciones de 2017: el Partido Democrático Cívico (ODS), histórico partido conservador checo fundado en 1991 por Vaclav Klaus –uno de los promotores de la Revolución de Terciopelo que, en diciembre de 1989, acabó con el Gobierno comunista checoslovaco–, la Unión Cristiana y Demócrata-Partido Popular Checoslovaco (KDU–ČSL), una formación democristiana con más de 100 años de historia, y los liberal-conservadores del TOP 09, una escisión de la KDU-ČSL. La fuerza de los partidos de derecha en República Checa se completa con la cuarta posición en escaños obtenida por Libertad y Democracia Directa (SPD), una formación nacional-populista, euroescéptica y antiinmigración, que ha obtenido 20 representantes, perdiendo dos con respecto a 2017. El SPD era el principal aliado del primer ministro Babis y su retroceso, unido al del partido del primer ministro, ha terminado de rematar las opciones del oficialismo. Los dos partidos de izquierdas –el Partido Socialdemócrata Checo (ČSSD) y el Partido Comunista de Bohemia y Moravia (KSČM)– han perdido los 15 escaños que tenían respectivamente y se han quedado fuera del Parlamento checo.

Las elecciones de este fin de semana ponen así punto final al mandato del polémico Andrej Babis, que accedió al cargo en el año 2017 después de una campaña en la que acusó duramente a sus rivales de pretender instaurar el euro como moneda checa. Babis es el segundo hombre más rico de República Checa, con una fortuna que se acerca a los 4.000 millones de euros y cuyo origen proviene de la influencia de su padre, Stefan Babis, un alto dirigente del Partido Comunista de Checoslovaquia, que gobernó el extinto país desde 1948 hasta 1989. Andrej Babis obtuvo, gracias a esa influencia, el puesto de representante exterior y director de empresas públicas durante el pasó del régimen comunista a la democracia liberal en los años 90 y esto le permitió hacerse con la propiedad de varias empresas públicas que fueron privatizadas con valores inferiores a los reales, creando la macroempresa Agrofert, el mayor holding agrícola, alimentario y químico checo. Además, Babis es propietario de Mafra Media Group, un conglomerado que reúne a los dos medios digitales más leídos del país, dos diarios en papel, dos canales de televisión, tres de radio y varios medios locales y revistas de deporte o moda. Un poder mediático que ha sabido utilizar a su favor en el plano político. En 2011 fundó la Alianza de Ciudadanos Descontentos (ANO) y en las elecciones de 2014 se convirtió en la segunda fuerza del país, siendo nombrado vicepresidente por el socialdemócrata Bohuslav Sobotka. En 2017, finalmente, accedió al poder tras arrasar en las elecciones.

El Gobierno de Babis ha mantenido una política exterior cercana a Hungría y Polonia –no obstante comparte pertenencia al Grupo de Visegrado con estos dos países y Eslovaquia, una alianza de países de Europa central y del Este que se ha convertido en un verdadero dolor de muelas para la Unión Europea– y antes de las elecciones de este fin de semana recibió el apoyo explícito del primer ministro húngaro, Viktor Orban. El pasado 29 de septiembre Orban visitó a Babis y durante su reunión mostraron su oposición a las políticas sobre inmigración y cambio climático adoptadas por la Comisión Europea. Ambos mandatarios se mostraron contrarios al mecanismo de distribución de migrantes dentro de la UE y Babis alabó los beneficios de la gran valla de seguridad de la frontera húngara con Serbia para contener las llegadas de inmigrantes, ya que “si no existiera esta valla, el camino más corto hacia las prestaciones sociales en Alemania pasaría por República Checa”. No en vano, solo un día antes de esta reunión Babis había anunciado el envío de un contingente de 50 policías checos a la frontera entre Hungría y Serbia, por petición expresa de Orban.

La derrota electoral de Babis se produce solo una semana después de su aparición en los Papeles de Pandora bajo la acusación de haber invertido en 2009, 16 millones de euros en inmuebles en las Costa Azul francesa a través de empresas de paraísos fiscales. Pero no es la primera vez que se acusa de corrupción al primer ministro checo. Antes de la cita electoral que le llevó al poder en 2017, cuando era aún vicepresidente en el Ejecutivo del socialdemócrata Sobotka, este lo forzó a dimitir entre acusaciones de fraude fiscal y desvío de fondos. Dos años después, estalló el caso conocido como Nido de cigüeña que investigaba el desvío de dos millones de euros de ayudas europeas a una empresa propiedad de Babis cuando este ostentaba el cargo de ministro de Finanzas, además de vicepresidente, entre 2014 y 2017. Durante el año 2019, los checos se convocaron más de 370 manifestaciones en su contra a través de todo el país, según los cálculos de la plataforma Un millón de pasos por la democracia, que impulsó las concentraciones. El 16 de noviembre de ese año se produjo la manifestación más multitudinaria en República Checa desde la caída del régimen comunista. 300.000 personas se concentraron contra Babis en el Parque Letná de Praga, la capital checa.

La aparición del primer ministro en los Papeles de Pandora es, pues, un caso más en el historial de sospechas de corrupción contra Babis y su repercusión en su descenso electoral es previsible que haya sido testimonial. El descontento de los checos con su Gobierno proviene más de problemas como la subida de los precios de los bienes básicos, de la gasolina y la electricidad. Además, la galopante inflación –con niveles que no se veían en el país desde hace más de 20 años– y el aumento del déficit público tras la reciente subida de las pensiones y de los salarios de los funcionarios han aumentado el descontento. Por otro lado, la gestión de la pandemia también ha sido muy criticada en el país ya que República Checa ha sido uno de los países del mundo que ha tenido más fallecidos per cápita a causa de la covid-19, casi 35.000. El Gobierno de Babis ha mantenido una línea política que ha oscilado entre el euroescepticismo suave y el europeísmo según las circunstancias –no obstante, en noviembre de 2019 se mostró partidario de una ampliación de la UE hacia los Balcanes, solo dos años después de su beligerante campaña contra el euro–, el control de la inmigración irregular y la preocupación por la seguridad de las fronteras, combinado con un aumento del gasto público, especialmente durante la crisis de la pandemia.

Durante las elecciones de este fin de semana ha participado un 65,42% de los ocho millones de ciudadanos checos convocados a las urnas, con una subida de cinco puntos con respecto a la cita electoral de 2017. Se ha escogido a los 200 representantes del Parlamento checo en un sistema de votación que se celebra entre el viernes y el sábado para facilitar el voto en día laborable a los ciudadanos, al salir del trabajo o al dirigirse hacia él. El Parlamento ha pasado de contar con nueve partidos con representación en 2017 a las cuatro formaciones que han logrado escaños en estas elecciones, si bien dos de ellas agrupan a cinco de los partidos representados en el la anterior Cámara baja: SPOLU (que agrupa a ODS, KDU- ČSL y TOP 09) y el Partido Pirata y el Movimiento Alcaldes e Independientes (STAN), que se han presentado juntos en esta ocasión. Más de un millón de personas, casi un 20% de los electores, han votado a partidos que no han obtenido representación parlamentaria. Es la primera vez desde la caída del comunismo en 1989 en la que ni los socialdemócratas ni los comunistas estarán en el Parlamento y el líder del ČSSD, Jan Hamácek, ya ha avanzado que dimitirá de su cargo.

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