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Quién es quién en las elecciones en Georgia

Irakli Kobajidze, primer ministro de Georgia
Irakli Kobajidze, primer ministro de Georgia. Fuente: Perfil de X de Irakli Kobajidze

El 26 de octubre se celebran las elecciones en Georgia de carácter parlamentario; allí se decidirá entre renovar la confianza en su actual gobierno, en el poder desde 2012, o apostar por un cambio en dirección a Europa y liderado por una dividida oposición. La palabra más repetida en la campaña, “paz”, plantea a los georgianos la siguiente pregunta: ¿tras qué tipo de paz marcha la república?

Para la oposición, un calco de la filosofía de Yanukóvich. Para el gobierno, una réplica caucásica de la neutralidad suiza. Las respuestas se superponen sobre dos ejes. El urbano-rural, con el gobierno dominando en las regiones del interior del país, donde en los rincones más montañosos la nieve impide la comunicación durante meses, y el generacional, con dominio de la oposición.

Del Sueño Georgiano a la “pesadilla” de la oposición

No se puede hablar de Sueño Georgiano sin remitirnos a Bidzina Ivanishvili, primer ministro entre 2012 y 2013. Originalmente cercano al gobierno de Saakashvili y financiador de algunos de sus proyectos más importantes, como la Catedral de la Santísima Trinidad, se fue distanciando del entonces presidente en la medida en que las acusaciones de autoritarismo y corrupción comenzaban a acorralarle.

En 2011 anunció su intención de reunir a toda la oposición georgiana para disputarle el gobierno del país, tras lo cual renunció a sus nacionalidades rusa y francesa y vendió parte de sus empresas en la Federación. El nombre de esta nueva candidatura, Sueño Georgiano, fue inspirado por una de las canciones de su hijo, un conocido rapero.

Para ampliar: Cuatro claves para entender las elecciones de Georgia

Desde los comicios de 2012, el país ha vivido seis primeros ministros, nueve gobiernos, dos reformas constitucionales –una aún en proceso– y un acuerdo de asociación con la Unión Europea, mientras el partido definía su línea ideológica al mismo tiempo que depuraba a los críticos y hacía frente a escisiones a un lado y a otro del espectro. Poder Popular, una de las facciones que se desligó de la dirección en 2022 para “hablar abiertamente de las influencias ocultas en la política georgiana”, y que les costó la mayoría en el parlamento, compite ahora como socio menor en la lista de su partido matriz.

Como coalición heterodoxa que era, al principio del mandato de Ivanishvili los parlamentarios se reunieron en caucus para representar sus intereses, formalizándose bajo el nombre de la lista electoral seguido del nombre de la facción: Sueño Georgiano-Socialdemócratas, Sueño Georgiano-Conservadores, Sueño Georgiano-Demócratas Libres, entre otros. Finalmente, se impondría el grupo de Irakli Garibashvili, mano derecha del oligarca y su sucesor en la jefatura del Gobierno. Su Sueño Georgiano-Georgia Democrática acabaría, además, por convertirse en el nombre oficial del partido.

El Kotsebi, como se le refiere popularmente, se presenta a sí mismo como un partido tecnócrata, alejado de ideologías definidas más allá de la defensa de las tradiciones georgianas, y que aplica medidas tanto de índole social como de promoción económica. Sus primeros años en el gobierno vieron el establecimiento de un sistema de salud pública universal, una codificación de leyes laborales siguiendo las directrices de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la aprobación de medidas antidiscriminación que protegían a las minorías sexuales y de género, mientras que mantuvieron la desregulación económica característica de la era Saakashvili.

Sin embargo, a partir de 2021 el partido ha virado hacia posiciones derechistas, tramitando una reforma constitucional que prohibiría las manifestaciones de estilos de vida “no tradicionales” en público o derogando la universalidad en el sistema de salud georgiano, alegando altos costes fiscales.

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De cara a las elecciones de octubre, su promesa principal es un paquete de cuatro enmiendas constitucionales: la ya nombrada “reforma anti-LGBT”, la prohibición de los partidos opositores, la declaración del cristianismo ortodoxo como religión estatal –lo que ha sido acogido con sospecha en la Iglesia Ortodoxa Georgiana, porque podría comprometer su independencia– y la restauración de la integridad territorial “por medios pacíficos”.

Como viene siendo habitual desde su fundación, los puestos de salida en la lista del partido gobernante están reservados a políticos cercanos a Ivanishvili y a celebridades de la sociedad civil, desde oros olímpicos (frescos en la memoria de los georgianos gracias a París 2024) hasta empresarios y cantantes.

