Portada | Oriente Medio y Norte de África | ¿Es aún posible un acuerdo de normalización entre Arabia Saudí e Israel?

¿Es aún posible un acuerdo de normalización entre Arabia Saudí e Israel?

Reunión entre Joe Biden y el rey Salman bin Abdulaziz Al Saud. Estados Unidos ambiciona materializar la normalización entre Arabia Saudí e Israel.
Reunión entre Joe Biden y el rey Salman bin Abdulaziz Al Saud. Estados Unidos ambiciona materializar la normalización entre Arabia Saudí e Israel. Fuente: Ministerio de Exteriores de Arabia Saudí

El proceso de normalización entre Arabia Saudí e Israel, una medida que prometía ser un hito en el mandato del presidente estadounidense Joe Biden, quedó hecho trizas tras los ataques de la resistencia palestina el 7 de octubre. Este hecho ha dado la vuelta al tablero geopolítico de Oriente Medio, obligando a todos los actores a reconsiderar su posición diplomática, y llevando a Israel al ostracismo internacional por el crimen de genocidio en los tribunales internacionales. Ahora la posibilidad de que el acuerdo siga adelante está en el aire, con intensas negociaciones en un intento de Estados Unidos de salvarlo.

El plan de Estados Unidos para Oriente Medio

La apertura diplomática de Arabia Saudí hacia Israel era considerada el broche de oro a los Acuerdos de Abraham. Este movimiento prometía crear un nuevo bloque regional que asegurara la hegemonía estadounidense en Oriente Medio, asentara la alianza árabe-israelí contra el Eje de la Resistencia liderado por Irán y alejara a Riad de la órbita china, dando al reino saudí mayor seguridad con compromisos de Washington. Arabia Saudí, como uno de los principales productores petroleros y custodio de los lugares más sagrados del Islam, desempeña un papel trascendental en Oriente Medio; su reconocimiento de Israel no solo habría marcado un éxito diplomático para la administración Biden, sino que también habría redefinido el equilibrio de poderes en la región. 

El objetivo de Estados Unidos es, por tanto, reordenar el cuadro de relaciones para establecer un sólido bloque comandado por Israel en el que los aliados árabes jueguen un papel de apoyo crucial. Una OTAN para Oriente Medio. En este sentido, Tel Aviv es la lanza de esta estructura estratégica, pues tiene la ventaja militar y tecnológica para operar en una guerra de alta intensidad, destacando un poder aéreo capaz de penetrar las defensas de sus rivales. Sin embargo, el Estado de Israel carece de suficiente masa y profundidad estratégica para resistir una guerra de desgaste, como la que se esta viendo en estos momentos en la Franja de Gaza. No tiene suficientes fuerzas para mantener un despliegue continuado en distintos teatros y encontraría serias dificultades logísticas y geográficas para sustentar una posición ofensiva, especialmente contra Irán.

Para ampliar: El comienzo de la Pax Americana en Oriente Medio

Así, los países árabes proporcionarían a Israel mayor versatilidad para operar en Oriente Medio, al contar con libertad en el espacio aéreo circundante y bases seguras para repostaje. La clave aquí está en Palestina, pues este es el “punto débil” que permite al Eje de la Resistencia ejercer presión sobre los gobiernos árabes, cuya opinión pública mantiene un fuerte apoyo a la causa palestina.

Con este acuerdo, Estados Unidos podría reafirmar su posición y limitar la influencia de China en la región. El acuerdo de reconciliación entre Irán y Arabia Saudí, firmado en marzo de 2023, tiene el sello de Pekín como negociador y socio de confianza de ambos países. Para mantener su influencia, Washington debe evitar un acercamiento entre Teherán y Riad, asegurando el aislamiento internacional de la República Islámica. La administración Biden sabe que sólo con una alianza más estrecha con el reino saudí puede limitar la relación con China y Rusia. En su conjunto, estas medidas buscan asegurar una alianza estable en la región que permita a Washington realizar el Pivote Asiático, para concentrar sus fuerzas en la contención de la potencia asiático en la disputa por la hegemonía. En las circunstancias actuales, la posibilidad de que este acuerdo salga adelante pasa necesariamente por Gaza.

