
El 29 de diciembre de 2025 se cumplió el primer año de mandato del nuevo presidente de Georgia, Mikheil Kavelashvili. Un periodo en el que se han ido confirmando los cambios que prometía: un mayor distanciamiento con la Unión Europea y una campaña contra la oposición.
Las elecciones parlamentarias de octubre de 2024 renovaron el mandato del oficialista Sueño Georgiano, que tras décadas tratando de acceder al círculo occidental decidió congelar su acercamiento a Bruselas, manteniendo al mismo tiempo una imagen de compromiso europeísta ante su ciudadanía.
El parlamento eligió a Mikheil Kavelashvili para la presidencia, antiguo miembro de Sueño Georgiano, actualmente parte de Poder Popular, una escisión del partido oficialista con una retórica más confrontativa con Occidente.
Georgia se aleja de Bruselas
Pocos años antes de la llegada al poder de Mikheil Kavelashvili, Georgia destacaba por su gran progreso de integración euroatlántica. Tras disolverse la Unión Soviética, la joven república se marcó como objetivo el ingreso en la Unión Europea y en la OTAN.
Durante más de tres décadas, el país atravesó un acelerado proceso de adaptación a los estándares europeos y estadounidenses, impulsando importantes proyectos de cooperación con Bruselas y Washington, así como profundas transformaciones políticas orientadas a acercarse a sus nuevos aliados.
Una gran parte de la ciudadanía ha aspirado durante años a integrarse plenamente en el bloque occidental y, gobierno tras gobierno, se ha mantenido con determinación el proceso de adhesión. No obstante, el ascenso de Sueño Georgiano en 2012 marcó un primer punto de inflexión, con un nuevo partido que prometía avanzar en la integración, pero manteniendo una cercanía con el vecino ruso.
Una difícil apuesta que pudieron mantener durante varios años en un ambiente internacional cada vez más confrontativo, equilibrando las ansias europeístas de la sociedad con una postura de cooperación pragmática con Moscú.
Esta difícil relación comenzó a complicarse con el inicio de la invasión rusa de Ucrania, aunque todavía en diciembre de 2023 la Unión Europea otorgó el estatus de candidato a Georgia, un gran paso celebrado por todo lo alto por Tiflis. Sin embargo, las tensiones eran ya evidentes, y, en los años siguientes, las relaciones no han hecho sino enfriarse aún más.
2024 fue un año clave en este distanciamiento. La aprobación, en abril, de la Ley de Agentes Extranjeros provocó una condena explícita por parte de Unión Europea. En julio, Bruselas terminó por congelar el proceso de adhesión de Georgia, paralizando además varias partidas de ayuda presupuestaria e instando al gobierno a retirar la polémica ley si quería retomar la senda de la integración.
La controvertida victoria del oficialismo en las elecciones de octubre terminó por sellar esta distensión: con unos resultados que la Unión Europea no reconoció y un boicot parlamentario por parte de la mayoría de la oposición, Tiflis anunció en noviembre la paralización de las negociaciones de adhesión.
A pesar del evidente deterioro, durante todo este tiempo el gobierno ha mantenido la promesa de que su objetivo último es la integración europea. Incluso cuando ambas partes anunciaron que paralizaban las negociaciones, Tiflis declaró que continuaría avanzando en la adhesión en otros frentes, manteniendo la promesa de que el país formará parte del club comunitario en un futuro.
Mantener viva esta promesa es un punto clave para poder continuar gobernando el país, donde la opinión mayoritaria es claramente europeísta. Por ello, durante años, el enfrentamiento ocurrió de manera velada, más por omisión que por una confrontación directa por parte de los poderes georgianos.
La figura de Mikheil Kavelashvili parecía venir a romper con esta tradición. Antes de su acceso a la presidencia, protagonizó enfrentamientos verbales con varios oficiales occidentales, entre ellos la embajadora estadounidense en el país, Kelly Degnan.

A diferencia de sus antecesores, el presidente carece de una carrera institucional o académica reconocible en Occidente, algo muy habitual incluso entre las figuras de Sueño Georgiano que están ahora siendo señaladas por Europa, como el primer ministro Irakli Kobakhidze.
