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El eje Israel-Somalilandia-Taiwán: una geometría política de facto

El eje entre somalilandia, Israel y Taiwán perfila una geometría geopolítica de facto basada en alianzas funcionales y cooperación estratégica al margen del reconocimiento formal.
Inauguración de la Oficia de Representación de la República de Somalilandia en Taiwán en septiembre de 2020. Fuente: Ministerio de Asuntos Exteriores de Taiwán

La idea de un triángulo compuesto por Israel, Somalilandia y Taiwán es sugerente por lo que potencialmente representa en términos estratégicos. Más que una alianza formal, apunta a una geometría política funcional, de bajo perfil jurídico y alto contenido geopolítico. 

Israel reconoce a Somalilandia

Israel se convirtió en el primer país del mundo en reconocer oficialmente a Somalilandia como un Estado independiente, algo que ocurrió el 26 de diciembre de 2025.

Hasta esa fecha, ningún miembro de la ONU había otorgado tal reconocimiento a la autoproclamada República de Somalilandia. Este paso implica el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas, incluidas la apertura de embajadas y el intercambio de embajadores. 

Ambos gobiernos firmaron una declaración conjunta y han expresado interés en colaborar en varios sectores: seguridad, economía, agricultura, salud y tecnología. Israel ha apuntado que quiere avanzar en cooperación práctica –agricultura, agua, salud y tecnología– y usos estratégicos de la ubicación de Somalilandia en el Cuerno de África, cerca del golfo de Adén, un punto clave para el comercio y la seguridad marítima.

Para ampliar: La balcanización de Somalia

Por su parte, Somalilandia ha expresado su intención de unirse a los Acuerdos de Abraham, la iniciativa de normalización diplomática de la región, con lo cual buscaría una integración más amplia en las redes políticas y económicas de Oriente Medio y el Norte de África.

Los Acuerdos de Abraham son un conjunto de pactos negociados por Estados Unidos que normalizaron las relaciones diplomáticas entre Israel y varios países árabes. Fueron firmados en 2020, durante el primer mandato del presidente estadounidense Donald Trump.

El hecho es geopolíticamente relevante porque esta relación abre un nuevo eje de alianzas en el Cuerno de África y el mar Rojo, un área de interés estratégico para Israel por temas de seguridad –por ejemplo, vigilancia de movimientos en Yemen– y comercio internacional. 

Las relaciones entre Somalilandia y Taiwán

Somalilandia y Taiwán tienen una relación diplomática y de cooperación establecida desde hace varios años, basada en intereses políticos, económicos y de desarrollo mutuo. Aunque ninguno de los dos Estados tiene un reconocimiento internacional amplio, han construido vínculos formales desde 2020 y han colaborado en diversos ámbitos. 

Somalilandia y Taiwán, que no son miembros de pleno derecho de la ONU, acordaron abrir oficinas representativas recíprocas en sus capitales, Hargeisa y Taipéi, respectivamente. Las oficinas establecidas utilizan los nombres oficiales de "Taiwán” y “República de Somalilandia”, lo cual tiene un valor político-simbólico relevante.

Desde entonces, la relación no se limita a simples gestos; incluye cooperación real en varios sectores como desarrollo y tecnología, salud –como durante la pandemia del coronavirus– y servicios públicos, agricultura y economía o ayuda humanitaria.

De otro cariz es la cooperación en seguridad marítima, fortalecida por el acuerdo suscrito en julio de 2025 entre las respectivas guardias costeras de Taiwán y Somalilandia, centrado en seguridad marítima, lucha contra la piratería y formación de capacidades, impulsando una asociación para lograr conjuntamente el objetivo estratégico de una “costa no roja de Somalilandia”.

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Asimismo, la refinería de petróleo estatal CPC Corp, Taiwán ha comenzado una exploración petrolera en profundidad en Somalilandia, alentando aún más la cooperación estratégica entre los dos actores.

El director ejecutivo de la Fundación para la Defensa de las Democracias, Mark Dubowitz, escribió en X que “Taiwán ha disfrutado de estrechas relaciones de cooperación con Somalilandia desde 2020 con una sólida experiencia en proyectos de ayuda y desarrollo”. Curiosamente, Dubowitz visitó Taipéi por última vez en 2023, junto con el exasesor de seguridad nacional israelí Jacob Nagel y otros expertos en asuntos estratégicos de Estados Unidos e Israel.