Las ambiciones de Arabia Saudí

Arabia Saudí está atravesando una transición económica y social bastante delicada, por lo que la familia real busca ante todo estabilidad. Desde 2019 Riad tomó una posición más comedida en la región. Los ataques en septiembre de ese año contra su infraestructura petrolera –paralizándola durante más de 15 días, con enormes pérdidas económicas y financieras– demostraron los límites de la relación con Estados Unidos. El supuesto ataque hutí expuso la debilidad de las defensas saudíes sin el apoyo estadounidense. Las autoridades saudíes, todavía seriamente criticadas a nivel internacional por el descuartizamiento del periodista Kashogghi en el consulado de Estambul, recibieron pocas simpatías. Desde entonces, en el Congreso estadounidense este y otros antecedentes de violaciones de derechos humanos siguen pesando, haciendo muy difícil que se aprueben nuevos acuerdos de defensa. 

Por esta razón, el príncipe de la corona, Mohammed bin Salman, comenzó una política de mayor apertura hacia Irán, China y Rusia. La llegada de Joe Biden a la Casa Blanca empeoró la relación, pues el demócrata había prometido en su campaña convertir a Arabia Saudí en un “Estado paria”. Sin embargo, la guerra de Ucrania cambio el cálculo. Como uno de los principales productores de petróleo del mundo, la empresa estatal saudí Aramco tiene una gran influencia en el mercado petrolero, donde el cartel de la OPEC es decisivo. En el marco de las sanciones contra Rusia, controlar el precio del barril de crudo era fundamental, pero Riad no quiere verse un día sujeto a un bloqueo similar si Estados Unidos finalmente opta algún día por convertirles en un “Estado paria”.

Para ampliar: Las filtraciones del Pentágono relevan el impacto de la guerra de Ucrania en Oriente Medio

El fondo soberano saudí invierte buena parte de su capital en los mercados bursátiles estadounidenses, por lo que los saudíes ven con temor el congelamiento de los fondos rusos o las medidas para requisar sus beneficios. Los intentos de reparar la relación han sido muy difíciles: ha hecho falta más de un año desde febrero de 2022 para que en septiembre de 2023 pareciese que un acuerdo estaba al alcance de la mano. Y, entre medias, Arabia Saudí se negó a cooperar en bajar los precios del petróleo, algo que obligó a la administración Biden a agotar parte de sus reservas estratégicas durante las elecciones de mitad de mandato en noviembre de 2022. 

La guerra y genocidio de Gaza han hecho que los acuerdos queden congelados, uno de los objetivos estratégicos de la resistencia con el ataque del 7 de octubre. Desde entonces la administración Biden ha estado trabajando incesantemente para conseguir un acuerdo que satisfaga a los saudíes y convenza a Israel de terminar la guerra. Sin embargo, Tel Aviv se negado a aceptar la pieza fundamental del acuerdo: el compromiso de la creación de un Estado palestino.

El reconocimiento efectivo de Palestina se mantiene como una demanda clave para el reino, que ve en ello una oportunidad para consolidar su estatus regional y responder a las presiones de la opinión pública. Pero esta medida, más simbólica que otra cosa, sería el módico precio que pagaría Israel a cambio de establecer relaciones diplomáticas. Durante las negociaciones actuales se ha revelado hasta qué punto esto tendría un sentido principalmente simbólico para mejorar la imagen saudí, pues parece que podrían estar dispuestos a aceptar menos que un Estado palestino completo, conformándose con una hoja de ruta hacia la paz, o incluso “una calma duradera” en Gaza.

Con Estados Unidos, la principal demanda de la familia saudí es mayores garantías de seguridad, al estilo de las alianzas con Japón o Australia, que busca la protección contra futuras agresiones, como el ataque a sus instalaciones petroleras en 2019. No obstante, la negativa del gobierno israelí a terminar la guerra de Gaza y a aceptar, si quiera, una hoja de ruta para la formación de un Estado palestino impiden que se avance en las negociaciones. Debido a esa circunstancia, desde Riad cada vez presionan más por un “plan B”, que excluye a Israel con la firma de un acuerdo bilateral más modesto. 