Unidad sin unificación

Otros sectores conservadores, que no descartan una coalición con Sueño Georgiano, concurren unidos en la Alianza de los Patriotas, que reúne al Movimiento Conservador –brazo político del canal de televisión prorruso Alt-Info y conocidos por atacar violentamente los actos del Orgullo de Tiflis en 2021 y 2023– con otros partidos de derecha y ultraderecha. En enero de este año, protagonizaron una polémica cuando se viralizó un video que mostraba un mosaico de Santa Matrona de Moscú bendiciendo a Iosif Stalin, donado por el partido a la Iglesia Ortodoxa varios meses antes.

La estrategia de la oposición georgiana puede resumirse en el lema con el que la presidenta, Salomé Zurabishvili, coronó su Carta de Georgia: “unidad sin unificación”. Consciente de la imposibilidad de sus aliados de armar una candidatura unitaria, la presidenta presentó a finales de mayo una hoja de ruta que aglutinara a las fuerzas opositoras alrededor de un plan de acción común, si bien competirían por separado en cuatro listas distintas.

La carta se estructura en cinco pasos, que los firmantes se comprometen a aplicar antes de la próxima primavera: la derogación de la Ley de Agentes Extranjeros y de la legislación que perjudique el proceso de admisión en la Unión Europea –incluyendo la reforma anti-LGBT–, despolitización del poder judicial, investigar y “limpiar” la estructura del Estado para sacudirse influencias partidistas, rebaja de las barreras electorales y creación de una “nueva realidad política”, que culmine con unas elecciones parlamentarias anticipadas.

Para ampliar: Georgia aprueba la polémica Ley de Agentes Extranjeros

Para garantizar que las diferencias entre los partidos que conforman la oposición no descarrilen las reformas, Zurabishvili anunció que nominaría ella misma a un candidato a primer ministro, que “no tendría pasado político” y que ya tiene a alguien en mente, pero rechaza anunciarlo antes de las elecciones.

Lo cierto es que, aunque estas elecciones no afecten a la institución de la presidencia, el futuro político de Zurabishvili depende de una mayoría parlamentaria de la oposición. Como anunció a Le Figaro el pasado septiembre, tiene intención de presentarse a un segundo mandato presidencial, el cual, después de la reforma electoral de Sueño Georgiano de 2017, ya no será decidido por los ciudadanos mediante voto popular, sino a través del parlamento.

En caso de una derrota de la oposición, los de Ivanishvili podrían nombrar a un presidente afín en diciembre, acabando definitivamente con el mayor obstáculo al que se enfrentaban a la hora de implementar su agenda.

La sombra de Saakashvili

La figura de Saakashvili polariza a la república caucásica. Para sus seguidores, el hombre que derrocó a Shevardnadze y puso los pilares del sistema económico que ha permitido a Georgia ser uno de los países con mayor facilidad para hacer negocios. Para sus detractores, el presidente que arrastró a Georgia a la guerra con Rusia y provocó la pérdida de Abjasia y Osetia del Sur. Para la justicia georgiana, que le condenó in absentia mientras se encontraba en el exilio en Ucrania –país en el que ejerció tres años como gobernador de Odesa–, culpable de corrupción y abusos durante su mandato.

Su partido, el Movimiento Nacional Unido, compite en estas elecciones junto a otras fuerzas atlantistas dentro de la coalición Unidad. Su candidata, Tina Bokuchava, estuvo presente en la Convención Nacional Demócrata en agosto como parte de la delegación internacional en apoyo a Kamala Harris. Defensora de la figura pública de Saakashvili, le ha visitado numerosas veces en prisión y gestionó su traslado a una clínica privada para que pudieran atender los asuntos de salud del expresidente.

Para ampliar: El estancamiento de la integración euroatlántica de Georgia y sus riesgos

Unidad, cuyo número en la papeleta electoral es el 5, ha aprovechado para articular su programa en torno a cinco “prioridades electorales”: derogar las leyes antieuropeas y firmar un acuerdo comercial y de visados con Estados Unidos, lograr un salario medio de 3.500 laris –equivalente a 1.500 euros–, proteger las pensiones, retornar a los emigrados –para lo que prometen un fondo de 1.000 millones de dólares que llevará el nombre de Mijaíl Saakashvili– y romper los monopolios en la economía.

La coalición, que sustituye a la antigua “La Fuerza está en la Unidad” y que toma inspiración en el lema nacional de Georgia, compite por la segunda posición con otra formación opositora, la Coalición para el Cambio. De orientación liberal y conformada por varias escisiones del Movimiento Nacional Unido, representa a una base de votantes más progresistas pero cercanos también al libertarismo económico, que cuenta con un apoyo decente en Georgia después de la desregulación de Saakashvili, sobre todo entre una juventud a la que un salario fijo no le es suficiente para llegar a fin de mes.