La carrera política de Kavelashvili en Georgia comenzó en 2016, cuando, tras alcanzar la fama como futbolista en Inglaterra, volvió a su país natal e ingresó como parlamentario en Sueño Georgiano. En 2022 fundó Poder Popular, una escisión surgida a raíz de los nuevos conflictos que se generaron con la invasión rusa de Ucrania.
Esta nueva agrupación impulsó la adopción de la Ley de Agentes Extranjeros y la legislación sobre “valores familiares y protección de los menores”, que, entre otras cosas, veta el matrimonio homosexual y busca combatir la “propaganda LGTB”. Ambos paquetes normativos fueron criticados por Bruselas y supusieron uno de los principales argumentos para la congelación del proceso de adhesión.
Su elección supuso un nuevo paso en la confrontación, aunque Kavelashvili ha tenido que moderar el discurso desde que preside el país. Sus declaraciones a medios occidentales han resaltado continuamente su intención de continuar trabajando por la integración europea, señalando que el estancamiento se debe a los “burócratas europeos” y no a un desacuerdo con los “valores europeos, cristianos y tradicionales” del bloque.
A pesar de que los resultados electorales de octubre de 2024 no han sido reconocidos por Bruselas, tampoco ha aplicado ningún régimen severo de sanciones contra los oficiales georgianos, temiendo que esto produjese un mayor acercamiento con Moscú.
Desde que se paralizaron las negociaciones a finales de 2024, no se han retomado los contactos, y tampoco parece que la Unión Europea se vaya a sentar a hablar en un futuro próximo.
Durante 2025, Georgia también ha tratado de retomar el contacto con Estados Unidos, ya que la vuelta a la Casa Blanca de Donald Trump ha sido interpretada por el nuevo liderazgo como una oportunidad de fortalecer los lazos en torno a un programa político común de defensa de la tradición cristiana.
A pesar de ello, el presidente estadounidense no se ha preocupado personalmente por la república del Cáucaso, por lo que tampoco se han dado progresos significativos en este sentido. La nueva administración republicana ni siquiera ha retirado las sanciones que impuso Joe Biden a varias figuras de Sueño Georgiano tras las elecciones de 2024.
La lucha contra la oposición
Con poco progreso en la arena internacional, la actualidad georgiana ha estado marcada por la política interna, donde el primer año de mandato de Kavelashvili ha supuesto un aumento de la presión sobre los medios de comunicación y políticos opositores.
Ya desde antes de la formación del nuevo gobierno, uno de los puntos principales de la campaña de Sueño Georgiano fue la promesa de prohibir a las fuerzas opositoras, acusando a las principales agrupaciones contrarias al ejecutivo de trabajar para el Movimiento Nacional Unido (MNU), el histórico partido opositor de Georgia.
El MNU, fundado por Mikheil Saakashvili a principios de los 2000, accedió al poder tras la Revolución de las Rosas en 2003. Dirigió el país durante un acelerado proceso de occidentalización, en el que terminó confrontando con Rusia, que atacó a Georgia en 2008.
Durante su mandato, Tiflis reprimió a la oposición y acumuló numerosos casos de corrupción. Sobre la base de estas condenas por abusos de poder, Sueño Georgiano ha impulsado una campaña para ilegalizar MNU, una estrategia que ha extendido al resto de fuerzas opositoras, a las que acusa de integrar un supuesto "MNU colectivo".
Desde que comenzase el mandato de Kavelashvili, se han producido varias detenciones de prominentes figuras opositoras. Entre ellas se encuentra el líder del partido Ahali, Nika Melia, o el de Girchi-Más Libertad, Zurab Japaridze. Ambos fueron condenados tras negarse a compadecer ante la comisión parlamentaria que investiga supuestos abusos y crímenes por antiguos funcionarios durante el mandato del MNU entre 2003 y 2012.
La mayoría de los opositores llamados a declarar se han negado a colaborar, acusando al gobierno de trabajar para Rusia y denunciando que el verdadero objetivo de la comisión de investigación es la persecución política. Asociaciones como Transparencia Internacional también han condenado la existencia de este organismo, señalando una serie de irregularidades en su creación y poniendo en duda su objetivo declarado.