Este enfoque pragmático responde también a las preocupaciones de seguridad del reino, especialmente frente a la amenaza percibida de Irán, la posible ruptura del alto el fuego en Yemen con los hutís y las tensiones internas con su significativa minoría chií, que reside en las zonas petroleras vitales del país. Bajo esa opción, Estados Unidos y Arabia Saudí firmarían acuerdos que incluirían un pacto bilateral de defensa, cooperación energética y una asociación en tecnologías emergentes. En defensa, los saudíes ambicionan una alianza que incluya una cláusula de defensa mutua, similar al artículo 5 de la OTAN, con un compromiso formal con la defensa territorial del reino. Riad también podría obtener en este pacto más contratos militares y acceso a tecnología más puntera. Sin embargo, desde Washington no están dispuestos a dar tanto sin la normalización de relación con Israel. Además, a la administración Biden le sería imposible aprobar tal medida en el Senado sin ese incentivo.

Para ampliar: Los hutíes ponen en jaque al comercio internacional en el mar Rojo

En el aspecto energético, Arabia Saudí quiere el apoyo estadounidense para la construcción de una industria de energía nuclear civil. Esto responde, por un lado, a la necesidad de una diversificación energética del país más allá de la dependencia del petróleo; pero, por otro lado, también a una carrera en Oriente Medio por la energía nuclear, tanto civil como militar. Emiratos Árabes Unidos ya ha construido su primera central, Egipto y Turquía están en proceso, mientras Irán mantiene su programa civil y capacidades para terminar su programa militar, por ahora congelado y bajo fuertes sanciones. El príncipe heredero, Mohammed bin Salman, ha llegado a declarar en entrevistas que si Teherán obtiene el arma nuclear ellos también lo harán. Debido a los temores a la proliferación nuclear en Oriente Medio, el acuerdo establecería que a Arabia Saudí no se le permitiría inicialmente enriquecer gas de uranio en su propio territorio.

El tercer apartado del acuerdo consistiría en compartir tecnología de alto nivel en el campo de la inteligencia artificial y otras tecnologías emergentes. También implicaría una relajación de los controles de exportación estadounidenses a Arabia Saudí de chips informáticos utilizados en herramientas de desarrollo de Inteligencia Artificial, un elemento clave en las aspiraciones sauditas de convertirse en el centro de alta tecnología para la región. 

Israel dividida se niega a aceptar un Estado palestino

Desde la Segunda Intifada, Israel ha rechazado la solución de dos Estados, creyendo que podía mantener una ocupación permanente, sin coste y subcontratada en la Autoridad Palestina, mientras Hamás quedaba contenido en Gaza bajo asedio. El 7 de octubre rompió con esta realidad, pero no ha hecho a los israelíes más propensos a aceptar la formación de un Estado palestino en la fronteras de 1967. Al contrario; el discurso que se ha desplegado en Israel es cada más genocida, con un constante paralelismo entre Hamás y los nazis. Los principales políticos de Israel, a derecha e izquierda, compiten por ver quién es más duro mientras repiten que los palestinos son “una sociedad irreparable” que no debe tener un Estado. Esta retórica de que “el problema no es Hamás, sino los palestinos” no se queda en las palabras. 

Para ampliar: La guerra entre Irán e Israel sale de las sombras

Por esta razón, en Tel Aviv son sordos a las ofertas de Washington. La oposición a cualquier tipo de Estado palestino apunta a que después de Gaza irá Cisjordania, donde importantes miembros del gobierno ya trabajan en planes para desmantelar completamente la Autoridad Palestina. A su vez, la guerra en Gaza sirve también de cobertura para expandir y profundizar la colonización de Cisjordania, donde el ministro de Defensa ya ha levantado las restricciones de 2005 para construir colonias en el norte; decisión que muchos auguran será el preludio para hacer lo mismo en la Franja de Gaza. Los intentos de Estados Unidos de endulzar el acuerdo con Arabia Saudí no parecen funcionar. La mejor muestra de esa OTAN de Oriente Medio pudo verse en el despliegue para proteger a Israel de la respuesta de Irán en abril de 2024. La fuerza aérea israelí pudo desplegar dentro de Jordania para derribar objetivos, con apoyo de la propia fuerza aérea jordana. 