Cartel de propaganda de Sueño Georgiano en el metro de Tiflis. Leyenda: “¡No a la guerra! ¡No a la agencia!”. Fuente: Elaboración propia

Como gesto simbólico, su lista electoral la encabeza Nana Malasjia, protagonista de la icónica foto de la “mujer con la bandera europea” durante la protesta contra la Ley de Agentes Extranjeros, en la que aparece agitando una bandera de la Unión Europea al aire mientras resiste el disparo del cañón de agua de los antidisturbios. Al igual que Unidad, han aprovechado su número electoral, el 4, para relacionarlo con sus propuestas electorales: negociaciones para el acceso a la Unión Europea, derogación de las leyes antidemocráticas, reducción de impuestos y aumento de la inversión en educación –un guiño a la juventud, colectivo en el que esperan a ser los vencedores–. Además, se comprometen a comenzar a aplicar su programa en los primeros cuatro días después de la formación de gobierno.

Ante las sospechas de amaño electoral por parte del gobierno, el 19 de octubre presentaron una plataforma en la que los ciudadanos podrán subir los comprobantes que imprimen las máquinas después de emitir el voto –el 90% del padrón electoral votará electrónicamente–, para permitir un recuento paralelo. Esta iniciativa, inspirada en los Resultados con Venezuela de María Corina Machado, busca evitar que se repita la situación de 2020, cuando las sospechas de fraude por parte de Sueño Georgiano resultaron en una crisis política que duró meses y que requirió la mediación de la Unión Europea.

Terceras vías dentro de la oposición

Conscientes del rechazo que genera el Movimiento Nacional Unido en una parte importante de la población –la misma que le dio tres mayorías absolutas a Sueño Georgiano en el pasado–, otras formaciones opositoras prefieren presentarse ante los ciudadanos como una “tercera vía” entre el Kotsebi y Unidad. Es el caso de Georgia Fuerte, una coalición que reúne a partidos socialdemócratas y liberales. De fuerte sentimiento atlantista, prometen introducir un régimen de visado para los ciudadanos rusos, motivado por la avalancha de expatriados desde que empezó la guerra de Ucrania, así como prohibir la venta de terrenos agrícolas a Rusia.

Entre otras propuestas, buscan aumentar el salario mínimo, actualmente en 5 euros mensuales en el sector privado y sin actualizar desde 1999 –el más bajo del continente, sin contar a países como Suecia o Italia, que no tienen SMI–. El impulso a la integración en la Unión Europea también ocupa gran parte del programa. Se muestran a favor, sin embargo, de declarar a la Iglesia Ortodoxa la religión estatal del país.

Otra de las formaciones que rechaza identificarse con Sueño Georgiano y con el MNU es Para Georgia, liderada por el ex primer ministro Giorgi Gajaria. El partido, que hasta septiembre estuvo en conversaciones para integrarse en Georgia Fuerte, incluye a personalidades anteriormente relacionadas con el Kotsebi y que se han ido desligando de la línea de Ivanishvili y su círculo. El propio Gajaria ocupó entre 2019 y 2021 la jefatura del Gobierno con el apoyo de Sueño Georgiano, dimitiendo tras el arresto del entonces líder del Movimiento Nacional Unido, Nika Melia.

Para ampliar: Georgia, un joven país con un pasado inestable

Además de dirigir el país durante la pandemia de Covid-19, su gobierno logró una histórica victoria en el Tribunal de Estrasburgo frente a Rusia, cuyo fallo reconoció la limpieza étnica de georgianos en la guerra de 2008 y condenó a Moscú a pagar 10 millones de euros como compensación de daños. Sin embargo, en cuanto se conoció que buscaba fundar un partido propio después de dimitir inesperadamente de su cargo, cayó en desgracia con sus antiguos colegas, siendo tachado de “traidor” por Irakli Kobajidze –entonces presidente de Sueño Georgiano y actual primer ministro– e Ivanishvili y viéndose acusado de conspirar con Saakashvili.

Gajaria define su movimiento como “socialdemócrata y progresista”, partidario de la integración europea de Georgia, aunque algunos miembros del partido han hecho declaraciones ambiguas en cuanto a la “propaganda LGBT” y la consiguiente reforma constitucional. A los cuatro principales partidos opositores, todos oficialmente avalados por la presidenta, se les suma una miríada de formaciones minoritarias con pocas o nulas posibilidades de superar la barrera del 5% requerida para entrar en el parlamento.

La oposición, unida pero no unificada, confía en desplazar finalmente a Sueño Georgiano tras doce años de derrotas. El Kotsebi apunta a la mayoría cualificada para llevar a cabo su "nueva realidad". Gobierno y oposición, espoleados por sus encuestadoras de cabecera, están convencidos de su propio triunfo el próximo sábado. Lo que ninguno sabe, ni prefiere imaginar, es qué ocurrirá el día de después.

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