
Mijeil Kavelashvili asumió el 29 de diciembre la presidencia de Georgia en una ceremonia celebrada a puerta cerrada en el parlamento. Mientras tanto, ante varios centenares de manifestantes reunidos frente al palacio presidencial, Salomé Zurabishvili afirmó seguir siendo la única presidenta legítima del país y aseguró que “se lleva la legitimidad con ella”.
Kavelashvili fue escogido el 14 de diciembre por un colegio electoral de 300 escaños, siendo el único candidato a la presidencia y apoyado por el gobernante Sueño Georgiano. Las fuerzas opositoras se abstuvieron de participar en la votación, denunciando fraude electoral y boicoteando todas las actividades parlamentarias.
El nombramiento de Kavelashvili supone la confirmación de una estrategia de confrontación con Occidente. Famoso por su pasado como futbolista, comenzó su trayectoria en la política en 2016 como parlamentario de Sueño Georgiano. Se distanció de la línea oficial del partido al fundar Poder Popular en 2022, una escisión especialmente crítica con la intervención de agencias occidentales en el país. Protagonizó una serie de enfrentamientos verbales con la embajadora estadounidense y apoyó varias medidas controvertidas como la Ley de Agentes Extranjeros o la Ley Contra la Propaganda LGTB.
La elección indirecta de la jefatura del Estado supone una novedad en Georgia, introducida tras la reforma constitucional de 2017. Esta modificación también terminó por despojar de poderes a la presidencia, relegándola a un papel ceremonial. Estos ajustes, que contaban con el visto bueno de las autoridades europeas –ahora enfrentadas con Tiflis– buscaban culminar la transición de una república presidencial a una parlamentaria con el objetivo de reducir la polarización y favorecer la cooperación entre gobierno y oposición.
A pesar de sus objetivos, la realidad es que la polarización ha ido a más durante esta última legislatura de Sueño Georgiano, llegando a un punto crítico tras las elecciones parlamentarias celebradas en octubre de 2024. Los resultados no han sido reconocidos por los principales partidos opositores, agrupados en torno a la figura de Zurabishvili.
Un mes después de los comicios, el gobierno anunció la congelación de las negociaciones de adhesión a la Unión Europea, medida que provocó numerosas manifestaciones por todo Georgia. Estas movilizaciones han variado en intensidad, pero se han sucedido diariamente durante este último mes. En este clima de tensión, la toma de posesión de Kavelashvili amenazaba con provocar una crisis constitucional si Zurabishvili se negaba a abandonar la presidencia.
Finalmente, la expresidenta ha desvelado que su intención es continuar luchando por una repetición electoral desde fuera del palacio presidencial, sobre el cual ha comentado: “Este edificio no pertenece a nadie, este edificio era un símbolo mientras el presidente, que era legítimo, se sentaba aquí. Me llevo la legitimidad, me llevo la bandera, me llevo vuestra confianza”. En los próximos meses, recorrerá Georgia para reunirse con manifestantes y diversos sectores de la sociedad georgiana, además de visitar países occidentales en busca de apoyo internacional y participar en distintos eventos.
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