
Georgia ha vuelto a ser sacudida este sábado por una multitudinaria manifestación en la capital, Tiflis, tras la celebración de unas elecciones municipales marcadas por el boicot de los principales partidos de la oposición.
La concentración fue convocada por el cantante de ópera Paata Burchuladze y apoyada por varias agrupaciones antigubernamentales, entre ellas el Movimiento Nacional Unido (MNU). Los organizadores buscaban “derrocar pacíficamente” al gobierno de Sueño Georgiano, para lo cual trataron de asaltar el palacio presidencial.
Pronto se cumplirá un año desde que Mikheil Kavelashvili se hizo con la presidencia de la república, tras unas elecciones parlamentarias tachadas por la oposición de “fraude electoral”. Durante este mandato, los principales partidos de la oposición han boicoteado la labor parlamentaria, mientras que la expresidenta Salomé Zurabishvili se ha negado a reconocer a su sucesor.
Asimismo, las relaciones entre la Unión Europea y el gobierno han continuado deteriorándose, con el proceso de adhesión paralizado desde diciembre de 2024. De hecho, el Parlamento Europeo publicó el 28 de noviembre una resolución donde respaldaba la postura opositora, solicitando una repetición de las elecciones parlamentarias y negándose a reconocer el resultado de unos comicios que “no fueron ni libres ni justos”.
El mismo documento instaba a Bruselas a imponer sanciones contra las autoridades georgianas, entre ellas a Kobakhidze, al secretario general de Sueño Georgiano, Kakha Kaladze, y al ex primer ministro y fundador del partido, Bidzina Ivanishvili. El hemiciclo europeo también señaló que la política de Tiflis es incompatible con la integración euroatlántica y condenó la interferencia rusa en el proceso democrático georgiano.
Sueño Georgiano, por su parte, ha aumentado la presión sobre la oposición europeísta, sucediéndose los arrestos y redadas contra partidos y organizaciones críticas con el gobierno. Organizaciones como Amnistía Internacional han exigido a Tiflis que "ponga fin de inmediato e incondicionalmente a la persecución de la sociedad civil y los medios de comunicación por su labor pacífica y legítima".
Las manifestaciones antigubernamentales han continuado diariamente desde los comicios de 2024, aunque al calor de las elecciones municipales que se celebraban en el país, la oposición hizo un llamamiento a “derrocar pacíficamente” a Sueño Georgiano, a lo que respondieron miles de personas.
El oficialismo ha anunciado que ha logrado la victoria electoral en todas las ciudades de Georgia, con una participación relativamente baja del 40,93%. Las principales fuerzas opositoras decidieron boicotear la votación, presentándose únicamente 12 agrupaciones, frente a las 43 que concurrieron en las elecciones anteriores de 2021.
La situación en la capital escaló a última hora de la tarde del sábado, cuando grupos de manifestantes decidieron tratar de ocupar el palacio presidencial. Los convocantes declararon haber constituido una “Asamblea Nacional” para que “el pueblo reclame su poder del usurpador para proteger la paz, la libertad y los intereses nacionales”.
Tras autoproclamarse como poder legítimo de Georgia, instaron a un grupo de “fuerza masculina” a que “tomara las llaves del palacio presidencial como primer paso”. A pesar de lograr atravesar la valla del palacio, fueron repelidos por el cuerpo de antidisturbios, tras lo cual se sucedieron los enfrentamientos entre manifestantes y policía.
Las principales fuerzas de la oposición se han distanciado de las acciones, con la expresidenta Salomé Zurabishvili calificándolas de “provocación del régimen para deslegitimar los 310 días de manifestaciones pacíficas”. El gobierno, en cambio, ha declarado que perseguirá duramente a los organizadores de la acción: el Ministerio del Interior ha prometido aumentar la presión sobre las protestas.
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