Joe Biden, presidente de Estados Unidos, se reúne con Mohammed bin Salman, príncipe heredero de Arabia Saudí, en julio de 2022.
Joe Biden, presidente de Estados Unidos, se reúne con Mohammed bin Salman, príncipe heredero de Arabia Saudí, en julio de 2022. Fuente: Saudi Press Agency - bajo CC BY 4.0 DEED

Sin embargo, las encuestas muestran que el 59% de los judíos israelíes se oponen a la normalización con Riad a cambio de la solución de dos Estados, con solo el 29% a favor. La esperanza de Estados Unidos era que tal oferta se convirtiese en un tema en la política israelí, particularmente en unas elecciones ante un eventual colapso del gobierno de Netanyahu. El sector liderado por Benny Gantz, que se unió al gabinete de guerra tras los ataques, sería favorable al plan de Washington, que prevé un plan de posguerra que recurriría a tropas de los Estados árabes para asegurar Gaza. Esta idea ya ha sido apoyada por la Liga Árabe con la participación del –nominal– Estado palestino en la cumbre de mayo. 

El ultimátum lanzado por Benny Gantz al primer ministro Netanyahu para que se comprometiese a un plan acordado sobre la guerra de Gaza antes del 8 de junio podría provocar el colapso del gobierno. Gantz expuso sobre la mesa seis puntos estratégicos:

  1. "Devolver nuestros secuestrados a casa;
  • Desmantelar el régimen de Hamas, el desarme de la Franja de Gaza y asegurar control de seguridad israelí;
  • Crear una administración civil estadounidense-europea-árabe-palestina en la Franja de Gaza y que sea la base de una alternativa en el futuro a Hamás y que no sea Mahmud Abbas;
  • El retorno de las decenas de miles de habitantes del norte antes del 1 de septiembre;
  • Una legislación relacionada con el reclutamiento de los ultraortodoxos;
  • La promoción de la normalización con Arabia Saudí como parte de un movimiento más amplio que creará una alianza con el mundo libre y el mundo árabe contra Irán y sus sucursales".

Está claro que esta visión se alinea más con los objetivos de Washington. En el mes de abril pareció que el ministro de Defensa, Yoav Gallant, expresando las preocupaciones del aparato de seguridad y militar, tendía a situarse en favor de esta posición, que podría significar lanzar una guerra contra Hezbolá en el Líbano. Pero el creciente ostracismo de Israel, que ha perdido todo el capital político que tenía el 7 de octubre, da oxígeno de nuevo a Netanyahu.

Israel, que concibe este conflicto como una guerra existencial, ha reaccionado a la decisión del fiscal general de la Corte Penal Internacional (CPI) de pedir órdenes de arresto contra Netanyahu y Gallant cerrando filas y calificando al tribunal de nazi y antisemita. A esto se ha unido el movimiento de España, Irlanda y Noruega de reconocer al Estado palestino, una decisión que ha estado mal en Estados Unidos precisamente porque esta es la pieza más delicada que está tratando de encajar para conseguir que se apruebe el acuerdo con los saudíes. El gabinete israelí ha respondido llamando a sus embajadores a consultas, cortando la financiación a la Autoridad Palestina y anunciando que construiría tres nuevas colonias por cada país que reconociese a Palestina como Estado como castigo. 

Para ampliar: Por qué el reconocimiento español de Palestina no cambiará nada sobre el terreno

En estas circunstancias, parece difícil que Israel vaya a parar su operación en Rafah, que Arabia Saudí ya califica de genocida. El propio secretario de Estado, Antony Blinken, ya ha reconocido en una comparecencia ante el Senado que Israel podría rechazar el acuerdo saudí si se requiere una hoja de ruta para el establecimiento de un Estado palestino. La cuestión de fondo no es realmente la creación de un Estado palestino, sino cómo los palestinos continuarán viviendo bajo la ocupación militar israelí, ya sea de una manera más o menos "amable".

Lo que está realmente en juego es si Estados Unidos conseguirá formar una alianza en Oriente Medio para enfrentar a Irán y pivotar a Asia contra China. Esto dependerá de hasta qué punto se agudicen las contradicciones entre Estados Unidos e Israel, y en esa medida hasta dónde estará dispuesto a ir Washington para defender a Tel Aviv. Todo apunta que está dispuesto, si es necesario, a desmantelar el orden liberal internacional que han construido para dar una semblanza de igualdad y justicia, pues se plantean abiertamente sancionar a la Corte Penal Internacional. 

Suscríbete y accede a los nuevos Artículos Exclusivos desde 3,99€

Si escoges nuestro plan DLG Premium anual tendrás también acceso a todos los seminarios de Descifrando la Guerra, incluyendo directos y grabaciones.