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Se resquebraja el gobierno post-revolucionario de Nepal

Las tensiones políticas entre Balendra Shah y Rabi Lamichhane amenazan la estabilidad del gobierno post-revolucionario de Nepal.
Las tensiones políticas entre Balendra Shah (en el centro en la imagen) y Rabi Lamichhane amenazan la estabilidad del gobierno post-revolucionario de Nepal. Fuente: Balendra Shah

La Revolución de la Generación Z enfrenta su primer gran reto tras arrasar violentamente con el orden político establecido tras el fin de la guerra civil (1996-2006). No se trata de ninguna amenaza externa.

Al contrario, las formaciones que componían el “triunvirato” de partidos políticos que regían el statu quo post-guerracivilista se hallan en plena descomposición interna. Pero, paradójicamente, ese es el mismo problema que afronta la coalición de gobierno.

El cambio de paradigma político se ha institucionalizado a través del pacto entre dos grandes figuras outsiders: Balendra Shah, antiguo rapero reconvertido en alcalde de Katmandú, y Rabi Lamichhane, presidente del Rastriya Swatantra Party (RSP), el cual se encontraba en prisión al momento del estallido civil.

Uno aportaba legitimidad popular y el otro una estructura de partido. Los roles de la alianza parecían estrictamente delimitados. Shah sería primer ministro al tiempo que Lamichhane se mantenía al frente del RSP. 

La institucionalización de dicha dinámica ha sido el eje rector del congreso del RSP celebrado entre el 21 y el 26 de junio de 2026. En él, Lamichhane fue ratificado como presidente y a Shah se le concedió el título honorífico de líder sénior. Sin embargo, mientras en la cúpula se respiraba un ambiente de tensa calma, en los escalones inferiores de la estructura partidista se desarrollaba una batalla por el control de la misma

Para ampliar: Nepal abre un nuevo capítulo político tras la caída del gobierno

Desactivar al rival mediante la integración. Esa ha sido la apuesta estratégica de Lamichhane. Para ello, ha ampliado los miembros del Comité Central hasta 158, de los cuales 51 son designados directamente por él.

Un movimiento que coincide con la expansión del número de integrantes de la dirección ejecutiva de 12 a 19 y las agresivas campañas internas para colocar a leales al núcleo fundacional en cargos clave como la vicepresidencia o la secretaría general. Si los leales a Shah eran designados, quedaban aislados de su liderazgo en terreno hostil; sino, quedaban directamente fuera. 

El presidente conserva, por ahora, su férreo control sobre el RSP. Queda por ver si el resultado de ese pulso repercute en el que es el mayor punto de tensión entre ambos líderes: las relaciones bilaterales con India.

Durante su período como alcalde de la capital, Shah utilizó las tensiones territoriales con su vecino meridional para enarbolar la bandera del nacionalismo nepalí y ganarse una voz propia dentro del debate público. Su nombramiento como primer ministro no le ha hecho desistir de esta táctica. Al contrario.  

Desde su llegada al poder a finales de marzo de 2026, Balendra ha anunciado un endurecimiento de las normas arancelarias a las que están sujetos los productos indios, ha intentado incluir al Reino Unido como tercera parte en la resolución de los conflictos fronterizos y se ha negado a tratar con representantes indios que no ocupen su cargo homólogo.

Shah exige la presencia de Narendra Modi. Pero quien la consigue es Lamichhane. Fue al presidente del RSP a quien recibió el mandatario indio cuando el susodicho realizó una gira por el país. Un gesto con el que Nueva Delhi ha conseguido introducirse de lleno en la turbulenta política partidista nepalí. 

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