En lo político, hay motivaciones compartidas, ya que ambos parten una situación similar: se consideran Estados soberanos aunque carecen de reconocimiento universal. Esa situación común los ha acercado, puesto que cada uno busca incrementar su visibilidad internacional mediante la construcción de alianzas que refuercen su identidad, estabilidad política y económica.

Como es de imaginar, esta relación ha generado críticas, especialmente por parte de China, que considera a Taipéi parte de su territorio y condena cualquier relación diplomática que lo reconozca o apoye. De hecho, Pekín ha presionado a Somalilandia para que reduzca o corte su cooperación con la isla, aduciendo que ambos vínculos desafían la política de “una sola China”. 

Las relaciones entre Taiwán e Israel

Israel también ha mostrado signos de un “calentamiento discreto” en sus relaciones con Taiwán. Desde los ataques de Hamas a Israel en 2023, China ha mantenido una postura de abierta inclinación hacia Palestina, pero Taipéi inmediatamente condenó el terrorismo y proporcionó ayuda humanitaria, ganándose el aplauso de todo el espectro político israelí.

La alineación cada vez más abierta –y discreta– de Taiwán con Israel este año señala un cambio más audaz en el pensamiento de defensa del Partido Democrático Progresista (PDP), que se inclina hacia una postura más asertiva. 

El presidente Lai Ching-te ha aludido al Estado hebreo como ejemplo inspirador para Taipéi en su posición de defensa a ultranza de la soberanía, recurriendo incluso al mito bíblico de David frente a Goliat. China sería tan amenaza existencial para la isla como lo serían los árabes para Israel.

Desde 1992–1993, ambos países mantienen oficinas representativas, aunque bajo denominaciones “políticamente correctas” en este ámbito: Israel Economic and Cultural Office en Taipéi y Taipei Economic and Cultural Office en Tel Aviv.

El comercio bilateral ha crecido sustancialmente en la última década, alcanzando varios miles de millones de dólares anuales, con Taiwán exportando principalmente semiconductores y productos electrónicos, e Israel vendiendo instrumentos de precisión y equipos avanzados. Ambos comparten intereses económicos en innovación tecnológica, manufactura avanzada e inversión en I+D. 

Han establecido múltiples acuerdos y mecanismos de colaboración tecnológica, cubriendo áreas como agricultura, salud, tecnología de la información y comunicación, y cooperación científica. Igualmente, han promovido foros y proyectos conjuntos en innovación desde mediados de la década de 2010, incluyendo programas de apoyo a proyectos bilaterales de I+D. 

En noviembre de 2025, se firmaron Memorandos de Entendimiento para cooperar en propiedad intelectual y agilizar procesos de revisión de patentes, lo que facilita la innovación compartida. 

Para ampliar: Los semiconductores de China en la disputa con Taiwán y Estados Unidos

Asimismo, en materia de seguridad y capacidades defensivas, Taiwán ha mostrado interés en la tecnología defensiva israelí, especialmente en sistemas como el Iron Dome para inspirar su propio desarrollo de defensa antimisiles “T-Dome”.  

Diversos señalamientos abundan en la existencia de cooperación en ciberseguridad y defensa tecnológica, dada la amenaza común que enfrentan ambos por parte de actores estatales o no estatales. La cooperación, por ejemplo, en trazado de estrategias de seguridad destacan el papel de Israel en la transferencia de conocimientos militares de vanguardia a Taiwán.

La visita discreta del viceministro de Asuntos Exteriores de Taiwán a Israel en diciembre de 2025 indica vínculos cada vez más estrechos en temas estratégicos y defensa, aunque no se hayan publicado detalles oficiales completos. Los legisladores israelíes realizan visitas a la isla cada vez más frecuentes.

En buena medida, el objetivo del gobernante PDP es que Taiwán pueda desempeñar en Asia oriental el papel que Israel tiene en Oriente Medio estableciendo una relación de seguridad privilegiada con Estados Unidos. El reto es hacerlo sin que propicie un enfrentamiento directo con China: Taiwán no es Israel.

Al presidente Lai Ching-te le vale doblemente: para utilizar la comparación con Israel en el sentido de fortalecer cierta idea de confianza en aliados clave para resistir el empeño unificador de China continental, pero también para resaltar el valor estratégico de la isla para países como Estados Unidos en competencia con China. Al igual que el Estado hebreo, la isla también dispone de un poderoso lobby en Estados Unidos.