Según la oenegé, la finalidad de este grupo de investigación es “fabricar” pruebas que permitan la ilegalización de los partidos opositores, un procedimiento que el gobierno lleva tiempo tratando de simplificar y acelerar.
En septiembre de 2025, la comisión parlamentaria presentó su informe de la investigación, acusando al MNU de provocar la guerra con Rusia en 2008 y de reiteradas violaciones sistemáticas de los Derechos Humanos, culpando también a la agrupación opositora de “no reconocer la legitimidad de órganos elegidos mediante elecciones universales y tratar de alterar o derribar violentamente el orden constitucional de Georgia”.

Al mes siguiente, el gobierno anunció los partidos que planea ilegalizar: tres de las cuatro principales fuerzas de la oposición –el Movimiento Nacional Unido, Ahali y Lelo–, todas ellas formaciones europeístas de centro o centroderecha.
Fuera de esta lista se ha quedado el también opositor Por Georgia, del antiguo primer ministro Giorgi Gakharia, tras abandonar el boicot parlamentario que llevaba a cabo desde los comicios de 2024 junto al resto de agrupaciones opositoras. Del mismo modo, Tiflis no prevé ilegalizar a los partidos minoritarios que han colaborado con Ahali o Lelo, al considerar que "no tienen suficiente influencia".
Pese a esta línea política, el gobierno no se ha atrevido en ningún momento a perseguir legalmente a la principal figura de la oposición: la expresidenta Salomé Zurabishvili. La carismática dirigente abandonó su cargo sin reconocer a su sucesor, afirmando que "se llevaba consigo" la legitimidad de la presidencia.
Ya desde antes de las elecciones había trabajado en la unificación de las corrientes opositoras, y durante este nuevo mandato ha continuado como cara visible de la oposición dentro y fuera del país.
Más de un año de protestas diarias
La expresión más clara de este descontento han sido las protestas diarias que se han producido en el país durante más de 365 días, ocupando el centro de la capital y denunciando al nuevo gobierno, al que acusan de mantener una orientación prorrusa.
Las movilizaciones comenzaron tras la victoria electoral de Sueño Georgiano en los comicios de octubre, con los partidarios de la oposición echándose a la calle para denunciar lo que según ellos era un claro caso de fraude electoral.
Aun así, en los primeros días las movilizaciones no lograron la relevancia y seguimiento que esperaban. No fue hasta el anuncio de la congelación del proceso de adhesión a la Unión Europea a finales de noviembre de 2024 que las protestas lograron agrupar a decenas de miles de georgianos.
Tras unas semanas de intensas manifestaciones y enfrentamientos con la policía, las protestas comenzaron a decaer y dejaron de ocupar las portadas internacionales. A pesar de ello, los organizadores han continuado convocando movilizaciones diarias durante más de un año, mientras las figuras opositoras tratan de recabar apoyos externos e internos para mantener el pulso.
A principios de octubre de 2025, la victoria electoral de Sueño Georgiano en las elecciones municipales provocó un repunte de la asistencia y la conflictividad en la capital, pero más allá de cierta visibilidad momentánea, los más de 365 días de protestas se han mostrado incapaces de debilitar al gobierno.
En esta continuada confrontación, las instituciones han respondido aumentando las trabas para llevar a cabo las movilizaciones. Han incrementado las sanciones económicas relacionadas con las manifestaciones, dotando también de mayores poderes a las autoridades policiales para retener a sospechosos y endureciendo las penas por infracciones como bloquear una carretera o llevar una máscara.
Grupos de defensa de los derechos humanos también denunciaron en los momentos de mayor conflictividad que la policía había cometido abusos contra los manifestantes detenidos.
A pesar de todo ello, ni el gobierno ni la oposición dan señales de estar lo suficientemente debilitados para retirarse de la confrontación. Todo parece indicar que el enfrentamiento continuará durante los próximos meses o años, y que la polarización que vive el país seguirá aumentando en un clima de incertidumbre regional.
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