Israel, por último, ha sido relativamente favorable a una mayor proyección internacional de Taiwán, incluida la declaración de apoyo de varios legisladores a su participación en organismos internacionales. 

Taipéi, por su parte, ha expresado en foros públicos la intención de profundizar la cooperación con Tel Aviv en seguridad, comercio y desarrollo tecnológico conjunto. China ha seguido de cerca y condenado este acercamiento. 

Claves de un triángulo operativo

Los tres actores comparten, con matices distintos, una relación problemática con el orden internacional clásico. Taiwán es prototipo de Estado de facto sin reconocimiento en la ONU, mientras que Somalilandia es un Estado funcional sin reconocimiento internacional. Por su parte, Israel es un Estado plenamente reconocido, pero cuestionado en foros multilaterales y en amplios espacios del sur global.

El triángulo sugiere una diplomacia post-westfaliana, donde la legitimidad no deriva tanto del reconocimiento universal como de la capacidad efectiva de gobernar, cooperar y sostener alianzas útiles. Además, geográficamente, conecta tres nodos críticos.

De una parte, Asia oriental (Taiwán), corazón de la economía tecnológica global y foco de la rivalidad entre Estados Unidos y China. De otra, Oriente Medio (Israel), laboratorio de seguridad, tecnología militar y ciberdefensa. Por último, el Cuerno de África y el mar Rojo (Somalilandia), punto de estrangulamiento del comercio mundial en Bab el-Mandeb. 

Joseph Wu, antiguo ministro de Asuntos Exteriores de Taiwán, en Somalilandia en un viaje oficial realizado en 2024.
Joseph Wu, antiguo ministro de Asuntos Exteriores de Taiwán, en Somalilandia en un viaje oficial realizado en 2024. Fuente: Ministerio de Asuntos Exteriores de Taiwán

En conjunto, dibuja un arco estratégico marítimo-tecnológico que va del Indo-Pacífico al Mediterráneo oriental, pasando por una de las rutas más sensibles del comercio global.

Cada vértice aporta algo distinto pero complementario. Taiwán, sus semiconductores, digitalización, capacidades civiles avanzadas; Israel, su competencia en defensa, inteligencia, ciberseguridad, control de fronteras y vigilancia; y Somalilandia, territorio, puertos, proyección logística y acceso al mar Rojo.

El resultado potencial es una cadena de valor estratégico que abarca tecnología, seguridad y control de espacios críticos sin necesidad de tratados formales ni despliegues visibles.

Para China, esto representa un desafío a la política de “una sola China” (Taiwán-Somalilandia), con el añadido de que introduce a Israel como actor con capacidad tecnológica y diplomática en un espacio (Cuerno de África) donde Pekín ha invertido mucho capital político y económico.

La diplomacia “de facto” que preanuncia este nuevo triángulo sugiere el reforzamiento de esa nueva tendencia que resalta la menor importancia del reconocimiento formal y contribuye a erosionar el monopolio del reconocimiento estatal clásico como única puerta de entrada a la política internacional.

Para ampliar: Donald Trump pone el foco en Taiwán

Naturalmente, no es una geometría sin fricciones. Somalia, aunque tenga poco peso en el sistema internacional, rechaza frontalmente cualquier legitimación de Somalilandia. También la Unión Africana se ha pronunciado muy críticamente con la medida adoptada por Israel.

Otra cosa es China, que ve el eje Taiwán–Somalilandia como una provocación directa. Es Tel Aviv quien sobre todo debe calibrar cuidadosamente su relación con Pekín y con actores árabes y africanos. Palestina teme el recurso a Somalilandia como destino para el desplazamiento forzado de gazatíes.

Sin ser una alianza, este triángulo sugiere una cartografía alternativa del poder, basada en nodos funcionales, cooperación selectiva y legitimidad práctica, no en grandes bloques ni reconocimientos universales pero con efectos de incierto alcance.

Es llamativo, por ejemplo, que el candidato del Partido Nacional de Honduras, Nasry Asfura, declarado ganador de las controvertidas elecciones presidenciales, partidario de restablecer los lazos diplomáticos formales con Taiwán –que fueron cortados en 2023 por Xiomara Castro a favor de China– haya sugerido a Bloomberg un triángulo virtuoso de cooperación que involucra a Taiwán, Estados Unidos e Israel como estrategia principal para impulsar la economía nacional.

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